miércoles, 9 de noviembre de 2016

¡BIENVENIDO, MISTER MARSHALL! (ESPAÑA, 1953)

* Crítica de '¡Bienvenido, Mister Marshall!' (España, 1953), de Luis García Berlanga, con José Isbert y Lolita Sevilla.-

Un cuento. No miente el narrador, Fernando Rey, cuando define la historia que se va a desarrollar en la pantalla a lo largo de los ochenta minutos siguientes como eso, un cuento. Naif, por más señas. Y es que Bienvenido, Mr. Marshall, la cinta con la que Luis García Berlanga hacía su debut cinematográfico 'de largo', basada en un guión propio y de José Antonio Bardem, relata un episodio que, más allá de la socarronería del humor que se encuentra en la 'almendra' del mismo, se caracteriza especialmente por sus matices simpáticos y amables; tiernos cabría decir, incluso, como lo es la mirada que sobre el mismo proyecta un autor al que aún le faltaba, quizá, afilar ese colmillo de acidez con el que mordería en historias venideras, dotadas de una retranca más poderosa que la que exhibe el acontecimiento más grande jamás vivido por l@s habitantes de Villar del Campo (perdón, del Río...) y sus eventuales y artísticos acompañantes.

La premisa argumental de Bienvenido... es tan elemental y simple como el alma de las gentes que pueblan el lugar en el que se desarrolla la trama: estamos a mitad de la década de los 50, y a un pequeño pueblo del pedregal castellano (no se sabe muy bien si castellano o leonés) va a llegar, con motivo de la aplicación del Plan Marshall en Europa, la visita de una delegación estadounidense, que, supuestamente (o, al menos, ése es el sueño en el que termina solazándose la práctica totalidad del personal), colmará de bienes y regalos a toda la población; motivo por el cual las fuerzas vivas del lugar han de preparar el recibimiento que tal hito histórico merece. Tales sueños e ilusiones acaban como terminan acabando, con una situación tan estrambótica como inesperada que da tragicómico cierre al episodio (si dejamos aparte esa infame coda que parece más destinada a arruinar cualquier atisbo crítico previo, por más suave que éste pudiera haber resultado, que a poner punto y final coherente al relato puesto en escena).

Tal historia es llevada a imágenes por Berlanga con pulso firme y templado, y, muy especialmente, proyectando sobre sus personajes y sus avatares una mirada amable y plena de ternura —a la cual contribuye también con fuerza la narración en off, suave y modulada—, sin que ello signifique que éste exenta absolutamente de un punto, aun cuando sea liviano, de crítica: siempre hay lugar para un apunte, cómico y ligero, que ponga de manifiesto la inutilidad e incompetencia del político del régimen, o cierto atisbo de corrupción por parte de las autoridades, o la incapacidad eclesiástica para admitir los beneficios de la modernidad. No dejan de ser fruslerías, pinceladas al desgaire, pero que ya van dando indicios de una voluntad crítica más intensa que habría de esperar, sin duda, a coyunturas más propicias que las que posibilitaban los tiempos y circunstancias que aquejaban a esa España de mediados de los cincuenta del pasado siglo en la que la censura causaba auténticos estragos.

Es probable que, vista a día de hoy, con la perspectiva de los años pasados, y del corpus cinematográfico posterior de su director, Bienvenidos... pueda ser considerada una comedia a la que le falta la redondez, la plenitud de films como Plácido o El verdugo; pero hay en ella ya —además de la presencia arrolladora de ese personalísimo intérprete que fue Pepe Isbert (aquí en absoluto estado de gracia)— atisbos y apuntes de gran cine (a resaltar las secuencias de los sueños de los personajes principales, que Berlanga aprovecha para homenajear indisimulada y entusiásticamernte a autores, géneros y tendencias señeras del cine hecho hasta esa fecha, de Mélies al cine negro, pasando por el expresionismo alemán de los años 20 o el western más descacharrante), así como una vocación humorística que no habría de faltar ya a lo largo de toda una carrera, dedicada, como bien sabemos, a la mayor gloria y fortuna del imperio austro-húngaro. Ya saben, de Valencia a Viena, un suspiro de cine...

CALIFICACIÓN: 8 / 10.-

* En la imagen: Fernando Rey, narrador en off de '¡Bienvenido, Mister Marshall!'; fotografía proveniente de Wikimedia Commons, extraida del trailer del film 'French Conection'

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