jueves, 14 de agosto de 2014

SENDEROS DE GLORIA (PATHS OF GLORY; U.S.A., 1957)

* Crítica de 'Senderos de gloria' (Paths of glory; U.S.A., 1959), de Stanley Kubrick, con Kirk Douglas.-


Desde sus orígenes, y conforme al mismo proceso lógico por el que ha dado acogida a todo fenómeno humano de calado, el cine ha volcado su mirada sobre la guerra, y lo ha hecho con multiplicidad de enfoques y perspectivas, tantos como el perfil de los creadores que han proyectado dicha mirada. Pero si hay un elemento que marca una línea divisoria de cierta claridad es el del posicionamiento moral del relato en cuanto a su consideración del fenómeno bélico, y que, con independencia de piezas asépticas o ambivalentes, dejaría a un lado de la misma a un grueso de producción de lo que podríamos calificar como cine bélico clásico, o convencional, que reivindica y ensalza el conflicto militar y la panoplia de valores a él asociables, y al otro lado un corpus de películas cuya contemplación de la guerra comporta, con mayor o menor explicitud, una denuncia de la misma en tanto manifestación de lo más horrendo y cruel de la condición humana (violencia, muerte, destrucción).

Dentro de este segundo rubro, y ostentando una posición señera dentro del mismo, podemos situar 'Senderos de gloria', una de las primeras producciones del que llegaría a ser considerado uno de los más grandes maestros de la historia del cine, Stanley Kubrick, con la cual no sólo demostraría su inmensa maestría formal, probada en cualquier terreno genérico o tonal, sino que pondría sobre el tapete uno de los más poderosos y contundentes alegatos contra la estulticia y la barbarie humanas que jamás haya podido hacer no sólo el cine bélico, en particular, sino el cine sin más, a secas: todo un puñetazo en la boca del estómago de una sociedad a la que los años transcurridos desde la finalización del último gran conflicto de ámbito mundial y el progresivo incremento del bienestar material en el mundo occidental comenzaban, quizá, a anestesiar en demasía.

'Senderos de gloria' es una propuesta que, en cuanto a adscripción genérica, y dada la naturaleza de su relato, centrado en un episodio (trágico hasta lo grotesco) acaecido en el curso de la primera gran guerra, se inserta claramente -y aun con su 'incursión puntual' en el cine judicial, vía consejo de guerra- en el cine bélico, y lo hace exhibiendo una caligrafía exquisita, tanto cuando se sitúa en el campo de batalla (bien en espacios abiertos, donde muestra un brío narrativo capaz de transmitir intensidad en alto grado, como en esa trinchera, recorrida en travellings canónicos y convertida en auténtico icono y símbolo del acogotamiento a que el hombre se puede ver sometido por una violencia desmedida) como en los espacios cerrados (palaciegos o carcelarios) en los que se desarrolla el componente paralelo y de fondo a la acción militar, que, paradójicamente, abriga siempre la componente más sucia e inmoral de la actuación humana en el contexto del conflicto. Kubrick explota el contraste entre unos escenarios y otros, y no se limita a utilizarlos como emplazamientos de secuencias específicas, sino que les dota de una 'caracterización moral' (por denominarla de alguna manera) que constituye una de las bazas más interesantes de la cinta.

Pero no son (aún resultando tan poderosa y exquisita en su despliegue de imágenes) los aspectos formales los únicos que brillan en el film de Kubrick; es más, cabría decir que todavía adquiere más altura la propuesta a la hora de trazar el dibujo de unos personajes, tanto los protagónicos como los secundarios, a través de los cuales establece un despliegue sutil, pero no por ello menos enérgico, de todo un abanico de miserias y mezquindades a las cuales da el contrapunto más significativo, si bien con los matices que corresponden a un personaje de calado humano profundo, el gran protagonista de la película, un coronel Dax al que da vida con una rotundidad y poderío encomiables, un deslumbrante Kirk Douglas, que encarna, en su trabajo interpretativo, un referente moral de dignidad e integridad cuya mera presencia ya denuncia y desenmascara todo el sucio juego de estrategias interesadas y cálculos de intereses que el alto mando pone en juego para, con el más absoluto desprecio por la vida de sus soldados y una manipulación burda y prepotente de mecanismos formales de justicia, servir exclusivamente a sus intereses particulares.

Aunar intensidad dramática de gran calibre con una denuncia moral contundente sin subrayados ni trazos gruesos no es empeño de fácil obtención. No es infrecuente, por ello, encontrar a 'Senderos de gloria' en las listas que pretenden recopilar los títulos más importantes del séptimo arte, y, desde luego, ostenta méritos más que sobrados (todos los expuestos en el texto precedente, y muchos otros más que estudios de más enjundia han señalado con detalle y acierto) para ello: no en balde, condensa en sus poco menos de noventa minutos un auténtico arsenal (dicho sea sin segundas intenciones...) de logros y exquisiteces formales y narrativas, lo cual viene a demostrar, una vez más, que no hacen falta metrajes desmedidos para cuajar obras maestras. Después de ésta, Kubrick entregó películas grandiosas en los más diversos géneros, y terminó erigiéndose, con justicia, en uno de los grandes de la dirección cinematográfica. ¿Más grandes? Sí, sin duda alguna. ¿Mejores? Ya no me atrevería yo a decirlo...

CALIFICACIÓN: 9 / 10.-
Creative Commons License
Los textos de esta obra están bajo una licencia de Creative Commons.