miércoles, 3 de diciembre de 2014

CRÓNICA DE UNA MENTIRA (A L'ORIGINE; FRANCIA, 2009)

* Crítica de 'Crónica de una mentira' ('A l'origine'; Francia, 2009), de Xavier Giannoli, con François Cluzet y Emmanuelle Devos).-

¿Qué tiene la mentira para dar siempre tan buen juego cinematográfico? ¿Es su condición universal? ¿Es la fascinación que generan las habilidades que hace falta desplegar para hacerla pasar por verdad? Sea por el motivo que fuere, las cintas que cuentan con un mentiroso (o mentirosa) en su papel protagónico, o con una mentira como eje de su argumento, suelen desplegar un especial encanto, especialmente si su trama está bien desarrollada. Y tal es el caso de 'Crónica de una mentira', el film del francés Xavier Giannoli que, con François Cluzet en su papel principal, despliega el relato cinematográfico de un caso real en el que una mentira circunstancial y utilitaria (una más en una extensa trayectoria montada sobre una interminable sucesión de ellas) terminó convirtiéndose en algo más, o en algo diferente, y que, sin llegar a ser verdad,  quizá terminó pareciéndolo más de lo deseable.

Paul (Cluzet) es un vulgar chorizo cuyo modus operandi se nos presenta en una introducción breve, ágil y suficientemente didáctica: localiza obras públicas en marcha, y, haciéndose pasar por representante de una empresa suministradora para la misma, 'levanta' materiales y objetos diversos que coloca al receptador de turno; desaparición y vuelta a empezar en el siguiente punto al que su mapa le encamine, en un suma y sigue continuo. Fácil, rápido y rentable. En ese itinerario en fuga permanente, Paul recala en un pequeño pueblo de interior, hundido en la miseria a raíz de la paralización de las obras de una autopista que había llegado a ser vista como el maná salvador. Y lo ve claro, cristalino: se hará pasar por un técnico de una gran empresa constructora enviado por esta para estudiar la posibilidad de reiniciar la obra. Bingo.

A partir de tal premisa argumental, ciertamente atractiva y jugosa, la cinta de Giannoli desarrolla, con ritmo vivo y ágil, una historia en crescendo continuo, en la que una confabulación de necesidades sobrevenidas (la de mantener a toda costa el engaño, por parte del protagonista —le va en ello libertad, vida y hacienda...—; y la de creerle de cualquier manera, por más inverosímil que parezca la situación, por parte de todos los que le rodean —que han apostado su futuro a esa única carta—) engatusa a un espectador que termina rendido y descolocado, incapaz de formular un juicio moral contundente acerca de posicionamientos que van girando sutilmente a medida que certezas y falsedades se van reubicando, además de absorto en una intriga acerca de la evolución de los acontecimientos que hace a la propuesta especialmente entretenida.

Quizá quien mejor parado resulta en el dibujo de esa evolución moral a la que todos se van viendo sometidos, es el propio personaje central, ese ahora supuesto Philippe Miller que, atrapado en su propio artificio (así como en avatares afectivos de otro tipo, una subtrama que llega a cobrar un peso específico considerable), va ganando altura de miras al tiempo que ve cómo sus convicciones de amoralidad se van resquebrajando por la influencia de un entorno en el que se ha sumergido hasta diluir su identidad. Una evolución servida por un muy solvente trabajo de François Cluzet, dueño y señor de la función, al que da réplica adecuada un elenco de buen nivel, con especial mención para su partenaire, una sugestiva Emmanuelle Devos, y un punto de cierta debilidad en lo poco aprovechado que resulta un Gérard Depardieu con una presencia poco más que testimonial (aunque quizá la construcción dramática de su personaje, y su inserción en la trama, hacen que esa opción sea la más adecuada).

'Crónica de una mentira', que transita por una senda (la de historias basadas en una mentira sostenida como sustento argumental) por la que ya lo han hecho magníficos precedentes (valga, como ejemplo significativo, la excelente 'El empleo del tiempo', de Laurent Cantet), constituye una propuesta capaz de aunar capacidad de entretenimiento (el que cabe esperar de una cinta de corte comercial inequívoco) con inducción a reflexiones de mayor calado (todas las que derivan de ese sutil juego de equívocos consentidos y falsedades compartidas sobre las cuales se edifica un despropósito monumental, como es el que retrata la cinta), invitándonos a cuestionarnos principios supuestamente inconmovibles acerca de la moral individual y el fundamento de nuestras acciones. Puede sonar exagerado, pero les puedo asegurar que no les miento, ¿O sí? Vean y comprueben.

* CALIFICACIÓN; 7 / 10.-

5 comentarios:

Elvira dijo...

La vi el otro día en la tele y no está nada mal, da que pensar, sí.

Un abrazo!

Manuel Márquez Chapresto dijo...

Hola, Elvira, buenos días; muchas gracias por pasarte y comentar. No sabía que la hubieran emitido recientemente, pero, sin duda, fue una buena oportunidad para disfrutarla (que lo merece).

Un fuerte abrazo y hasta pronto.

39escalones dijo...

Rayos, pues no la conozco, pero lo que cuentas me interesa. En especial tu reflexión inicial sobre el cine y las mentiras, las razones por las que encajan tan bien. Para mí es sencillo: el cine no es más que una hermosa mentira, se construye con los mismos elementos, toca las mismas teclas y se genera a partir de los mismos estímulos.
Abrazos

Manuel Márquez Chapresto dijo...

Hola, Alfredo, buenos días; pues se trata de una propuesta curiosa, nada del otro jueves, pero sí atractiva de ver. Muy bueno tu apunte; de hecho, mi idea inicial era haber abierto la reseña con una expresión en esa línea que señalas: Mentira+mentira=cine; o algo similar. En ese sentido, el de explorar los vericuetos de la mentira, la peli es riquísima; sobre todo, el de hacerte cuestionar hasta qué punto se puede considerar una mentira algo que todo el mundo asume como cierto sabiendo que no lo es. En fin...

Un fuerte abrazo y buena mañana.

Sandra Torres dijo...

A mi me ha gustado bastante..!

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