domingo, 5 de octubre de 2014

LA ISLA MÍNIMA (ESPAÑA, 2014)

* Crítica de 'La isla mínima' (España, 2014), de Alberto Rodríguez, con Raúl Arévalo y Javier Gutiérrez.- 


Aún queda algún tiempo para que finalice el año, pero, a estas alturas, no hace falta ser un genio de las finanzas cinematográficas para augurar que las cifras de taquilla del cine español del 2014 van a ser estratosféricas (especialmente, si se las compara con las de años precedentes): la confluencia de varios títulos con unas recaudaciones muy por encima de los parámetros a que estamos acostumbrados (8 apellidos vascos, El niño y, con su estreno recién llegado, Torrente 5) van a terminar derivando en un total muy elevado. Buena noticia, pues, para la industria de nuestro cine, algo de lo cual todos/as aquellos/as que somos fieles seguidores y defensores del mismo nos deberíamos alegrar.

Pero es que, además, a eso hay que sumar la llegada a la cartelera de títulos que, amén de buenos resultados comerciales (que, sin llegar a las tremendas cifras de los arriba citados, arrojan saldos más que respetables), ofrecen un nivel de calidad digno de productos del mayor fuste y unas posibilidades competitivas (frente al aluvión de producciones foráneas respaldadas por campañas promocionales acordes al potencial de la industria que las respalda) totalmente solventes. Es el caso de 'La isla mínima', la propuesta con la que Alberto Rodríguez viene a reincidir en la línea temática y tonal con la que ya triunfara en su film precedente ('Grupo 7'), si bien situándolo en una coordenadas espaciales y temporales bien distintas, y, por lo demás, tremendamente atractivas. 

'La isla mínima' nos sitúa, tras unas espectaculares vistas cenitales que ilustran los créditos iniciales (y que podrían ser merecedoras de integrar cualquier documental del National Geographic), en pleno meollo de la acción, sin ningún atisbo de introducción o presentación: un comienzo francamente peculiar, y un tanto a contracorriente de lo que sería una estructura narrativa convencional. Pero, pasado el desconcierto que, en un principio, puede provocar tan abrupto arranque, la cinta no tarda en empezar a desplegar, con brío y sin desmayo, una trama policial turbia y densa, situada en una Andalucía profunda, pobre y en pleno proceso de despertar democrático (ahi están las reivindicaciones jornaleras como telón de fondo de la acción), en la que una pareja policial compuesta por dos miembros de caracteres e ideologías contrapuestas tendrán que desarrollar una investigación criminal cuyos meandros y derivaciones (que tan bien simbolizan los brazos de las marismas por las que han de moverse constantemente) se van enredando inexorablemente hasta el desenlace final.

Al servicio de ese relato (que en algún momento se introduce en recovecos que quizá no terminan de quedar demasiado claros, aunque sin que por ello se pierda el seguimiento básico de la acción), se sitúan dos elementos de relieve, y que destacan sobremanera, dotando a la cinta de dos polos de interés innegable: uno es el trabajo de dirección artística, que consigue una ambientación admirable, en la que se hace difícil detectar algún punto que no se ajuste fielmente al momento y lugar históricos en que la trama se sitúa (finales de 1980), tanto da si hablamos de vestuario o peinados como de cualquier otro elemento de recreación física (vehículos, edificios, objetos...); el otro es el trabajo interpretativo de los dos actores protagonistas, Raúl Arévalo y Javier Gutiérrez, que cuajan dos personajes que, bajo la apariencia básica de su contraposición, tienen que desplegar una serie de  comportamientos y actitudes en las que se van produciendo oscilaciones, al hilo del desarrollo de los acontecimientos, que los alejan y acercan sutilmente, a veces de manera casi imperceptible.Un trabajo a la altura del empeño que se le encomienda, que no es otro que el de soportar todo el peso de una trama en el que, si bien no faltan personajes secundarios de relieve (y bien servidos por intérpretes que no desmerecen de los dos principales), todo gira alrededor de los movimientos de esta peculiar pareja. 

No son mimbres pobres, pues, aquellos con los que cuenta Alberto Rodríguez para sacar adelante con todas las garantías, una película que, sin dejar de ser lo que es (es decir, una cinta de suspense policial con las dosis adecuadas de incertidumbre, brutalidad, morbo y giros de acontecimientos que cabe esperar en una propuesta de ese corte y género), termina siendo algo más, en la medida en que es capaz de trascender tal condición, gracias al cuidado formal de su puesta en escena y el hábil desarrollo de un subtexto de contenido político que, sin necesidad de extenderse en cuanto a contenido, es más que suficiente para ilustrar tal componente e insertarla sólidamente en la trama. ¿El resultado final? Una cinta capaz de entretener, como debe hacer un buen thriller, sin por ello dejar de constituir el fiel retrato de un tiempo y un lugar que no nos puede resultar ni ajeno ni lejano.

Y es que quizá ya va siendo hora de que, tras largos años de colonización cinematográfica (por parte de una industria cuyo origen no creo que sea necesario nombrar), y bajo los auspicios de propuestas solventes, como la que aquí se glosa, empecemos a ver con más familiaridad  en la pantalla, un puesto de la Guardia Civil de Coria del Río que una comisaría del Bronx. O que, cuando hablamos del profundo sur, no tengamos que pensar, necesariamente, en Luisiana o el Mississipi, sino en territorios mucho más cercanos. En ello andamos...

CALIFICACIÓN: 8 / 10.-

16 comentarios:

Aurelia dijo...

Gracias por presentarnos la película y tu opinión! Sin dduda iré a verla!

Mustis dijo...

Me la apunto, ya me había llamado la atención, y ahora con tu reseña aún más. Espero que haya algún cine en mi ciudad donde pueda verla.
¡Un saludo!

José Núñez de Cela dijo...

La vi este fin de semana y me pareció magnífica. Tu crónica también lo es y coincido al cien por cien.

Saludos!

Kinezoe dijo...

Anotada queda y se mantiene el suspense para los que estamos fuera (de España), que quizá tengamos que esperar un poco más para verla...

Abrazos.

Manuel Márquez Chapresto dijo...

Hola, Aurelia, buenas tardes; las gracias a tí, por pasarte y comentar. Y no dudes, no dudes en dejarte caer por el cine y disfrutar de la propuesta, que a buen seguro te va a proporcionar un buen rato de entretenimiento.

Un abrazo y hasta pronto.

Manuel Márquez Chapresto dijo...

Hola, Mustis, buenas tardes; ignoro cuál es tu ciudad, pero espero con que tengas la suerte de que cuenten en ella con alguna copia proyectándose en alguna sala, porque la propuesta bien lo merece. Si mis letras te han dado un empujoncito hacia ello, por bien empleadas las puedo tener.

Un abrazo y hasta pronto

Manuel Márquez Chapresto dijo...

Hola, José, buenas tardes; gracias por tu elogioso apunte, que me anima un montón en estos tiempos en que tan parco ando de escritura (a ver si así espabilo un poquito). Y más me alegra aún comprobar que a tí también te ha parecido una buena propuesta. Feliz coincidencia...

Un fuerte abrazo y hasta pronto.

Manuel Márquez Chapresto dijo...

Hola, Kine, buenas noches; pero qué tremenda sorpresa, después de tantísimo tiempo. ¿Dónde andas metido? ¿Fuera del terruño patrio? Madre mía, ya me contarás dónde, y a ver si me doy una vueltecita por tu blog, que si lo tienes igual de abandonao que yo el mío, desastre...

Un fuerte abrazo y hasta pronto.

P.S. la peli, si tienes ocasión, y estés donde estés, no la dejes pasar. Merece la pena, de veras.

Mara Miniver dijo...

Le tengo muchas ganas a la última de mi paisano Alberto Rodríguez. Todo lo que llega a mis oídos sobre ella es bueno.

Un saludo, Manuel.

Manuel Márquez Chapresto dijo...

Hola, Mara Miniver, buenos días; no me extraña que las referencias que te llegan sean positivas, la peli las merece; así que no pierdas ocasión y ya nos contarás.

Un abrazo y buen fin de semana.

Anónimo dijo...

Querido Manuel, mucho me ha gustado La isla mínima por muchas cosas que describes en tu crítica. Lo que más: la atmósfera conseguida, las marismas como paisaje cinematográfico, y el personaje y la interpretación de Javier Gutiérrez. Qué bueno leerte de nuevo.

Beso
Hildy

Flamenco dijo...

Por lo que veo pinta interesante.
Gracias por tu recomendación tendré que ir a verla!!!

Manuel Márquez Chapresto dijo...

Hola, Hildy, buenas noches; veo, con alegría, que compartimos entusiasmo por la propuesta. A ver si me dejo caer por tu cibercasa, que la tengo muy abandonada, y ya va siendo hora de deleitarme con tus apuntes, siempre atinados y sentidos, sobre esas propuestas con que te recreas y nos recreas.

Un fuerte abrazo y hasta pronto.

Mery Mediazines dijo...

Buenos días,
después de visitar este blog, me gustaría que me facilitaras una dirección mail para ponerme en contacto y presentarte nuestro proyecto que puede ser de tu interés.
Muchas gracias!

Manuel Márquez Chapresto dijo...

Hola, buenos días, Mery Mediazines; mi dirección de correo está disponible en mi perfil de Google+, pero, en todo caso, te la indico aquí también: elvimanu@gmail.com. Saludos.

Josep dijo...

La vi hace pocos días porque ya me olía lo de los Goya y supuse que luego sería más difícil de ver durante un tiempo y sentía curiosidad.
Me parece un buen producto, mejorable, pero por encima del nivel a que estamos acostumbrados en el cine actual y no me refiero únicamente al español.
Es una pena que, habiendo tenido la idea de esos planos cenitales, no les saque más partido: tu acotación a los documentales al uso me confirma que posiblemente hayas pensado lo mismo: creo que desatiende la posibilidad del paisaje, para mí sorprendente (y supongo que para muchos otros también) como elemento melodramático y en cambio esa subtrama de corte político-policial queda en mera anécdota sin desarrollar aunque tampoco es que coadyuve a la trama básica del tinglado.
Me ha gustado muchísimo la fotografía, bella y práctica a la vez.
De los intérpretes, me quedo con Gutiérrez únicamente, sin ser excelente: Arévalo por momentos me deja frío y el guaperas Castro (que todavía no he visto como Niño) me parece más modelo de pasarela que otra cosa.
Espero que no te moleste la extensión, querido Manuel, pero ya sabes que, según cómo..... :-)
Un abrazo.

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