miércoles, 22 de enero de 2014

Cirugías cinematográficas

* Reflexiones sobre el montaje cinematográfico, al hilo del visionado de 'Avaricia', de Erich von Stroheim.-


Alentado por referencias que la sitúan como una de esas obras de visionado imprescindible (etiqueta que, ya saben, no me parece de recibo: toda peli, incluso la más grande, es de visionado prescindible...), me enfrasqué hace unos días en el de 'Avaricia', de Erich von Stroheim. Me pertreché, para ello, de la única edición que de la misma pude localizar en DVD, quedando avisado, de inmediato, de que me podría encontrar con cualquier cosa (ya saben, ese típico aviso de 'esta copia ha sido elaborada con el mejor material disponible por la distribuidora'), si bien dicha cosa, finalmente, no llegó a materializarse en nada catastrófico (la peli se veía decentemente, en las casi dos horas que alcanzaba su metraje).

Mi sorpresa llegó a posteriori, cuando, contrastando datos con la IMDB, me encuentro con que el film tiene una duración de 239 minutos (o sea, que la copia que había visto me escamoteaba unas nada desdeñables dos horitas...), y alcanzó el pasmo absoluto cuando, a través de otras referencias, leo que la duración de la cinta, en la concepción originaria del autor, ascendía a casi... ¡¡¡nueve horas!!! Circunstancia ante la cual me surgía una pregunta, o más bien dos, de muy difícil respuesta: ¿yo había visto, de verdad 'Avaricia'...? ¿Qué leches había visto yo...?

A nadie se escapa que en cualquier rodaje cinematográfico se genera cierta cantidad de material filmado (a veces menor, a veces mayor, en función de muy diversas variables) que, posteriormente, y al igual que las cuartillas que arroja a la papelera el escritor, es descartado en la mesa de montaje y, por tanto, jamás llega a ser exhibido públicamente, cuando no directamente destruido. En cualquier caso, y en la medida en que dicho material no llega a incorporarse a la versión final de la obra, no puede o no debe,ser considerado como parte de la misma, y, por tanto, no cabe hablar de mutilación de una cinta por hecho de que no aparezca en la misma todo el celuloide a ella inicialmente destinado.

Pero esa última afirmación viene a toparse con una circunstancia determinante, y es la que atañe a la autoría  colectiva de la obra fílmica, y al choque de voluntades que, en muchas ocasiones (la historia del cine está plagada de episodios en ese sentido,  y el de 'Avaricia' no deja de ser uno más de ellos), se produce entre productores y directores a la hora de concretar ese metraje final que, en última instancia, termina constituyendo la 'obra cerrada', o versión definitiva de un film. De ahí la proliferación, en estos últimos años (posibilitada, obviamente, por los avances técnicos en materia de registro y reproducción de imagen; antaño, de tales episodios solo se llegaba a conocer por testimonios de los implicados...), de eso que se viene en llamar 'versiones del director', o similares, y que nos permite acceder a lo que, en suma, no vienen a ser sino auténticas revisiones de la cinta primigeniamente exhibida, a veces para mejorarla, a veces (vistos los resultados) para poco más que dar satisfacción a ese ego vanidosillo que todo creador suele llevar dentro.

Cuestión espinosa, sin duda alguna, generadora de polémicas, trifulcas e injusticias varias. Y, por supuesto, de una distorsión severa de la apreciación de la obra cinematográfica. Porque, en definitiva, ¿qué estamos viendo cuando estamos viendo una peli? ¿Un proyecto, una propuesta, un esbozo, una opción, una componenda? Pues eso...

7 comentarios:

Sol Elarien dijo...

Con un libro puedes estar 9 horas, o más, pero pocos resistirían una película de ese metraje. El cine necesita otro ritmo, las adaptaciones fieles a los libros suelen ser infumables, y hay que editar la película para que este sea homogéneo y evitar así que el espectador se distraiga de la acción.
Un beso: Sol.

Manuel Márquez Chapresto dijo...

Hola, Sol, buenas tardes; en primer lugar, gracias por tu comentario. Sí, tienes razón en la 'infumabilidad' de un film de 9 horas, pero también hay que tener en cuenta que hoy día el audiovisual (no solo el cine, ni solo en sala) se mueve en parámetros de recepción muy diferentes a las que hasta ahora habían sido convencionales. Otra derivación la mar de interesante, desde luego que sí; cine y literatura, uno de esos matrimonios de los de toda la vida...

Un fuerte abrazo y hasta pronto.

Marcos Callau dijo...

Hola Manuel. Pues eso... Muy bien escogido el título "Cirugías cinematográficas" No he visto ninguna versión de "Avaricia" pero sí que he leído y escuchado sobre ella. Espero algún día, ver una versión decente. En cuestión de montaje, lo más curioso que vi fue "Sed de mal" montada como realmente quería montarla Orson Welles. La verdad, es que las diefencias entre lo que quería el director y lo que le dejaban hacer, suelen ser notables. Quedo pendiente y con ganas de ver "Avaricia" Abrazos.

39escalones dijo...

Al final, el cine se construyó mediante la dinámica ensayo-error. Aún así, muchos de los grandes títulos clásicos de la etapa muda duran muchísimo (de tres horas en adelante), pero las comprobaciones hechas entre los primeros públicos masivos indicaban que, más allá de hora y poco, la gente desconectaba. Eso ha cambiado, claro, pero ha influido en el tema de las tijeras toda la vida. Eso, hasta que fue la duración de la proyección en las salas y la multiplicidad de sesiones lo que decidió las duraciones estándar (con muchísimas y celebradísimas excepciones, hay que decir). Un poco como en la música, que fueron los anunciantes radiofónicos los que terminaron decidiendo cuánto tenían que durar las canciones pop-rock para que cupieran "x" anuncios en una hora de música. Casi todas las emisoras del mundo los siguieron, detrás fueron las discográficas para vender mejor sus productos y, finalmente, los propios creadores.
Abrazos

Manuel Márquez Chapresto dijo...

Hola, Marcos, buenas tardes; aunque a mí tampoco me ha parecido una de esas obras excelsas por las que habría que perder el sentido, sí que me parece una muy buena peli, especialmente vista en el contexto de su época (al fin y al cabo, estamos hablando de una peli de 1924, nada menos...). Así que altamente recomendada, cómo no...

Un fuerte abrazo y hasta pronto.

Manuel Márquez Chapresto dijo...

Hola, Alfredo, buenas tardes; un comentario tan interesante como instructivo, o viceversa, como mejor parezca. Algo había leído acerca de esas 'dinámicas adaptativas' de los tiempos, tanto en cine como en música. La pela, pues, siempre mandando, cómo no...

Por cierto, y como ya te había avanzado, reproduzco a continuación el comentario que me dejaste en la publicación en Facebook del enlace a esta reseña, dado que resulta aún más instructivo que éste, si cabe. Gracias, una vez más, por enriquecer, con fundamento, el material que publico aquí:

Pues que la autoría de una película es triple o, mejor dicho, que una película se construye tres veces: cuando se escribe, cuando se filma, y cuando se monta. Algunos grandes, como John Ford (por razones creativas) o Luis Buñuel (por razones presupuestarias, mayormente), y otros por imitación (Clint Eastwood) o porque han entendido que era la mejor receta para sujetar el control de sus proyectos (Woody Allen) ruedan muy poquito, apenas el material que necesitan. Otros se emborrachan de metros de celuloide y ruedan nueve horas y pico de película para luego montar 92 minutos (Dennis Hopper). El mayor crimen cinematográfico conocido, de todos modos, es que de uno de los mayores genios creativos del siglo XX, Orson Welles, sólo nos haya llegado una de sus películas tal y como él la quiso, precisamente porque le estropearon los montajes. Bueno, esto iba a comentarlo en tu blog, pero ya que te pillo por aquí... Abrazos

Cristhian Vargas dijo...

Uhh Gracias ahora estare informado sobre nuevas pelis anque no sea de españa .

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