martes, 2 de abril de 2013

La víctima número diez (La decima vittima; Italia, 1965)

Prolifera actualmente en las salas un cine fantacientífico de tintes apocalípticos que halla su caldo de cultivo, en cuanto a impulso del público a su consumo, en el estado de ánimo mortecino en que la crisis económica tiene sumida a la civilización occidental. Pero al mundo de la imagen de ficción nunca le han faltado argumentos del mundo real con que nutrir impulsos de ese tipo: desde la guerra fría, a mediados del pasado siglo, hasta el atentado contra las Torres Gemelas, siempre ha habido miedos básicos a los que apelar para practicar después la ceremonia de su exorcismo en la gran pantalla.

Es en ese contexto en el que cabe situar una cinta como 'La víctima número 10', film de 1965 que basa su trama en una fantasía futurista, situada en un momento indefinido, y que nos retrata un mundo en el que ha adquirido especial relevancia una suerte de juego o deporte consistente en cacerías humanas de ámbito universal, cuyos practicantes son emparejados por un macro ordenador situado en Ginebra. Un ordenador  que se encargará de que Caroline  Meredith (Ursula Andress) haya de desplazarse desde Estados Unidos hasta Roma para dar captura y muerte a Marcello Polletti (Marcello Mastroianni). No hace falta estar dotado de una mente especialmente calenturienta para adivinar que lo que estaba destinado a ser asunto de Tánatos terminará en el negociado de Eros.

Y es que más allá de su impacto visual y narrativo (lastrado por unos modos tan tremendamente apegados a la estética de su tiempo que nos permiten recurrir sin rubor alguno al tópico del mal  envejecimiento), 'La víctima número 10' apuesta, como baza principal, por el atractivo de su pareja protagonista, a la sazón en su máximo esplendor físico, del que, en teoría, debía desprenderse un voltaje erótico que está lejos de alcanzarse, tanto por la falta de química entre ambos como por las limitaciones interpretativas de una Ursula Andress mucho más generosa en la exhibición de sus curvilíneos y vertiginosos atractivos que en la de sus supuestos talentos. Eso sí, Mastroianni con sus sempiternas gafas negras, queda muy llamativo de rubio...

Lo estrambótico de las situaciones, la audacia de la planificación (con un alarde de angulaciones constante, muy a tono con la 'modernidad' de la propuesta) o el recreo continuo en las bellezas paisajísticas de una Roma convertida en 'marco incomparable' de la acción no dotan de suficiente interés a este colorido experimento de Elio Petri, al que le falta agilidad en el relato y le sobra afán de trascendencia, sin que su combinación de acción retrofuturista y drama tórrido-romántico llegue a cuajar en algo sólido.

6 comentarios:

39escalones dijo...

Acabo de verla estas vacaciones, y coincido punto por punto con lo que comentas. Pero es que además, en cuanto se supera el punto de partida, la premisa inicial, las implicaciones que podría tener el planteamiento se diluye en el caso particular de la pareja protagonista, no hay historias secundarias, no hay profundidad ni intención de revelar las claves de cómo el ser humano ha llegado a esos extremos. Es una fantasía apocalíptica vacía.
Abrazos

Manuel Márquez Chapresto dijo...

Hola, Alfredo, buenos días; como siempre, maestro: te han bastado tres palabras (fantasía apocalíptica vacía) para definirla con precisión quirúrgica. Así es, vaya...

Un fuerte abrazo y buen fin de semana.

Roy Bean dijo...

Tomo nota, Manuel

Saludos.

Anónimo dijo...

... Pero Manuel (Pero Alfredo) ¡qué película con pareja tan explosiva!

Desde luego aunque sea experimento fallido, verla tiene que ser súper curioso.

Analfabeta total de la obra cinematográfica de Elio Petri... otro director al que descubrir.

Y es que a mí que queréis que os diga... me llama tremendamente la atención un Marcelo rubio con gafas oscuras...

Y me llama también poderosamente la atención intentos de ciencia ficción y amor apasionado...

Besos fantasiosos y apocalípticos
Hildy

Manuel Márquez Chapresto dijo...

Hola, Roy Bean, buenas noches; bien haces en apuntarla (para darte la vuelta y no toparte con ella): bueno, tampoco es tan mala...

Un abrazo y buen fin de semana.

Manuel Márquez Chapresto dijo...

Hola, Hildy, buenas noches (que ya va oscureciendo...); curioso sí que resulta su visionado, eso sí que no te lo voy a cuestionar. La pinta de Mastroianni, desde luego, llama la atención (aunque a mí, entre tú y yo, y sin que nadie más se entere, me pone mucho más la pinta de la Andress, que está realmente impresionante, y no por su calidad interpretativa, precisamente...), pero la peli, como cóctel genérico, no está muy conseguido, me temo.

Un fuerte abrazo y buen fin de semana.

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