lunes, 30 de julio de 2012

Blog (España, 2010)


SINOPSIS ARGUMENTAL.- Marta, Laura, Aúrea… chicas de quince años, que asisten al mismo instituto, forman un grupo secreto (Makamat), cuy0 germen está en sus inquietudes y desvelos compartidos,  con las redes sociales como mecanismo básico de contacto, y que termina derivando en un proyecto común tan enloquecedor como comprometido, cuyos resultados, muy probablemente, se les puedan terminar yendo de las manos. Juegos de crías con resultados adultos…

EN UN PÁRRAFO.- Moviéndose en el mundo en el que lo han hecho exitosísimas series televisivas (el de una adolescencia acomodada, confusa y altamente hormonada), encumbradas por ese mismo público que se ve en ellas retratado, y manejando las temáticas y hábitos existenciales que cabe esperar de tal entorno, Elena Trapé tamiza su mirada a través de un artilugio formal que se basa en los mecanismos de comunicación (audiovisual cámara en mano; chats y mensajería instantánea vía Internet) que constituyen seña de identidad básica del colectivo protagonista de la cinta, y que dotan a ésta de un armazón formal desestructurado en su primera apariencia, pero que termina cuadrando en su configuración total. Una historia con un leit-motiv argumental tremebundo, que no deja de ser una suerte de mcguffin al hilo del cual ofrecer un retrato generacional y social sin pretensión de exhaustividad, pero fresco y sincero.

EN SU HABER.- 1, la impresionante naturalidad con que se desenvuelve un elenco de chicas totalmente desconocidas, que demuestran un saber hacer y un dominio de la expresividad ante la cámara difícil de encontrar en intérpretes más reconocidas y celebradas; y 2, su final sin desenlace, con lo cual no solamente elude entrar en juicios morales, sino que deja totalmente abiertos los escenarios posibles de evolución posterior de la situación (nada sencilla) que la actuación de sus personajes principales ha generado.-

EN SU DEBE.- 1, debido a su peculiar estructura narrativa, el film tarda en ‘ensamblar’ la mecánica del relato —al que, por tanto, le cuesta arrancar—, de manera que su comienzo, disperso y un tanto caótico, se constituye en un ‘obstáculo’ que hay que superar con algo de paciencia y buena disposición; una vez adquirida ‘velocidad de crucero’, la narración fluye sin problema alguno; y 2, aunque no sé si cabría calificarlo como ‘agujero de guión’ (uno de esos conceptos-tópico a los que acudir, socorridamente, en casos como éste), no deja de sorprenderme la actitud, tan homogénea, de los chicos ante el plan de las chicas, sin resquicio alguno para una reacción ‘disidente’; en fin…

UNA SECUENCIA.- Aunque, por momentos, su combinación de fondo musical y composición de los cuerpos en plano pueda llegar a recordarnos algún spot publicitario de colonia juvenil, la secuencia en la que Trapé nos muestra cómo se consuma el plan pergeñado por las ‘chicas Makamat’ consigue un desarrollo fluido y ágil, en el que el dominio de la sugerencia sobre lo explícito, lejos de resultar pacato, se limita a obviar lo meramente morboso. Elegante y sorprendente.

CALIFICACIÓN: 6 / 10.-

lunes, 23 de julio de 2012

Diez negritos (And then there were none; U.S.A., 1945)


SINOPSIS ARGUMENTAL.- Convocados por un misterioso y desconocido Sr. Owen, diez personas (siete hombres y tres mujeres) de los más diversos origen y condición, pero con un elemento circunstancial en común (el ser, al parecer, culpables de algún crimen horrible por el que no han respondido ante la justicia), se dan cita para pasar un fin de semana en una mansión ubicada en una isla sin comunicación alguna con el exterior ni más habitantes que los inquilinos de la casa. Tras las ineludibles presentaciones y la ubicación de los invitados en la casa, se empiezan a suceder, sin prisa y sin pausa, y al ritmo que marca una popular canción infantil, sus muertes, causadas, sin duda alguna, por uno de ellos. ¿Quién…?

EN UN PÁRRAFO….- Basada en una popular novela de la celebérrima Agatha Christie (conocida en España como ‘Diez negritos’), que toma como hilo de su trama una canción infantil de principios del siglo XX, esta versión de René Clair lleva a la gran pantalla el texto de la novelista británica con un trazo ágil y fresco, configurando un ‘whodunit’ de manual en el que la maestría de los intérpretes (todos ellos, sin excepción, geniales) y la habilidad en la creación de su atmósfera (hay en ella un componente lúdico que sobrevuela a la acción y la dota de un punto de divertimento, a la par que le resta ominosidad) consiguen que sus poco más de noventa minutos transcurran en un auténtico suspiro. Altamente recomendable.

EN SU HABER.- 1, que en una cinta en la que, pese a su reducida duración, las muertes no son solo el elemento fundamental desde el punto de vista de la cantidad (hasta un total de ocho se producen), sino el auténtico eje de la narración, solo aparezca una en pantalla, no cabe más que considerarlo un verdadero alarde en el uso de la elipsis como mecanismo (no) visual, y una demostración de la maestría de su realizador; y 2, no menos impresionante resulta un elemento que llama especialmente la atención, y que es el hecho de que la reducción progresiva del número de invitados (a medida que el asesino va acabando con ellos) no merma (más bien al contrario, parece acrecentarlo) la incertidumbre acerca de quién pueda ser el autor de los asesinatos: con ello, el suspense queda salvaguardado y, con ello, el interés del espectador, sometido a un crescendo que no pierde comba en ningún momento.

EN SU DEBE.- 1, aun cuando su incrustación en el entramado narrativo resulta plenamente coherente, la secuencia en que Mischa Auer canta el famoso tema que da pauta a la trama (y que mi buen compa Josep glosó en fecha bastantereciente) demuestra que las dotes canoras del intérprete andan muy lejos de las declamatorias y gestuales; y 2, ¿era necesario que el final —ignoro sin con mayor o menor fidelidad al texto literario de base— hiciera una concesión tan descarada a un elemento afectivo que, hasta ese momento, no había pasado de ser un mero apunte sin mayor entidad? Igual sí, pero a mí no me terminó de convencer…

UN PLANO.- Cualquiera de los que se centra en la pieza de cerámica con los diez ‘indiecitos’, que, paulatina e inexorablemente, van disminuyendo en número, a medida que sus ‘trasuntos humanos’ van desapareciendo de la escena gracias al aplicado y métodico trabajo de uno de los concurrentes. Un mecanismo tan elemental como gráfico para marcar una pauta que no está sujeta al dictado del tiempo, sino a la voluntad del ejecutor.

CALIFICACIÓN: 7 / 10.-

lunes, 9 de julio de 2012

Katmandú, un espejo en el cielo (España, 2011)


SINOPSIS ARGUMENTAL: Laia, joven y entusiasta profesora barcelonesa, se embarca, con la única ayuda de una maestra local, Sharmila, en un proyecto educativo en una zona deprimida del Nepal, con el que pretende dotar a esos niños de una perspectiva de futuro que una realidad social muy adversa parece estar empeñada en negarles. Las numerosas dificultades que ha de afrontar no son más que un acicate para su férrea determinación, fruto de un carácter labrado en una infancia dura y precaria; pero hay un problema que se erige en un muro insalvable, y es el de la finalización de su permiso de estancia, algo que la obliga a tomar una decisión que, en principio, no estaba dispuesta a asumir: la de concertar un matrimonio de conveniencia que le permita permanecer en el país. A partir de ese momento, la relación de Laia con su esposo, Tsering, se convierte en un elemento que, por mor del carácter de él, va cobrando cada vez mayor peso en la vida de Laia. Pero no significa, ni muchísimo menos, el final de todos los problemas…

EN UN PÁRRAFO….- Profundizando y avanzando aún más en esa tendencia de cine social-internacional que ya iniciara con ‘También la lluvia’ —circunstancia en la que pesa sobremanera su pareja sentimental y coguionisa, Paul Laverty—, Iciar Bollaín se embarca en una nueva aventura lejos de nuestras fronteras (lejanía no solo física, sino, sobre todo y muy especialmente, mental y cultural), para, basándose en el texto literario de Victòria Subirana, ofrecer un drama intenso (rayano, puntualmente, en lo desaforado) en el que el leit-motiv argumental del trabajo educativo de su protagonista no pasa de ser un soporte temático sobre el que abrir un abanico (que a este escribiente se le llega a hacer, en un momento dado, excesivamente amplio) de cuestiones y episodios con un marcado sentido crítico progresista. Más allá de lo que uno pueda conectar emocional e ideológicamente con tales premisas (es mi caso…), el desarrollo narrativo se resiente, quizá, de la vieja enfermedad del mucho abarcar y poco apretar: conjugar la pretensión de profundidad con la multiplicidad de subtramas es lo que suele tener. Pero no se le puede negar valentía y arrojo a la autora, no…

EN SU HABER.- Verónica Echegui; su desempeño dando vida a la profesora Laia, con toda la carga de entusiasmo y capacidad de lucha que el personaje alberga, alcanza un nivel que llega a situarse incluso por encima del de la historia en el que se desarrolla, y termina arrojando como resultado final una creación creíble y convincente, incluso en aquellos pasajes en que, por lo radical de su dramatismo, hubiera sido esperable un cierto deslizamiento hacia el exceso. Aquí hay madera de gran actriz, y solo cabe esperar que sus elecciones profesionales la guíen por el camino más acertado para ello (también está lo de Hollywood, pero ya se sabe cómo suele terminar eso…).

EN SU DEBE.- Los flashbacks; en el ánimo (presunto o probable) de que los mismos no entorpezcan, ni ralenticen, el ritmo narrativo, Iciar Bollain los despacha con una celeridad absolutamente incompatible con el propósito al que han de servir en el contexto del relato (que no es otro que el de darnos información de referencia sobre el pasado de la protagonista que nos permita entender algunas de sus pautas de comportamiento en el presente de la narración). Entre la delectación morosa en ese pasado (que puede, efectivamente, hacer lenta o pesada la cinta) y las ráfagas a vuelapluma con que ‘Katmandú’ lo recoge (en las que, en la práctica, no te enteras de nada, o casi nada), hay un punto medio que, desde luego, no se ha alcanzado.

UNA SECUENCIA.- Laia y Tsering marchan a la boda de la hermana de éste, en las montañas de Nepal: un ritual sencillo y colorista pone una nota de frescura y felicidad en una trama en la que, precisamente, no sobran situaciones de perfil alegre. La postal turística merece la pena…

CALIFICACIÓN: 6 / 10.-

miércoles, 4 de julio de 2012

Un concurso cinematográfico

Haciéndome eco (aunque con un pelín de retraso; el sino de este verano abrasador...) de la convocatoria que me hace llegar el compañero Roberto, de la Guía del Ocio, recojo y difundo en esta humilde cibercasa la existencia de un concurso, patrocinado por dicha publicación, y que, bajo el título de 'Las 7 magníficas', invita a asistir al festival de Sitges a quien consiga acertar siete preguntitas de cultura cinematográfica. Nada, que lo tiran...

Información más detallada sobre el concurso, bases y demás, a su entera disposición en el siguiente enlace: http://www.guiadelocio.com/blogs/las-7-magnificas/bases-del-concurso-las-7-magnificas.

Que lo disfruten, amigos lectores, y mucha suerte.

martes, 3 de julio de 2012

La obsesión (Premature burial; U.S.A., 1962)


SINOPSIS ARGUMENTAL.- Guy Carrell vive obsesionado por la posibilidad de ser enterrado vivo; pese a lo que le señala su hermana, él está convencido de que así murió su padre, víctima de un proceso cataléptico, y piensa que puede sufrir el mismo trágico final. Pese a que esa idea recurrente le amarga y paraliza, Emily, su prometida, está empeñada en casarse con él y, a partir de ese matrimonio, ayudarle desterrar esa idea de su mente, contando para ello con la colaboración de Miles Archer, joven y apuesto médico que trabaja con su padre. Pero diversos incidentes parecen conspirar contra esas intenciones, y van abocando a que Guy, lejos de abandonar su obsesión, vea la misma cada vez más reforzada. Para intentar romper esa dinámica, decide enfrentarse al fantasma de su padre muerto, sacando su cadáver de la cripta en la que se encuentra para comprobar cómo murió efectivamente: una determinación aciaga que no hace más que precipitar una serie de acontecimientos funestos…

EN UN PÁRRAFO….- Milland, Corman, Poe. Un trío prolífico y fructífero que, en la primera mitad de los sesenta, ofreció un buen puñado de películas de terror sujetas a un patrón muy específico (y eficaz…): duración contenida, presupuesto en la misma línea, ambiente formal opresivo y apelación a mecanismos emocionales básicos para generar la reacción deseada (el pánico del espectador). Ésta, ‘La obsesión’, constituye, en ese sentido, una muestra canónica de tal línea de producto, y, en poco menos de noventa minutos, traslada a la pantalla un relato del simpar Edgar Allan Poe, en el que la angustia y la intriga, personificados en el rol que encarna un veterano y solvente Ray Milland, siempre moviéndose entre neblinas pantanosas y catafalcos plagados de cretonas y fieltros, termina instalándose en el corazón (y la tripa) de quien se somete a su visionado. Aceptadas sus premisas, formales y temáticas, uno no puede más que caer rendido a la evidencia: la fórmula funciona, vaya que sí…

EN SU HABER.- 1, la extremada armonía de los escenarios físicos (todos de estudio, y, en su inmensa mayoría, en interiores) en que se desarrolla la trama, un conjunto de estancias sobrecargadas y barrocas en las que, pese a lo abigarrado de su conjunto, nada chirría ni desentona, creando eso que un dominical de medio pelo llamaría, sin empacho alguno, un ‘marco incomparable’ y, sobre todo, especialmente adecuado para imprimir al tono del film esa pátina de oprobio y sobrecogimiento con que se induce al miedo: un acierto indudable; y 2, la introducción, en su cierre, y muy sorpresivamente, de un elemento propio de un género ajeno a aquel en que se ha desenvuelto toda la trama, lo cual proyecta una visión diferente sobre la misma; aunque pueda parecer algo abrupto, por el poco tiempo con que se sustancia, no quiebra el equilibrio general de la cinta.

EN SU DEBE.- Puestos a señalar algún punto débil en una propuesta tan ajustada, quizá quepa apuntar el de la tendencia de los personajes, en algunas secuencias puntuales, a moverse de manera un tanto espasmódica, con desplazamientos que no parecen obedecer a otra intención que la de expresar una desazón que no se corresponde con la situación dramática que se desarrolla en la pantalla. El baile de San Vito casa más propiamente con el género musical que con este del terror gótico…

UNA SECUENCIA.- A Guy no se le ocurre fórmula más contundente para aplacar sus demonios interiores que la de construirse un mausoleo muy ‘sui géneris’, repleto de complementos y utilidades con las que poder evadirse de una hipotética situación de ‘muerte ficticia’, derivado de un accidente de catalepsia: todo un derroche de 'gadgets' decimonónicos con los que conjurar su temor más acendrado. Una pesadilla padecida tras una accidentada salida a los jardines de su mansión, le revelará lo absurdo de sus pretensiones: todas y cada una de sus ingeniosas soluciones se muestran absolutamente inanes y quedan desactivadas por el deterioro que el paso del tiempo ha impuesto sobre los objetos en que se basaban. Música hipnótica, imágenes borrosas y desesperación creciente, hasta el clímax final de la escena: no quisiera yo muchas pesadillas así para mis noches de mal dormir…

CALIFICACIÓN: 7 / 10.-
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