viernes, 29 de junio de 2012

Overmind (España, 2012)

La gente de Blue Goblin Studio me da cuenta de su última creación: 'Overmind', un corto (pero corto, corto de verdad: apenas supera los dos minutos de duración...) experimental, con un aspecto visual francamente llamativo. No es la octava maravilla del mundo, pero sí que resulta visualmente bastante curioso.

No sé si esto es una manera adecuada de romper la 'sequía escritora' que me viene aquejando (motivada por una mezcla de abulia, desgana, exceso de calores y sobrecargas de tareas variadas), pero, a falta de otra, espero que les valga a mis sufridos lectores. Que ustedes lo disfruten y tengan buen fin de semana.


martes, 12 de junio de 2012

Gangs of New York (U.S.A. y otros, 2002)


* NOTA PREVIA.- Después de muchísimo tiempo (casi cuatro años, ahí es nada...) sin publicar ninguna reseña correspondiente a esta sección, retomo la misma: algo lógico, si se tiene en cuenta que, en el tiempo transcurrido entre la anterior y ésta, mi ratio entre películas estrenadas y películas vistas (que ya era, para mi vergüenza, escandalosamente bajo), aún se ha reducido sustancialmente. En fin...

POR QUÉ NO LA HE VISTO (TODAVÍA...).-

- Porque una peli de 166 minutos (da igual si la firma Agamenón o su porquero; ah, que estos dos no tenían nada que ver el cine; perdón…) siempre es una peli muy, muy larga. Ya lo dijo aquel filósofo (¿o era un furgolista?): ‘Noventa minuti en el Bernabeu son molto longo’; y, ya ven, en este caso son, prácticamente, el doble (mejor no pensar en lo que hubiera terminado resultando, en ese aspecto, de no haber tomado cartas en el asunto la ‘tijera weinsteiniana’…).

- Porque yo no le voy a negar a Daniel Day-Lewis su condición de gran actor (mi osadía jamás llegaría a tanto, supongo…), pero verle con ese bigotazo y esa vestimenta de corte más bien payasesco, me causa un reparo estalístico que no sabría explicarles muy bien, pero que ustedes, amigos lectores, seguro que entienden perfectamente…

- Porque existe cierto consenso crítico a la hora de apreciar en la cinta un punto de desequilibrio entre lo visual y lo narrativo (a favor, obviamente, de lo primero —no hay que olvidar que, en lo formal, estamos ante una superproducción de altísimo caché—), y uno todavía tiene ese prurito (que sí, anticuado, ya lo sé) de que, si la historia no carbura (y no es que en este caso sea así exactamente, pero…), no hay parafernalia (ni director de arte) que levante el invento.

- Porque siempre hay alguna otra interesante que ver, y, total, ya habrá tiempo y ocasión, ¿no?

POR QUÉ QUIERO VERLA (Y LA VERÉ -UN DÍA DE ÉSTOS, SUPONGO...-).-

- Porque, más allá de la controversia que, inevitablemente, acompaña a todos los autores de renombre (y no creo que haya duda alguna de que Scorsese ostenta tal condición, aun cuando se le venga acusando de un cierto ‘bajón’ en estos últimos años), a los ‘grandes’ (también daremos por bueno que Scorsese lo es) siempre hay que acercarse desde el convencimiento de que, incluso en sus ‘patinazos’ (y tampoco está claro que éste lo sea), seguro que hay destellos y apuntes del cine que llevan dentro (o aquello de que el que tuvo, retuvo…).

- Porque, sin cuestionar los méritos de sus intérpretes principales (Leo DiCaprio, Daniel Day-Lewis y Cameron Diaz), hay tres nombres en su reparto que ya me hacen abrigar expectativas más que elevadas: Brendan Gleeson, Jim Broadbent y John C. Reilly. Si ponemos el talento de los tres en una báscula, le reventamos los muelles, vaya que sí…

-Gran manzana y gran batalla; ninguno de los dos territorios es ajeno a las querencias más acusadas del amigo Martin, de manera que ya solo el cariño garantiza que algo apetitoso ha de salir de ahí, aun cuando la manzana poco tenga que ver, dada la distancia temporal, con la que habitualmente ‘mastica’ Scorsese, y la batalla también cuente con unas connotaciones muy particulares (nada que ver con las peripecias de La Motta; aquí, el ring se expande a dimensiones mucho más abiertas).

- Porque hay que verlas todas, ¿no...?

* Las que no he visto VIII.-

lunes, 4 de junio de 2012

Escalofrío en la noche (Play misty for me; U.S.A., 1971)


SINOPSIS ARGUMENTAL.- Dave Garber es un joven y atractivo locutor radiofónico, presentador de un programa musical nocturno en una emisora de Carmel (California). Su palmito y su labia le granjean el favor de un elevado número de chicas, con las que él mariposea en devaneos sin mayores pretensiones, y a ellas viene a sumarse una nueva admiradora, Evelyn, que le pide noche tras noche el tema musical ‘Nebuloso’. Dave y Evelyn terminan conociéndose en el bar en el que él suele tomar la última copa antes de llegar a casa, y, dada la falta de prejuicios de ambos al respecto, acaban solazándose en la cama. Una muesca más en el cabecero, para Dave; pero no es ésa la visión que del episodio tiene Evelyn, que aspira a algo más, mucho más, de manera que lo que empieza siendo solo un pequeño engorro para las aspiraciones de Dave de asentarse sentimentalmente (entablando una relación de noviazgo convencional con Tobie, una joven y bella artista plástica), alcanza muy pronto las dimensiones de un serio problema, que aún adquirirá tintes más dramáticos que los que, en un principio, cabría esperar.

EN UN PÁRRAFO….- Cuando su carrera como actor ya había marcado varios hitos importantes, Clint Eastwood debutaba en lides de dirección con este thriller ‘psicopático’ de factura tersa, limpia e intensa, demostrando unas maneras que aún habrían de mejorar sustancialmente (hasta alcanzar la maestría derramada en sus obras magnas de los últimos veinte años), pero que ya permitían vislumbrar que talento cinematográfico no era algo de lo que Clint anduviera escaso. Una pieza de entretenimiento con un fuerte componente musical (tanto en lo temático como en lo ambiental), y en la que el suspense de corte hicthcockiano se alterna con audacias de índole erótico-festiva muy propias de esa época de aperturismo (los 70’ de camisas floreadas y campanas de pantalón de tamaño catedralicio…) en que surgía la propuesta (aunque tampoco le falten apuntes de un pretendido romanticismo, que, vistos a día de hoy, quizá quedan un tanto ñoños). Más allá de sus numerosos guiños visuales al corpus cinematográfico de sir Alfred, muy interesante…

EN SU HABER.- 1, la dosificación de la información (y de la acción), manejada con un tempo que, aun siendo pausado, no resta agilidad a la evolución narrativa, de manera que el relato avanza con brío e intensidad; un mecanismo de relojería (incluso en sentido literal) a cuyo correcto funcionamiento, tratándose del género del suspense criminal, se encomienda la suerte de la cinta (y que aquí se gestiona con notable acierto); y 2, la concepción del personaje antagonista, una psicópata de manual que, bien interpretada (salvo algún exceso puntual) por la televisiva Jessica Walter, avanza, con una modernidad galopante, la configuración de un arquetipo que el cine de décadas posteriores explotaría, con notable éxito comercial, hasta la saciedad (y el aburrimiento, también…).

EN SU DEBE.- 1, alguna concesión (comprensible, por otro lado) al exhibicionismo del protagonista (y director; he ahí el quid de la comprensión), que pasa buena parte del metraje en paños menores, para disfrute de la vista de sus admiradores de uno y otro sexo —aunque bien mirado, de todos modos, y teniendo en cuenta el vestuario que suele utilizar el personaje (algo que también valdría para su némesis, la enloquecida Evelyn), igual esta circunstancia habría que consignarla más bien en el haber…—; y 2, la secuencia en que Dave Garber pasea románticamente junto a su amada Tobie, con el fondo musical de un meloso tema de Roberta Flack: esas florecillas, esa puesta de sol; un contrapunto quizá excesivo al tono ominoso en que se mueve la línea argumental básica del film (y un apunte sensiblero que ha envejecido con escasa fortuna).

UNA SECUENCIA.- Tras una noche de 'intenso debate', Dave y Evelyn se despiden, con las primeras luces del día, en la puerta de la casa de él. En ese momento, aparece un vecino que les increpa porque no le dejan dormir con sus voces, y, ante la sopresa (preocupada) de Dave, Evelyn se revuelve contra él con una agresividad tan inusitada como injustificable. Es una escena sencilla, y sin aparente trascendencia, pero que marca un punto de inflexión en una relación aún incipiente y que ya 'apunta maneras' en cuanto a las complicaciones que acarreará para nuestro 'hombre de la radio'. A partir de ahí, un crescendo suave, pero implacable...

CALIFICACIÓN: 7 / 10.-
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