lunes, 27 de febrero de 2012

Los amores difíciles (España, 2011)


SINOPSIS ARGUMENTAL.- María, Ángel, Dora, Chari, Amanda, Marina, Tony. Gente de diferentes edades, razas, lugares de residencia, orientaciones sexuales y condición social, con un único punto de conexión: una relación amorosa que, aunque no se pueda calificar de extraordinaria (todas ellas obedecen a cánones y pautas encajables en arquetipos reconocibles por el común de los mortales), sí que se puede calificar de complicada. Las distancias (geográficas y temporales); las dificultades, en forma de enfermedad física o mental; el peso de rupturas previas; o la sumisión a idealizaciones totalmente alejadas de la realidad configuran un abanico tan amplio como variado de obstáculos que se interponen entre la sempiterna aspiración al amor y su materialización práctica. Un tema universal y permanente.

EN UN PÁRRAFO.- Hermoso, sencillo y tierno; así es el retrato con el que la directora Lucina Gil, en un ejercicio de sensibilidad y talento tejido a base de teselas fílmicas detallistas y cercanas —ésas con las que va entretejiendo las diferentes historias con que ilustra su postulado—, nos acerca a un tema tan manido como el de las relaciones amorosas (todas tan iguales, siempre tan distintas...) visto desde el prisma de la dificultad. Un documental preciso y precioso, en el que la cámara se acerca a sus protagonistas con el cariño que merecen y nos los acerca a nosotros, los espectadores, para transmitirnos sus temores, sus penas, sus esperanzas y sus incertidumbres; ésos con los que tan poco cuesta identificarse. Y es que, ¿quién no supo alguna vez de un amor difícil...?

EN SU HABER.- 1, su concisión: 62 minutos bastan a Lucina Gil para tejer su fresco, sin que la parquedad en el minutaje —que le dota de una especial liviandad— prive al mismo de profundidad en la mirada ni de desarrollo detallado de las historias en que se despliega; todo un alarde de compresión fílmica; y 2, la naturalidad de sus 'intérpretes', algo que siempre se tiende a dar por supuesto, o sobreentendido, cuando estamos ante actores y actrices no profesionales, pero que no siempre ofrece resultados satisfactorios; en este caso, el trabajo de 'cocina' (ineludible) queda diluido en un flujo de empatía que revela un cuidado exquisito a la hora de plasmar sus vivencias en pantalla; admirable.

EN SU DEBE.- Se trata de una producción aquejada de tres enfermedades mortales (desde el punto de vista de su potencial comercial): es un documental, es español y es muy bueno —no tengo nada claro cuál de las tres dolencias es de mayor gravedad—. A nadie se escapa que de ser una película francesa, cuya directora respondiera al nombre de Lucine Gille, estaría optando a premios de relumbrón y habría sido celebrado como la joya artística que, realmente, es. En fin...

UNA SECUENCIA.- No puedo dar más detalles, pero no corten el visionado después de los créditos. No sale ninguna mano de ultratumba, ni resucita ningún psico-killer previamente exterminado, pero es una hermosa coda a un no menos hermoso relato.

CALIFICACIÓN (s/. 10): 8.-


NOTA: Hasta el próximo 29 de febrero, esta hermosa pieza está disponible, para su visionado en línea y gratuitamente, en la web de Márgenes, I Festival on line de Cine Español (una excelente iniciativa, por cierto...). La dirección es la siguiente: http://www.margenes.org/los-amores-dificiles/. No dejen pasar la ocasión...

viernes, 24 de febrero de 2012

3055 Jean Leon (España, 2006)


SINOPSIS ARGUMENTAL.- Desde sus orígenes, en su Santander (natal), hasta su fin, en tierras tailandesas, un recorrido completo a través de la biografía de Jean Leon, un singular personaje que abandonó la España mísera de los años cuarenta del pasado siglo, como Ceferino Carrión, para embarcarse en una peculiar singladura (tan peculiar como su controvertido carácter), que le llevaría a un Hollywood —en el que, como restaurador, y convertido ya en ese Jean Leon con el que pasaría a la historia, se codearía con las estrellas de la época— desde el que pasó a convertirse en un viticultor de prestigio y, finalmente, un aventurero a la búsqueda de la hermosura (la de los paisajes y la de los mujeres) en territorios exóticos.

EN UN PÁRRAFO....- Alternando los modos convencionales del documental más canónico (ése que basa su relato en testimonios de personas vinculadas a su tema central) con otros elementos visualmente más innovadores (las secuencias de ensayos de obras de Tennessee Williams y reconstrucciones de aspectos de la biografía de Leon, a cargo de alumnos del Actor's Studio; o escenas basadas en la reproducción de episodios a través de figuras troqueladas en sucesión), Agustí Vila construye un relato ameno y vivaz, sin necesidad de recurrir a exageraciones ni sensacionalismos, alrededor de la figura de un personaje tan poco conocido como interesante. No desvela todos los misterios, pero ofrece las claves suficientes como para que el acercamiento al personaje sea efectivo. Y no alcanza la maestría, pero sí constituye una buena pieza de cine documental, que merece un visionado atento.

EN SU HABER.- 1, la completud del relato biográfico de su personaje protagónico, Jean Leon; el recorrido por su biografía es exhaustivo, y abarca la integridad de la misma, con lo cual no hay pasaje ni aspecto que no halle reflejo en las imágenes de la cinta. Es, precisamente, este elemento el que dota de mayor relieve y profundidad a su figura, y la hace, en consecuencia, más interesante; y 2, el tono naif, y estimulante , de las imágenes troqueladas con que Vila compone algunas de las secuencias correspondientes a episodios de la vida de Leon: contrapuntean, curiosa y llamativamente, las secuencias con las que va alternando, y aportan una nota de movimiento y colorido con las que la cinta avanza de manera más viva.

EN SU DEBE.- 1, como contrapartida a la exhaustividad a la que arriba se aludía, el documental adolece, en algunos pasajes, de falta de profundidad; ajustar una biografía extensa a un metraje comedido (de poco más de noventa minutos) obliga a que ciertos pasajes (no por ello menos jugosos) de la misma, hayan de ser despachados con poco más que una referencia a vuelapluma (probablemente, material que daría incluso para otra entrega); y 2, los testimonios de personajes hollywoodienses (que, a priori, parecen ser presentados como uno de los señuelos de mayor interés del film) no alcanzan ni el rango ni la enjundia suficientes como para constituir piezas de relevancia: pocos, cortos y de escasa sustancia. Es probable que hubiera dado mucho más juego el ampliar el espacio otorgado a testimonios de menos relumbrón y más contenido.

UNA SECUENCIA.- Cualquiera de las dedicadas a los ensayos de los aspirantes a futuros intérpretes; con un punto minimalista y, en ocasiones, un poco marciano (cuesta integrarlos en el contexto de la narración de fondo), son la pieza de contraste narrativo en la articulación del relato, y, una vez que se les coge la onda, aportan una nota de frescura que lo enriquece. Un acierto.

CALIFICACIÓN (s/. 10): 6,5.-

viernes, 17 de febrero de 2012

Cine en pequeñas (y antiguas) dosis

* Esta reseña fue publicada originalmente en mi antiguo blog -El (viejo) glob de Manuel- el 23 de marzo de 2006.-

- Les hablaba hace sólo unos días del centenario, gozosamente celebrado, incluso a nivel institucional, del escritor granadino Francisco Ayala: viene hoy de nuevo este autor a colación, dada su fuerte y notoria vinculación con el mundo del cine, arte por la que siempre proclamó su afecto, querencia y admiración, con la particularidad de que lo hizo desde muy temprano momento (sus primeros escritos sobre cine datan de la decada de los 20" del pasado siglo), y a contracorriente de lo que era posición imperante en la intelectualidad de la época, poco proclive a considerar el cine un territorio cultural digno de atención (motivo más que suficiente para considerar a Ayala un hombre de una honestidad e independencia de pensamiento verdaderamente admirables). Como recomendación, una obra: El escritor y el cine, editada por Cátedra, en su colección Signo e Imagen, en 1996; se trata de una recopilación de artículos periodísticos (recensiones generales, críticas, reflexiones...) relacionados, todos ellos, con el mundo del cine, y que, como elemento quizá más curioso y significativo, nos ofrece una gran diferencia en tono y lenguaje entre los primeros escritos y los últimos: circunstancia fruto, sin duda alguna, del enorme arco temporal que se abre entre unos y otros.

- A veces (sólo a veces, y procurando dosificar con mesura frecuencias y cantidades), uno se concede ciertas licencias (u homenajes, más bien): hace apenas un par de semanas, era incapaz de resistir la tentación –allí estaba, flamante y reluciente en la estantería de la sección de cine de unos grandes almacenes, esperando que mis ávidas zarpas se posasen sobre él, y lo trasladaran a la caja de pago más cercana-, y me agenciaba –edición especial en dos discos, plagadita de extras de calidad a contrastar (nunca se sabe...)- un DVD de uno de mis films de culto particular: El precio del poder, versión Brian de Palma (1980), con Toni Montana, esto, ejem... perdón, Al Pacino componiendo uno de las interpretaciones más espectaculares de toda su carrera cinematográfica. No me fustiguen, amigos lectores, que ya me fustigo yo solito: el film es excesivo, tramposo, efectista, ultraviolento, tendencioso, truculento... sí, cierto, no se lo discutiré, pero hagan un experimento muy sencillo: siéntense a verlo en su butaca preferida, intenten levantarse de ella a lo largo del visionado (dudo que lo consigan) y, cuando termine, miren su reloj y comprueben que, pese a lo que les pueda parecer, el tiempo transcurrido desde el comienzo no son veintinco ó treinta minutos, sino casi tres horas. Pasa, les aseguro que pasa (al menos, a mí así me sucede, y no una, sino en las mil y una ocasiones en que he "reproducido" el experimento en cuestión). Una auténtica gozada, aunque no, obviamente, para todos los paladares (faltaría...).

- Transcurrido poco más de un año desde que la viera por primera vez, con ocasión de su estreno en la pantalla grande, reveo Milion dollar baby, y vuelvo a rendirme fascinado ante la grandiosidad de la propuesta, ante el torrente emocional que se desata en la pantalla a medida que se va desgranando la historia y ante la capacidad de un Autor, con mayúsculas, para transmitir de una manera tan viva como profunda, todo el dolor que exhala de la peripecia vital de sus personajes. Sin ánimo de extenderme en consideraciones sobre las que ya tuve ocasión de hacerlo en su momento, con motivo de la crítica publicada en La Butaca -y a la que se puede acceder desde el enlace precedente-, sólo quería añadir un par de apuntes más, a vuelapluma: la confirmación de una convicción que, no por extendida y compartida con miles y miles de cinéfilos, deja de ser más clara, y que es la de que nos encontramos ante un clásico incontestable, de ésos que, por las extrañas químicas del celuloide es capaz de alcanzar tal condición sin someterse al veredicto del único juez que suele otorgar tal condición -el tiempo-; y, ligada a la anterior, la seguridad de que ésta será una de esas películas que, lejos de acusar el paso de los años, irá ganando en aprecio y estima generalizadas con el transcurrir de los mismos. Tiempo al tiempo (y ustedes perdonen, amigos lectores, si lo que he hecho no ha sido, en cierto modo, un ejercicio de ventajismo: es difícil equivocarse con obras de tantísima -y tan contrastada- calidad).

* Grageas de cine VIII.-
* Antecedentes penales (El viejo glob de Manuel) XVI.-

domingo, 12 de febrero de 2012

Jorge Otero (Azuloscurocasinegro; España, 2006)


La vida es algo tan azaroso como para que un hecho accidental cambie los caminos pensados y deseados, y ate el destino de las personas a elementos a los que jamás se hubiera querido estar vinculado. Jorge Otero tenía muy claro que quería huir de la portería a la que su padre vivía ligado, pero la mala suerte se cruzó en su camino y lo aherrojó a ese cubículo desde el que es difícil emerger hacia horizontes más abiertos.

Pero Jorge es un chico tenaz y perseverante. Reservado, tímido, pero con la fuerza de voluntad y abnegación suficientes como para, en sus escasos huecos de tiempo libre, estudiar una carrera universitaria, licenciarse en Empresariales y, sobre esa base, intentar buscar un destino laboral más acorde con sus calladas aspiraciones. Un destino que le aleje de ese padre gravemente enfermo que le esclaviza con sus imposiciones fisiológicas imperativas; de Antonio, ese hermano bala perdida, carne de talego, que no para de ingeniar formas de (mal) buscarse la vida sin un empeño mínimamente decente; y de esa medio novia, Natalia, guapa niña rica, tierna y sensible, con la que no se sabe muy bien si viene o si va, y con la que mantiene una relación en la que el desasosiego y la desconfianza no deja aliento tranquilo a algo que se parezca al amor.

Y, entre currículum y currículum, con entrevistas de trabajo en las que nada llega a concretarse, y dejando pasar sus breves momentos de relax con su amigo Sean, en esa terraza desde la que se contempla un horizonte tan amplio como ignoto y en la que no parece haber cabida más que para las confidencias sin sustancia, y el cariño mutuo labrado en el afecto que nace del roce continuo, el azar vuelve a cruzarse en el camino de Jorge. Un azar que tiene nombre de mujer, Paula, y la fiera determinación de ésta de tener un hijo con el que poder volver al módulo de maternidad de la prisión en la que cumple condena por tráfico de estupefacientes; el hijo que Antonio, compañero en el grupo de teatro carcelario que ambos comparten, no puede darle, pero Jorge sí. Y, aunque al principio se resiste, Jorge termina cediendo y, a pesar de que cree estar contribuyendo a la voluntad de su hermano, lo único que hace es ir ahondando en algo que acaba convirtiéndose en lo que suelen terminar convirtiéndose estas cuestiones.

Por Paula, Jorge abandonará padre, hermano y medio novia. Y se lanzará a un vacío que arranca en una nueva portería, con otras visiones, otros horizontes. Y un flamante traje azuloscurocasinegro con el que enfrentarse al mundo. ¿Es necesario mayor bagaje...?

* Los buenos buenosos XIV.-

martes, 7 de febrero de 2012

Le battement d'ailes du papillon (Francia, 2000)


NOTA PREVIA.- Esta película carece de título en español, dado que no ha llegado a estrenarse en sala en ningún país de habla hispana (al menos, que le conste a este juntaletras...). En cualquier caso, su título podría traducirse literalmente como 'El batir de las alas de la mariposa', y, atendiendo al sentido de la expresión, como 'Evento casual', o algo similar.-

SINOPSIS ARGUMENTAL.- Irène (Audrey Tautou) vive en París, y es vendedora en una gran superficie dedicada a la venta de electrodomésticos. Viajando en el metro, con destino a su trabajo, su compañera de asiento entabla conversación con ella y le transmite el pronóstico de su horóscopo para ese día; una previsión en la que hay importante cabida para el amor (de su vida). A partir de ese momento, se desencadena toda una serie de acontecimientos, casuales y fortuitos, que, afectando de manera variable a un elenco diverso de personajes (que ninguna relación previa guardan con nuestra protagonista), terminan influyendo de manera decisiva en que, al final de la jornada, la vida de Irène haya dado un vuelco espectacular y ya nada tenga que ver con lo que era cuando arrancó la jornada.

EN UN PÁRRAFO….- Si Audrey Tautou no se hubiera convertido en un icono del cine europeo ‘buenrollista’ gracia al descomunal éxito de ‘Amèlie’ (2001), es probable que de la existencia de esta película no hubiéramos llegado a saber jamás. Y tampoco hubiera sido algo de lo que cupiera lamentarse mayormente, dado que esta cinta francesa, enésima recurrencia al mecanismo de historias cruzadas para ilustrar la tesis de que el aleteo de una mariposa en un confín del mundo, puede desencadenar un terremoto en el confín opuesto, no llega a alzar el vuelo (ni el de la mariposa, ni ningún otro…) en ningún momento de su metraje, aquejado de lo inconsistente de sus personajes y lo banal de sus situaciones: intentando navegar entre lo estrambótico y lo cotidiano, la nave no llega a puerto alguno. Un naufragio, pues, en toda regla…

EN SU HABER.- Difícil rescatar, en una cinta de tan flojo nivel, algún elemento mínimamente salvable (y no, amigos lectores, no crean que la interpretación de la Tautou llega a alcanzar tal rango: su desempeño es tan lánguido e inane como el del resto del reparto). Solo resta mencionar, con gratitud, el hecho de que su duración no alcance ni la hora y media; de lo contrario, a todo lo ya indicado habría que añadir, como agravante, el del ensañamiento…

EN SU DEBE.- 1, el dibujo, bastante inane, de sus personajes; ni los protagónicos, carentes de gancho y carácter, ni los secundarios, muletas que apenas sirven para formular alguna tesis que no era necesario explicitar, ofrece el interés suficiente como para conectar emocionalmente con ellos; y 2, la formulación explícita de su tesis de fondo, a través de los personajes a que antes se hacía alusión: un subrayado que sobra, dado que el desarrollo de la trama ya lo muestra con claridad suficiente (¿temía el guionista que el público no fuera lo suficientemente avispado como para advertirlo…?).

CALIFICACIÓN (s/. 10): CUATRO (4).-

jueves, 2 de febrero de 2012

18 comidas (España, 2010)


SINOPSIS ARGUMENTAL.- Con las viandas (esas 500.000 comidas que, diariamente, y tal cual reza el arranque del film, se preparan en una pequeña ciudad como Santiago de Compostela) como hilo conductor —un pretexto tan válido y humano como cualquier otro, pero, en cualquier caso, un mero pretexto—, y articulada en tres bloques (desayuno, almuerzo y cena), asistimos a un conjunto de pequeñas historias cotidianas, las vivencias de un conjunto de personajes que, unidos por todo tipo de vínculos y separados por sus muy diversos caracteres y condiciones, aman, discuten, dudan, hablan, sonríen, sufren —en suma, viven— tejiendo un fresco entusiasta y sugerente.

EN UN PÁRRAFO….- Mirada sensible y agilidad narrativa son los atributos con que Jorge Coira reviste esta propuesta de historias mínimas y cruzadas —una fórmula reiteradamente explotada, no siempre con el acierto pretendido por sus ‘manejantes’…—, en las que la comida, pese a lo que erróneamente pudiera hacer pensar el título, no pasa de ser un mero instrumento de atrezzo que se usa como muleta sobre la que asentar un paso vigoroso y firme en un recorrido panorámico por la más amplia panoplia de sentimientos y planteamientos humanos de los que aquejan al común de los mortales. Más allá de formalismos experimentales, cine bien trabado y que emociona: misión cumplida…

EN SU HABER.- 1, la inexistencia de fundidos en las transiciones de unas historias a otras (que se van desplegando entrelazadas), algo que, al principio, puede parecer una mera boutade con la que jugar al despiste narrativo, un simple golpe de efecto visual, pero que, poco a poco, se revela como un mecanismo altamente eficaz para generar la sensación de continuidad e imbricación entre unas historias y otras, al eliminar cesuras entre ellas; y 2, el excelente nivel interpretativo mostrado por la inmensa mayoría de sus actores y actrices; algo que, en el caso de los ‘consagrados’ (Tosar, sobre todo, o Víctor Clavijo) se podía dar por sentado (están, en cualquier caso, a un nivel fantástico), pero que, en el supuesto de los menos conocidos, constituye una sorpresa muy grata (especial atención a Esperanza Pedreño: maravillosa…).

EN SU DEBE.- Aunque hemos de dar por sentado que un film de episodios nunca tiene por qué ‘equilibrar’, a priori, el peso y presencia de cada uno de las historias que lo integran —que habrán de adquirir la consistencia que el autor le quiera conferir, en el contexto global de la cinta—, es probable que quepa apreciar en ’18 comidas’ la existencia de alguna línea argumental insuficientemente explotada (como podría ser la del matrimonio de ancianos, ese edificio de silencios y sobrentendidos que podría haber dado bastante más juego).

LA SECUENCIA.- Sol (Esperanza Pedreño) y Edu (Luis Tosar), reencontrados después de largos años de ignorancia mutua, mantienen una conversación difícil, sobre la que planea una cierta tensión (¿sexual?), la que deriva de la falta de decisión para dar un paso adelante (que, probablemente, ambos desean y rehuyen a la vez). Los nervios que la situación provoca en Sol se explicitan en el frenético temblor de sus pies bajo la mesa —algo que apreciaremos tanto en un plano general, a distancia, como en un primer plano posterior mucho más explícito—. Lenguaje visual bien trazado.

CALIFICACIÓN (s/. 10): 8.-
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