viernes, 21 de septiembre de 2012

Maureen Teefy

* Como instigadora (y, por tanto, civil y penalmente responsable de lo que de estas torpes letras pudiera derivar), dedico este artículo a mi compa Hildy Johnson, cuyo excelente blog pueden encontrar ustedes, amigos lectores, en este enlace.


Hace algunos días tenía ocasión de ver, en un pase televisivo, 1941, la primera y, hasta la fecha, única incursión en la comedia que consta en la filmografía de Steven Spielberg (vistos los pobres, y decepcionantes, resultados, se hace comprensible que el mago Steven no se haya prodigado mayormente en el género). Y en una de sus secuencias, concretamente, en la del concurso de baile multitudinario que tiene lugar en el club U.S.O., me pareció ver, en una rafaga momentánea (un plano de ¿dos, tres...? segundos) un rostro que me resultaba familiar. ¿Era ella?

Pues sí, efectivamente, era ella. Maureen Teefy. Y se preguntarán ustedes, ¿pero quién es Maureen Teefy?

Bien, Maureen Teefy fue una de las intérpretes de Fama, el film de Alan Parker de 1980 que relataba las andanzas, venturas y desventuras de una serie de chicos y chicas que ingresaban en una prestigiosa academia artística neoyorquina, y que daría posteriormente pie a una larga y exitosa serie televisiva (emitida durante varios años en nuestro país) –y en la cual, por cierto, esta chica, a diferencia de varios de los protagonistas del film, ya no participaba-. En dicha película, encarnó el papel de Doris Finsecker, una muchachita tímida y apocada, hija de inmigrantes polacos, cuya seráfica voz le daría acceso a esa soñada academia donde tendría ocasión no sólo de perfeccionar su canto y aspirar a la gloria artística, sino, muy especialmente, de abrir los ojos a ciertas duras realidades de la vida (se termina enamorando perdidamente de un portorriqueño díscolo y marginal, Ralph Garcey, el cual, tras hacerle una barriga, la dejará compuesta y sin novio...).

Su interpretación no era fastuosa, y es que, ciertamente, las dotes actorales de Maureen Teefy no eran las de Jessica Lange o Meryl Streep; de hecho, su carrera languideció a partir de ese momento, contando en su haber con sólo seis ó siete películas más, perfectamente prescindibles en cualquier filmoteca, y su estrella se apagó sin que nunca hubiera llegado a encenderse, Un caso más, entre tantos y tantos... Pero yo, a mis tiernos dieciseis añitos, me enamoré perdidamente de Maureen Teefy: de su carita pecosa, de su cuerpo endeblito y de esos rizos pelirrojos que la dotaban de un encanto infantil irresistible –tenía ya veintisiete añitos la mozuela, pero aparentaba bastantes menos-. Desde luego, yo no lo pude resistir...

Y no crean que la cosa quedó en ese deslumbramiento que podemos tener con relativa frecuencia (recuerdo, así a vuelapluma, a Sandrine Bonnaire, en Lou-Lou, de M. Pialat; a Amy Locane, en Cry-Baby, de J. Waters; a Charlotte Gainsbourg, en Jane Eyre, de Zeffirrelli: la lista se podría hacer interminable...), pero que no proyecta sus efectos más allá de unas horas después de haber visto la película. Qué va, qué va... Este adolescente montaraz y enamoradizo anduvo coladito por los huesos de Maureen durante algunos que otros meses; es más, la cosa llegó a tal extremo que incluso llegó a enamorarse perdidamente de la amiga de una compañera de clase única y exclusivamente por lo mucho que se parecía a su amada cantora (o, al menos, eso le parecía a él: que hasta dónde llegaban a coincidir realidad y sueño, es algo que ya empieza a difuminarse en la memoria...) . Y aún hoy, cuando abro la carpeta del vinilo con la banda sonora de la película (conservado cual si de un incunable directamente procedente de la biblioteca de Alejandría se tratara) y contemplo el par de fotos (no muy buenas, por cierto) donde aparece ella, se me dibuja en el rostro una cierta sonrisa bobalicona (sí, ésa que se nos queda cuando... bien, ustedes ya saben...).

Y, dejando aparte la batallita personal (que, dicho sea de paso, y por si alguien incauto aún no lo había advertido, me apetecía mucho contar), quisiera decirles que he reflexionado mucho, desde ese momento, en busca de ese punto (ese tiempo, ese lugar...) en el que uno, pretendiendo ser no se sabe muy bien el qué, y sobornado por una mezcla explosiva de ínfulas soberbias y sueños de vanidad, empieza a buscar en las películas detalles técnicos, materiales para el despiece crítico, objetos de estudio casi entomológico; en definitiva, cosas que tienen muy poco que ver con aquéllas que, posiblemente, sean las únicas que merecen realmente la pena: las emociones, los sentimientos, un cierto pellizco... que eso, amigos, y no otra cosa se supone que es (o debería ser) el cine.

Naturalmente, no he logrado encontrar ese punto al que antes aludía, y es muy probable que no llegue nunca a encontrarlo; como diría el tango, la vida yira y yira... Pero, en cualquier caso, gracias, Maureen Teefy, por haberme puesto, aunque sea sólo en un momento, en una rafaga, de nuevo en el camino...

* Este artículo data del 14 de julio de 2003, y fue publicado originariamente en una web cuyo contenido ya no está disponible.


13 comentarios:

J.C.Alonso dijo...

Completamente de acuerdo, Manolo. Era un caramelo de cobre níveo pecoso (mil veces más sexy que la Kidman de “Calma total”) con toda la panda de Fama. Llegó a ser “Supergirl” y la recuerdo en un episodio de una serie de TV, que me encantaba, Mike Hammer (con ese pedazo de actor, el ínclito Stacy Keach) el personaje de M. Spillane´s. Ahora es una mature ejemplar ama de casa. C´est la vie… Un detallazo. Abrazos

Anónimo dijo...

¡Gacias, amigo Manuel, por la dedicatoria tan preciosa y por ese texto desde la emoción pura!
La que provoca un rostro en la sala oscura en la pantalla blanca... el impacto emocional y la fuerza de un rostro que puede formar parte de preciosas historias personales como la que cuentas.

¡Me ha encantado leerte!

Besos emocionados
Hildy

Roy Bean dijo...

Echo la vista atrás, y por más que lo intento (Hammer incluido, que yo también tengo mis años) y no logro (bueno a ahora sí que he tirado de google) darme cuenta de quién era esta señorita por la que pareces tener en el "seso", o algo por ahí subliminalmente escondido.Gracias por rescatarla.Abrazos.Roy.

PD: Que conste que yo para esto de retener caras, salvo las de la Ford Stock Company y alguna más por ahí de Russ Meyer, soy muy malo.

Manuel Márquez Chapresto dijo...

'Caramelo de cobre níveo pecoso'; creo que, al lado de la tuya, mi pasión por la Teefy, compa J.C. ALONSO (por cierto, bienvenido a esta cibercasa...), es algo casi gélido; ah, y totalmente de acuerdo contigo en cuanto a la comparación con la Kidman (no hay punto de tal...). No la ví en ninguna otra interpretación, ni de cine ni televisiva, y, por lo que he podido trastear en su web, además de ama de casa, se dedica a impartir cursos de interpretación en plan 'coaching moerno', o algo similar. Ya sabes, adaptarse o lo otro...

Un fuerte abrazo y buena semana.

Manuel Márquez Chapresto dijo...

Las gracias a tí, compa HILDY, por la lectura atenta y cariñosa; efectivamente, solo en la sala oscura y desde su pantalla de fondo, se puede transmitir algo con tanta fuerza (en formato doméstico es mucho más complicado, desde luego...).

Un fuerte abrazo y buena semana.

Manuel Márquez Chapresto dijo...

No me sorprende, compa ROY BEAN: a esta mujer, si no eres un 'famófilo' irredento (como es mi caso), no es fácil recordarla, porque su carrera fue bastante limitadita, tanto en cantidad como en calidad. Por lo demás, a estas alturas supongo que se me ha pasado la fiebre, pero esas cosas es mejor no 'meneallas' mucho, que nunca se sabe...

¿Retienes caras de los repartos de Russ Meyer? Pues ya tiene mérito; yo soy incapaz de recordar otra cosa que no sean... Pues eso...

Un fuerte abrazo y buena semana.

39escalones dijo...

En fin, Manuel, creo que son ámbitos puramente distintos. Encontrar elementos de disección "crítica" no tiene por qué mezclarse negativamente con el sentimiento y la emoción. Es más, cuando el trabajo es bueno de verdad, éstos se superponen a la técnica, la hacen invisible o únicamente mero complemento. Digamos que la hacen pasar más desapercibida, al menos en los primeros visionados, y debe ser el bisturí el que luego diga cómo han conseguido emocionarnos así. Si la película aguanta los visionados, algo que, especialmente cuando de memoria juvenil se trata, generalmente no es así.
A la chica la desconozco; a Hildy sí la conozco. Y es capaz de provocar posts de estos, y vete a saber de qué más...
Abrazos

Fernando R. Genovés dijo...

Recuerdo el personaje del que hablas, pero no le pongo rostro al nombre, el cual tampoco tenía muy presente. Gracias por actualizar mi memoria a largo plazo en fase de revisión.

Buen musical "Fama", revitalizador de un género por entonces en decadencia. Y tampoco estaba mal la serie de televisión.

Salucines

SuperWoman dijo...

Jaja, se nota que yo era mas lectora que visualizadora, porque esas sensaciones que tu describes, yo las conseguia con los libros: Aragorn (que no me imaginaba ni mucho menos como Viggo Mortensen, pero yo si creo que le pegaba el personaje, tiene una belleza un tanto extranya), Javier de "Cinco panes de cebada", Dick, el de los famosos cinco... En fin, de la peli no me acuerdo, creo que tenemos que llevarnos unos anyitos, ?no? Yo a lo maximo que llegue fue a la serie...
Un supersaludo

Manuel Márquez Chapresto dijo...

Pues sí, compa ALFREDO, está claro que sentarse a ver una peli con la intención de 'destriparla' ya te priva de una buena parte del placer del que se disfruta cuando uno se limita a dejarse llevar; ésta, en particular, hace muchísimos años que no la veo, y me temo que el juicio actual distaría bastante del (muy) benévolo que le apliqué en su día. En cuanto a la compa Hildy, no tengo el gusto de conocerla personalmente, pero estoy convencido de que, si transmite solo una míníma parte de la pasión y el entusiasmo por el cine que traslucen sus reseñas, debe ser totalmente hechizante, desde luego que sí. Lo de la Teefy es otra historia. Cine...

Un fuerte abrazo y buena tarde.

Manuel Márquez Chapresto dijo...

Bueno, compa FERNANDO, los duendes de la informática no respetan ni al administrador de la ‘finca’; te había contestado el comentario, pero se ha perdido… Lo que te decía, básicamente, es que, mientras la peli sí que me dejó muy ‘pillao’, con la serie no llegué a sintonizar nunca, el hecho de que solo coincidieran algunos intérpretes me sonaba a una especie de traición a su letra y espíritu (fíjate, con la de cosas que ha habido que ver después en materia televisiva…). Y, sobre todo, claro, faltaba ella…

Un fuerte abrazo y buena semana.

Manuel Márquez Chapresto dijo...

Bueno, compa SUPERWOMAN, con los libros se consigue otro tipo de enamoramiento, creo yo (y también sé lo que me digo, que más de uno hubo en su momento…), ahí es uno el que pone la apariencia física jugando con la combinación de descripción del autor e imaginación propia, y, por tanto, hay mucha más libertad (y mucho más juego). Mejor, supongo… En cuanto a los añitos que nos llevamos, que sí que son unos pocos, seguro, te lo dejo fácil para hacer la cuenta (ya me consta que una mujer, ni aun siendo super, debe confesar nunca su edad…): los míos son cuarenta y siete (bueno, casi cuarenta y ocho…).

Un fuerte abrazo y buena semana.

Anónimo dijo...
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