lunes, 28 de mayo de 2012

John Halder (Good; Alemania-Gran Bretaña, 2008)


John Halder es un profesor universitario que sobrevive como puede, con un estoicismo a prueba de los más feroces zarandeos, en el marasmo de la Alemania pre-nazi: una esposa diletante, que solo parece mostrar interés por tocar el piano, y que deja enteramente en sus manos (de él) el cuidado de los hijos; una madre enferma y obsesiva que reclama su atención permanentemente; un suegro que le presiona insistentemente para que se afilie a un partido nacionalsocialista con el que él guarda diferencias ideológicas profundas. Todo conspira a su alrededor para impedirle concentrarse en aquello que de verdad le interesa —sus clases de literatura y la escritura de sus libros—, y su único consuelo se ubica en los largos ratos que pasa con su compañero de juventud (y psicoanalista de cabecera) Maurice Glückstein, un bon vivant procaz y sarcástico, apasionado por los placeres de la carne de todo tipo y condición, y, por encima de todo, amigo leal y entregado.

Pero dos acontecimientos se cruzarán en su devenir vital, y removerán los cimientos bajo los que se asienta su orden (afectivo y académico): uno es el interés de los nazis por un opúsculo de ficción escrito años antes, y en el que Halder, filtrando datos de su experiencia personal, parece transmitir argumentos favorables a la eugenesia (algo que al régimen nazi le puede hacer un nada flaco favor, en orden a su legitimación moral nacional e internacional, pese a que Halder carece de renombre alguno en el firmamento literario); y el otro, el enamoramiento fulminante que por él experimenta una joven y bellísima alumna, Anne, dispuesta a cualquier cosa por convertirlo en su compañero sentimental con carácter permanente.

El primero de los episodios lo lleva a afiliarse, primeramente, a las huestes hitlerianas, y, con el paso del tiempo, a convertirse en un jerarca del régimen: alguien que, sin implicación política y emocional alguna, y solo en el ánimo de no contrariar a sus superiores (frente a los cuales muestra una sumisión rayana en lo servil),  y no ver perjudicada su posición profesional, va escalando posiciones en el organigrama del horror. Paradojas de la vida…

El segundo lo impulsa a separarse de su esposa, Helen, y casarse con su deslumbrante admiradora, a cuyos encantos será incapaz de resistirse, y junto a la cual formará una jovial y atractiva pareja de puros ejemplares arios dispuestos (a la mayor gloria del régimen) a poblar de retoños rubísimos y purísimos la Alemania del futuro, un futuro de prosperidad y bienestar en el que la carrera académica de Holder no parece tener a la vista obstáculo alguno.

¿O sí? Porque hay un punto óscuro, que ensombrece una perspectiva de vida tan inmaculada, y ése no es otro que Maurice. Glückstein. Judío. Una amistad poco recomendable en tiempos convulsos, de persecuciones y condenas. Halder intentará ayudarle: de corazón y sin ambages, como cabe esperar de alguien que, más allá de sus pecados por omisión, tiene un fondo de bondad en su alma contra el que ningún régimen puede atentar. Pero las cosas no salen bien. Y Halder habrá de penar con las consecuencias de su falta de determinación. Un alto precio; el precio que pagan quienes no saben, a su debido tiempo, tomar las riendas de su vida por la línea que les marca su conciencia. Y ahí estará la música para recordárselo…

Contra la maldad más ominosa, las pequeñas bondades inanes no sanan el dolor de sus poseedores. Duro…


* Good (Gran Bretaña-Alemania, 2008) narra la peripecia de John Halder —interpretado por un correcto Viggo Mortensen—, profesor universitario convertido en jerarca nazi ‘a su pesar’, y su relación con Maurice Israel Glückstein —un espléndido Jason Isaacs—, psicólogo judío, en el Berlín convulso de la ascensión nacionalsocialista. Un drama intenso que combina la reflexión política con otras de mayor alcance, y cuya historia arroja un interés muy superior al del pulso narrativo con que su director, Vicente Amorim, la maneja.

* Los buenos buenosos XVII.-

9 comentarios:

Fernando R. Genovés dijo...

Pues no tengo el gusto de haberme acercado a esta peli. Pero por lo que cuentas de la trama, se impone en ella la presencia de un actor de carácter. Y Viggo Mortensen..., no sé, no sé...

Salucines

Manuel Márquez Chapresto dijo...

Deduzco de tus palabras, compa ALFREDO, que no es Mortensen santo de tu muy mucha devoción; no sé, aquí no está tampoco mal, pero es cierto que quizá un actor con un perfil más 'potente' le hubiera dado al personaje más consistencia. La peli no es para tirar cohetes, pero se deja ver...

Un fuerte abrazo y hasta pronto.

39escalones dijo...

No me convenció. Te dejo parte de un texto que escribí de ella en su momento (y perdón por la autocita, que es cosa de muy mal gusto):

"Ése es quizá el problema de concepción de personaje y película: constantemente se nos están ofreciendo razones para justificarlo, ya desde el propio título. La teoría del pobre hombre forzado por las circunstancias, no sólo a afiliarse al partido nazi sino a renegar de un amigo o a abandonar a su esposa, resultan contraproducentes y, al menos a quien escribe, le hacen preguntarse si no hubiera sido más acertado simplemente hacer el retrato de la caída de un intelectual en los dogmas y fanatismos nazis, sin excusas ni razones en forma de concesión a un público incapaz de identificar a una estrella con un ser vil y abyecto, comercialmente hablando. La realidad histórica nos dice que no fueron pocos los hombres cultos, capaces, preparados, que abrazaron una causa criminal, demencial, destructiva, de manera entusiasta. Ahí radica precisamente buena parte del horror del fenómeno: ¿no sabían? ¿No se daban cuenta? ¿Tenían el cerebro lavado? ¿Cómo seres normales y corrientes pudieron entregarse de buena gana al mayor horror que ha producido la Humanidad? Esas preguntas quedan sin respuesta, sin atisbo siquiera de reflexión, al colocar como protagonista a un individuo (a nuestro personal entender, muy mal escogido) del que constantemente se nos dan razones para que lo exculpemos: mala caracterización, mal personaje, mala interpretación, intrascendente relato dado que no afronta la verdadera cuestión.

Por lo demás, la estética de telefilme, la ambientación sólo aceptable, las elecciones equivocadas, tanto de casting como de estilo (el acento británico de los actores en la Alemania de 1933-1939, por ejemplo) y la dirección de piloto automática de Amorim, ofrecen pocos alicientes a una historia convencional, plana, previsible, en la que los buenos siguen siéndolo incluso cuando son malos".

En fin, que no me convenció, ya digo.
Abrazos

Manuel Márquez Chapresto dijo...

La autocita, compa ALFREDO, no solo no me parece inoportuna, sino todo lo contrario (cuestión de economía de medios: si ya escribiste, ¿para qué escribirlo de nuevo...?). En todo caso, son apuntes, como no cabía esperar de otra manera, muy certeros y juiciosos, aunque yo no tengo una perspectiva tan negativa. En cuanto a la justificación moral del personaje protagonista, yo sí le veo cierto fundamento (y no por el hecho de que esté encarnado por una estrella hollywoodiense): este hombre, a diferencia de esos otros cuya caracterización delineas con precisión (esos que evolucionaron de la tibieza al entusiasmo), nunca deja de estar corroído por la culpa (de hecho, no ceja en su empeño de encontrar a su amigo, y saber qué fue de él), y siempre se aprecia con claridad, tanto en su actitud como en su actuar, que hay más un ánimo acomodaticio y sumiso que algo que tenga que ver con la convicción. Lo cual, naturalmente, no le exculpa —él tiene la opción de adoptar otras vías, y no lo hace—, pero sí lo explica. Tu segundo párrafo, suscrito y ratificado, sin más...

Un fuerte abrazo y hasta pronto.

39escalones dijo...

Bueno, es que yo creo que ahí radica el problema. En que él se siente culpable pero el espectador, precisamente porque no ve en él convicción, lo considera una víctima, otra, del sistema. Por tanto, como tal víctima en el cine, en el fondo, inocente. Y es lo que no me gusta: prefiero una historia cruel y despiadada sobre un culpable por convicción, que me "obliguen" a tenerle lástima a alguien que es igual de culpable pero al que me fuerzan a comprender. Y eso es lo que no me creo.
Pero bueno, cuestión de percepciones distintas, eso es todo.
Abrazos

Josep dijo...

No he tenido la oportunidad, Manuel, así que no me queda más que apuntarla por si algún día se pone a tiro tener referencias: a priori entiendo que la propuesta se supone interesante pero quizás le falte enjundia: veo que concuerdas con Alfredo en que hay cierto aire de telefilme y eso, que en el cine me molestaría, ya que la veré en plan doméstico no será punto a considerar, pero la descripción que haces del conjunto, quizás por tu gracia, resulta apetecible.

Un abrazo.

Manuel Márquez Chapresto dijo...

Una propuesta potable, no más, compa JOSEP (ni menos, en mi humilde opinión). Aparte de las hechuras televisivas, que no negaré, creo que le falta algo más de garra narrativa, un poquito más de intensidad, a la altura de la dureza de la historia que narra. Pero eso, como siempre, no deja de ser mi particular apreciación. Y ya sabes, cada cual con la suya...

Un fuerte abrazo y buen día.

MoniConTomate dijo...

Al leer la “autocita” de Alfredo (39escalones) me doy cuenta que pensé lo mismo que él la primera vez que vi la cinta. Pero no como algo negativo, sino como una crítica a esa debilidad de tantos, del dejarse llevar por debilidad, por no enfrentarse, por comodidad: es más fácil dejarse arrastrar que enfrentarse. Muy diferente a la actitud que siempre es la que sale retratada, la de aquellos que abrazaron el nazismo como solución a la hecatombe que supuso el final de la Gran Guerra para Alemania.

Me gustó muchísimo la película como concepto, ese concepto de la rendición de los débiles. Pero de los débiles arios, que mucho cuesta ver y leer, porque los únicos “débiles” que retratan cine y literatura es a los judíos. Supongo que a estas alturas ya te habrás dado cuenta, me atrae mucho la época de entreguerras, el auge de los fascismos del siglo XX, las aberraciones que provocó el nazismo a todos los niveles. Y soy una devoradora de películas y literatura de esa época. Gracias por recordarme esta cinta.

Un fuerte abrazo, Manuel.

Manuel Márquez Chapresto dijo...

Puedo entender perfectamente tu fascinación por el periodo y el fenómeno, compa MONI, porque en él se decanta lo peor de la condición humana, y ese ofrecernos el reverso oscuro de nuestra (mísera, a veces) condición, tiene un morbo (y un interés) difícil de resistir.

Yo no la conozco con detalle (bueno, como todo...), pero supongo que eso que tú señalas, de la escasa atención prestada al aspecto de los 'nazis débiles', o pasivos, debe ser cierto y, además, tener su lógica. Y supongo que se enmarca en una tendencia de espectro mucho más amplio, por su generalización, que fue la de la pasividad de los millones y millones de alemanes que 'miraron para otro lado' (tema que se toca con profundidad y dolor en un film como 'Vencedores y vencidos' de Stanley Kramer; supongo que la habrás visto, pero, si no lo has hecho, estás tardando...). Eso sí que da miedito.

Un fuerte abrazo y buen fin de semana.

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