* NOTA PREVIA.- El siguiente texto revela aspectos sustanciales de la trama de la película a que el mismo hace referencia. Avisados quedan, amigos lectores...
Habrá a quien pueda resultar extraño
que se predique la bondad de un crío capaz de morder en el brazo a
su madre de acogida para huir de su casa, o de apalear con un bate de
béisbol a un probo y honrado padre de familia (y, ya de paso,
también al hijo de éste) para robarle el dinero que lleva encima.
Pero es que, si como predicara el maestro Ortega y Gasset, uno es uno
y sus circunstancias, las vitales de Cyril Catoul explican fácilmente
cómo un preadolescente necesitado de un afecto muy particular (el de
su padre) para cuya carencia no encuentra sustitutivo alguno, es una
víctima propicia para cualquier interesado en sacar partido de esa
rabia contenida a la que Cyril ha de dar rienda suelta para paliar su
frustración, tan honda, tan triste, tan irreparable.
A Cyril, ese niño que solo cabalgando
furiosamente a lomos de su bicicleta parece hallar la paz para sus
demonios interiores, no le faltan otros afectos circundantes: es bien
tratado, con respeto y cariño, por los monitores del centro de
acogida en el que su padre lo ha internado —gente seria y rigurosa,
pero nada hosca—; y, sobre todo, goza del especial afecto que,
sorpresiva y prontamente, le profesa su madre de acogida, Samantha,
una mujer joven y atractiva que es capaz incluso de anteponer su
relación con Cyril a un affaire amoroso de intensidad emocional
incierta, o de soportar estoicamente los desaires y enfados de ese
diablillo rubio.
Pero no son ésos, con ser importantes,
incluso necesarios, los afectos que Cyril reclama. Él solo quiere, y
reclama, la atención de un padre que, afectado por un momento
personal y económico difícil (del que pocos detalles conocemos —ni
necesitamos conocer—), se ha desentendido totalmente de él, y así
se lo plantea, con toda crudeza y explicitud. Y es la reacción a ese
rechazo, tan doloroso, tan injusto (pese a todo, Cyril adora a ese
padre del que no solo no reniega, sino al que justifica y excusa), el
que pone al pequeño Catoul en el disparadero.
El azar se alía con nuestro ‘héroe’,
propiciando que los daños de su ejercicio de rebeldía no lleguen a
alcanzar mayor consideración, y le permitan dar marcha atrás,
corregirse, reformarse. Y, por encima de todo, asumir el amor que le
ofrece Samantha y acogerlo como vía de redención, bálsamo para su
alma atormentada. Ese abrazo con el que Cyril y la bella peluquera,
además de devolvernos a la bondad primigenia del chico, sellan su
reconciliación definitiva, abre un nuevo camino, una nueva
esperanza. Sobre ella aún se proyectarán miedos y amenazas, porque
ésas son las reglas bajo las que se despliega el lado más ominoso
de la vida: el de la proyección del pasado, para bien o para mal,
sobre el presente y el futuro. Pero ésa ya es otra historia, otra
peli. ¿O no…?
EL FILM (EN UN PÁRRAFO…).- Con la
densidad y circunspección que constituye seña de identidad de toda
su filmografía —si bien, en este caso, tamizada por un ligero halo
de algo parecido a la felicidad, por muy frágil que se manifieste—,
los hermanos Dardenne vuelven a ofrecer una historia dura y amarga,
la del pequeño Cyril Catoul, y esa bicicleta que le sirve para
marcar distancias con sus miedos y sus desgracias, determinados por
esas circunstancias que vienen a constituir una constante temática
en su cine: la descomposición de los vínculos familiares como
fuente de la infelicidad y la frustración, y la recurrencia del
pasado como sombra ominosa que se resiste a dejar el paso franco a
experiencias desligadas de los males pretéritos. Triste, duro,
humano: un cine que trasciende el episodio concreto que es el nervio
de su relato, para erigirse en representación y metáfora de males
de calado social en un mundo sobre el que cabe abrigar pocas
ilusiones.
* Los buenos buenosos XV.-


11 comentarios:
La única película previa que había visto antes de los Dardenne no me gustó demasiado, es así como El niño de la bicicleta me pilló desprevenido y me conmovió. Son muchas emociones con muy pocas palabras, el personaje de Samantha es brutal. Ahora tendré que seguir rascando en la filmo de los Dardenne. Un abrazo Manuel!
Yo no he visto todas, compa Josep, pero sí buena parte de ellas, y configuran una filmografía que no es nada amable ni complaciente (tanto en temáticas como en tonos), pero sí de mucho calado. A mí, personalmente, es un tipo de cine que me resulta muy atractivo, pero entiendo que no a todos los paladares se le ha de hacer apetitoso...
Un fuerte abrazo y buena semana.
Me gustó la película, el crío hace un papelón. Bueno, en realidad, todos. Es de esas películas en las que uno ve un trocito de vida, no una ficción, por la magnífica forma en que se conjuga estilo y naturalidad. Ya sé que la mayoría del público cuando ve cine quiere reconocer el cine en la pantalla, y no la realidad de la que quiere huir o evadirse, por eso los Dardenne no romperán jamás la taquilla. Pero qué bueno es un chupito de éstos (o de Mike Leigh) de vez en cuando para recordar que en el cine aún queda vida inteligente...
Abrazos
Lo del crío, como bien apuntas, compa Alfredo, es, cierto, un trabajo de muchísimo nivel, impresionante (qué menos que decir su nombre: Thomas Doret); y la peli es eso, un retrato muy duro, muy amargo, pero nada tramposo. Supongo que hay espacio y tiempo para todo; para que Superman vuele, y para que no. Con los Dardenne, desde luego, Superman no vuela, ni falta que le hace...
Un fuerte abrazo y buen día.
Me gusta, aunque lo sufro también, el cine de los hermanos Dardenne. EL NIÑO DE LA BICICLETA fue toda una sorpresa porque a pesar de su dureza y de conservar su manera de rodar nos habla del amor desinteresado y de la posibilidad de un milagro por sentir ese amor que pone en pie de nuevo a Cyril, el niño de la bicicleta.
Y también fue una sorpresa que los Dardenne ofrezcan un película luminosa después de hundirnos en la oscuridad el año pasado con EL SILENCIO DE LORNA...
Besos
Hildy
Excelente comentario sobre una de las películas más notables del pasado ejercicio. Veraz,sin aditivos ni colorantes, pero de gran solidez. Cuando la comenté hice un paralelismo entre los dos niños belagas del año pasado. Curioso que el otro niño belga tenga un padre mundialmente famoso por sus comics y este sin embargo, aunque también tiene tupé, ande buscando al suyo. No me parece casual la aparición de esta respuesta belga que nos habla de un niño de verdad justo casi a la vez que el otro.
Yo me quedo con este. Aunque no tenga trilogía.Un saludo
Me temo, compa HILDY, que para ver el cine de los Dardenne sin sufrir habría que tener el corazón no piedra, sino de cemento armado; es un cine muy duro, muy seco, muy sin concesiones. Pero también muy auténtico. En cuanto a lo de la luminosidad de ésta, —y ojo, que aquí va otro apunte ‘destripapeli’…— pues no sé; la verdad es que yo también llegué a pensar eso, en el momento en que a Cyril parece abrírsele un nuevo horizonte, con esa secuencia tan ‘poco Dardenne’ (sonrisas, jovialidad, ligereza, intrascendencia…) del paseo en bicicleta junto a Samantha. Pero después, para rematar, en fin… En cualquier caso, creo que coincidimos totalmente en que estamos ante una gran peli…
Un fuerte abrazo y hasta pronto.
Pues, la verdad, compa V, jamás se me hubiera ocurrido trazar ese paralelismo tan curioso y cinéfilo que planteaste en tu reseña (a la que habré de echarle una mirada detenida, claro…). En todo caso, y sin haber visto el Tintín spielbergiano, creo que yo también me decantaría por este Catoul de carne y hueso: ¿cómo no sentir compasión por este crío, viendo cómo se ve sometido a tal crueldad? Duro, muy duro…
Un fuerte abrazo y buen día.
Parece que los Dardenne se especializan en este tipo de películas, casi un subgénero el de niño rebelde, o el problema de la educación.
Un abrazo!
Cierto es, compa Ethan: el grueso de la filmografía de los Dardenne se centra, a nivel temático, en conflictos y problemas que giran en torno al núcleo familiar; y ahí, como no podía ser de otra manera, la figura del hijo cobra un relieve fundamental. Quizá no sea un cine brillante desde el punto de vista formal, pero sí de un trasfondo y una enjundia que, para aquellos que entendemos el cine como algo más que entretenimiento (aunque no desdeñemos ni vilipendiemos éste), lo hace especialmente valioso.
Un abrazo y hasta pronto.
Me parece un trabajo francamente sobre valorado. A pesar de las buenas interpretaciones y de la historia dramática,algunas situaciones son difíciles de creer y el abrupto final te deja esperando otra cosa.
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