SINOPSIS.- A P. J. McNeal (James
Stewart), reportero del Chicago Times, le sorprende un anuncio por
palabras en el que alguien ofrece 5.000 $ a quien pueda ofrecer
alguna pista sobre la autoría del asesinato de un policía cometido
once años atrás, y por el que cumplen condena en prisión dos
hombres, Frank Wiecek y Tomek Zaleska. Sus indagaciones le llevan a
descubrir que la autora de tan peculiar oferta es la madre de Wiecek,
una humilde mujer que ha tardado esos once años en acumular tan
sustanciosa suma a base de ahorrar la mayor parte de su salario como
limpiadora, y que está convencida de la inocencia de su hijo. McNeal
no comparte, inicialmente, tal convicción, sino que, más bien al
contrario, se muestra bastante escéptico al respecto; pero, empujado
por su editor jefe, Brian Kelly (Lee J. Cobb), aborda el tema en una
serie de reportajes, cuya investigación le irá haciendo cambiar
paulatinamente de opinión y, consecuentemente, enfrascarse en una
reivindicación de justicia para Wiecek. Empeño harto complicado...
EN UN PÁRRAFO.- Sin el lustre de
compañeros con nombre más prestigioso (Hawks, Ford,Wilder...),
Henry Hathaway, un artesano que se movió con soltura en films de
todo corte y género —aunque con especial predilección por el
western—, manufacturó con exquisita pulcritud (y al servicio de un
James Stewart que se encontraba en el momento más dulce, ya en plena
madurez, de su carrera actoral), esta historia, basada en un caso
real, y que, jugando con ese elemento tan 'hitchcockiano' del falso
culpable, se despliega en una narración tan intensa como creíble,
con especial protagonismo para dos colectivos profesionales de
presencia sempiterna en el cine clásico de Hollywood: el
periodístico y el policial, confrontados aquí por mor de sus
posiciones antagónicas respecto a ese 'vellocino de oro' (verdad y
justicia) en pos de cuya búsqueda se mueve McNeal-Stewart. ¿El
final? Vean y descubran...
EN SU HABER.- 1, la credibilidad que
desprende la evolución paulatina del reportero McNeal desde su
desconfianza inicial a la convicción profunda a la que termina
llegando, fruto de la combinación de dos factores: la medida
construcción narrativa del guión, que encadena episodios con una
fluidez extraordinaria, y un trabajo a su nivel habitual del
excelente Stewart; y 2, la química que desprende la relación entre
dos actores de altísimo nivel (Lee J. Cobb y James Stewart), y que,
pese a moverse en niveles de presencia en la historia notoriamente
desiguales —el de Cobb es un papel secundario, mientras que Stewart
absorbe un protagonismo inmenso—, consiguen, en aquellas escenas
que comparten, momentos de una sutileza interpretativa impresionante.
EN SU DEBE.- 1, el exceso de 'buenismo'
con que es dibujado el personaje de Wiecek, circunstancia que, si
bien no le resta credibilidad, sí que deviene en un perfil de
integridad y honradez excesivamente subrayadas; y 2, la escasa
presencia en la historia del personaje de Laura McNeal, la esposa del
protagonista (interpretada por Helen Walker, una actriz poco
conocida, y de presencia física muy agradable), cuyas contadas y
breves apariciones aportan una frescura y dinamismo que,
probablemente, hubieran dado mucho juego con algo más de desarrollo.
UNA ESCENA.....- Uno de los asesinos
accede al local de Wanda Skutnik —en el que se encuentra el agente
Bundy—, pero no lo vemos: el plano encuadra la campanilla (que
hemos visto y oído unas escenas antes, en idéntico encuadre) que suena, a modo de
avisador, cuando se abre la puerta. El segundo —al que tampoco
vemos—, advertido ya de esa circunstancia, sujeta la campanilla con
la mano: a su entrada, ya no suena. La sucesión de planos sobre la
campanilla (uno primero, en que suena, y un segundo, en que,
atenazada fuertemente por una mano, ya no lo hace) constituye un
recurso visual potente para situarnos en alerta (si alguien quiere que no suene, no debe abrigar muy buenas intenciones...), ante la inminencia
de un hecho decisivo en la premisa argumental de la trama. Simple y
efectivo...
CALIFICACIÓN (s/. 10): 7.-


5 comentarios:
Efectivamente, Hathaway dirige westerns tan magníficos que da la impresión de estar viendo una película de Ford o Hawks. Su cine de aventuras es entretenimiento de primera clase. Pero es que sus películas "negras" son igualmente magníficas, como ésta o "A 23 pasos de Baker Street" (a pesar de Van Johnson). Hathaway, como Wyler, como Hawks, es de ésos que hacían de todo, y (casi) todo bien. Ésta tengo que volver a verla, porque la tengo algo olvidada.
Abrazos
Hathaway, de seguir en activo, sería la repanocha, Manuel, y si muchos no le conocen es simplemente porque tuvo la mala fortuna de ser coetáneo de grandes genios, pero su solvencia está más que contrastadísima en cualquier género que abordó.
Esta película me suena de haberla visto en la tele hace mucho, pero no la tengo en mi colección, así que directa va a la lista de pendientes, no sea que, como el otro día, me tope con un contenedor lleno de clásicos a buen precio que nadie se mira ¡porque son en blanco y negro! (de vez en cuando, vale la pena ir a un hiper...)
Mencionas a Stewart y a Cobb, pero no dices nada de Richard Conte, para mí uno de esos secundarios de eficacia segura, presente en tantas películas de corte "negro" y con una carrera fecunda.
Un abrazo.
Algo me sonaba, compa ALFREDO, de que Hathaway había brillado, especialmente, en el terreno del western y estoy convencido de que, aunque ahora no recuerde un solo título, seguro que si tiro de base de datos, y de colección de ‘deuvedeses’, sale algo en casa, seguro… Este título, sin ser para tirar demasiados cohetes, sí que te puedo asegurar que merece la pena, así que no estaría de más que le echaras una visual, que seguro que bien la disfrutas.
Un fuerte abrazo y seguimos trasteando.
La copia a la que yo le he echado ojo, compa JOSEP, es de una edición superbarata, una colección de ‘deuvedeses’, de tres pelis cada uno (la mayoría de ellas, libres de derechos de autor; vaya morrete…), que venían con la revista Tiempo, hace ya algunos años. No es de mucha calidad técnica, pero se deja ver decentemente (viene incluso con subtítulos, lo cual no se da en todos los casos). En cuanto a Richard Conte, al menos en esta interpretación (y no recuerdo haberlo visto en ninguna otra…), es de ese tipo de actores al que, como a Sterling Hayden o a John Garfield, le veo un punto de rigidez que, sin llegar a descalificarlos totalmente, hace que no me terminen de convencer. Pero, bueno, ya sabes, éstas son a veces apreciaciones muy particulares que casi nadie comparte (me tendré, pues, que revisar las gafas…).
Un fuerte abrazo y hasta pronto.
Creo que eso es lo que hace que los western tenga tanta popularidad U.U
No he tenido la oportunidad de ver la película pero resulta interesante todo lo que has escrito.
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