* Esta entrada fue publicada
originariamente en mi antiguo blog —El (viejo) glob de Manuel—, y bajo
la etiqueta "Grageas de cine", el 19 de febrero de 2006.-
- Veo un documental de
corta duración (apenas 25') que, formando parte del paquete de extras de
una edición no excesivamente brillante de su película El cuarto mandamiento (The magnificent Ambersons), y bajo el título de Hollywood remembers, efectúa un recorrido somero y sintético, muy sintético, por la carrera cinematográfica de Orson Welles.
Aun cuando, insisto, su calidad no es muy alta, no se le puede dejar de
reconocer el mérito de haber incluido en tan magra duración una
panorámica completa de la obra de un genio tan proteico, excesivo y
corrosivo como fue el señor Welles, hombre capaz de aglutinar en su
persona todos los excesos y todas las salidas de tono que siempre se han
podido esperar de aquellos genios artísticos a los que su tiempo -¿y
qué tiempo no les hubiera venido con idéntico tallaje...?- les venía
corto, estrecho y, definitiva y ridículamente, pequeño. En cualquier
caso, ahí está lo que verdaderamente importa, eso que ya nadie nos puede
arrebatar: sus películas, pocas, pero de tan extraordinario valor, que
compensan sobradamente con su calidad ese escaso volumen. Tiempo y
ocasión habrá, amigos lectores, para entrar en comentarios más detenidos
sobre todas y cada una de ellas: más allá de los millones de litros de
tinta que se hayan podido verter acerca de las mismas, siempre es un
placer incidir, una vez más, en sus innumerables y enormes bondades.
- Les hablaba, en las grageas de la pasada semana,
de una "batallita" relacionada con mi acercamiento al cine de Pier
Paolo Pasolini, y les hacía un breve apunte acerca de mi (un tanto
"complicada") experiencia con uno de sus títulos más señeros, Saló o los 120 días de Sodoma. Corrían los
primeros años de la decada de los 80' del pasado siglo, y, muy cerquita
de mi casa -del domicilio de mis padres-, en Córdoba (España), se
encontraba la Escuela de Magisterio, en la que, por obra y gracia de un
auténtico loco por todo lo que tuviera que ver con el celuloide, Martín
Cañuelo (aun a día de hoy, un auténtico romántico, un hombre que
mantiene abiertos, contra viento y marea -es decir, contra la
especulación inmobiliaria más galopante...-, tres cines de verano en
pleno casco antiguo de la capital cordobesa: hacen falta muchos cojones
-con perdón-, y no sólo metafóricos, para aguantar ese tirón: vaya desde
aquí mi más sentido homenaje, que se lo debía, don Martín...),
funcionaba un cine-club que, visto en perspectiva, y haciendo memoria
(con la única neurona aún en funcionamiento), ofrecía una programación
de auténtico lujo -la nómina de títulos, tanto en cantidad como en
calidad, te empuja, comparada con la cartelera de cualquier sala
comercial de hoy día (y aun siendo consciente de que se trata de cosas
distintas...), a hartarte de llorar sin consuelo alguno-. Bien, uno de
esos títulos, que asistí a ver en compañía de la que por entonces era mi
novia (que, además de unos gustos cinematográficos bastante "ratitos",
también terminó demostrando su inmensa torpeza: acabó casándose
conmigo...), fue, precisamente, Saló... Me considero una
persona (y creo que la experiencia acreditada respalda, en la práctica,
tal consideración), con bastante aguante (lo que comúnmente se suele
calificar de "estómago"...) para encajar imágenes de inmensa dureza, sea
tal dureza de la índole que sea (sexual, violenta, afectiva...), y ya
se trate de imágenes reales o ficticias (difícilmente me habrá visto
nadie apartar la mirada del televisor ante los disparates que ofrece, a
diario, cualquier informativo). Pero aquel día no pudo ser: los gironi del
sexo y de la mierda, mal que bien, conseguí soportarlos, pero, ay, los
de la sangre fueron superiores a mi capacidad de resistencia. Mi novia
salía del salón de actos donde se proyectaban las películas justamente
en su comienzo, y yo lo hacía segundos después, al borde del... en fin,
creo que los detalles escatológicos son perfectamente evitables sin que
ustedes, amigos lectores, me puedan reprochar autocensura, es sólo
cuestión de no apurar el trago del mal gusto.
En
cualquier caso, no lo considero, ni muchísimo menos, una asignatura
pendiente: no tengo el más mínimo interés (y, por tanto, no creo que
vaya a reincidir en ello) por volver a intentarlo. Sencillamente, todo
tiene un límite. Tengan ustedes feliz semana, amigos lectores.
* Grageas de cine VI.-


8 comentarios:
Querido amigo Manuel, te felicito una vez más por esta entrada. Me encanta tu forma de escribir, tan periodística y tan clara, y te agradezco lo que aprendo contigo del séptimo arte.
Un abrazo,
Izaskun
Feliz comienzo de año, Manuel, aunque un pelín entrado ya, no ha podido ser antes... Volvemos a nuestros quehaceres y a nuestros espacios, y mi visita al tuyo sigue siendo obligada.
Respecto a Saló, al margen de escatologías y dolores varios, me parece una película de denuncia imprescindible, anticipada a su tiempo, Pasolini era un visionario. Pero sí, muy difícil, hay que ir a verla con la mente muy abierta y el estómago vacío. Es curioso cómo nos impacta más ver a alguien comer mierda (eso sí, con cucharilla de plata) que otras aberraciones a las que Pasolini pone más distancia, no por ello más terribles. Pagó un precio alto, el de su vida días antes del estreno.
Saludos!
No se si se ha publicado mi anterior comentario. Decía que yo para la sangre soy muy especial y después de leerte creo que mi interés por esta película también es nulo. No es necesario ser escatologico. También comentaba que el mundo necesitas un nuevo Welles. Un abrazo y feliz domingo
Me gusta eso de que recuperes textos antiguos; así nos das la oportunidad de ponernos al día a algunos.
Es curioso: ese documental de Welles aparece casi en cualquier cosa editada hoy sobre Welles. Yo lo he visto, curiosamente, este fin de semana, como extra de la edición DVD de "RKO 281", la película de Benjamin Ross (producida por los hermanos Scott, Ridley y Tony -lo que hay que ver-) sobre el proceso de gestación y repercusiones de "Ciudadano Kane". Flojica, no obstante.
Y sobre "Saló...", qué decir: que la pareja que (casi) ve esa película unida, permanece unida.
Abrazos
Las gracias a ti de mi parte, compa MIREN; no te puedes hacer una idea de la inyección de moral que me aportan comentarios como el tuyo, y cómo me animan a buscar huecos donde los hay (y donde no…) para poder seguir dándole a la tecla (como bien sabes, no siempre es sencillo…).
Un fuerte abrazo y seguimos en la tarea.
Muchas gracias, compa BABAEL, por tu visita y comentario; no te preocupes por el retraso, ya sabemos que nunca es fácil estar atento a 'todo lo que se menea' como nos gustaría... En cuanto a tu apunte sobre Saló, nada que objetar al mismo; yo nunca he entrado a valorar su calidad cinematográfica, o su condición de testimonio y denuncia, aunque también es comprensible que, sin su tremenda explicitud, su repercusión hubiera sido menor. Nunca es sencillo calibrar con exactitud estas cosas...
Un fuerte abrazo y seguimos trasteando.
Pues no sé qué habrá pasado con ese comentario anterior, compa MARCOS, pero no me aparece por aquí; las cosas de Blogger, que ya sabemos cómo las gasta a veces… Esta peli, Saló, tiene una significación y una carga de profundidad que va mucho más allá de lo escatológico, pero está claro que la presencia de ese elemento pesa mucho, visual y narrativamente, con lo cual, si a ti te resulta particularmente ‘cuesta arriba’, mejor que, efectivamente, ni te acerques… En cuanto a Welles, yo no sé si el mundo necesita uno nuevo, o no; solo sé que, de ser eso así, la cosa estaría tremendamente complicada…
Un fuerte abrazo y seguimos trasteando.
Me alegra, compa ALFREDO, que te parezca buena idea esto de la recuperación de textos antiguos (que también conlleva, cómo no, un ejercicio de cierto morrete, a qué negarlo…). Desconocía eso que señalas sobre el documental de Welles; y RKO281 la ví hace ya algunos años y, francamente, a día de hoy, no recuerdo ni quién la protagonizaba, con lo cual ya puedes comprobar que mucha huella no me dejó. Lo de Saló creo que lo dejas perfectamente definido: si has superado aquello, ¿qué no vas a superar ya…?
Un abrazo muy fuerte y seguimos en el lío.
Publicar un comentario en la entrada