* Esta reseña fue publicada originariamente en mi antiguo blog —El (viejo) glob de Manuel— el 5 de marzo de 2006.-
-Revisando (que es gerundio) un clásico: La huella (Sleuth;
U.S.A., 1972), de Joseph L. Mankiewicz. Si los duelos interpretativos
de altura siempre han sido un elemento que ha dado muchísimo juego a la
hora de erigirlos como gancho principal para atraer público hacia una
película, el de ésta goza de todos los requisitos para poder ser
considerado como uno de los más grandes que se hayan podido contemplar.
Laurence Olivier y Michael Caine, envueltos en una trama endiablada de
giros y retruécanos que se desarrolla en un entorno físico mágico y
sorprendente: ¿hay quién dé más...? Cuenta la leyenda que las relaciones
entre estas dos primadonnas a lo largo del rodaje no fueron
muy diferentes a las que sus respectivos personajes viven en la trama de
la película: si eso contribuyó a que los resultados fueran tan
deslumbrantes como tenemos ocasión de comprobar mediante la
contemplación de la cinta, gozos y albricias por ello -y ojalá cunda el
ejemplo-. El producto final es, francamente, fabuloso, y de
imprescindible disfrute (a ser posible, salvo impedimento insalvable, en
V.O.). Ah, y huyan de versiones posteriores (más o menos confesas):
hasta un director español, además novel -José García Hernández-, se
atrevió a perpetrar, allá por el año 2000, algo que pretendía parecerse a
esta película (Divertimento tuvo
aquello por título), y, pese a contar en el papel de émulos de Olivier y
Caine con dos monstruos de no mucho menor nivel, como fueron Paco Rabal
y Federico Luppi, el fiasco fue morrocotudo. No debe ser tan sencillo,
no...
- Recuperando (que es otro gerundio) un film actual: En la ciudad (España, 2003), de Cesc Gay. Tan decepcionante como me resultó su celebradísima película anterior, Krámpack (España,
2000), que me pareció aquejada de una cierta astenia poco congruente
con su pretendido carácter rompedor, me ha resultado de gratamente
sorprendente el descubrimiento de este muestrario de desorientaciones y
despistes de la edad media urbanita que el director despliega a lo largo
de un catálogo de imágenes elegantes, suaves y muy bien acompasadas con
el sentido y la intención de la historia (o historias, para ser más
exactos). Un trabajo que, como todo producto fílmico en el que pesa más
el retrato de los personajes (dado que es ése, y no otro, el principal
objetivo del narrador) que sus avatares concretos (meramente
ejemplificativos a los efectos anteriores), se apoya fundamentalmente
en la excelente labor interpretativa de un elenco consistente y
equilibrado, pero en el que, aún dentro de un tono de bastante igualdad
en cuanto a calidades, brillan sobremanera dos nombres en particular:
Eduard Fernández y Mónica López. Lo de Eduard sorprende menos, porque es
ya un monstruo consagrado, que, aún así, no deja de sorprendernos con
un puntito más allá en cada una de sus (por suerte, muy frecuentes)
comparecencias en pantalla; pero, en el caso de Mónica, estamos ante un
ejercicio de contención de sentimientos que no está al alcance de muchas
actrices. Habrá que seguirla, pues, muy, muy de cerca.
-
El penúltimo (siempre el penúltimo, cómo no....) episodio de búsqueda
de promoción gratuita para un producto cinematográfico a base de una
polémica tan artificiosa como estéril (algo obvio, si no tiene otro
objetivo tangible que ése, el de acaparar espacio en los medios de
información sin aflojar una perra...): la campaña (?) lanzada por
aquellos que se oponen a que el actor Daniel Craig se haga cargo del
personaje de James Bond en la próxima entrega de la saga del ínclito
detective al servicio de su graciosa majestad (para información más
detallada, les remito a la reseña correspondiente en el blog del
Colectivo Catacric, pulsando aquí).
Aunque mi opinión sobre tal tipo de operaciones se puede desprender con
facilidad del comentario que ya hago al hilo de esa noticia en esa
misma reseña, no perderé la oportunidad de reiterarla en esta ocasión:
un ejercicio de morro impecable (y una demostración de que ese tópico
que reza que el hombre es el único animal que tropieza ¿doscientas mil
eran? veces en la misma piedra, se trata de una verdad como un
templo...).
- Aunque nunca he
compartido esa admiración que, mayoritariamente (o, al menos, así se
desprende de su magnánimo reconocimiento, en términos de premios y
taquilla), suele sentir el público estadounidense por aquellas
interpretaciones que cuentan como gancho principal con la profunda
transformación física de sus protagonistas (algo en lo que gente como
Robert de Niro, Daniel Day-Lewis, Tom Hanks o Charlize Theron han hecho,
en estos últimos años, y por citar los casos, quizá, más
representativos y reconocidos, auténticos alardes...), siento auténtica
curiosidad por ver el aspecto físico de George Clooney en Syriana: es
muy probable, incluso, que con un punto de envidia malsana, consiga
abstraerme de la circunstancia de que se trata de algo coyuntural, fruto
de un proceso de trabajo interpretativo, y llegue a pensar que al señor
Clooney también le pasan esas cosas. Pero, claro está, lo suyo ya está
arreglado, mientras que lo de otros, en fin... tengan ustedes feliz
fin de semana, amigos lectores.
* Grageas de cine VII.-
* Antecedentes penales (El viejo glob de Manuel) XV.-


6 comentarios:
De La huella y de Syriana puedo reiterar que me parecen productos más que interesantes y precisamente sigo pensando, años más tarde, que en Syriana es donde mejor ha trabajado Clooney: será cuestión que se deje la tripita, porque le favorece el talento...
De la película de Cesc Gay nada que decir, pero puedo asegurar que sí entré al trapo -y con la conciencia del truco- en la polémica bondiana y mira: sigo pensando que Daniel será más realista o acorde con el prototipo de Fleming, pero prefiero a Brosnan, más guapo y elegante que Moore pero menos paródico que éste y menos animal sexual que Connery...
Un abrazo.
Me barrunto, compa JOSEP, que, a diferencia de lo que nos sucede a otros (que es ya sólidamente estructural...), lo de Clooney y la tripa es algo meramente coyuntural (basta para comprobarlo atender a su filmografía posterior: ni rastro...).
Sobre la polémica bondiana, no puedo opinar: no he visto las pelis de Bond con Craig... En todo caso, para mí, Bond siempre va a ir asociado, encarne quien encarne al personaje, al primero que lo hizo, a Connery: máquina total...
Un fuerte abrazo y buena semana.
Como dijo Jack el Destripador, vamos por partes:
-Como te puedes imaginar, "La huella" es de mis películas favoritas (de las muchas); de hecho, mi correo electrónico del blog es un homenaje a ella; imagínate
-"En la ciudad" me parece una película magnífica en muchos aspectos; los intérpretes, sublimes: todos
-Soy pro Daniel Craig. Dota al personaje de una autenticidad muy cercana al original literario; "Casino Royale" es quizá junto con "Desde Rusia con amor" y "Goldfinger" la mejor película de la serie. "Quantum of Solace" es quizá de las peores. La nueva, con Sam Mendes, promete
-Clooney cuando mejor está es cuando se olvida -y se olvidan- de que tiene que imitar a Cary Grant; en "Syriana" está magnífico porque su personaje es magnífico; sobra sentimentalismo, eso sí
Qué bueno esto de recuperar píldoras...
Abrazos
No te puedes imaginar, compa ALFREDO, la ilusión que me hace que este invento de las pildorillas sea de tu gusto… Desconocía que tu dirección electrónica fuera un homenaje a La huella (de hecho, en alguna ocasión he estado tentado de preguntarte qué era eso del marinero jovial; ahora ya veo por dónde van los tiros —nunca mejor dicho…—). Sobre ‘En la ciudad’, veo que coincidimos plenamente; qué falta que le haría a nuestro cine un puñadito (fíjate que no pido la luna, solo unas poquitas…) de pelis como ésta en cada cosecha anual, otro gallo le cantaría, sin duda alguna. En cuanto a Craig, ya se lo dije al compa Josep, voy bastante ‘atrasado’ (por decirlo suavemente…) con la saga Bond, apenas pasé de los Connery iniciales (y no porque no me guste el género, que me gusta). Para finalizar con Clooney, no sé, yo pienso que es bastante mejor actor que lo que piensan muchos (y, en ese sentido, su físico le condiciona negativamente), y bastante peor que lo que piensa él mismo (no sé, pero me da la impresión de que se tiene en muy alta estima; lo cual no está mal, pero dentro de un orden, claro…); pero tanto lo uno como lo otro no dejan de ser pajas mentales mías, desde luego...
Un fuerte abrazo y seguimos trasteando.
Me gusto mucho la última hora de "La Huella", fue a un ritmo increíble.
Sin poner en cuestión tu apunte, compa DAVID C., creo que toda la peli, y no solo su última hora, se sustenta en un ritmo narrativo (y un desarrollo de su trama) impecable. Cosa que, desde luego, siempre es complicada, porque ¿cuántas pelis con arranques excepcionales no vemos arruinarse como fruto de un ‘estancamiento’ en su tramo medio, o un cierre poco afortunado en su resolución? No es el caso de ésta, no…
Un abrazo y buen día.
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