miércoles, 11 de enero de 2012

Jeffrey Beaumont (Terciopelo azul —Blue Velvet—; U.S.A., 1986)


Jeffrey Beaumont ha vuelto a Lumberton: la hospitalización de su padre le obliga a retornar de la universidad para incorporarse al negocio familiar, una de esas tiendas rurales en las que se puede encontrar casi de todo. Una vida rutinaria y placentera, sin mayores sobresaltos. Pero, un día, mientras pasea, y de forma totalmente casual, Jeffrey se encuentra en el suelo, entre la hierba, una oreja humana. Un hecho inquietante, y que hace a Jeffrey ponerse en guardia, moviéndole a hacer averiguaciones alrededor del mismo: algo que empieza como una suerte de juego, un divertimento con el que sacudirse de encima el mortal aburrimiento que se cierne sobre él y los que le rodean, y que no hace más que abrir una caja de Pandora repleta de una maldad estrambótica (y peligrosa…).

En su viaje a esos mundos nocturnos y subterráneos, en los que todo dista de la apacibilidad luminosa que Lumberton muestra en su plácida vida diurna, Jeffrey cuenta con la compañía —y la complicidad— de Sandy Williams, la hija del detective a quien ha hecho partícipe, inicialmente, de su macabro descubrimiento y con la que irá tejiendo una relación que, arrancando de la fascinación por los secretos compartidos, va pasando, de forma paulatina, a un destilado de sentimientos mucho más profundos (y, recíprocamente, correspondidos). Es así como surge una bonita historia de amor, plena de dulzura y armonía.

Pero sobre esa historia se yergue una amenaza: las investigaciones de Jeffrey le ponen en contacto con Dorothy Valens, una mujer turbia y misteriosa, cantante en un club nocturno y víctima de una extorsión despiadada por parte de un violento grupo mafioso, que la mantiene en un estado de desequilibrio mental más que notorio. Y de ese contacto surge una atracción tan lúgubre y morbosa como la atmósfera en la que Dorothy se mueve, y que empuja a Jeffrey a transitar terrenos de sexo y violencia que él ni siquiera podía imaginar que existían; unos terrenos en los que no se siente cómodo, y contra los que muestra un rechazo racional absoluto, pero de los que parece incapaz de alejarse, atraído gravitatoriamente por una especie de agujero negro insondable.

Sometido a  la tensión entre esos dos polos de atracción —el tierno y puro, que representa Sandy; y el sórdido y peligroso, que encarna Dorothy—, Jeffrey habrá de elegir. En esas tesituras, los hombres buenos siempre eligen el camino adecuado, y nuestro amigo no resulta una excepción. Pero hay sombras que oscurecen la mirada, y dejan en ella un poso amargo, a la par que acechante, que ya jamás se puede abandonar.

* David Lynch desplegó todo su imaginario, violento y turbador, en este film, 'Terciopelo azul' (Blue velvet); un referente que marcó el sendero por el que, derivando en mil y un meandros de fantasía enloquecida, transitó la práctica totalidad de su filmografía posterior.

8 comentarios:

39escalones dijo...

Bueno, su fantasía enloquecida venía ya de antes...
Hace poco, con el insigne Paco Machuca, convinimos en que probablemente sea ésta una de las mejores películas de los ochenta (década horribilis, por otra parte).
En cuanto a la oreja, siempre me mondo cuando veo ese momento y me da por las fantasías no menos enloquecidas que las de Lynch: ¿y si la oreja fuera la de Van Gogh? ¿Y si fuera del grupo del mismo nombre? (en este caso sería de alguien que más bien se la hubiera cortado para no oírles...) O se me ocurre apelar al chiste: "¡Colega, que lo vas perdiendo todo!".
En fin, la medicación, ya disculparás.
Abrazos.

Anónimo dijo...

... recuerdo que fue una película que continuamente me causaba inquietud e incomodidad.
Recuerdo principalmente a Dennis Hopper.
No he vuelvo a verla. Pero creo que pronto volveré a ella...
Creo que me apetece realizarme un ciclo David Lynch.
Besos
Hildy

Manuel Márquez Chapresto dijo...

Sí, efectivamente, compa ALFREDO, la imaginación desbordada ya le venía de antes (basta ver su Cabeza borradora, una frikada en toda regla…), pero su universo personalísimo, esa mezcla de la placidez de la América profunda con la turbiedad de lo soterrado (sexo, violencia…), es probable que nazca, o se asiente como código propio, en esta Terciopelo azul. No sé si convendría contigo y con el compa Paco en otorgar tal condición de una de las mejores pelis de los ochenta a ésta; quizá sí, pero no lo tengo demasiado claro (lo mío con el cine ‘ochentero’ es un problema que no sé si he mencionado en alguna ocasión, pero sobre el que algún día volveré con más detenimiento –monográfico…-: al fin y al cabo, es el ‘cine de estreno’ que, por edad, me amamantó fílmicamente…). Tus desvaríos orejeros son algo que a alguien de pluma brillante (y, cuando se pone en ello, descacharrante…) como tú, no puedo más que aplaudirle y agradecerle…

Un fuerte abrazo y buena tarde.

Manuel Márquez Chapresto dijo...

Sí, compa HILDY, no es una película nada complaciente con el espectador, a quien constantemente está empujando a terrenos pantanosos y muy incómodos; y en ello, ciertamente, juega un papel fundamental el personaje (y el desempeño) de Hopper, que cuaja uno de los malvados más bestias y acongojantes que se hayan visto jamás en pantalla. Doy por sentado que ese ciclo Lynch al que quieres hincarle el diente rendirá sus frutos correspondientes en tu cibercasa, así que por allí andaremos, disfrutado de lo que nos cuentes (con especial atención a Una historia verdadera, mi peli preferida, con diferencia, de Lynch, y una de las que más me gustan, en general: una preciosidad…).

Un fuerte abrazo y seguimos trasteando.

Josep dijo...

Supongo que de alguna te reconfortará saber, Manuel, que la tengo pendiente.

Sí: en el 86 la quise ver en el cine y se me largó sin darme cuenta: y luego, en la tele, tanto de lo mismo.

Lo que ya no tiene gracia es que hace unos años me compré el dvd y, descontrolada la colección, sé que la tengo pero no sé donde la guardé y siempre que decido verla acabo encontrando otra que veo con placer, y de esa forma Blue Velvet se ha convertido para mí en una especie de quimera que recuerdo cuando leo una crítica como la tuya y me juro que a la próxima vez que la tenga en las manos la veo, sea la hora que sea....

Quizás un día la vea.... :-)

Un abrazo.

p.d.: con Mulholland Drive, lo mismo de lo mismo.....

Manuel Márquez Chapresto dijo...

Esa colección de 'deuvedeses', compa JOSEP, hay que 'meterla por verea', como decimos en mi tierra... Yo, quizá, no la encumbraría a esos altares en que la situan los amigos Paco y Alfredo, pero no dejo de reconocer que es una peli con muchos valores, y que me encanta ver (Mulholland Drive, a la que le debo un 'revisado' con detenimiento, también; pero a Una historia verdadera, más todavía...).

Un fuerte abrazo y buen fin de semana.

Marcos Callau dijo...

Pues habrá que verla ya que dicen por ahí quer es de lo mejorcito de los ochenta y de Lynch. Yo cuando vi el titulo pensé en la famosa canción homónima pero veo que no tiene nada que ver. Saludos!

Manuel Márquez Chapresto dijo...

Sí que es una peli, compa MARCOS, que merece la pena: su mezcla de placidez y turbiedad resulta, cuanto menos, fascinante. Y no creas que no tiene nada que ver con su pieza musical homónima: es la "coplilla" que abre los créditos iniciales, y aparece, a lo largo del metraje, en una versión muy sui generis a cargo de Isabella Rossellini. Así que si te gusta (a mí, sí, y mucho...), ya tienes otro motivo adicional para echarle ojo al film...

Un fuerte abrazo y buena semana.

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