martes, 6 de diciembre de 2011

Un Dios salvaje (Carnage; Francia-Alemania-Polonia, 2011)


Imágenes y sonidos, efectivamente; ése es el material con el que se construyen las películas. Pero, desde luego, no son los componentes únicos; hace falta algo más para que aquello que vemos en la pantalla trascienda su mera materialidad y nos ofrezca un relato en el que sumergirnos, una historia con la que embaucarnos y trasladarnos a esa otra realidad ficticia (valga la contradicción) que el autor nos propone. En ‘Un dios salvaje’, la última entrega de la muy extensa y fructífera carrera cinematográfica de Roman Polanski, basada en la obra teatral homónima de Yasmina Reza, son máscaras y miserias los dos elementos con los que se teje y urde una historia de enjundia y profundidad innegables, pero que, pese a sus buenas hechuras, queda lejos de alcanzar la redondez.

Las máscaras y las miserias son las que envuelven y marcan a los cuatro personajes “humanos” (de otros dos importantísimos personajes “no humanos” se hablará más adelante) protagonistas principales de la función, que las muestran en un despliegue exuberante, casi se podría decir que totalizador —tal es la cantidad y densidad de ellas que, en ese tobogán frenético en que se convierte una situación a priori tan poco relevante como la que sirve de premisa argumental a la obra, vemos desfilar ante nuestros ojos—. Más que suficientes para que empaticemos, odiemos, compartamos y discrepemos —c on el mismo frenesí con que lo hacen los personajes entre sí, de manera un tanto convulsa y sin solución de continuidad—, montados en ese mismo tobogán, y una vez aceptado el juego (tramposo, como todo juego debe ser) que el tándem Reza-Polanski nos propone. Así de torpes y contradictorios son ellos, estimado público; así de torpes y contradictorios son ustedes (¿o acaso se atreverían a ponerlo en cuestión, visto lo visto…?).

El juego, eso sí, viene servido en un envoltorio fílmico formalmente impecable; un ejercicio de cine en el que Polanski, y sus “aliados”, demuestran una maestría al alcance de muy pocos. En lo que se refiere al director, su pauta de rodaje es exquisita, hasta el punto de que consigue que olvidemos la limitación de espacio en que se mueve (experiencia no le falta; ya demostró su valía en ese terreno en un film como ‘La muerte y la doncella’), a base de una planificación en la que la alternancia de encuadres y planos se somete a un ritmo medido y preciso, que dota a las imágenes de una fluidez difícil de obtener en un desarrollo que solo da “aire” al relato en su apertura y en su cierre (de forma, por lo demás, claramente prescindible), y la puesta sobre el tapete de dos “personajes adicionales” —un telefóno móvil y una botella de whisky—, que dan un juego extraordinario: el primero, además de como elemento definidor de uno de los personajes, como único vínculo con el exterior durante el núcleo del relato; y el segundo, como catalizador de cambios posicionales en el alineamiento de los personajes y espoleta apta para dar rienda suelta a la expresión de sentimientos a los que no se había dado salida previamente.

En cuanto a sus aliados, se trata de cuatro intérpretes de un nivel tan excepcional que, al menos en mi caso, se me hace imposible mencionar a cualquiera de ellos por encima de los tres restantes. John C. Reilly, Jodie Foster, Christoph Waltz y Kate Winslet desarrollan un ejercicio majestuoso de exhibición (a tumba abierta) de las más variadas actitudes y sentimientos, dotando a todas y cada una de sus intervenciones de una dúctil aleación de intensidad y contención con la que hacen a sus personajes no solo creíbles (que también), sino cercanos y humanos, tan profundamente humanos como para que su asimilación a arquetipos “móviles” (que es claramente apreciable, y que el guión se encarga de remarcar) no les prive de una fuerte carga de individualidad. Un cuarteto, pues, de grandes trabajos actorales.

¿Dónde radica, pues, el punto en el cual en este film “pierde la estrella” por la que no llega a alcanzar, con tan altas credenciales como las expuestas, el nivel de obra maestra? No se trata de una consideración que afecte estrictamente a la película, sino más bien a la obra en que se basa, y que constituye el armazón de su guión (aunque, lógicamente, se proyecta sobre la cinta), y es el hecho de que la levedad de la premisa argumental de arranque (un episodio que, en puridad, y si no se ramifica en situaciones derivadas complementarias, apenas daría para un cortometraje no muy extenso) obligue a los personajes a giros y “retruécanos posicionales”, que, si bien no llegan a alcanzar el punto de lo absurdo, sí que les resta coherencia, de forma que solo un esfuerzo interpretativo inmenso consigue mantenerlos en un margen de credibilidad suficiente. Es el problema a que da lugar el alargar (a veces, de forma un tanto artificiosa) hasta los ochenta minutos una historia que, desde su propia lógica interna, quizá no da de sí para tal extensión.

Pero aún esto último no deja de ser, amigos lectores, una apreciación harto discutible, no por subjetiva (que lo son todas), sino por puntillosa; y es que, en suma, 'Un dios salvaje' es un producto cinematográfico que, en el marco de las premisas en que se mueve, alcanza un nivel más que notable, ofreciendo una muestra exquisita de cómo el cine de palabra, ése en que pesa más el diálogo que la imaginería visual como elemento del relato, siempre y cuando esté formalmente cuidado, puede alcanzar cotas muy elevadas de calidad, y proporcionar, además de pie para la reflexión y el análisis, un buen rato de disfrute. Gocen, pues, no más...

13 comentarios:

Laura Uve dijo...

Ya he leído alguna otra crítica en la que se considera que la película no tiene toda la calidad previsible por el director y actores que trabajan en ella.

No la he visto porque vi hace poco la obra de teatro y parece que es exactamente lo mismo.

Un buen post.

Un abrazo!!

Luis Cifer dijo...

coincido casi plenamente con tu opinión,no está mal, pero o es una maravilla ni es lo mejor de Polanski. La salvan su duración, los actores y el saber hacer de Polanski.

Manuel Márquez Chapresto dijo...

Como bien apuntas, compa LAURA UVE, la obra de teatro y la peli comparten el texto de manera casi idéntica (no en balde, la misma autora del texto teatral, Yasmina Reza, es coautora del guión junto a Polanski). De todos modos, te puedo asegurar que ver a cuatro monstruos del calibre de los protagonistas juntos en pantalla, ya es una gozada de suficiente calibre como para irse zumbando al cine más cercano a disfrutar del evento (que dudo mucho que sea fácil de repetir...).

Muchísimas gracias por pasarte y comentar, un fuerte abrazo y buen miércoles.

Manuel Márquez Chapresto dijo...

Pues me alegra, compa LUIS CIFER, comprobar que compartimos opinión en lo básico; de todos modos, y aun con alguna pequeña pega, de lo mejorcito que ha pasado por los cines comerciales en lo que va de año.

Un abrazo y buen miércoles.

39escalones dijo...

No comparto tu objeción de principio al texto de Reza; a mí me pasa al contrario, se me queda corta porque hay direcciones y temas en los que se apunta, se zambullen, pero que se abandonan demasiado pronto para pasar a otro. A mí, mientras la veía, se me iban ocurriendo réplicas, argumentos, observaciones, que me hubiera gustado que hicieran los personajes. Vamos, que me falta, texto, me faltan minutos.
Abrazos.

Piru dijo...

Hola Manuel, voy a tener que discrepar contigo a este respecto: yo en cambio veo en la película (no he leído la obra, lo cual espero que sea una virtud para valorar la película y no un defecto) una auténtica obra maestra, muy por encima de algunos bodrios sonados del director, con 4 actores maravillosos. Uno de los aspectos que evidencian ese carácter de la dirección es el verdadero problema al que Roman se enfrentaba al ponerse con el proyecto: conseguir que ninguno de los 4 monstruos de la inerpretación que tiene delante se eclipsen unos a otros, y vaya si lo consigue.
El desarrollo es demoledor, con un ritmo imparable, con una escena y planos auténticamente teatrales, lo que recuerda a aquéllas grandísimas películas de Hollywood ya olvidadas, como "La gata sobre el tejado de zinc caliente". Para mi ha sido una maravilla ver esta película, por cierto en VO, no respondo de la versión doblada.

Un saludo Manuel

José Núñez de Cela dijo...

Vista la obra, y no habiéndome gustado en exceso, no me atrae la película, más allá del trabajo de los actores, que presupongo muy bueno por su valía. Me parece que la excusa argumental es muy pobre, aunque de un genio de la talla de P. todo puede salir.

Eso y tu recomendación, a lo mejor me llega a alguna sala oscura para su visión.

Saludos

Miren dijo...

Querido Manuel, esperaba con ganas tu crítica, que como siempre me parece excelente (qué bien escribes, compa). Yo no le puedo poner ningún "pero". Ah, estoy deseando que veas la de Cronenberg y nos cuentes. Un abrazo. Iva_63

Manuel Márquez Chapresto dijo...

Bueno, compa ALFREDO, eso que apuntas, del texto "picaflor" (muchos temas que se picotean, pero en los que no se profundiza), es una observación que se me pasó por alto en la reseña, pero que también me "dio el cante" mientras veía la peli. En todo caso, cuando me refiero al "engorde", más que al texto en sí, me refiero a cómo se fuerzan ciertas situaciones para poder prolongar el episodio (la pareja "visitante" llega a salir en dos ocasiones de la vivienda, para volver a entrar, y reanudar los "combates", en base a cuestiones muy cogidas con alfileres). De todos modos, ya reconocía, y reitero, que no dejan de ser objeciones de corte menor; como valoración global, para mí la peli se trata de una propuesta de muy buena nota...

Un fuerte abrazo y buen resto de semana.

Manuel Márquez Chapresto dijo...

Bien, compa PIRU, discrepar nunca es malo, siempre que se haga desde el respeto y la comprensión (como es el caso). Tus argumentos, en todo caso, son perfectamente razonados, y nada voy a objetar a ellos, cuando, además, hay alguno con el que coincido plenamente (el equilibrio del trabajo actoral, por ejemplo). En cuanto a lo de ver la peli en V.O., eso es algo que, en mi caso, tendrá que esperar, desgraciadamente...

Gracias por comentar, un fuerte abrazo y buen fin de semana.

Manuel Márquez Chapresto dijo...

Creo, compa JOSÉ, que la propuesta merece la pena, y que su visionado no te va a defraudar, especialmente por las buenas hechuras con que Polanski lo sustancia, a nivel técnico, y por el fastuoso trabajo de los cuatro intérpretes, que rayan a un nivel extraordinario. Lo de la valoración del texto ya veo que es un tema que no es solo capricho mío (y, ojo, que no es que piense que sea malo, sino que estira con un puntito de truculencia su potencial en cuanto a extensión), pero, aun así, tengo claro que estamos en minoría...

Un fuerte abrazo y buen fin de semana.

Manuel Márquez Chapresto dijo...

Muchísimas gracias, compa Miren, por tu comentario y tus cariñosas palabras (que animan, y mucho, a continuar dando la tabarra, que no siempre es tarea sencilla –tiempo, ya sabes…-); ya me consta que tú no le pones ‘pero’ alguno, pero es que el mío igual es más fruto del capricho que de otra cosa (además, ¿qué sería de un aspirante a crítico sin caprichos…?). La de Cronenberg, maravillas de la distribución cinematográfica (en mi tierra…), ni la he podido ver, ni voy a tener opción de verla hasta que no esté disponible en soporte digital. Creo que, ante eso, huelga cualquier comentario (que no sea un taco de grueso calibre…).

Un fuerte abrazo y buen fin de semana.

Anónimo dijo...

La película no le he visto todavía pero si que tuve la ocasión de ver la obra de teatro en Barcelona y me pareció muy divertida. Lo que si que he oído respecto a la película es que es muy recomendable verla en versión original.
http://www.vibralia.com

Creative Commons License
Los textos de esta obra están bajo una licencia de Creative Commons.