viernes, 23 de diciembre de 2011

Sólo el cielo lo sabe (All that heaven allows; U.S.A., 1955)


Grandes pasiones, sentimientos desenfrenados, amores al galope desbocado; son los elementos que constituyen el eje vertebrador de ese género que se da en llamar melodrama, y del que Hollywood siempre ha contado con excelentes artífices (no todos y no siempre, evidentemente). Y, entre ellos, como referente señero, Douglas Sirk, al que el tópico, y esa tendencia desaforada a poner etiquetas que a todos nos llega a aquejar en un momento dado, viene a señalar como el maestro de maestros, y principal cultivador.

Como suele ser habitual, no le falta su pizca de razón al tópico, y, ciertamente, Douglas Sirk cultivó el género con fecundidad y delectación, además de con magníficos resultados en muchos de sus films. Pero no siempre ese melodrama rezuma melaza dulzona por todos sus poros, ciñéndose exclusivamente a la materia que constituye su seña de identidad, sino que, a veces, también da cabida a matices más sutiles, a aspectos más ponderados, o a elementos formales más sofisticados: ése es el caso de Sólo el cielo lo sabe, una película que, sin llegar a alcanzar el grado de obra magistral, sí que constituye un ejemplo bastante estimable de ese fértil género y una muestra significativa de los talentos de su autor.

Nos encontramos ante una trama relativamente convencional, al menos en su desarrollo: amor que surge, amor que crece, amor que pasa por dificultades, amor que parece desplomarse definitivamente, para, al final, y cual ave fénix que resurge de sus cenizas, triunfar de manera irremisible. Lo que introduce un elemento distorsionante, y que dará a la historia ocasión de entrar en cierta componente social, es la diferencia de edad de sus dos protagonistas: Cary Scott es una viuda que, aun siendo bastante joven para ostentar tal condición (se casó con sólo 17 años), ya se encuentra en esa edad media y fronteriza en la cual se empieza a vislumbrar el borde de ciertos abismos, mientras que Ron Kirby es un mocetón joven que, cargado de proyectos e ilusiones, aún está poniendo en marcha su proyecto vital como adulto. Esa diferencia de edad no será obstáculo para que surja entre ambos una pasión “comme il faut”: intensa, inexplicable (e inexplicada: no llegamos a descubrir en ningún momento las claves de su nacimiento) e irrefrenable.

Pronto surgirán las dificultades, que se abren en dos frentes diferenciados. Por un lado, está el entorno social, ese estrecho mundillo de ricachones provincianos y cotillas que, en un pequeño pueblo de Nueva Inglaterra, envuelve a Cary –una viuda, no lo olvidemos, de posición económica enormemente acomodada, gracias a la fortuna familiar- y la hará objeto de sus dardos envenenados, con una mezcla malsana de envidia mal disimulada y prejuicios rancios (que Douglas Sirk retrata en pinceladas vigorosas, bastante esquemáticas –a veces-, pero bastante precisas, y sobre el que, especialmente, acentúa su caracterización somentiéndolo al contraste con el entorno social de Ron: gente llana, sencilla y asequible –en un retrato también bastante simplificado, pero muy revelador-). Esta oposición, que se pone de manifiesto en toda su crudeza en la secuencia en que Cary y Ron asisten a la fiesta que organiza su amiga Anne, no supone ningún obstáculo insalvable: puede más el amor que la convención.

Pero está el segundo frente, que es el de los dos -malcriados y veleidosos- hijos de Cary, que, desde su egoísmo y su inmadurez, no están dispuestos a admitir la relación de su madre con un hombre mucho más joven, y, sobre todo, muy alejado en rango social de la posición de la familia. Y aquí, en lucha amor (filial) contra amor (pasional), la victoria se decanta por el que disponen los cánones (de lo contrario, Sirk hubiera pergeñado un manifiesto rupturista contra los principios del melodrama, y todo tiene un límite). Sólo cuando esa oposición se diluye, en el momento en que Cary constata de cuán ruin (y corta de miras) forma se han comportado sus dos vástagos, el amor resurge imparable, y, previo pago de su peaje de rigor (todo error se paga), en forma de trastornos de salud de ella y accidente de él, termina instalándose, robusto y vigoroso, en el lugar que le corresponde. Y colorín, colorado...
Son, no obstante, esas oposiciones, y su superación, las que nos ofrecen un punto, ligero ciertamente, pero que ahí está –y no es usual en el género-, de crítica social: la mezquindad de todos cuantos, desde una perspectiva de convenciones pacatas e interesadas, se oponen a esa historia de amor queda puesta de manifiesto con claridad y sin ambages, aunque Sirk tampoco cargue las tintas de manera particularmente exarcebada sobre (o contra) ellos. En cualquier caso, un punto de interés y digno de ser reseñado particularmente, habida cuenta que las circunstancias (estamos ante una producción serie A de la Universal) tampoco habrían de hacer abrigar esperanzas de hallarnos ante pronunciamientos más rotundos, o más abiertos, y que el cine de hoy día hace mucho más factible (al menos, en lo superficial).

También hay un aspecto formal que merece ser especialmente resaltado, y es el tratamiento de la iluminación: la puesta en escena se desarrolla en base a “zonas de luz” perfectamente identificadas, y bien delimitadas las unas de las otras, que apoyan la ambientación de las distintas situaciones que se desarrollan en plano, confiriendo al film una textura visual muy curiosa, por lo llamativa que resulta y los excelentes resultados que, desde el punto de vista narrativo, proporcionan al film. No podemos hablar de un hallazgo propio de Sirk –en materia de luz, los expresionistas alemanes de la década de los veinte ya habían marcado un camino por el que el cine negro de dos decenios después entraría a saco, explorando posibilidades sin tasa-, pero sí de lo sorprendente que resulta en atención a que, por un lado, se trata de una película en color y, por otro, es una audacia formal poco acorde con el tono general –bastante convencional, he de insistir- en que cabe encuadrarla.

No quisiera cerrar esta reseña sin hacer una alusión, aun cuando sea breve, al capítulo interpretativo –al fin y al cabo, el star-system de los grandes estudios aún se hallaba en plena vigencia, y sólo en el marco del mismo cabe entender las opciones de reparto que nos encontramos en Sólo el cielo lo sabe-. En una historia de amor, es obvio que han de ser los dos enamorados los protagonistas y dueños absolutos de la función, y tal premisa se cumple rigurosamente en el caso que nos ocupa: Rock Hudson y Jane Wyman asumen a modo y condición su rol estelar, y nos ofrecen lo mejor de sí mismos, lo cual no significa, evidentemente, que nos hallemos ante dos grandes interpretaciones. Tanto uno como otra acumulan suficientes carencias (cada cual con sus peculiares características) como para poder hacer una encarnación magistral de sus personajes; más acusadas aún en el caso de Hudson, demasiado envarado y con escasa capacidad para variar el registro en función del tono de la secuencia (su sonrisa de anuncio de dentífrico parece hallarse pegada a su boca, de forma que la misma está ahí, tanto da si se dirige solícito y amoroso a Cary como si está en un tris de liarse a mamporros con el baboso que, medio borracho, la acosa en una fiesta).

En definitiva, un correcto melodrama, una película que se deja ver agradablemente, y que, si bien no consigue impactar a base de elementos deslumbrantes (de los que carece), sí que nos proporciona una buena muestra del cine de un género y una época que, pasado el tiempo y llegados al punto en que estamos, ya nunca volverá a ser de esa manera. Para bien o para mal...

20 comentarios:

Marcos Callau dijo...

A este melodrama, que es buen ejemplo del género, Bruce Springsteen le dedica una canción en su "Tunnel of love" un álbum que repasa todas las dificultades del amor. Un abrazo y felices días, Manuel.

Carmen dijo...

Lo que pude llorar viendo esa peli en mis años jóvenes...
Por cierto, Manuel, ¿se admiten peticiones de los lectores?
Si se admiten, me atrevo a pedirte humildemente una entradilla sobre "Qué bello es vivir".
Que pases una noche estupenda.
Besos.

Myra dijo...

Hola, Manuel. He visto en el blog de Kine el enlace a tu blog y al ver que hablabas de esta peli he entrado a visitarte. He disfrutado con el análisis que haes hecho de esta peli porque Douglas Sirk me encanta. Sé que es un director que algunos denominan algo almibarado pero vamos, que me importa bastante poco. Me encanta su Imitación a la vida, su Escrito sobre el viento y muchas más.
Disfruto con sus melodramas con ese color y con ese color tan particulas de sus películas.
Un placer leerte. Ah, y tomo nota del dato de Marcos, lo desconcía.

Aprovecho para desearte unas Felices Fiestas.

Un saludo

Anónimo dijo...

Ay, amigo Manuel, Douglas Sirk me chifla y sus melodramas desaforados me llevan a límites insospechados. Sólo el cielo lo sabe me encanta y no me canso de verla... tiene uno y mil matices. Qué genial metáfora de la soledad cuando los hijos le regalan a la protagonista (a punto de renunciar al amor y a la felicidad) un frío aparato de televisión.
... Y no hay pareja más imposible que la Wyman y Hudson y sin embargo se convierten en pareja irrepetible... ¡qué maravillosamente extremos están también en OBSESIÓN!

Felices fiestas, mi querido Manuel, y deseo seguir compartiendo un 2012 de miradas de cine contigo.

Besos
Hildy

David dijo...

Como tú, creo también que el tópico tiene su parte de razón en este caso.
Y bueno, tu entrada está muy bien...argumentada, fijándote en varios aspectos de la peli, etc...
..pero lo que pasa es que a mí esta película me encanta. Me chifla. Y no puedo ser objetivo. Es de mis favoritas de los melos de Sirk junto a la de "Imitación a la vida".
Así que yo sí le daría el grado de magistral. Sin dudarlo.
El "pronunciamiento" contra esa sociedad a la que alude, al contrario que a ti, también me parece suficientemente rotundo.. Vamos, que la crítica social al tema de las "clases sociales" (y qué poca clase tienen las amistades de ella), el tema familiar (el egoísmo de los hijos, como bien dices)...para mí se exponen de forma muy clara.
No olvidemos que hablamos de un melodrama y de una historia de amor, pero aún así todo eso que se opone al amor de la pareja corre paralelo a la historia de la peli, ¿no?
Y sobre el capítulo interpretativo. Vale. Son dos estrellas haciendo de estrellas.. Y Rock Hudson no está haciendo "Seconds" (su papel favorito) o "Su juego favorito" (un estupendo "Cary Grant")...pero yo creo tanto él como Jane Wyman están bastante-bastante bien. Yo me los creo. Pero como ya te he dicho, no soy parcial, porque la peli me encanta, así que puede ser lo que tú dices...aunque yo le veo más en ese plan que tú dices en la de "Obsesión" (que también me gusta mucho)...pero vamos, que me da igual (ja,ja). Para mí, peliculón!
Y bueno, FELICES FIESTAS para ti y los tuyos y FELIZ 2012.
Un abrazo.

Caro dijo...

Hola, Manuel,

La verdad es que me encanta esta película, especialmente la escena en la cual los hijos de la protagonista le regalan un televisor: una idea totalmente sagaz y premonitoria.

Quisiera dejarte un abrazo y desearte un feliz año nuevo desde Buenos Aires.

¡Felicidades!

Josep dijo...

Es curioso, pero no he sabido apreciar el melodrama como género hasta supuestamente alcanzar la madurez.

Lo que sí está claro es que películas de Dogulas Sirk he visto varias -todas en la tele de hace años- y si en su primer visionado me repugnaron y me gané alguna regañina y un "si no te gusta, te vas a estudiar" cuando lo de tener tele en cada habitación era una idea aún no formulada, reconozco que las segundas oportunidades ofrecen matices en algunos casos muy interesantes.

Algún día alguien concienzudo como tú debería estudiar a fondo la equiparación sociológica de los melodramas de aquella eṕoca con los espectadores a ambos lados del charco, y no dudo que esta película que tan bien nos glosas, Manuel, ilusionaría a más de una mujer de entonces, viuda o no.... :-)

Felices fiestas y un fuerte abrazo.

Manuel Márquez Chapresto dijo...

Gracias por la información, compa MARCOS, era algo que desconocía por completo (creo recordar que, al hilo de alguna reseña tuya sobre el Boss, ya te había comentado que no es uno de mis músicos de cabecera, ni muchísimo menos...). En todo caso, tiene su lógica: si se habla de amor, el cine de Sirk, más allá de lo que pueda gustar, o no, es una referencia de primerísimo orden.

Un fuerte abrazo y felices fiestas también para tí.

Manuel Márquez Chapresto dijo...

Bueno, compa CARMEN, a mí lo de llorar viendo una peli no me resulta nada fácil, soy de lágrima dura (lo cual no quiere decir que no me conmuevan muchísimo secuencias, e incluso pelis completas; pero lo de llorar, eso ya me cuesta más...). En cuanto a lo de las peticiones de los lectores, no solo se admiten, sino que se agradecen un montón (yo mismo las he "reclamado" en alguna ocasión...), e, incluso, como en este caso, algunas ya están concedidas desde el mismo momento en que se formulan: en el menú lateral desplegable 'Muchas pelis', acabo de colocar el enlace a la reseña que, sobre esta peli, publiqué en La Butaca hace unos años. Espero que te guste, si no tanto como la película (que es muy, muy buena..), sí lo suficiente como para no apredrearme...

Ah, y la Nochebuena, muy bien: tranquila y en familia, como está "mandao"; sin la más mínima queja (ni siquiera estomacal...).

Un fuerte abrazo, muchas gracias por la fidelidad lectora y unas muy felices fiestas.

Manuel Márquez Chapresto dijo...

Hola, compa MYRA, me alegra verte por estos ciberpagos, a los que te doy la más calurosa bienvenida (ya te había leído en comentarios en los blogs de Marcos y de Kine, dos de los tíos más entrañables que he conocido en esto del bloguerío, unos fenómenos, vaya...). Me alegra un montón que te haya gustado la reseña, y me parece fenomenal que reivindiques a Sirk, si tal es la querencia que por su cine sientes: nadie tiene por qué avergonzarse, ni 'justificar' con argumentaciones alambicadas, ni gustos ni querencias, que son muy de cada cual.

También te expreso mis deseos de que estés pasando unas fiestas excelentes, y ya me paso por tu Pentimento (que tiene muy buena pinta).

Un abrazo muy fuerte y hasta pronto.

Miren dijo...

Otra cosa no, compa, pero currante no se puede negar que lo eres. Y escribes, al menos sobre lo que te apasiona, como los ángeles.
Un abrazo,
Izaskun

Carmen dijo...

Pues la acabo de leer y me ha encantado. Muchas, muchas gracias.

Manuel Márquez Chapresto dijo...

No sé por qué, compa HILDY, ya me barruntaba yo que el cine de Sirk, en general, y ésta, sobre todo, en particular, te tenían que gustar, y mucho: creo que encaja muy bien en lo que se puede deducir de tus gustos siguiendo tu blog (por cierto, uno de mis hallazgos más preciados de este año que ahora acaba, y del que no me canso de disfrutar...). Ah, y qué buena definición, esa de 'pareja imposible', para la formada por Hudson y Wyman; sí, talmente...

Mis mejores deseos para este ya inminente 2012, en el que cuento con que, efectivamente, sigamos compartiendo esto que nos une: querencia por las pelis, ni más ni menos...

Un fuerte abrazo y hasta pronto.

Manuel Márquez Chapresto dijo...

Muchas gracias, compa DAVID, por tus deseos navideños, que te hago llegar también a tí a la recíproca (aunque con un poquito de retraso, vaya...), así como por lo enjundioso y nutritivo de tu comentario, que, como siempre, entra en detalles y aporta claves y contenidos que van más allá de los reseñados en el texto de partida. Y me parece fenomenal que reivindiques tu veneración por la peli, y que, en base a eso, renuncies a cualquier intento de "objetividad" que sabes que no va a llegar a ningún lado: es algo que cualquiera que se apasiona por una obra en concreto (¿y quién no ha vivido eso...?) sabe bien cómo funciona. A mí me pasa, no con muchas, pero sí con las suficientes...

Un fuerte abrazo y hasta pronto.

Manuel Márquez Chapresto dijo...

Hola, compa CARO, una enorme alegría verte, y leerte, por estos ciberpagos; me alegro, además, de que esta peli sea de tu agrado y que hagas especial hincapié en esa escena a la que también alude el comentario de Hildy: ciertamente, un punto de especial clarividencia. Ah, y por supuesto, mis mejores deseos de mi parte para que el próximo año te resulte igualmente venturoso, y podamos ambos seguir trasteando por estos mundos virtuales en los que el cine nos convoca y nos une.

Un abrazo muy fuerte y hasta pronto.

Manuel Márquez Chapresto dijo...

Me temo que el melodrama, compa JOSEP, es de esos géneros que ha tenido, en diversos momentos, la mala prensa que derivaba de asociarlo a sus excesos, ésos con los que se buscaba, a base de “trampillas”, una lágrima tan fácil como torrencial. Pero, claro, eso ¿a qué género no le ha pasado en algún momento de la historia del cine…? En todo caso, veo que le has ido dando, a lo largo de los años, una segunda oportunidad con la cual se han podido redimir algunos títulos de Sirk; bien está que así sea (aunque si así no hubiera sido, tampoco hubiera sido grave, supongo…). En cuanto a ese estudio psicológico concienzudo, no me seas mamoncete, que si alguien está en condiciones óptimas, por saberes y capacidades, para hacerlo, ése eres tú, así que no te me escaquees, y vete programando la tarea; yo ya me anticipo a dejarte el comentario, que es que me parece que, a ambos lados del charco, y como fruto de la homogeneización cultural impuesta por la hegemonía absoluta de ‘yanquilandia’, los referentes son casi calcados, y poca diferencia (si acaso, de matices muy finos…) debe haber entre el tilín de una viuda estadounidense y una española ante un personaje como el de esta peli. Supongo…

Un fuerte abrazo, feliz cambio de año y hasta pronto.

Manuel Márquez Chapresto dijo...

Bueno, compa IZASKUN, tanto como currante no me definiría: eso sí, al menos, ahora parece que me voy disciplinando y voy colgando reseñas con cierta regularidad (dos semanales, martes y viernes, si no surge ningún imprevisto). Y en cuanto a la escritura angelical, te lo agradezco mucho, de corazón, pero creo que ando aún lejos de esas alturas, a las que se aspira, claro, pero para las que falta bastante, bastante talento. En fin…

Un abrazo enorme y seguimos en la tarea.

Manuel Márquez Chapresto dijo...

Las gracias a tí, compa CARMEN, por el entusiasmo de tu agradecimiento (y, por cierto, me has propiciado una idea que me ha gustado mucho para cerrar el año de reseñas con una muy particular; ya verás, ya...).

Un fuerte abrazo y hasta pronto.

39escalones dijo...

Bueno, Sirk es el maestro absoluto del melodrama (aunque reconozco que Rock Hudson en ellos me resulta estomagante, como en "Obsesión", algo menos en "Escrito sobre el viento", para mí el mejor), y entre sus méritos se encuentra, no sólo haber huido a tiempo de los nazis (por cierto, hay alguna película danesa de Sirk que es tanto o más estimable que sus joyas melodramáticas americanas), sino convertirse en inspiración directa de esa joya llamada "Lejos del cielo" de Todd Haynes o, más indirectamente pero de manera reveladora, del Pedro Almodóvar más trascendental.
Abrazos, y feliz año.

Manuel Márquez Chapresto dijo...

‘Lejos del cielo’, compa ALFREDO, la ví hace bastante tiempo (y en no muy buenas condiciones), y confieso que tendría que revisarla para poder formarme un juicio concreto sobre ella; en cuanto a las influencias sobre Almodóvar, parece que resultan bastante poco discutibles (el mismo director manchego no se ha privado de confesarlo abiertamente en mil y una ocasiones, o sea que…).

Un fuerte abrazo y buen día.

Creative Commons License
Los textos de esta obra están bajo una licencia de Creative Commons.