miércoles, 21 de diciembre de 2011

Ahora que esto solo va de cine, más grageas antiguas de cine...

* Esta entrada fue publicada originariamente en mi antiguo blog —El (viejo) glob de Manuel—, y bajo la etiqueta "Grageas de cine", el 10 de febrero de 2006.-

- Veo, en un pase televisivo, Mi mujer es una actriz, film francés reciente (2001), que supuso el debut en la realización del actor y director francés Yvan Attal, que protagoniza la película junto a su esposa (tanto en la vida real como en la peli), Charlotte Gainsbourg, en un ejercicio de comicidad autorreferencial que va deslizando dulces gotas de equívoco a lo largo de todo el metraje. Más allá de la fascinación que, en general, ejerce sobre mí el cine francés -con ese punto de encanto tan indefinible como difícil de encontrar para toda aquella gente que, con el mismo fervor con el que yo lo adoro, lo detesta...-, la peliculita, una obra menor y sin grandes pretensiones, me pareció una pieza simpática y de muy agradable visionado, una comedia romántica y tierna que, sin grandes alardes, ofrece algunos momentos particularmente gratos, y en la que, por encima de todo -y ya se encarga bien de ello su responsable, a quien la admiración amorosa por su conyuge se le trasluce en cada uno de los planos en que ésta aparece en pantalla-, brilla la esplendidez de la presencia de la actriz protagonista. Adoro a Charlotte Gainsbourg, que ya me impactó cuando la ví, por primera vez, protagonizando la más que correcta versión que de Jane Eyre rodara en 1997 Franco Zeffirelli, y que, aunque nunca se suele hablar de ella, pese a su magnífica labor -ensombrecida, sin duda alguna, su presencia por el fulgor con que brilla el trío protagonista (Sean Penn, Naomí Watts y Benicio del Toro)- cuando se alude al rubro interpretativo de 21 gramos, la magnífica segunda película de Alejandro González Iñarritu, me parece uno de los puntos más estimulantes de ese film. Es de esas bellezas extrañas, poco convencionales y difícilmente catalogables que tienen la facultad de engancharte desde la pantalla con un magnetismo avasallador. Eso, magnetismo, quizá sea esa la palabra más concreta, más exacta...

- La edición española de febrero de Le Monde Diplomatique ofrece un interesantísimo artículo de Guy Scarpetta acerca de la figura de Pier Paolo Pasolini. Me ha hecho rememorar -un recuerdo nostálgico y cariñoso- cómo tuve ocasión de conocer una buena parte de su obra, comprobando, a través de esa remembranza, cuánto nos puede llegar a condicionar en la percepción de cualquier obra artística una coyuntura concreta (la de un tiempo y de un país, parafraseando el título de aquel fabuloso disco recopilatorio del maestro Serrat). Les cuento, amigos lectores, la "batallita" en cuestión. A principios de los años 80 del pasado siglo, Televisión Española (por aquel entonces, la única en nuestro país, las privadas aún tardarían en llegar) comenzó a emitir, en las madrugadas de los viernes (y, precisamente, bajo el título de Cine de madrugada), películas caracterizadas por su contenido más o menos erótico (las dosis eran altamente variables...). El episodio, visto ahora, resulta de un tono hasta naïf, pero no podemos perder la perspectiva: no hacía ni diez años que Franco había muerto, y aun cuando los despendoles "destapísticos" de los primeros momentos posteriores al feliz suceso habían sido una espita abierta por la que este país había podido respirar aliviado, tras cuarenta años de "dieta rigurosa", una iniciativa de este tipo, aun en tales circunstancias (horas verdaderamente intempestivas para pases seudoclandestinos), todavía levantaba ciertas ampollas. En mi caso personal, aquello constituyó una total y genuina celebración, que disfruté con fruición y a conciencia: pocos fueron los títulos que no me eché al coleto, y aun guardo cierto recuerdo de buena parte de ellos. La primera película que se emitió fue Defensa  (Deliverance), de John Boorman, y a ésa siguió un auténtico reguero de títulos (relativamente) míticos, desde la japonesa El imperio de los sentidos (Ai no corrida), de Nagisa Oshima, a varios films del ínclito Valerian Borowczyk (quintaesencia de la pretenciosidad al servicio de pajilleros irredentos: de otra forma, no se explica...), entre los cuales se encontró una buena parte de la filmografía pasoliniana. Su encaje en un ciclo de ese carácter tenía bastante lógica, si tenemos en cuenta la profusión de escenas sexualmente explícitas que cabe encontrar en un buen número de películas de Pasolini, pero también me quedaba muy claro, desde mis cortas entendederas cinematográficas, que en esas películas había más, algo más, que el mero atractivo morboso que pudiera derivar de sus contenidos eróticos -que también estaba ahí, obviamente-. Y no es que sea un gran entusiasta del cine de Pasolini, pero no puedo dejar de reconocer el atractivo poético y la visión personalísima que se desprende de sus imágenes -incluso de las de una película tan espeluznante como Saló o los 120 días de Sodoma, probablemente la única que me ha hecho abandonar una sala de cine por mi incapacidad para soportar la dureza de su tramo final; pero ésa es otra historia, que en otra ocasión será contada...-.

- Si han sacado ustedes la conclusión, a tenor de lo contado en los párrafos anteriores, de que este humilde escribiente tiene una especial querencia por el cine europeo, he de confesarles que están ustedes en lo cierto. Tengan una feliz semana, amigos lectores...

* Grageas de cine V.-

* Antecedentes penales-El (viejo) glob de Manuel XIII.-

6 comentarios:

Corpi dijo...

Amigo Manolo, sí que te has especializado, sí. Echo de menos las grageas de fúrgol con las que antes nos deleitabas. Quizá sea porque el Madrid i el Barça se han cargado el fúrgol español.
Un abrazo y feliz navidad.

Manuel Márquez Chapresto dijo...

¡¡¡Coño, compa Corpi, qué alegría que me da el verte por aquí...!!! Pues sí, lo de la especialización me ha costado (me he tirado años "haciendo la goma" mentalmente, que si sí, que si no...) pero, al final, me he tirado al pilón. En todo caso, todo el material "no cinematográfico" (incluido el furgolero) lo voy a ir colgando en Facebook y Google+ (si trasteas en cualquiera de las dos redes, ya sabes...). Y tranqui, que el furgol no se lo cargan ni Madrid ni Barça (y menos el Barça, con ese furgol de dibujitos animados...): mucho furgol para tan poco trapío...

Por cierto, ¿qué fue de tu novela? ¿La terminaste? Que ando más perdido...

Un abrazo fortísimo, muy felices fiestas y hasta pronto.

39escalones dijo...

Estupendas píldoras. Comparto tu gusto por la Gainsbourg con los ojos cerrados (una de las mejores del momento, y ya desde hace tiempo, proclamo), y también tu punto de vista sobre el cine falsamente erótico. Esto es, el que como "Deliverance" o Pasolini, utiliza el sexo para hablar de otra cosa. También eso ha cambiado: cierto cine utilizaba el sexo, como otros la ciencia ficción y otros el melodrama, para hablar de según qué cosas de nuestro mundo; equivocadamente, y más en este país, en cuanto se veía una teta y una cama inmediatamente se le ponía calificación "S" o "X" y se denominaba erótica. Hoy, el cine ha perdido esa lectura del sexo, y el cine erótico parece un vídeo casero hecho en un hotelito de Las Vegas o de Matalascañas a marchas forzadas y por aficionados. El cine erótico setentero ha propiciado algunos de los mayores bodrios de la historia del cine, pero algunos, como Oshima (ver igualmente "El imperio de la pasión"), aunque lo pareciera, no era el sexo lo que les importaba. De ahí que fueran películas estimables, y no mero sensacionalismo de la carne.
Abrazos, y feliz navidad.

Elvira dijo...

¡Muy feliz Navidad, Manuel! Un abrazo

Manuel Márquez Chapresto dijo...

Como siempre, compa ALFREDO, juicioso y enjundioso tu comentario, además de muy en sintonía con lo planteado en la reseña. Ese cine que se nos ofrecía bajo esa etiqueta no siempre, cierto, era erótico, por más carne que ofreciera en pantalla. Pero la coyuntura era la que era, y, en ese contexto, era perfectamente entendible. En cuanto a la Gainsbourg, dejemos escapar un suspiro; en fin...

Un fuerte abrazo y felices fiestas también para tí.

Manuel Márquez Chapresto dijo...

Feliz Navidad igualmente para tí, compa ELVIRA; ando un poco despistado (disperso, más bien: que si blog, que si redes sociales, que si tal, que si cual...), y le debo una visita con calma a tu cibercasa (espero que prontito).

Un fuerte abrazo y hasta pronto.

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