viernes, 4 de noviembre de 2011

537


Tiene que haber una explicación científica, pero, dado que la ignoro por completo —y no son horas de andar preguntándole a Punset, que debe andar el hombre liado con sus tostaditas…, sigue siendo para mí una cuestión de pura magia el funcionamiento de la memoria numérica; supongo que debe tener un fuerte componente emotivo y afectivp, ya que. de otra manera, sería difícil entender por qué soy incapaz de recordar el número de teléfono (que me dio hace cinco minutos…) alguien con quien tengo que mantener una importantísima reunión de trabajo mañana a primera hora, y, en cambio, soy capaz de recitar de corrido las nueve cifras del número de teléfono (que hace treinta y cinco años que no marco…) de una novieta muy guapa que tuve en mi adolescencia. Misterios del cerebro…

Sirva esto como introducción a un número (el que presta título a esta reseña): 537. Se me vino a la cabeza, de manera fulgurante y fulminante, hace solo unos días, cuando pasaba por la puerta del edificio de la oficina central de Correos de mi ciudad. Y era (y creo que sigue siendo) el número de un apartado de correos al que, durante siete intensos y maravillosos años, acudí continua y regularmente, para recoger la correspondencia en él depositada, y de la cual no era yo el destinatario. Era (y creo que sigue siendo) el número del apartado de correos del Grupo de Córdoba de Amnistía Internacional.

Un cubículo pequeño, tapado por una portezuela metálica y brillante, protegida por una simple cerradura; y generalmente, atestado de una copiosísima documentación, a través de la cual se recibían las informaciones y pautas de trabajo con las cuales desarrollar nuestra tarea (sorda y callada, siempre; aburrida, sí, claro, a veces; ilusionante y necesaria, en todos los casos…) de promoción y defensa de los derechos humanos en tantos y tantos lugares donde los mismos eran masacrados, pisoteados, ignorados; de lucha por las víctimas individuales de abusos y violaciones respecto a las cuales siempre se abrigaba la esperanza de conseguir resultados concretos. Pilas y pilas de papel, cuya lectura no siempre resultaba amena (solo la ensalada de siglas que se maneja puede resultar contraproducente para el más animoso de los activistas…), pero en la que siempre anidaba el germen de aquello que nos empujaba a trabajar: la convicción de que esa tarea había que hacerla, porque había gente que lo necesitaba.

Y en ello anduvimos, con paciencia, con empeño, sin prisa y sin pausa, con el convencimiento de que estás haciendo lo que tus convicciones te piden. Sin heroicidades, pero sin desmayo; sin alharacas ni espectáculos, pero con un ímpetu renovado día a día. Y, muy especialmente, motivado porque era una tarea en la que nunca andabas solo, sino que caminabas en compañía de un montón de gente excepcional, gente a la que, aunque haya perdido el contacto diario con ellos, jamás olvido ni creo que pueda llegar a olvidar nunca, tal es el calibre de la huella que en mí han dejado. Una experiencia, en suma, sin que la no sería quien soy, y sin la que, sin ningún género de duda, esta versión de mí en que me he terminado convirtiendo (como todo el mundo…) sería mucho más chunga de lo que ya lo es; porque vivencias así, y esa gente con quienes las vives, solo pueden mejorarte.

Hace años que mi colaboración con Amnistía Internacional dejó de ser un trabajo de dedicación intensa, para convertirse en un reguero discontinuo de colaboraciones puntuales (gratificantes, desde luego, pero… eso, otra cosa). Son otros los derroteros y películas (dicho sea en sentido metafórico; se supone que éste es un blog, fundamentalmente, de cine…) en los que ando moviéndome ahora, relacionados con el mundo educativo. Y, por lo demás, y aunque no sea yo el que ahora recoge la “cosecha”, me consta que el cubículo de la correspondencia ya no recibe el cuantioso volumen de papel que antaño albergara (excelencias del progreso tecnológico; el correo electrónico y una intranet de funcionamiento preciso y veloz han reducido el papel a algo meramente testimonial…). Pero siempre que paso por esa puerta por la que pasé hace unos días, la punzada es la misma; y el numero, también. Igual ya sí son horas, pero creo que no voy a preguntarle nada a Punset…

* La fotografía está tomada del álbum de Flickr del usuario Daquellamanera, y se publica bajo una licencia Creative Commons 2.0.

* Mi Buenos Aires querido XIX.-

21 comentarios:

Reyes dijo...

Qué bonito post, Manuel; la mitad de mis amigos son socios de Amnistía , será selección natural; qué bien has contado estos caprichos de la memoria , pero igual no son tan caprichosos ; tienen su carga emocional.
Besos , buen fin de semana lluvioso.

Manuel Márquez Chapresto dijo...

Muchas gracias, compa REYES, por tus cariñosas palabras. No me sorprende que tengas muchos amigos entre el "gremio amnistioso", es gente, por lo general, y salvo alguna excepción mangui (baste con ver mi caso...), de una talla humana excepcional, así que te viene tal cual. Y no, no hay capricho alguno, supongo que es un mecanismo cargado de lógica, la lógica de los muchos años asociados a unas rutinas que, con la pátina del tiempo, se muestran particularmente gratas (y así lo fueron, realmente).

Besos también para tí y que la lluvia te sea propicia.

Anónimo dijo...

Precioso texto de números, memoria... y Amnistía Internacional.
Siempre pienso que tienen que existir estos organismos necesarios donde se puedan juntar muchos granos de arena con conciencia que puedan arrastrar a otros mundos posibles... y gente, siempre gente, que lo crea. Gente, siempre gente, que con sus actos cotidianos muestre y demuestre que ese otro mundo estará cerca si se sigue creyendo en él.

Besos cinéfilos (el cine también crea esos mundos posibles...)

Hildy

Manuel Márquez Chapresto dijo...

Muchas gracias, compa Hildy, por las hermosas palabras de tu comentario. Sí, desgraciadamente, el trabajo de Amnistía Internacional sigue siendo necesario, y tiene que hacerlo porque, desde otros ámbitos, no se hace. Una pena. Y la gente, desde luego, no hay otro motor ni impulso...

Un fuerte abrazo y buen sábado.

Marcos Callau dijo...

En este caso el número en cuestión te proporciona gratos recuerdos y no es para menos. Puedes estar orgulloso por ese trabajo que desempeñaste durante todos esos años. Muy bonito tu post, Manuel.

PD: Los números de teléfono de las mujeres guapas nunca se olvidan. Así es el cerebro del hombre... el de arriba. O no es el de arriba? jejeje

José Núñez de Cela dijo...

Curiosa la forma en que funciona la mente, curiosa la forma en que nos aborda un resquicio del pasado y preciosa la forma en que relatas esos recuerdos que se convierten en un homenaje a unos ideales y a ti mismo.
(con permiso de Punset)

Saludos

Manuel Márquez Chapresto dijo...

Muchas gracias, compa MARCOS, por tus cariñosas palabras; la verdad es que sí, que me siento muy orgulloso de esta faceta (y no son muchas las cosas en esta vida de las que me sienta orgulloso; satisfecho, sí, pero orgulloso, no tanto, y no tantas...). Además, no descarto retomarla algún día, quién sabe... ¿Cerebros múltiples? Buf, yo no creo en eso; si los hombres tuviéramos cerebro ahí, la historia de la humanidad sería otra bien distinta. Pero, en fin, es lo que hay...

Un fuerte abrazo y buena semana.

39escalones dijo...

No mentes a Punset, por Dios!!! Su anuncio del pan de molde es la cosa más horrible que he visto en años... Aquí, otro de AI, aunque con colaboraciones discontinuas.
Abrazos.

Manuel Márquez Chapresto dijo...

Pues sí es curiosa, sí, compa José. Muchísimas gracias por tus elogiosas palabras acerca de las mías, y, en todo caso, espero que las mismas hayan sonado más a homenaje a la causa (que es la que lo merece) que al autor del relato (que se ha limitado a aportar un minusculísimo grano de arena –si vale el palabro, tan feo…- a tan noble tarea); o a Punset, ya puestos…

Un fuerte abrazo y buen lunes.

Manuel Márquez Chapresto dijo...

Me congratula saber, compa Alfredo, que más allá de las cinéfilas, compartimos otras querencias, incluso de bastante más calado humano, si cabe (el cine, al fin y a la postre, es prescindible; lo otro, no, creo…). Ah, y lamento lo de Punset: 1 (gol de Cazafantasmas)-1 (gol de Punset); habrá que disputarlo a los penaltis…

Un fuerte abrazo y buen lunes.

Superwoman dijo...

Y no pasa unicamente con la memoria numerica, Manuel, ocurre tambien con la verbal y supongo que con todo lo que puede almacenarse en los circuitos del crerebro. Aquello que asocias de manera emocional queda grabado (o a veces incluso destruido o enterrado, si la emocion vivida es negativa) a fuego. Que bonita entrada.
Un supersaludo

Perla Prieto dijo...

Muy buen post.
Me gusta como también somos capaces de manejar nuestra memoria para seleccionar lo que queremos recordar y lo que no.

Estudios en Inglaterra

Andrés dijo...

¡Ay las traiciones de la memoria! Y... ¡ay! las novietas de hace treintaicinco años que siempre se recuerdan mejor de lo que eran (o eso al menos me pasa a mí, jajaja ;-) ¡Un saludo Manuel! Andrés

Manuel Márquez Chapresto dijo...

Muchas gracias, compa SUPERWOMAN, por tus afectuosas palabras; sí, supongo que tienes toda la razón en lo que indicas acerca de esa "doble vía" con que actúa la memoria, en positivo y/o en negativo según la circunstancia. Ésta, desde luego, fue muy, muy positiva...

Un fuerte abrazo y buena noche de miércoles.

Luisa Tomás dijo...

Rebonito. Mil gracias

Manuel Márquez Chapresto dijo...

Bien cierto es, compa ANDRÉS, que embellecer en el recuerdo no es ni malo ni infrecuente. Pero no creo que fuera éste el caso, ¿cómo podía ser fea una chiquilla con esa edad? Y si lo era, tanto da, para eso la memoria hace su trabajo...

Un fuerte abrazo y buena noche de jueves.

Maskehotel Asturias dijo...

Es interesante e imprescindible que sigan las ong trabajando como hasta ahora para seguir ayudando a paises que necesitan verdadera ayuda

Manuel Márquez Chapresto dijo...

Muchas gracias, compa LUISA; las gracias a tí, por pasarte y comentar...

Un fuerte abrazo y buen fin de semana.

Andrés dijo...

Compa Manuel: dices "¿cómo podía ser fea una chiquilla con esa edad? Y si lo era, tanto da, para eso la memoria hace su trabajo..."; no sólo me parece bello (como el artículo), sino que no puedo estar más de acuerdo. Abrazo de nuevo, Andrés.

paisajismo jardines dijo...

En este caso un número, en otros un perfume o un sonido, la memoria se adentra y tu mente vueve arevivir sucesos que te marcaron, a veces para bien, otras para olvidar.

Marco Aurelio dijo...

Está muy buena tu publicación, creo que la colaboración de todos puede ayudar mucho y es algo que siempre se debe incentivar

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