viernes, 21 de octubre de 2011

Police, Adjective (Politist, adjectiv; Rumanía, 2009)


A los que tenemos cierta querencia (en mi caso, bastante acusada) por un cine que podríamos calificar como de “festivalero”, no nos asustan ciertas pautas bajo las que se mueven, habitualmente, films de este corte (y que sí que suelen asustar a un público más partidario de cintas de calado más comercial). Elementos como la lentitud narrativa, la dispersión argumental, o la subversión de los esquemas constructivos clásicos —que suelen ser moneda común en este tipo de cine— forman parte de sus peculiares “reglas del juego”, y, como tales, se asumen, y, llegado el caso, se disfrutan. Pero todo, evidentemente, tiene un límite; y films como el rumano ‘Police, adjective’, del director Corneliu Porumboiu, que se salta alguna que otra convención formal sin la más mínima misericordia, quizá no lo hace con el acierto deseable: a mí, al menos, así me lo pareció.

La cinta, narrada en un tono seco, aséptico, frío, rayano en lo espartano (en todos los aspectos, tanto ambientales como de fondo), nos ofrece un argumento enormemente simple; estamos ante la historia de Cristi, un joven agente de policía que se halla inmerso en una investigación relacionada con el consumo y tráfico de estupefacientes por parte de un grupo de estudiantes (grupo ciertamente reducido —se limita a tres personas—, al igual que el alcance de sus presuntas fechorías, que, aparentemente, no van más allá de lo que supone el fumarse unos porritos cada día), respecto a la cual se ve ante el dilema moral de determinar si ha de proceder, o no, a la detención de los implicados, teniendo en cuenta la discordancia existente entre sus apreciaciones al respecto y las de su superior inmediato.

La resolución de tal disyuntiva, que viene precedida por un episodio un tanto atrabiliario —una suerte de duelo de “esgrima semántica”, diccionario mediante, entre Cristi y su jefe (y sobre la cual, obviamente, no daré detalle alguno al lector)— es la que marca el desenlace de la trama, dando, con ello, cierre al relato. También cabe citar que, como trama secundaria, la película nos ofrece un somero retrato de la vida matrimonial de nuestro protagonista, que no brilla, precisamente, y a tono con el tronco central de la trama, por ser alegre ni deslumbrante; más bien al contrario, también en su relación marital, el personaje central del film nos da muestras de ese carácter un tanto abúlico y apagado con el que desarrolla igualmente su labor profesional.

Porumboiu se toma su tiempo tanto para ponernos en situación como para ofrecernos detalles acerca del desarrollo de los acontecimientos; si ahí algo que sobra a lo largo de todo el metraje (si exceptuamos un final, que, de manera totalmente abrupta, zanja el desenlace de la historia en apenas unos pocos minutos), es la prisa: todo es moroso, detenido, de una quietud que llega a resultar incluso enervante —en el paroxismo de la tranquilidad, la narración nos llega a ofrecer imágenes de la lectura (íntegra y pausada) de los informes policiales que Cristi prepara para sus superiores, como un elemento explicativo más—. Y sus intérpretes se desenvuelven con esa misma parsimonia e introspección (salvo en algún caso muy puntual), en la que tienen más presencia los silencios y las quietudes que los diálogos y los movimientos, terminando de completar con ello un panorama que se sitúa al límite del páramo emocional. Si sumamos a ambas líneas que la ambientación de la historia, tanto en interiores como en exteriores, se ubica en entornos que, sin alcanzar la categoría de lo sórdido, sí que cabe calificar con todo fundamento de degradados, ya tenemos un cuadro de situación lo suficientemente completo como para hacernos una idea clara del perfil de la cinta.

¿Opción artística legítima? Por supuesto. El único problema es que, en tal marasmo pantanoso, llega un momento en que la conexión emocional con la historia se termina disipando, y se termina prestando más atención a esa muñeca donde el reloj nos va orientando sobre cuánto nos falta para finiquitar la experiencia que a lo (poco y lento) que va sucediendo en una pantalla en la que tampoco se plasman emociones, sensaciones, experiencias, que nos hagan olvidar lo despacio que va todo. Como experimento formal que juega (haciéndolas fosfatina, por cierto...) con las convenciones narrativas acerca de la estructuración y dosificación de sucesos en el desarrollo de un relato fílmico, la propuesta de Cornel Porumboiu se puede acoger como algo interesante. Más allá de eso...

9 comentarios:

Marcos Callau dijo...

Por lo que comentas me parece que han desaprovechado una buena oportunidad, con esa historia, para crear una buena película de cine negro. El personaje principal invita a ello. Un abrazo, Manuel.

39escalones dijo...

Apuntada queda. A pesar de los inconvenientes, su lugar de procedencia bien merece un mínimo de atención, al menos por ofrecernos una mirada distinta. Total, bastantes mediocridades vemos ya del otro lado del Atlántico; no pasa nada por el hecho de que una vez los matices haya que ponerlos en otro lado.
Abrazos

Josep dijo...

Tomo nota por si apareciere, que no creo, pero igual la hallo en algún almacén.

Como experimentación puede ser interesante y estoy de acuerdo con Alfredo en que aguantando bodrios del oeste porqué no vamos a aguantar bodrios del este. No lo dice así de mal, pero más o menos.

En el trasfondo hallo una cuestión interesante para un debate prolijo y nada breve: ¿basta con la experimentación artística (no tan solo cinematográfica, en realidad) para sustentar el interés?¿está el público, digamos que obligado, a asistir a la proyección de experimentos que pueden ser verdaderas castañas?¿quién goza del privilegio de la vara de medir la conciliación entre el arte experimental, el interés del público y la simple charlatanería puesta en la picota del "rey desnudo"?

Un abrazo.

V dijo...

No he visto la película, pero tu acertado comentario suscita reflexiones interesantes, como las que apunta Josep, y cuya respuesta te dejo a ti.
Por mi parte creo que existe toda una corriente, que no es nueva, que entiende que saltarse las reglas canónicas del cine de género en su acepción clásica es síntoma de experimentación. No estoy en esa línea. Por ejemplo, me molesta sobremanera como se ha creado un apartado de cine denominado "indie" como si fuese opuesto al comercial, lo cual me parece una trampa de muy mal gusto en la que no pienso caer.
En el cine de los festivales hay de todo, y me parece bien tu idea de probar otras formas de narrar. Algunas son auténticas, otras, en mi opinión una auténtica impostura, leasé la última del amigo Isaqui Lacuesta, que efectivamente, ha realizado tal y como pretendía un cine "distinto", puede estar seguro. Si él y cuatro amigos son felices, pues muy bien. Ahora, solo hay que ver la cara de Frances Macdormand al entregar el premio en Donosti, la cual posteriormente declaró que, efectivamente, esa película no se parecía a nada que ella conociese. Estoy de acuerdo. Un saludo

Manuel Márquez Chapresto dijo...

No sé si el del cine negro, compa MARCOS, es el “contenedor” más adecuado para un producto de este perfil; para que derivara hacia esos terrenos, tendría que moverse en coordenadas muy alejadas a aquellas en las que se mueve, más próximas, quizá, a la del drama intimista (eso sí, muy, muy despojado y frío…). De todos modos, no es una peli fácil de clasificar (ni, en mi caso, de ver –con gusto…-).

Un abrazo y buena semana.

Manuel Márquez Chapresto dijo...

Bueno, compa ALFREDO, no sé si a tí te gustará, igual sí, igual no, no lo tengo nada claro; lo de la mirada distinta ya te lo puedo asegurar, eso sí, ahí no tengo la más mínima duda. Y en cuanto a tu tesis de que, puestos a elegir el origen del truño, mejor que sea autóctono (o, al menos, cercano), ya sabes que la comparto plenamente; llegados a ese punto, mejor que la caja para hacer, en el futuro, cosas mejores, se haga aquí (en Hollywood ya hacen bastante, y por cosas bastante más infames...).

Un fuerte abrazo y buena semana.

Manuel Márquez Chapresto dijo...

Buf, compa JOSEP, eso que planteas no es un debate: es un campo de minas... A mí, particularmente, no me resulta fácil posicionarme, porque lo cierto es que hay productos de los que se mueven en ámbitos, digamos, poco comerciales que me fascinan y otros que, en cambio, me enervan, y me parecen auténticas castañas (caso de éste, por ejemplo...). Y me supongo, visto lo visto (es decir, la crítica, en general y en sentido amplio), que tampoco es fácil para nadie, porque no suele haber posiciones monolíticas (afortunadamente...). Seguiremos, sin duda, trasteando sobre esto, al hilo de más pelis, seguro que sí...

Un fuerte abrazo y buena semana.

Manuel Márquez Chapresto dijo...

Buenas aportaciones al debate las tuyas, compa V, más allá de lo que se refiere a esta peli en concreto. ¿Experimentación? Bueno, yo creo que sí existe siempre que hay una transgresión de los cánones; tema diferente es que sus resultados sean satisfactorios en cuanto al producto resultante (valga la redundancia...). Lo del cine indie, evidentemente, es una etiqueta que, en su momento, cuando Sundance empezó a "zumbar", pudo tener algún sentido; a día de hoy, creo que es algo completamente diluido y demasiado heterogéneo como para que la "marca" tenga demasiado valor.

Sobre la peli de Isaki Lacuesta (y ésa, el que no la ha visto soy yo...), he leído bastante, y bastante controvertido, línea en la que tú redundas. Habrá que verla, pues...

Un fuerte abrazo y buen día.

Centro de Estudios Albacete dijo...

Hola!
Desde hace tiempo los profesores de la academia seguimos tu blog aunque nunca nos hemos animado a escribir en el. Por cierto, muy buen trabajo ;)
Hablando del cine del país del Conde Drácula, una película que no podéis dejar de ver es: "4 meses, 3 semanas y 2 días" (http://www.filmaffinity.com/es/film178494.html). Desde Academia CEA os la recomendamos de todas todas!

Creative Commons License
Los textos de esta obra están bajo una licencia de Creative Commons.