miércoles, 21 de septiembre de 2011

El amor a los veinte años (L'amour à vingt ans; Francia y otros, 1962)


Ignoro si, a estas alturas, es ya una reiteración (cuando uno acumula ya un cierto volumen de material publicado, no es difícil repetirse…), pero, aun cuando así fuera, no me importa insistir en la afirmación: soy un devoto y fiel admirador del cine de François Truffautt, el malogrado director francés que, desde las huestes “nouvellevaguescas” del Cahiers de Cinèma, y tras una fecunda trayectoria como crítico cinematográfico, desarrolló una filmografía más que estimable a lo largo de poco más de un par de décadas. Una filmografía en la que buena parte de la crítica ve notables altibajos, un envejecimiento no muy respetuoso con sus supuestas bondades originarias y, en suma, un nivel medio que no está a la altura de la leyenda de su autor; pero en la que, por otro lado, se destila un amor tan entregado y profundo hacia el cine que a algunos, entre los que me cuento, las consideraciones anteriores nos traen absolutamente sin cuidado.

La obra de Truffautt arrancó con la mítica ‘Los 400 golpes’, una cinta centrada en la figura del que, con el paso de los años (y las películas), terminó configurando una acabada y perfecta trasposición a la ficción (aun con todos los matices que la ficción impone) de la personalidad real del cineasta: Antoine Doinel (encarnado por el actor Jean Pierre Leaud). Y es el mismo Doinel el que protagoniza 'Antoine et Colette', una pieza corta integrada en un film colectivo,‘El amor a los veinte años’  (como ven, y como casi todo en el mundo del cine, el invento no es novedoso…) en régimen de coproducción multinacional, y en el cual a Truffautt le cupo el honor de cubrir el cupo reservado a su país, Francia.

En este mediometraje (que es así como, más propiamente, y contemplado de forma particularizada, habría que calificarlo), nos encontramos a un Doinel que ya no es el crío preadolescente de la opera prima de Truffautt, sino un muchachito que está a punto de abandonar la adolescencia para entrar en una incipiente juventud, aun cuando conserva los rasgos de carácter que ya adornaban a su personaje en el film precedente: un chico serio, un tanto tímido y taciturno, amante de la soledad, la independencia, la música y las mujeres, y que hace gala de su intensa dedicación a un trabajo que le proporciona autonomía (económica y existencial), así como de una melomanía solo atemperada por su búsqueda del amor.

Desde tales premisas, solo hay un lugar donde es previsible que Doinel sienta la llamada del sentimiento amoroso, y ése, efectivamente, no es otro que una sala de conciertos. Allí conoce a Colette (Marie France Pisier), una chica morena y atractiva de la que Doinel se cuelga intensa e irremediablemente, y con la cual, en un principio (ella se muestra receptiva a sus primeras tomas de contacto), parece que las cosas pueden marchar satisfactoriamente. Pero el amor, ay, tiene sus retorcidos vericuetos, sus misterios insondables, y parece que la suerte de Antoine aún no ha terminado de cuajar plenamente.  Cuestiones de química, lectores amigos…

Truffautt nos ofrece esta historia, en poco menos de treinta minutos, con la sencillez y limpieza caligráfica con que habitualmente desarrolló toda su obra; con una fotografía en blanco y negro de fuertes contrastes lumínicos; con una ambientación parisina que, sin caer en el tipismo de postal, sí que refleja a la perfección el encanto de ese contexto; y, sobre todo y por encima de todo, con un cariño por sus enamorados (y un respeto y comprensión de sus desiguales avatares) como solo un amante del amor (parafraseando el título de otro de sus films) podría ser capaz de plasmar en la pantalla. ¿Simple, imperfecto? ¿Y no es así el cine mismo, la vida misma…?
 
* APUNTE DEL DÍA: muestra evidente de cuán diferentes pueden ser las miradas sobre el amor en esto del cine, una peli tan radicalmente opuesta a ésta como 'Revenge', de Tony Scott; una reseña crítica de la misma, aquí.

13 comentarios:

Josep dijo...

Seguramente me alineo con los que piensan que Trufaut está por encima de su realidad, pero sin embargo le reconozco una pasión ejemplar por el cine: hace muy poquito repasé La novia vestía de negro y acabé desechando decir nada porque me defraudó, rompiendo esa memoria que uno guarda de algunas películas que impresionan por motivos que años más tarde resultan intrigantes por desconocidos...

Ese corto que reseñas tan amorosamente, amigo Manuel, lo desconozco por completo, así que pasa a engrosar la interminable lista de ¿curiosidades? a satisfacer algún día...

Un abrazo.

Manuel Márquez Chapresto dijo...

Sentirse decepcionado, compa JOSEP, con el revisionado de una obra pasados algunos años es algo relativamente habitual, como bien sabes. Y me temo que en el fenómeno pone tanto de su parte la obra "deteriorada" como el receptor (supongo que también, en alguna manera, "deteriorado" -o mejorado, quién sabe...-). Es así, supongo que hay poca vuelta de hoja a eso, es un proceso natural, y lógico.

El corto, realmente no es un corto, sino el fragmento de una obra colectiva; o sea, que lo es, pero no lo es. Eso sí, yo lo he visto "aislado" (es decir, no he visto la peli completa), y, ciertamente, me ha gustado, y mucho.

Un fuerte abrazo y buen día.

39escalones dijo...

Como tantas veces, el Truffaut cinéfilo, el Truffaut teórico, acaba estando algo por encima (pero no mucho) que el Truffaut director. ¿Quién no ha tenido altibajos? Lo que hace a Truffaut distinto es que su cine esencialmente explora los misterios de lo cotidiano sin caer en los vicios y las poses del dramatismo. Ver "Domicilio conyugal" hoy en día, de nuevo con Jean-Pierre Leaud, es percatarse de que el cine de Truffaut no pasa de moda. Y eso, en alguien tan pegado a su época y a su momento artístico, quiere decir mucho.
Abrazos.

Anónimo dijo...

... el personaje de Antoine Doinel me cautiva.

No me canso de ver Los 400 golpes.

Pero Truffaut decide que veamos crecer a Doinel..., saber qué va a ser de él. Nos regala sus historias en distintos tonos. Y es un lujo poder seguirle en Besos robados, domicilio conyugal y El amor en fuga.

La segunda aparición del personaje fue en el meidometraje que nos señalas tan maravillosamente. Es el único 'episodio' de Doinel que no he visto entero (algo refleja en El amor en fuga).

Y el ver la evolución de un personaje cinematográfico... es un sueño hecho realidad en el cine de Truffaut.

Besos
Hildy

Manuel Márquez Chapresto dijo...

No sabes cuánto me alegra, compa ALFREDO, comprobar que compartimos querencia por el maestro Truffautt; en todo caso, pienso que una de las claves para explicar el que su cine haya envejecido gratamente, sin que el tiempo haya hecho estragos en su percepción, es su voluntario y firme alejamiento de cualquier tipo de alharaca formal o excentricidad (de las que, en cambio, nunca se privó el "colega" Godard...). Cine sencillo, cine para siempre...

Un fuerte abrazo y buen día.

Manuel Márquez Chapresto dijo...

No te creas, compa Hildy, que no simpatizo yo también un montón con ese Doinel, algunos de cuyos rasgos, además, podría asumir tranquilamente como propios (no todos, claro...). Y cuánta razón tienes en cuanto al encanto que se desprende de esa posibilidad de seguir a un personaje (más, aún, si éste presenta rasgos tan entrañables) durante, prácticamente, toda una vida: todo un detalle por parte del maestro. Y para nuestro disfrute. ¿Qué más puede pedir el cinéfilo...?

Un fuerte abrazo y buen día.

V dijo...

Estupendo comentario, Manuel. La figura de Truffaut, siempre me ha llamado poderosamente la atención. Es un amante del séptimo arte que no obstante luego tiene la clarividencia de colocarse en la posición de analista, de crítico que desmenuza el cine. Y a su vez luego pasa a ser cineasta. Ya se que no es el único de aquella época pero eso de que se fugó del servicio militar por el cine siempre me ha llegado al alma.
No se que tal envejecerá su cine. Yo vi elúltimo metro no hace tanto y funcionaba bien. Ese mediometraje no lo he visto.
La que si ha envejecido es Revenge, de eso no hay duda, y mira que su argumento es clasicón, pero aun asi...Un saludo.

Manuel Márquez Chapresto dijo...

Muchas gracias, compa V, por tus cariñosas palabras, que te agradezco de corazón. El cine de Truffautt, creo (y a falta de revisarlo más extensamente; hay muchas pelis suyas que hace bastantes años que no veo), ha envejecido notablemente bien, y eso es algo que tiene bastante que ver con lo que ya indicaba al hilo de los comentarios de Alfredo y Hildy: un cine sencillo y poco alquitatarado siempre soporta mejor el escarnio de los años.

¿Revenge? Me temo que no ha envejecido, sino que ya era vieja cuando se estrenó (eso sí, el que era joven era yo...).

Un fuerte abrazo y seguimos trasteando.

Marcos Callau dijo...

Apetece, apetece verla y sobretodo, adquirir conocimiento suficiente del cine según Truffaut que todavía tengo pendiente. Un abrazo Manuel y feliz semana.

Manuel Márquez Chapresto dijo...

El de Truffautt, compa Marcos, es un cine que merece, y mucho, la pena; no solo por su valores técnicos (que también), sino, sobre todo, por el sentimiento que de él se desprende.

Un fuerte abrazo y buena semana.

Sue dijo...

Me la apunto Manuel, el cine francés me seduce, en general, aunque no he seguido mucho a Truffaut.

Un saludo.

Manuel Márquez Chapresto dijo...

Si te gusta el cine francés, compa SUE, el de Truffautt es su quintaesencia; universal, sí, porque tal es su vocación (por sus temas y por el cariño con que lo trata), pero de un aroma inequívocamente galo. Aprovecha para disfrutarlo tan pronto como puedas, que no te vas a arrepentir...

Un fuerte abrazo y buen día.

David Palau Fontanet dijo...

Me encanta François Truffaut, es muy completo, he visto los 400 golpes, Besos Robados, El ultimo metro, la noche americana, cada pelicula es diferente, hace años vi la novia vestida de negro y la mujer del al lado, quiza la pelicula que me ha gustado más a sido El pequeño salvaje

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