miércoles, 22 de junio de 2011

El fin es mi principio (Das ende ist mein anfang; Alemania-Italia, 2010)


Tono intimista y primacía de la palabra sobre la acción son dos elementos que, sin duda alguna, constituyen señas de identidad especialmente relevantes de una propuesta como “El fin es mi principio”, una coproducción italo-alemana, que, bajo la batuta del director germano Jo Baier (hombre curtido, sobre todo, en tareas de realización televisiva), lleva a la pantalla grande un texto literario del periodista y escritor italiano Tiziano Terzani —hombre de fuerte personalidad y experiencia vital rica e intensa— que, como en una suerte de memoria vital, plasma en el mismo la vivencia propia de los últimos tramos de su biografía, a través de un relato de iniciación del hijo, depositario de su legado espiritual y destinado a extraer del mismo una palanca desde la cual proyectar su propio trazado. Empeño nada fácil, en la medida en que estos textos en que prima la reflexión abstracta y la introspección personal no son la materia más frecuente del relato en celuloide, y siempre es sencillo que su plasmación en imágenes derive en lo plúmbeo y aburrido.

Para conjurar tal riesgo, nada más apropiado que el contar con un intérprete solvente, alguien capaz de manejarse con monólogos frecuentes y prolongados dotando a los mismos de enjundia y sensibilidad. Y, en este caso, Baier puede presumir de haber tenido a sus órdenes a uno de los grandes. Bruno Ganz, a sus setenta años, ha adquirido ya esa dimensión que lo sitúa a la misma altura de nombres legendarios de la escena —teatral y cinematográfica— europea, como Laurence Olivier, Vittorio Gassmann o Michel Piccoli; y, después de habernos regalado un trabajo tan estremecedor como el que cuajó en “El hundimiento”, dando vida a un Hitler desatado y furibundo, se sitúa ahora en un registro totalmente antitético, para solazarse en este personaje de perfil crepuscular, al que la conciencia de su próxima muerte, lejos de hundirlo en una comprensible desesperación, le impulsa a una “transmisión” serena y luminosa. A buen seguro que, aun cuando solo fuera para disfrutar del trabajo de Ganz, ya merecerá la pena acercarse a la sala oscura donde proyecten la cinta...

* Apuntes sobre el cine que viene LXI.-

8 comentarios:

39escalones dijo...

Efectivamente, el suizo es una garantía. Incluso en un bodrio insoportable como "Sin identidad", su encarnación de un antiguo agente de la policía política comunista convertido en detective privado se come con patatas todo lo demás y obliga a pensar que su personaje bien merecía una película menos edulcorada que "La vida de los otros".
Abrazos.

Manuel Márquez Chapresto dijo...

No he visto esa peli que señalas, compa ALFREDO (y me temo que me cuidaré de hacerlo, vista la acumulación de reseñas negativas), pero, sí, ciertamente, Ganz es jugar sobre seguro. ¿No te gustó La vida de los otros? A mí me pareció una gran peli, de lo mejorcito que se ha hecho en los últimos años por tierras europeas.

Un abrazo muy fuerte y hasta pronto.

José Núñez de Cela dijo...

Evidentemente Ganz es uno de los pocos capaces de mantener en pie un proyecto así. He leido algo sobre Terzani y, la verdad, me ha llamado la atención. Espero poder ver la peli

saludos

Manuel Márquez Chapresto dijo...

Pues yo de Terzani, compa José, no había oído hablar en mi vida, antes de echarle ojo a documentación para escribir sobre esta peli. Me temo que es uno de tantos y tantos personajes interesantes que, hasta que no se ponen "bajo foco", no se llega ni a saber de su existencia. Qué se le va a hacer...

Un fuerte abrazo y seguimos trasteando.

39escalones dijo...

No es que no me gustara, pero me parece que la idea daba mucho más de sí para una historia todavía más rica y compleja, y sí hay dos detalles que no me terminan: la "rápida""conversión" del protagonista y el final "redentor" de ella. Me pareció cutre, facilón.
Por lo demás, no está mal.
Abrazos.

Manuel Márquez Chapresto dijo...

Sobre los detalles, compa ALFREDO, uno sí y otro no. En el del personaje femenino, totalmente de acuerdo: su eliminación es de un "burdo hollywoodiense" indigno del nivel de contención y buen tino de la historia. Pero creo que la conversión de él es fulminante solo en apariencia (a mí también me lo pareció así, un poco difícil de asimilar, la primera vez que la ví); creo que el gran mérito del personaje es, precisamente, que esa "conversión" ya la tenía dentro mucho antes de que se manifestara, se vino incubando a lo largo de muchos años y lo sutil es, precisamente, cómo es capaz de ocultarla tras un mecanicismo de actuación con orejeras de auténtico manual; pero, bueno, son percepciones, es una impresión, un pálpito, y también debo tener en cuenta que si he necesitado dos visionados para coscarme, pues tampoco es buen asunto...

Un abrazo y seguimos trasteando.

Josep dijo...

Apuntada queda para verla, naturalmente en v.o.s.e.

La presencia del gran Bruno siempre es un aliciente extra para cualquier película y digamos que, para los amantes de buenas actuaciones, salva una película, ni que sea por los pelos.

Un abrazo.

Manuel Márquez Chapresto dijo...

Pues ya nos contarás, compa JOSEP; siempre es preferible en V.O, cómo no, pero bien sabes que, en según qué sitios, eso es más una quimera que una posibilidad. Ojalá tengas opción...

Un abrazo y buen día.

Creative Commons License
Los textos de esta obra están bajo una licencia de Creative Commons.