viernes, 24 de junio de 2011

Confucio (China, 2010)

A LO GRANDE.-

Los grandes personajes históricos siempre han sido un magnífico pasto para el celuloide: biografía contrastada y conocida garantizan un conocimiento previo del personaje que ya encarrila el trabajo argumental y asegura que habrá una masa importante de público que, como mínimo, estará espoleada por la curiosidad de constatar con qué grado de fidelidad, audacia o respeto ha sido tratado el mismo. Que Confucio es un gran personaje histórico, no cabe ninguna duda; pero también es bien cierto que su dimensión mítica y legendaria se proyecta, especialmente, en el ámbito geográfico en que desarrolló su existencia —o sea, China—, lo cual significa que, en contrapartida, para el público occidental, el acercamiento a su figura se hace mucho más distante e ignoto. ¿Equivaldrá ello a un menor interés por un film basado en su figura? La ocasión de comprobarlo nos la dará el estreno, el próximo viernes, de “Confucio”, una grandiosa superproducción de origen chino, que ha contado con el respaldo del gobierno de ese país, y que traslada a la narración fílmica un fragmento fundamental de la vida del personaje.

A cargo del director Mei Hu (un perfecto desconocido por estos lares), y con un reparto encabezado por un intérprete que, sin que pueda llegar a considerarse una estrella conocida del gran público, sí que goza del estatus de actor bien conocido entre los más aficionados, como es Chow Yun Fat, “Confucio” nos ofrece un metraje generoso, por encima de las dos horas; un diseño de producción nada parco en espectacularidad, con profusión de secuencias en grandilocuentes planos generales dedicados a paisajes de extensión interminable, que nos pueden recordar al cine de David Lean; y un acercamiento que, por vocación comercial, debe conjugar los aspectos más enjundiosos y reflexivos de la biografía del personaje con aquellos otros elementos más fácilmente insertables en episodios de acción (en este caso, batallas de volúmenes épicos, con ejércitos integrados por miles de soldados; todo un derroche...). ¿Suficiente? La película ya ha podido ser vista en varios países (en los que ya se ha estrenado) y festivales, y la expectació que ha levantado no parece haber sido excesiva. ¿Y aquí? Lo veremos a partir del viernes.

* Apuntes sobre el cine que viene LXII.-

4 comentarios:

39escalones dijo...

Rechazo el biopic como concepto: aún tiene que ser la primera vez que un biopic termine siendo una buena película. Ni siquiera las de Jesucristo...
Cuando encima el personaje es histórico y de él o de sus obras se derivan consecuencias políticas o de interpretación histórica, a la mediocridad de la inmensa mayoría de biopics hay que añadir la tendenciosidad propagandística de la cosa. Todavía peor.
Si el biopic va de artisteo, normalmente se cae en la complacencia o en el morbo. Posiblemente sea el género más innecesario y estéril del cine.
Abrazos.

Josep dijo...

Hago mías las palabras de Alfredo, aunque suelo "picar" en esas propuestas cuando el íntérprete me interesa, y ésa será, sin duda, la ocasión...

Además, quiero comprobar cómo la industria china mimetiza lenta pero inexorable las virtudes -y defectos- de la industria estadounidense.

Ahí va un reto para concienzudos: ¿porqué la poderosa industria hindú ha sabido mantenerse al margen y la china no tanto?¿Acaso la cultura hindú es menos permeable que la oriental?

Un abrazo.

Manuel Márquez Chapresto dijo...

Estoy de acuerdo contigo, compa ALFREDO, en la poca querencia por este género, aunque, más que por motivos de tendenciosidad (que también, aunque no siempre se dé), por cuestiones técnicas: es un género en el que suele primar la pretensión "historicista" sobre la concepción dramática del producto, y eso lo suele lastrar en un altísimo porcentaje de los casos. Pero, bueno, de vez en cuando surge alguno potable...

Un abrazo y buen día.

Manuel Márquez Chapresto dijo...

Eso de las permeabilidades, compa JOSEP, no lo tengo yo nada claro. Me temo que el conocimiento que tenemos de ambas cinematografías es mínimo, en la medida en que nos llega de allí poco, muy poco, casi nada, y lo que allí se produce es de un volumen y diversidad (supongo) considerables. Lo que sí tengo claro es que son industrias cuyo mercado interno es de tal calibre que, si es cuestión de necesidad (de proyectarse hacia el exterior, de expandirse), no creo que la tengan. Pero, bueno, estoy hablando desde la más absoluta ignorancia. O sea, que mejor calladito (aunque algunos es que ni podemos, ni sabemos, ni queremos -callarnos, vaya...-).

Un abrazo y buen día.

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