martes, 8 de febrero de 2011

UNO, DOS, TRES (ONE, TWO, THREE; U.S.A., 1961)

Si, como frecuentemente decía su madre a Forrest Gump, tontos son los que dicen tonterías, habremos de convenir en que genios son los que hacen genialidades; si lo que se hace son películas, películas geniales. Ése era el caso de Billy Wilder; un hombre prolífico que dirigió numerosos films, buena parte de los cuales se puede calificar, sin temor ninguno a exagerar, de obras maestras: “Perdición”, “Testigo de cargo”, “El crepúsculo de los dioses”, “El apartamento”... “Uno, dos, tres” no alcanza, evidentemente, el excelso nivel de las cintas antes mentadas, pero no deja de ser una magnífica muestra de buen cine de humor; una comedia alocada y chispeante, repleta de momentos hilarantes y totalmente identificable con las claves básicas del cine de este gran director.

1961. Las tensiones de la Guerra Fría están empezando a tomar “velocidad de crucero”, un contexto en el cual el cine, siempre atento a recoger y llevar a la pantalla las temáticas más en sintonía con las preocupaciones globales (taquilla manda...), apunta a géneros (el terror de corte fantástico-apocalíptico, o el suspense de espionaje) lindantes con tales terrenos. Pero hace falta mucha personalidad (aún tardarían llegar los tiempos en que todo era desmitificable y sometible a ironías y sarcasmos sin dar lugar a escándalos serios) para someter esa temática a un tratamiento cómico. ¿Problema? Ninguno; si de algo andaba sobrado Wilder, además de talento fílmico, era de personalidad.

Ahí surge una propuesta como “Uno, dos, tres”; una cinta en la que, con un uso intensivo de los modos narrativos más típicos de aquella “screwball comedy” que se enseñoreara del género a finales de los treinta y principios de los cuarenta (equívocos constantes, entradas y salidas, persecuciones enloquecidas, personajes travestidos...), Wilder planta una sátira feroz de la confrontación sistémica entre capitalismo y comunismo, en lo que parece una diatriba feroz contra este último (en su apariencia más superficial), pero que no deja mucho mejor parado a su “íntimo enemigo”.

Para ello, y basándose en un texto de Ferenc Molnár, sitúa su trama en Berlín-Oeste, o, para ser más exactos, en la delegación de la Coca-Cola en esa ciudad, junto a la Puerta de Brandenburgo; un terreno fronterizo desde el que el protagonista, el “eterno aspirante” C.R.  McNamara, (un trotamundos que sueña con alcanzar la jefatura de operaciones para Europa, ubicada en Londres), encarnado por un desbordante —y magnífico— James Cagney, pretende conquistar toda la Europa del Este, empezando por la cabeza del imperio, la Unión Soviética, cuyos representantes (tres fatuos y torpes personajes, que nos hacen recordar, de manera casi automática, a los legendarios acompañantes de la simpar Ninotchka...) entablan negociaciones con el ambicioso McNamara.

Desde el principio, ya se puede apreciar que la acumulación de elementos icónicos de uno y otro régimen resulta abrumadora, pero aún no sabemos (aunque ya se puede sospechar) que Wilder va a someter a los mismos a una sucesión de avatares que se irán encadenando a un ritmo frenético, sobre todo a partir de la introducción de dos nuevos personajes centrales —la descocada hija del jefe, Scarlett, caprichosa y con la cabeza tan llena de pájaros como de aire; y el ultrarrevolucionario Piffl, un ingenuo muchacho con el cerebro centrifugado por la propaganda marxista más extrema—, que terminarán constituyendo la representación (bufonesca y deformada hasta la caricatura, eso sí) de los dos regímenes, a la par que ejes centrales de la historia (desde el punto de vista personal), como los dos vértices equidistantes de ese triángulo en cuyo centro se sitúa el acelerado McNamara, sobre todo en ese impresionante rush final, en el que el reloj va apremiando a un desenlace basado en una “conversión” cargada de simbolismo.

Al fondo de toda la acción, cómo no, la ácida mirada de Wilder, que, pespunteando su guión de apuntes afilados y mordaces, brinda un retrato de las ortodoxias de ambos regímenes que se puede calificar de cualquier manera menos de complaciente. Porque si ruines, torpes y rígidos son los exponentes del bloque marxista (los representantes comerciales soviéticos, los guardias y militares germano-orientales o el pánfilo y exaltado Piffl...), no salen mucho mejor librados los representantes del capitalismo más puro (desde esos alemanes incapaces de liberarse del yugo a que ellos mismos se someten hasta esos “usamericanos” que, bajo el manto de la eficiencia y la rentabilidad, también convierten la mentira sistemática —McNamara engaña a su mujer con su secretaria, y lo hace con la misma naturalidad con que respira— o el peloteo más abyecto —es con su servilismo, y no con las bondades de su gestión, con lo que McNamara pretende conseguir su ansiado puesto en Inglaterra...— en señas de identidad). O sea, cera para todos.

Si “Uno, dos, tres” no llega a alcanzar la redondez que sí presentan otras obras de Wilder, se debe —al menos, en la humilde opinión del que esto firma— a la exageración en que incurre el dibujo (y el desempeño) de los personajes de Scarlett y Piffl, en los que lo caricaturesco roza, con demasiada frecuencia, lo pueril —algo a lo que lo excesos, sobre todo gestuales (y especialmente, por parte de Horst Buchholz), contribuyen en demasía—; o a la excesiva insistencia en determinados gags (sobre todo, los que atañen a la caracterización del alemán como un ser cuadriculado y carente de iniciativa), que terminan resultando algo repetitivos. La misoginia wilderiana, volcada especialmente, con toda su carga vitriólica, en el personaje de la señorita Ingeborg, ese demonio con curvas que, entre otras cosas, atiende a las funciones de secretaria de McNamara, la imputaremos en el debe del “contexto temporal y sociológico” (pero ahí está, desde luego que sí...).

Pero es lo que tienen los genios: cuando brillan, entregan muestras sublimes de lo mejor que puede ofrecer el séptimo arte; y cuando no lo hacen, o no, al menos, en el grado alcanzado por su mejor versión (ya saben, nadie es perfecto...), son capaces de hacer películas a cuyo nivel jamás llegarían cineastas menos dotados. No son muchos los que podrían hacer una comedia como “Uno, dos, tres”. ¿El secreto? Como el de la Coca-Cola, complicado de escrutar...

* APUNTE DEL DÍA: Prescripción facultativa: el blog de Tomás Fernández Valentí. Un crítico al que sigo desde hace años, a través de sus reseñas en Dirigido por..., y que es la demostración palpable de lo mucho y bueno que se puede escribir sobre cine, con un gran nivel de conocimiento y de transmisión, sin necesidad de hacerlo de forma ininteligible, o sólo al alcance de semiólogos y similares...
* 50 Aniversario I.-

24 comentarios:

39escalones dijo...

El toque Pepsi del final es puramente magistral. No estoy, en cambio, de acuerdo con la etiqueta de misoginia que le cuelgas a Wilder. Como gran cineasta sobre el mundo de las apariencias e hipocresías, incluye entre sus objetivos a la mujer que usa de ellas, como a cualquier otro personaje, ya sean mujeres que las utilizan motu proprio o que lo hacen arrastradas por las circunstancias. Pero pocas veces ha sido tan sensible, delicado y sutil como con sus mujeres en la pantalla.
Del blog que recomiendas, espléndido, he de decir, he leído el artículo sobre "Más allá de la vida". No comparto buena parte de lo que dice, pero es un trabajo excepcional.
Abrazos.

David dijo...

Manu...pero yo es que la veo más bien como un gran tebeo de Mortadelo y Filemón. O esos como una puesta en viñetas de Uno, dos, tres.
Es decir, que los excesos gestuales de Buchholz me parece que no desentonan (van con el resto de la peli). Una peli divertidísima, apunto...con la que siempre me he reído. Y es que tiene cada cosa. Cada vez que se cuadra el secretario con el golpeteo de tacones (jajaja). Y lo de En pie! Siéntense!
Un saludo.

Kinezoe dijo...

Grandísima película. Baja un poco de nivel respecto a sus predecesoras (y es que Wilder venía de encadenar tres obras maestras como la copa de un pino), pero muy ingeniosa y divertida. Buen análisis, Manuel. Echaremos un vistazo al blog de Tomás Fernández. Gracias por la recomendación.

Un fuerte abrazo y buena semana, amigo.

José Núñez de Cela dijo...

Sin Trueba mediante, Wilder siempre fue de mis favoritos (creo que podría asistir a una sesión conínua en la que alternaran todas sus películas, intercaladas con las de Lubitsh)

Abrazos.

ANRO dijo...

Divertidísima y genial. Se puede apuntar "Uno, dos, tres" entre lo más granado del maestro austríaco. Los personajes secundarios, tales como el ejecutivo "hitleriano" y la secretaria, son impagables.
Una peli que hay que ver por necesidad.
Un abrazote.

Kaplan dijo...

A mí me parece mejor cada vez que la veo. Los personajes de McNamara y de Schlemmer (el de los taconazos) son para enmarcar. Sólo me chirría un poco cada vez que aparece la esposa, no veo que encaje mucho en la peli.

Titajú dijo...

¿Que no alcanza, dices? Yo creo que supera, y con creces a todas las anteriores.
Mientras el apartamento me dejó indiferente, "uno, dos, Tres" me hace reír cada vez que la veo.
Me encanta la esposa, Phyllis; la niñata norteamericana rica, y sobre todo, el novio comunista.
Por no hablar de los tres altos cargos que quieren hacer negocio.
Un peliculón.

babel dijo...

Esta es una de las que no he visto de Wilder y fíjate por donde parece que en la última semana todo son señales hacia ella. Tuve en la mano en la fnac un dvd que estuve a punto de llevarme (pero no), la han programado en la filmo de mi ciudad y tengo oportunidad (si puedo) de verla en pantalla grande, y ahora tu excelente reseña. Y solo estamos a martes! Esta vez parece que no quiere escaparse...

Un saludo.

Marcos Callau dijo...

Ah, Manuel, cuántas veces me la han recomendado (entre otros, el señor 39 muy encarecidamente). Todavía no la he visto pero he de ponerle remedio. Abrazos.

Eowyn dijo...

Me la apunto. Gracias por la reseña.
¿Sabes lo que echo de menos en este estupendo blog que tienes? Un apartado sobre cone infantil. Que al fin y al cabo eres padre de un usuario, y una buena peli es una buena peli esté dirigida a niños o a adultos...si lo haces prometo fundarte un club de fans y erigirme presidenta.

Jesús Angel Ortega dijo...

Qué tal manuel, cuanto tiempo.

Adjunto enlace a un artículo que escribí hace tiempo sobre esta magnífica comedia, y que contiene una buena colección de carteles de la misma (de varios paises) y también algunos afiches.

Me encanta esta película.

Saludos desde Berlin Oriental y ¡¡Viva la KremlinCola!!.

http://jesusangelortega.wordpress.com/2009/03/23/one-two-three/

Eowyn dijo...

Ejem...quise decir sobre cine, no sobre "cone" ( a veces creo que mi teclado está poseído...)

Manuel Márquez Chapresto dijo...

Bueno, compa ALFREDO, ese "final Pepsi" ni lo he mencionado -tentado estuve de ello hasta el último momento, pero no supe cómo encajarlo en el cierre-, pero coincido contigo en que es una pasada, algo casi a la altura del mítico "nobody's perfect". Con respecto a lo de la misoginia, ya ves que yo mismo apuntaba que quizá sea algo más del tiempo, de la época, que de la mirada de Wilder, en la que no era, quizá, algo "específico", sino un puntal más de su veneno "general"; en todo caso, los tres personajes femeninos responden a tres arquetipos (la secretaria "buena" y complaciente con el jefe; la esposa sumisa, cornuda consentida a cambio de una vida regalada; y la niñata ricachona y caprichosa) que no corresponden a la figura más progresista (con todas las comillas que se le quieran poner) de la mujer. Pero, en fin, son percepciones. Me alegro, por último, que coincidamos en apreciaciones sobre el blog de TFV, una maravilla.

Compa DAVID, posiblemente vista desde ese perspectiva "tebeística" (muy apropiada en tu caso, por cierto...), sí que encajen mucho mejor esos detalles que a mí (bastante menos "tebeista", me temo, y no porque no me guste...) me chirrían un poco. Eso sí, el trabajo de Buchholz, incluso visto así, me sigue pareciendo pasado de vueltas. Y, eso sí, reírme, sí que me río con la peli, te lo puedo asegurar. Además de que, malgré tout, es bastante buena; montones de directores con fimografía amplia suspirarían por tener una sola que llegara a su altura.

Un fuerte abrazo a los dos, gracias por vuestros comentarios y seguimos trasteando.

Manuel Márquez Chapresto dijo...

Muchas gracias, compa KINEZOE, por pasarte y comentar: veo que coincidimos en cuanto a esa apreciación de esa "ligera bajada de nivel" de esta respecto a sus precedentes. Claro, que eso, dicho de una peli de Wilder, puede significar, perfectamente, que seguimos hablando de una excelente película, aunque no llegue a lo sublime. En cuanto al blog de TFV, ten por seguro que te va a encantar, ya nos contarás...

Compa JOSÉ, esa propuesta que planteas (una sesión continua e ininterrumpida de las filmografías, completas e intercaladas, de Wilder y Lubitsch) te la compro sin regatear un céntimo de euro. Eso sí, me temo que requiere de un tiempo que, hasta dentro de mucho ídem, no voy a tener disponible. En fin...

Un fuerte abrazo a los dos, gracias por comentar y seguimos trasteando.

Manuel Márquez Chapresto dijo...

No sé si por necesidad, compa ANTONIO, pero sí que está claro que el que la vea, tiene la diversión garantizada. Muy interesante, por cierto, tu apunte sobre esos dos secundarios tan "granados" y "nutritivos": intervenciones siempre hilarantes y demostración de un cuidado por los detalles de guión extraordinario.

Compa KAPLAN, me alegro de que a tí también te guste, y mucho. A mí no me chirría tanto el personaje de la esposa: es un contrapunto interesante (con esa tranquilidad, rayana en la estolidez) al frenesí que, en todo momento (y más aún, al final) se vive en el despacho de su esposo; y la interpretación que de ella hace su actriz, Arlene Francis, magnífica. Pero, en fin, es cuestión del humor y el cómo te toque la tripa: a cada cual de muy particular forma.

Un fuerte abrazo para los dos, gracias por vuestros comentarios y seguimos trasteando.

Manuel Márquez Chapresto dijo...

Compa TITAJU, volvemos a lo que le indicaba a Kaplan: lo intransferiblemente personal que es la percepción del humor. A mí me gusta mucho más El apartamento, pero no porque ésta no me parezca, como tú bien apuntas, un peliculón, sino porque El apartamento (a la que, por otro lado, calificar de comedia también tiene su cosa -harto discutible...-) es una de mis pelis de culto, una obra maestra difícil de superar. Pero, en fin, cada cual elabora su ranking según sus muy particulares querencias y sensaciones, eso por descontado...

Compa BABEL, gracias por tus amables palabras hacia mi reseña, me temo que inmerecidas... Pues sí, parece que hay una auténtica confabulacion astral para que le termines hincando al diente a esta excelente pieza: ya te puedo asegurar que no te vas a arrepentir de dejarte llevar por los hados, el disfrute está asegurado...

Un fuerte abrazo para las dos, gracias por vuestros comentarios y seguimos trasteando.

Superwoman dijo...

Maravilloso film, me lo descubrio mi Superpadre la primera vez que me vine para Berlin y todavia cuando quiero acelerarme un poco me acuerdo de Cagney lanzando el famoso grito de guerra: "un,dos, tres"...
Me recuerdas que tengo que buscarla y ponersela a SM
Un supersaludo

GCPG dijo...

Me encanta esta peli. ¿Dura diez minutos? Wilder imprime en esta cinta tanta velocidad que se me pasó volando. Suele ser maestro en casi todo, y del ritmo no digamos. Pero, amigo Manuel, aquí no para...

Personalmente, no la pongo debajo de ninguna otra. El apartamento, indudablemente, tiene esa categoría "de culto" que la hace especial. Por lo que la comparativa está de más.

Y James Cagney, un actorazo como la copa de un pino, y no suficientemente valorado, me parece.

Saludos, amigo Manuel

Manuel Márquez Chapresto dijo...

Compa MARCOS, que te sea frecuentemente recomendada (y, además, con avales tan extraordinarios como los del compa Alfredo...) no es de extrañar: es que lo merece. Así que ya sabes, blanco y en botella...

Compa EOWYN, ya me había extrañado algo lo del "cone", pero, tras un ratito exprimiendo neurona, me lo había imaginado. Esa idea (excelente, por cierto) que propones, ya la he barajado en alguna que otra ocasión, pero estamos en lo de siempre, en el poco tiempo disponible. Si tardo tres días en contestar vuestros comentarios, coj... (cosa que, por cierto, lamento enormemente, no me gusta demorarme en tanto). En fin...

Un fuerte abrazo a los dos, gracias por vuestros comentarios y seguimos trasteando.

Josep dijo...

Esta es quizá una de las películas de Wilder que guardo en la recámara para los momentos realmente duros, ya que te hace pasar esos diez minutos que según Gourmet comprende el metraje realmente bien: los aciertos se acumulan uno tras otro a una velocidad de vértigo, los diálogos son una metralleta que arrasa con todo a derecha e izquierda con una mala leche impresionante hoy e increíble para su época, y la forma de rodar del amigo Billy es magistral.

Esos tres rusos son claro homenaje a Lubitsch y recuerdo de la participación del propio Wilder como guionista en Ninotchka y desde luego no creo que ni Wilder pueda ser tildado de misógino al ofrecer a la curvilínea secretaria las líneas y miradas que le da ni que tampoco el carácter caricaturesco de la niñata pija y el no menos pijo-progre de su novio sean un exceso: más bien una ácida mirada de Wilder sobre la generación que se le venía encima: ¿no acaba el pijo-progre quitándole el puesto? Pues eso...

Un abrazo.

Manuel Márquez Chapresto dijo...

Compa JESÚS ÁNGEL, sí que es verdad que ha pasado tiempo; en todo caso, una gran alegría verte trasteando por aquí... Tengo que pasar por tu cibercasa, no sólo a ver esa magnífica coleccion de carteles que reseñas, sino para ponerme al día con esas entregas fascinantes a que nos tienes acostumbrados. Por allí andaremos, tenlo por seguro...

A tí, compa SUPERWOMAN, la peli te trae vínculos "adicionales", está claro. Y sí, si se la pones a SM, tengo por seguro que no le va a desagradar el "regalo": una de esas pelis que te levantan el ánimo, sin duda alguna.

Un fuerte abrazo a los dos, gracias por pasar y comentar y buen fin de semana.

Manuel Márquez Chapresto dijo...

Excelente apunte, compa CGPG, el relativo al ritmo espídico con que se desarrolla la acción de la peli, todo un frenesí -pero que, y ahí está la maestría, nunca resulta sobreacelerado-. La comparación con El apartamento, aun teniendo en cuenta que son pelis de perfiles y tonos claramente diferenciados (aunque compartan el fondo vitriólico de Wilder), me temo que es inevitable; al fin y al cabo, son dos films que siguen uno al otro en la filmografía de Wilder, con lo cual, aun cuando sólo sea por proximidad temporal, es habitual que se "asocien". Y Cagney, sí, verdaderamente genial; un "jefe de pista" de altísimo nivel...

Compa JOSEP, la verdad es que no tengo vergüenza (y ya te podrás imaginar por qué): ni siquiera la mínima cortesía de pasar por tu "cibercasa" a felicitarte por tu cumpleaños. En fin... Sí que tienes razón en que esta es de esas pelis especialmente adecuadas para levantarte el ánimo; y sobre la misoginia, debo reiterar que quizá no es algo específico e intencionado, que corresponda a una visión personal de Lubitsch, pero es que los dibujos de los personajes de ellas son los que son. Satirizados, sí, pero...

Un fuerte abrazo a los dos, gracias por comentar y que tengais muy buen fin de semana.

Isabel Romana dijo...

Querido amigo, para la novela de la fundación de Roma, el proyecto en el que ahora estamos embarcados con tanta ilusión, he pensado que tu papel podría ser el del dios FAUNO, una deidad antiquísima a la que veneraban los pastores del Lacio. Espero que te guste. Un abrazo.

Manuel Márquez Chapresto dijo...

Perdona, compa Isabel, se me había "cibertraspapelado" tu comentario. El Dios Fauno; pues sí que me gusta, vaya. Me lo quedo. Muchas gracias por el regalito, intentaré hacer méritos para ostentarlo con dignidad...

Un fuerte abrazo y buena semana.

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