miércoles, 19 de enero de 2011

Radio (perdoná si al evocarte, se me pianta un lagrimón...)

Ése que ven ahí arriba, en la imagen, es un viejo aparato de radio Philips (creo que, a estas alturas de la película, a una marca tan icónica como ésa, mencionarla no le hace publicidad, sino justicia...) que me acompaña desde el ya algo lejano año de gracia de 1993, en que, de viaje con mi mujer por tierras del norte, y alojado en un hotel bastante modesto, lo adquirimos en Santander, en una pequeña tienda de electricidad cuyo nombre y ubicación sería incapaz de recordar ahora, con objeto de que hiciera lo que, desde entonces, viene haciendo con admirable constancia y sin el más mínimo fallo (además de con una calidad de recepción de señal y de sonido difíciles de creer en un aparato de sus características, alejadas de las virguerías digitales que hoy adornan hasta al más humilde de los ingenios audiovisuales que pueblan cualquier hogar): acompañarme en mis quehaceres diarios, como un fondo balsámico y tranquilizador de sonidos familiares, ya sean de palabras o de músicas. Desde hace bastante tiempo —no podría precisar cuánto—, reside en mi despacho del trabajo y la aguja del dial permanece anclada en la sintonía de la cadena SER; pero esto solo ha sido el final de un largo y variado periplo, tanto de ubicaciones físicas materiales como de localizaciones en las ondas hertzianas.

Hace solo unos días, leía en El País Semanal un reportaje sobre los motivos (confesos; quién sabe si, además, certeros, o reales...) de cincuenta prestigiosos escritores para su dedicación a la escritura. El abanico es, como cabe imaginar, bastante variado; pero llama la atención la recurrencia e insistencia en un argumento, el de la ineludibilidad, que, por lo demás, siempre ha sido muy socorrido a la hora de abordar estas cuestiones. Algo parecido me sucede a mí con la radio. Nunca me paré a calcular cuántas horas, al cabo del día, la tengo como telón de fondo, como eso que, en plan cursilón (y tan manido en publicidades al uso), se podría llamar “banda sonora de mi vida”. Pero les puedo asegurar que son muchas; en cualquier caso, y en términos relativos, bastantes más de las que paso sin ella. No siempre, como bien se puede suponer, prestándole la mínima atención que me permita enterarme con detalle de lo que se emite; pero no por ello tan despistado como para no prestarla cuando algo me sorprende y me pone, cual liebre recelosa de la cercanía del galgo, con las orejas alzas.

Ya me consta que no se trata de ninguna experiencia extraordinaria, ni anómala: es una vivencia que comparto con millones de congéneres, igualmente subyugados por la magia que conlleva, para los legos en los arcanos de la ciencia, que de un objeto inanimado puedan emanar voces y armonías. Pero como toda circunstancia común y cotidiana, cada cual vive la suya propia y la vive de su peculiar e intransferible manera: contarla, como hago yo ahora, no se trata sino de una burda y torpe manera de intentar transmitirla, con resultado, como mínimo, incierto; porque, aunque el sonido se exterioriza y su percepción física es abierta (de manera que se puede compartir), el sentimiento que genera se recluye en los recovecos de nuestro cerebro, y ahí se queda. Yo sólo puedo asegurarles, amigos lectores, que, sin la radio de fondo, siento que me falta algo importante; no necesario, pero sí placentero y aportador de un sentido de la calma y del orden del mundo que me asienta y me estabiliza (aunque lo que el locutor esté contando sea una tragedia en cualquier rincón del mundo).

Ése es el motivo por el que en mi vivienda, como ya pueden imaginar, si hay algo que no falta en número generoso, son aparatos de radio —incluyendo en el cómputo al ordenador, convertido habitualmente en un sintonizador más, dando fondo al “cibertrasteo” del que esta reseña es sólo un ejercicio puntual más...—. Pero ninguno tan antiguo y afinado como el que ilustra esta reseña, y al que hoy, con estas líneas, quiero rendir el homenaje que ya se iba mereciendo. Muchas gracias, amigo...

APUNTE DEL DÍA: el trabajo me atosiga. Pero mejor así, mejor...
* Mi Buenos Aires querido XVIII.-
 

15 comentarios:

R.Holiday dijo...

Qué entrañable escrito y qué de recuerdos evoca...
Desde la cocina de mi abuela,con la sintonía de radio nacional y la voz-creo- de Matías Prats padre...
desde la cocina de mi madre,donde nunca falla además curiosamente en un aparato tan longevo como el tuyo,y ,por supuesto,en mi casa,tan pronto com o vuelvo del cole,por la mañana (y tb en radio nacional) es la sintonía que escucho,me siento tan acompañada que cuando no la pongo me falta algo.

Por cierto,que en el post que he escrito te hago una pequeña alusión dando por hecho que conoces cierta peli...espero no haber metido la pata.
:)
Un abrazo.

Eowyn dijo...

Todos tenemos algún recuerdo adherido a un aparato de radio. El mio es tan potente que se parece al causa-efecto del perro de Paulov: cuando oigo un partido de futbol retrasmitido vuelvo a tener 10 años, es Domingo por la tarde y mi padre ojea la quiniela con mirada ávida o resignada según el caso...

Manuel Márquez Chapresto dijo...

Muchas gracias, compa ROSE: de eso se trataba, de evocar. No sé si ahora, con tanto "internés", se oirá tanta radio como oímos nosotros antaño, en nuestras casas, como tú bien apuntas -con esos vínculos familiares a los que siempre, también, es inevitable asociarla-, pero yo no sé concebir mis espacios íntimos sin el sonido de la radio al fondo (al menos, durante mucho tiempo seguido). Paso por tu casa a verificar las alusiones (pero ya te aseguro que la pata no la has metido, en ninguna circunstancia: inlcuso aunque no conozca la peli en cuestión, vaya...).

Un fuerte abrazo y seguimos trasteando.

Titajú dijo...

En el título de tu post me traes recuerdos de la infancia: en mi casa no se escuchaba la radio, pero sí discos.
Carlos Gardel forma parte de mi vida, y a mi me encanta la vida de barrio: "barrio plateado por la luna, rumores de milonga es toda tu fortunaaaaa"
El tocadiscos era Grundig... y aun funciona. Lo compró mi padre en su primer viaje de marino; tenía 24 años. Ahora tiene 85.
Así que sí, al evocarte, también se me vierte un lagrimón.
Sigue currando, que no te falte.

Andrea Cherry dijo...

Está entrada me trae recuerdos y no sólo recuerdos sino que me hace tomar en cuenta que aún está en casa aquella radio Sony que compró mi padre con uno de sus primeros sueldos y que lo a acompañado a él y a mí desde que tengo recuerdo hasta ahora, sigue ahí permitiendo que pueda escuchar música cuando me meto en la cocina a hacer malabares, a la vez que probar alguno de esos cassettes olvidados y prehistóricos que me traen muchos recuerdos de la infancia...las cosas no serían igual si algún día faltara.
Abrazos

39escalones dijo...

Compartimos experiencia; sin embargo, el abuso del fútbol y de la política que hace la SER me han hecho dedicar casi todas mis horas de radio diarias de antaño también al cine.
Por otro lado, no sé qué tendrá Philips, pero mi madre tiene un aparato de radio-tocadiscos que mi padre le trajo de Suiza en 1963, y funciona de maravilla. Sin embargo, yo tuve una tele Philips que era una birria y no duró ni cuatro años...
Abrazos.

LAPOR dijo...

hola Manuel!!! Qué entrañable.toda esa memorabilia de los objetos a los que uno se siente sentimentalmente vinculado, un valor casi de compañeros de viaje. Yo tengo una radio en casa tmb, que aunque aun no llevo mucho tiempo con ella tiene ese aire vintage que adoro (con forma de juke box, rojo es alet, auenu s nota que es nueva, una preciosiodad..) De radio coo eteond eofno por dartte l e`coiad o mi eperjcad decir u me pasñoe enclaustrada en una oficina demasiadas horas en una tarea mil veces menos creativa de lo que debería estar haciendo y que.. (la radio) me da la vida!!! Que la mía de referencia y la que nunca he movido del dial digital es Radio 3 y que te recomiendo, encarecidamente, que "traiciones" apenas por una hora a tu Ser para dar la oportunidad a un programa genial que se emite de L a V de 14 a 15h: "Carne cruda": creo que te va a encantar. dice verdades como puños y es de lo más variado, lleno de humor,
un abrazo

*por cierto, qué enternecedor que tu hijo tenga un blog!!!! me ha llegado al coraçao..

LAPOR dijo...

ah, y muy bueno el título del post, precisamente muy de radionovela..

Josep dijo...

Cuídala, Manuel, esa "arradio" tuya, porque pillar un aparato que funcione tantos años es garantía casi que ilimitada: el que sale bueno, sale bueno.

Desde hace un tiempo soy más de radio que de tele, pero no me acostumbro a trabajar ni a escribir con música de fondo; eso sí: en mis paseos diarios, la radio es esencial, sobre todo por las mañanas, para estar un poquito al día.

un abrazo.

Marcos Callau dijo...

Merecen sin duda un homenaje estos objetos imprescindibles de nuestras vidas, compa Manuel. Yo recuerdo, cuando era más chaval, que si no escuchaba la radio al acostarme no conseguía dormir bien y después en clase, por la mañana, daba cabezadas. Llegué a ser un enfermo del aparato radiofónico. Escuchaba la SER. concretamente "El larguero" y el programa de toros que había después, aunque este último solo valiera para que me durmiera más pronto. Un abrazo.

Manuel Márquez Chapresto dijo...

Compa EOWYN, cómo me ha gustado la evocación de la figura de tu padre en las tardes de domingo; no me remite a la del mío (que nunca fue muy furgolero...), sino a mí mismo, que sí que empecé, desde bastante pequeño, a aficionarme al furgol radiofónico de los domingos por la tarde. Una forma de quitarle algo de opresión a esas tardes tan depres...

En mi casa, compa TITAJÚ, en cambio, casi nunca hubo discos (había un tocata de esos "de mueble", encastrado en una mesita, pero muy pocos discos, que se ponían muy poco). Sólo a partir de la adolescencia (la mía), lo de los discos comenzó a ser una auténtica locura (guardo, y presumo de ella todo lo que puedo, una buena colección de vinilos...). Y el tango, ay, el tango; eso lo dejaremos para otro día.

Gracias a las dos por vuestros comentarios, un fuerte abrazo y buen fin de semana.

Manuel Márquez Chapresto dijo...

Compa ANDREA, una radio Sony; está claro que, en cuanto a marca, no le va a la zaga a la que protagoniza mi articulillo. Y si encima tenía cassette, como era casi obligado en su momento, ya ni te cuento. Hace siglos que no oigo uno, por cierto...

Bueno, compa ALFREDO, lo del abuso del furgol y la política por parte de la SER es algo que malamente te puedo rebatir. Supongo que si se tira de mera estadística, las cifras así lo deben corroborar, sin duda alguna. En cuanto a ese aparato que mencionas, del 63, su longevidad es asombrosa, pero tampoco creas; es que antaño los cacharros se hacían para que duraran, no para lo contrario (emitió la 2 de TVE hace un par de semanas un documental sobre la obsolescencia programada verdaderamente alucinante: nos "enrean" como a... -no sé qué decir, antes se decía chinos, pero visto lo visto, casi mejor no molestar a los nuevos dueños del cortijo...-).

Un abrazo muy fuerte para los dos, gracias por vuestros comentarios y buen fin de semana.

Manuel Márquez Chapresto dijo...

Muchas gracias, compa LAPOR, por tu comentario: extenso, jugoso, nutritivo; muy bien, vaya que sí. Radio vintage, buf, no sé, a mí me gustan los modelos convencionales y sin mucha alharaca estética; eso sí, que sintonicen fino y nítido. Radio 3; no te creas que la ignoro ni la dejo atrás. La he escuchado en vivo y en directo durante muchísimo tiempo, me descargo ahora buena parte de su programación vía podcast (el programa ese que apuntas, no, ya le echaré una "oídilla"...) y hasta le tengo dedicada una reseña en el blog, que puedes localizar sin problema alguno con el buscador. Lo del blog fue una ventolera que le dio un día; francamente, lo actualiza bastante poco (menos aún que el padre, que ya es decir). Y gracias por el piropo al título: el tango, siempre tan socorrido...

La radio, compa JOSEP, no puedo decir que la cuide, pero tampoco la maltrato. Me limito a, prácticamente, no tocarla, y, por ahora, parece que responde bien al tratamiento. Lo de trabajar con ella; bueno, depende, cuando tengo mucho lío pues no puede ser, claro (ahora llevo unos días que ni la he visto siquiera: reuniones, viajes, la vorágine; en fin, esto es como lo de los goleadores del furgol: cuestión de rachas...).

Lo de usar la radio para dormir, compa MARCOS, también es de manual, y también me pasa a mí. Antes (cuando era peque, empecé a oírla, camuflada bajo la almohada, a los once años, más o menos...) y ahora. Eso sí, yo, al que oía, era al Butanito, a José María García: cosas de la "viejunez" esta que me va aquejando ya...

Un abrazo muy fuerte para los tres, muchas gracias por vuestros comentarios y buen fin de semana.

José Núñez de Cela dijo...

Hay "aparatos" a lo que apreciamos más que a algunas personas. Como tantos, tengo en mi memoria sensaciones que es imposible disociar de su acompañamiento radiofónico. Sin duda el medio de comunicación más longevo, el que más ayuda y acompaña y el que atesora aún, un futuro.

Saludos

Manuel Márquez Chapresto dijo...

No sé si más que a algunas personas, compa JOSÉ, pero, desde luego, sí que se les coge cariño, sí. Y me alegro de que tú también, al igual que yo, le veas futuro a un medio al que no todo el mundo se lo ve (otro tema será en qué soporte y en qué formatos, pero eso forma parte del cambio continuo que es la vida, claro...).

Un fuerte abrazo, gracias por comentar y seguimos trasteando.

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