martes, 28 de septiembre de 2010

Hazlas tú, que yo las veo


A diferencia de lo que es sagrada pauta en esta mi cibercasa, donde todos los comentarios (excepto los anónimos y los meramente propagandísticos -que, además, son borrados-) son siempre respondidos (tarde y mal, eso sí), no tengo la costumbre de hacer lo mismo con los comentarios que llegan a los artículos que publico en los blogs de La Butaca; es más, en muchas ocasiones, y en contra de lo que comúnmente se suele aconsejar al respecto, ni siquiera tengo la curiosidad de leerlos. Pero, en estos últimos día, me dio la “ventolera” de hacerlo, y, creanme, amigos lectores, la experiencia no tiene nada que ver con la que se vive por aquí. Hay comentarios amables y respetuosos, en los que el lector comentarista expresa, con más o menos detalle, su acuerdo o discrepancia con las tesis del autor de la reseña; pero son franca minoría. Abunda más “lo otro”.

¿Y qué es “lo otro”? Pues sí, efectivamente, “lo otro” es aquello que yo pensaba confinado a las secciones de comentarios de las versiones digitales de los medios, y que es esa algarabía agria y cargada de mala baba, que perpreta gente que no parece tener ocupación que más gustito le dé, que la de escupir su bilis y su “mala follá” contra todo lo que se menea (eso sí, convenientemente parapetados, en la mayoría de los casos, tras el anonimato o, a lo sumo, en algún alias despistante...). Como soy de natural optimista, procuro ver el lado positivo de la cuestión: cabe presumir que si esa gente descarga en tan inocua actividad todo su potencial “maligno”, nada les ha de quedar para despachar en su vida ordinaria. Mejor para todos...

Entre las últimas lindezas que en ese maremagnum de dislates he podido “pescar”, había una en la que se nos acusaba a todos los críticos de La Butaca (así, a saco, en plan fusilamiento colectivo; supongo que con la sana intención de ahorrar munición, que aprieta la crisis...) de ser un hatajo de frustrados que, incapaces de hacer esas películas a las que dedicamos nuestras torpes letras, nos dedicamos a destriparlas con envidia y resentimiento. Más allá del tópico (que, parece ser, compartimos con los árbitros de “furgol”...), y de aquello de la viga en el ojo propio y la paja en el ajeno (que desconozco si es ése, o no, el caso...), el comentario me incitó a pensar. Algo es algo...

¿Que ha habido cineastas frustrados que se han dedicado a la crítica? Supongo que sí, cómo negarlo; tema diferente es que los afectados vayan a reconocerlo, no es fácil —de ser ese mi caso, les puedo asegurar que a mí me costaría...—. Por lo demás, directores hay (Daniel Monzón, por ejemplo) y ha habido (Truffautt, entre lo más celebrados) que ejercieron la crítica cinematográfica antes de ponerse detrás de las cámaras; al fin y a la postre, estamos ante dos actividades (la crítica y la dirección) que, aun siendo sustancialmente tan diferentes, trabajan con el mismo material, las pelis. Pero les puedo asegurar que no todo el que escribe sobre cine tiene la intención o la aspiración de hacer películas; y no les hablo por referencias ajenas, es mi propio caso.

No tengo ni el conocimiento, ni el talento, ni el ímpetu que se requieren para hacer una pelicula. La primera de las carencias es solucionable a través de algo tan elemental como la formación; pero las dos siguientes ya son harina de otra costal. Y sin esos dos elementos, ímpetu y talento, es difícil que se puede hacer una película no ya buena, sino mínimamente potable. Además, y esto es lo más importante, no me apetece hacerla. No quiero hacerla. ¿Conclusión? Blanco y en botella. Aun cuando, como bien apunta el refrán, jamás se debe decir “de este agua, no beberé” (que nunca se sabe...), no me veo yo haciendo una película. Además, ¿quién dijo que por gustarte el vino tengas que querer ser el dueño de una bodega? Pues eso...

* APUNTE DEL DÍA: este fin de semana, y ya que no pudieron ser ni "Carancho" ni "Elisa K.", que eran las opciones de cartelera que más me llamaban la atención, tocó "Astro Boy". Y no me arrepiento; un entretenimiento linfantil y ligero. La crítica para La Butaca, en este enlace.

* Metablog XXXIII.-


miércoles, 22 de septiembre de 2010

Carancho (Argentina, Francia y Chile; 2010)

La “cosecha donostiarra” empieza a dar sus primeros frutos, y cuando aún no se han cerrado sus diferentes secciones, ya hay películas proyectadas en las mismas que empiezan a llegar a las pantallas comerciales. Es el caso de “Carancho”, último film del director argentino Pablo Trapero, que, como miembro del jurado de la Sección Oficial, no ha podido presentar (por obvios motivos) su film en dicho apartado, pero sí en la no menos prestigiosa e interesante Zabaltegi-Perlas de otros festivales. Y que, además, se trata de una cinta que, habiéndose estrenado en su país de origen hace ya algunos meses, viene acompañada de referencias críticas más que estimables. Si a todo ello le sumamos la presencia, al frente de su reparto, de un hombre que se ha ganado, a lo largo de los últimos años, un prestigio y una popularidad más que estimables en nuestro país, como es Ricardo Darín, ya deberíamos tener ingredientes más que sobrados para augurar una buena marcha a este film argentino. Pero (y es que siempre hay un pero —e incluso más de uno...—) no todo son perspectivas bondadosas en la carrera comercial que ahora emprende esta película.

La trayectoria de Pablo Trapero nos muestra que su cine, centrado más en la denuncia social y en la inducción a la reflexión sobre temas de calado colectivo que en las historias de corte dramático más convencional, siempre ha tenido una excelente acogida en festivales y entre la crítica, pero tales “bondades receptivas” no han venido acompañadas de resultados de taquilla en consonancia. No es el primero, ni es el único: casos como el suyo también son constatables en nombres como Ken Loach, Aki Kaurismäki o Emir Kusturica (por nombrar a otros cineastas bastante significativos). En el caso de “Carancho”, su componente argumental (un cruce entre el drama romántico que se plantea con la relación entre sus protagonistas, y la denuncia de un fenómeno que, al parecer, está bastante extendido en Argentina —el de las corruptelas que se tejen alrededor del aseguramiento de accidentes—) no apunta, al menos en principio, a un público de corte muy minoritario; pero está claro, eso sí, que no es la última de Judd Apatow... ¿Resultados? A comprobar. Ojalá el carancho (que, al fin y al cabo, y aun siendo un ave carroñera, es bastante más hermoso que el buitre —Trapero dixit—) alcance un vuelo alto.

* APUNTE DEL DÍA: volvemos de nuevo con la panorámica de los estrenos para la próxima semana; el enlace, aquí.

* Apuntes sobre el cine que viene L.-

martes, 21 de septiembre de 2010

TODO LO QUE TÚ QUIERAS (ESPAÑA, 2010)


Cuando, en el año 2000, Achero Mañas presentaba en el Festival de Cine de Donostia su primer largo, “El Bola”, el cine español pudo esbozar una sonrisa de satisfacción y congratularse por el surgimiento de un cineasta con una mirada propia y poderosa, capaz de aunar en su opera prima lo personal (una historia de un dramatismo inusitado, cuyo material argumental era nitroglicerina en estado puro) y lo social (la cinta constituía una denuncia en toda regla de un fenómeno, como el de los malos tratos a la infancia, raramente tratados en la pantalla grande). Los méritos (extraordinarios) de la película le valieron el reconocimiento de público y crítica, además de un aluvión de premios de diversa índole, que convirtieron a Mañas en el “chico de oro”, el hombre a seguir.

No resultaba extraño, desde esa perspectiva, que la expectación ante su siguiente película fuera muy elevada. Y “Noviembre”, el siguiente título de Mañas, se vio aquejado del “síndrome del despeñamiento de la segunda”, consistente en que, tras una opera prima deslumbrante, el listón se sitúa tan alto que es tremendamente difícil superarlo: “Noviembre” era un proyecto arriesgado, en lo formal y en lo temático, y aunque, en mi humilde opinión, no resultó en absoluto un fiasco, sí que careció de la acogida de su predecesora. Y, a partir de ahí, el silencio: denso y prolongado.

Nada menos que siete años son los que Achero Mañas ha tardado en dar a luz su siguiente proyecto cinematográfico como director. Era lógico, pues, que hubiera bastante expectación ante lo que pudiera ofrecer un film como “Todo lo que tú quieras”, precedido, por lo demás, de informaciones acerca de su enfoque dramático indudablemente “apetitosas”, en la medida en que retomaba esa combinación de elementos personales y sociales con los que “El Bola” había cuajado en un film magnífico. Pero, ay, nuestro gozo en un pozo; el último film del director madrileño, más allá de algún destello puntual (por lo demás, altamente frustrante, en tanto en cuanto nos muestra lo que pudo haber sido y no fue), queda lejos, muy lejos, del nivel de sus precedentes.

Y no es un problema de falta de valentía el que aqueja a la nueva cinta de Mañas, no, nada más lejos de ello; la historia que aborda “Todo lo que tú quieras” plantea un amplio abanico de conflictos morales, personales y sociales (desde la asunción de la pérdida de un ser querido por parte de los protagonistas -es la muerte de la esposa y madre de ambos la que da pie al arranque argumental del film- hasta la conciliación de vida laboral y familiar, pasando por la desorientación en materia de educación infantil o la falta de superación de clichés en el tratamiento de las rupturas matrimoniales), todos ellos interesantes, de plena vigencia y perfectamente válidos para dotar de consistencia dramática a una trama fílmica.  Pero siempre que se haga, claro está, con un guión bien construido; y es ahí, en el guión, donde la película se “descose” irremediablemente, y pierde la posibilidad de enganchar al espectador e introducirlo en sus redes.

Son demasiadas las líneas abiertas, demasiados los meandros por los que la historia se introduce, sin que ninguno de ellos quede convenientemente abrochado; todo, a la postre, se diluye en una serie de líneas argumentales no cerradas, con la consiguiente insatisfacción. Y, finalmente, “Todo lo que tú quieras”, pasado un arranque acertado, incluso brillante, se dispara en múltiples direcciones sin llegar a concretarse en ninguna y termina generando una sensación de frustración demasiado fuerte, demasiado evidente. Una pena, porque, más allá de ese arranque, hay un acertado trabajo de ambientación, unos diálogos, en general, bien construidos, y unos trabajos interpretativos a cargo tanto de Juan Diego Botto como de la niña Lucía Fernández realmente notables, mesurados y bien dirigidos, en un ejercicio de contención que se adapta de manera excelente al tono de la pelicula. Pero falla lo esencial; falla la historia.

El cine español no anda sobrado de directores valientes y talentosos, y tengo a Achero Mañas por director dotado de ambas cualidades, valentía y talento. Reza el viejo tópico que hasta el mejor escribano echa un borrón, y por tal deberíamos tener lo sucedido con este su último film. Pero no podemos olvidar que, como toda industria, la del cine no se caracteriza, precisamente, por su piedad, y los créditos ilimitados no existen ni siquiera para las “primadonnas”: ojalá no sea esa impiedad la que ponga fin a una prometedora carrera, y tengamos oportunidad de comprobar pronto que esto fue sólo un inesperado tropezón. El autor, creo, la merece... 

viernes, 17 de septiembre de 2010

Enlaces (no matrimoniales)

"Aunque este blog aspira, desde su natural modestia, a dotarse exclusivamente de contenidos propios de este humilde escribiente que pasa por ser su autor, no renuncia, por supuesto, a hacer uso de las potencialidades que, vía opciones de edición, le proporciona su gestor hospedante, y, entre ellas, si hay alguna a la que pretende dotar de especial relevancia es a la que corresponde al menú de enlaces, que espera vaya ganando en consistencia y frondosidad de manera pertinaz y paulatina.


Y no se trata de hacer propaganda acerca de las supuestas bondades de las páginas a las que se establecen tales enlaces (al menos, al que esto suscribe le resultan las mismas más que acreditadas), pero creo que no está de más el hacer una breve reseña acerca de sus contenidos y, lo que quizá sea más importante, el motivo –a veces, con una componente inequívocamente personal- por el cual se hacen acreedoras a ocupar un lugar en ese apartado.

Para abrir boca, en línea con lo que ya apuntaba en uno de mis primeros artículos, dos enlaces temáticos dedicados a páginas de cine con las que colaboro desde hace ya bastante tiempo: La Butaca, publicación que desde Valencia edita el buen amigo Ángel Castillo –persona tan cabal como contumaz cinéfilo-, y que, en este momento, se encuentra, sin ningún género de dudas, entre las mejores webs en castellano dedicadas a la actualidad cinematográfica (fundamentalmente, crítica y seguimiento de cine de estreno) –y lo digo sin temor alguno a incurrir en pecado de soberbia, tan parcas son la cuantía y la frecuencia de mis colaboraciones-; y Ciberanika, publicación también valenciana que, desde un perfil bastante diferente (más misceláneo, más abierto; también más caótico, más disperso, maravillosamente caótico y disperso...), constituye un titánico empeño personal de la amiga Anika, todo un carácter, una especie de "web-pánzer" capaz, con su energía, de sacar adelante, ademásd e ésta, otras dos publicaciones temáticas (no dejen de dar un vistazo, desde el enlace correspondiente, a su revista de literatura: el maremagnum...) con un punto de confluencia que les confiere unidad de carácter: su inmenso amor por la cultura y la convicción de que su transmisión e intercambio, ya bien entrado el siglo XXI, se mueven en este cibercosmos...


Vayan desde estas torpes líneas mi agradecimiento expreso a ambos, a Ángel y a Ana, y mi deseo de que ustedes, amigos lectores, disfruten de sus páginas tanto como yo he tenido, y tengo, ocasión de hacerlo. Seguiremos enlazando..."

Como pueden ver, amigos lectores, hay ideas que parecen nuevas, y no lo son tanto (la pólvora está ya inventada...).

* Este artículo fue publicado originariamente en El (viejo) glob de Manuel, el 2 de enero de 2006, bajo el título "Enlazando que es gerundio (I)".


* APUNTE DEL DÍA: otra previa (o prejuicio) sobre una peli de cartelera para esta semana (aunque no tendré ocasión de verla, me temo), "Contracorriente"; el enlace, aquí.

* Antecedentes penales (El viejo glob de Manuel) II.-

miércoles, 15 de septiembre de 2010

El americano (The american; U.S.A., 2010)


Ésta es una historia sobradamente conocida: el inesperado éxito (más de crítica que de taquilla, todo hay que decirlo; tampoco el perfil comercial del proyecto hacía prever otra cosa) que el director holandés Anton Corbijn, especializado en “material musical” (videoclips y similares), consiguiera con su anterior film, “Control” —biografía del mítico líder de Joy Division, Ian Curtis—, parece haberle abierto las puertas a producciones de otro fuste y enfoque. Y helo aquí, al mando de la “nave” de una producción como “El americano”, última película que llega a las pantallas españolas con el protagonismo (y casi huelga decir que ése se convierte en el reclamo principal para atraer al público a las salas) de una megaestrella del calibre de George Clooney, cuyo  personaje, al igual que el que encarnara en su anterior éxito, “Up in the air”, y bajo un perfil de carácter similar (hombre solitario, reservado y de cortos anclajes afectivos) también tiene como dedicación profesional la de la “depuración de plantillas” (aunque ahora, según cuenta la sinopsis argumental, dicha depuración ya no se limita a su despido, sino que es todavía más “profunda”...).

El film, cuyo reciente estreno en su país de origen, Estados Unidos, se ha saldado con un fenomenal resultado de taquilla (que, de hecho, le ha encumbrado al número uno del box-office), ofrece, más allá de esa presencia de Clooney —imposible obviar su trascendencia—, una combinación de elementos que pueden hacerlo particularmente atractivo para un público amplio y ecléctico: su condición de thriller en el que prima más la calma que el desenfreno (algo poco habitual en las tendencias últimas en que se suele mover el género); su localización en un pequeño pueblo italiano (algo bastante tópico, pero que, a nivel visual —y no olvidemos que Corbijn es, por encima de todo, un reputadísimo fotógrafo—, suele dar unos resultados magníficos); o la curiosidad por descubrir a toda una plétora de secundarios absolutamente desconocidos, entre los que llama, sobre todo, la atención, la partenaire de la estrella, Violante Placido, una actriz italiana que, pese a no tratarse de una chiquilla (34 años), no es apenas conocida y, en principio, exhibe una belleza deslumbrante  (habrá que ver si algo más: qué y cuánto...). ¿Suficiente? Debería serlo; pero sólo lo sabremos con certeza a partir del próximo viernes...

* APUNTE DEL DÍA: si quieren leer una panorámica general sobre los estrenos previstos para el proximo viernes, aquí tienen el enlace.

* Apuntes sobre el cine que viene XLIX.-

martes, 14 de septiembre de 2010

SUCEDIÓ EN SUDDENLY (SUDDENLY; U.S.A., 1954)

He de confesarlo: siento una especial debilidad por las producciones cinematográficas de serie B (e inferiores; hasta la Z, inclusive...) usamericanas de los años cuarenta y cincuenta del pasado siglo. Películas menores y sencillas que, en muchos casos, poco alimento aportan al cinéfago tragoncete (cual es el caso del que esto suscribe), pero que, en alguno que otro, dejan ver destellos interesantes y que, eso sí, siempre, siempre, son demostración de que el dominio de la caligrafía fílmica es una cuestión fundamentalmente industrial. Y para industria, ya saben, ninguna como la hollywoodiense.



La proliferación de cadenas privadas de televisión y de ediciones baratas en DVD está permitiendo que el acceso a productos de este corte sea, a día de hoy, relativamente sencillo; como, por lo demás, suelen ser producciones de duración bastante corta (raramente llegan a los noventa minutos de metraje), el ejercicio de su visionado no conlleva mayor dificultad. ¿Conclusión? Blanco y en botella. Suelo ver films de este tipo con cierta frecuencia. Y, en más de una ocasión, me llevo sorpresas tremendamente agradables. Ayer me llevé una de ellas, viendo “Sucedió en Suddenly” (“Suddenly”), cinta de 1954, firmada por Lewis Allen, y protagonizada por Sterling Hayden y (sí, sí, el mismísimo...) Frank Sinatra.

“Sucedió en Suddenly” juega con una premisa argumental que, extrapolada al momento actual, mucho me temo que haría las delicias de esa caterva de mendrugos aglutinados en el movimiento conocido como Tea Party (perversiones del lenguaje: yo siempre habría asociado un nombre así al de una plácida reunión de ancianitas victorianas de esas que salen en las novelas de Agatha Christie...): nada menos que la de un atentado contra la persona del presidente de los Estados Unidos. Todo el film gira —y se articula narrativamente— alrededor de la amenaza de su consumación, en un crescendo de intriga e incertidumbre que sólo se resolverá con un final del que les omito los detalles (aunque no haga falta una imaginación calenturienta para barruntarse cuál puede ser), y lo hace con eficiencia, concisión y claridad: en setenta y cinco minutos, no hay tiempo para perderse en grandes disquisiciones, y Allen no lo hace. Mejor para él y mejor para el espectador, por supuesto.

La función no pierde fuelle en ningún momento, y el jefe de pista, como no podía ser de otra manera, es el ínclito Frankie —el resto del reparto cumple, sin brillo, y pecando de una cierta rigidez actoral (en el caso de Hayden, “marca de la casa”...), aunque sin llegar a arruinar el espectáculo—, que se erige, y no sólo por la condición central de su personaje (que también), en el máximo punto de interés. Hay que consignar en su haber que lo hace sin el más mínimo problema y dotando a su poco escrupuloso mercenario de un punto de locura contenida que es, si acaso, el único aspecto de cierta complejidad psicológica de todo el entramado argumental. Además, y a diferencia de lo que hubiera hecho Elvis Presley puesto en igual tesitura, no se le ocurre en ningún momento arrancarse con una copla: se agradece (dado lo poco apropiado que, en el contexto de la trama, hubiera resultado...).

En suma, una propuesta curiosa, interesante y entretenida, rodada en un flamante e intenso blanco y negro, y con un fuste y consistencia que ya quisieran presentar las tres cuartas partes (o más) de la producción cinematográfica que llega en nuestros días a esas salas oscuras y llenas de butacas a las que, pese al empeño de gestores de centros de ocio (y vendedores de palomitas...) en que vayamos a otras cosas, muchos aún seguimos yendo a (intentar) ver cine. En fin...

* Esta entrada va dedicada a mi buen compa Marcos Callau, y él ya se imaginará bien por qué...

* APUNTE DEL DÍA: Hace unos días, ví "Adele y el secreto de la momia". Potable, y poco más. Si quieren leer la crítica completa en La Butaca, éste es el enlace.

* ¿No es ésta la peli sobre la que querías leer una reseña? "No problemo". Hay muchisimas más en el menú desplegable de la columna derecha ("Muchas pelis!!!"). Si ahí tampoco la encuentras, dime cual es la peli en la cuestión. En el peor de los casos, se intentará...

sábado, 11 de septiembre de 2010

Los golfos


Pues no, amigos lectores; pese a que este blog, ciertamente, se dedica, fundamentalmente, al mundo del cine, y aun cuando el título de esta reseña pudiera inducir a pensar en ello, esta reseña no está dedicada a la conocida película que, en 1960, firmara Carlos Saura. Los golfos a los que me quiero referir son “otros” golfos; aquellos que, aun siendo furgolistas de prestigio, jugadores que labraron su historia y su leyenda a base de grandes actuaciones sobre el “tapete verde”, son hoy, quizá, tanto o más recordados por sus “hazañas” fuera de los estadios que por las que llevaron a cabo dentro de elllos.

¿Casos excepcionales, o, simplemente, los “señalados” por su mayor exposición mediática? El del furgol siempre ha sido un mundo dado a la proliferación de la bacanal y el desenfreno. Algo que no carece de su punto de lógica: la combinación de cuerpos gloriosos (los que proporciona la suma de juventud y práctica deportiva intensa) y talentos (por lo general) inversamente proporcionales al volumen de las cuentas corrientes, es fácil que termine desembocando en una cierta tendencia a la vida frenética y disipada. No debe ser sencillo, con veintipocos años y un talonario inagotable, escapar a la tentación permanente. Evidentemente, la prensa deportiva se guarda bien de divulgar en exceso tales historias (discreción obligada en aras a las buenas relaciones que el mantenimiento del “producto” requiere...), pero a nadie se escapa que lo de las fiestas, fiestorros y festorrines que, a menudo, pueblan, con mayor o menor (y más o menos farisaico) escándalo, los territorios de otro tipo de prensa, de tintes más rosados, no debe ser nada excepcional. En último extremo, y aunque se mueva en el ámbito de la ficción, si quieren ilustrarse bien sobre el fenómeno, les recomiendo la novela de David Trueba, “Saber perder”: una de sus tramas argumentales recoge con abundancia de detalles ese otro “mundo del deporte”, y no me cabe duda alguna de que la autenticidad que desprende el relato no debe ser sólo consecuencia (aunque también) de la maestría del narrador.

Por lo demás, no cabe duda alguna de que los nombres más señeros en este capítulo no lo son por casualidad. Unidos bajo la “advocación” de su patrón y guía, el ínclito George Best —no fue el primero, pero sí, probablemente, el que más repercusión pública y mediática alcanzó en su momento; para quien no lo conozca, su declaración de principios ya lo dice todo: “Gasté, a lo largo de mi vida, ingentes cantidades de dinero en alcohol, drogas y mujeres; el resto lo derroché tontamente...” (en traducción libérrima, claro...)—, nombres como los de Juanito, Ronaldinho, Gascoigne, Romario, o Guti, permanecen (y permanecerán) en la memoria del buen aficionado como ejemplos no sólo de excelentes peloteros, jugadores con un punto de genialidad que los hacía irreverentemente distintos a sus compañeros, sino como jaraneros redomados que siempre tuvieron claro que no era el balón un dios al que hubiera que sacrificar cualquier posibilidad (por mínima que fuera) de correrse una buena juerga, o que una discoteca no era peor lugar para pasarlo bien que el Santiago Bernabeu, o el mismísimo Maracaná...

Tan admirados (el golfo, no nos engañemos, siempre despierta un puntito de simpatía a caballo entre la adoración y la envidia —ay, quién pudiera...—) como denostados (cuando las cosas se tuercen, y la pelotita, tan caprichosa ella, no se pliega a sus caprichos como ellos quisieran, el aficionado —ese mismo que diez minutos antes se pelaba las palmas de las manos aplaudiendo ante un taconazo o una rabona— se ceba cruelmente en su escasa capacidad de sacrificio, en su terca determinación de no “doblar la raspa” ni por equivocación...), sobre estos desvergonzados siempre planea la sombra de la duda. ¿Qué hubiera sido de ellos si se hubieran cuidado más, si hubieran sido gente de vida profesional más esmerada? Incógnitas que jamás hay posibilidad de resolver, cábalas siempre abiertas. Yo, particularmente, tengo mi teoría: eso del “genio y figura” no es “troceable”. Y el genio lo es para lo bueno y para lo menos bueno. Si el salvadoreño “Mágico” González era capaz de volver loca a la defensa del Real Madrid, a base de sombreros, sotanas y toda la parafernalia “ratoneril” imaginable sobre un terreno de juego, sólo era posible gracias a sus míticas “sesiones de entrenamiento” en los bares y discotecas gaditanas, desde las que llegaba a entrenar (?) al Carranza en “vuelo directo sin escalas”; si ese hombre se hubiera acostado todas las noches antes de las once, jamás hubiera picado una pelota por encima de un portero. Creo. Pero esa es mi teoría. ¿Cuál es la de ustedes, amigos lectores...? 

* APUNTE DEL DÍA: si prefieren el cine al "furgol", pueden echar ojo, amigos lectores, a una reseña de "Misery", en Suite101; aquí tienen el enlace.

* Pasión furgolera XIII.-

lunes, 6 de septiembre de 2010

AIRBENDER: EL ÚLTIMO GUERRERO (THE LAST AIRBENDER; U.S.A., 2010)

* Crítica de 'Airbender, el último guerrero' ('The last airbender'; U.S.A., 2010), de M. Night Shyamalan, con Noah Ringer, Dev Patel y Nicola Peltz.-


LA "JACKSONIZACIÓN" DE SHYAMALAN.-

Desconozco si han sido motivaciones exclusivamente artísticas o crematísticas (o, por el contrario, un “tertium genus” en el que, con aritmética variable, ambos factores hayan concurrido) las que han empujado a un cineasta como el estadounidense de origen indio Michael Night Shyamalan a embarcarse en un proyecto como el de “Airbender: El último guerrero”, una superproducción de inequívoca vocación palomitera e inserción clara en un género, el de acción y aventuras —subsección “largo aliento”—, en el cual la impronta de la triología tolkeniana llevada ala pantalla por el neozelandés Peter Jackson es probable que haya dejado el camino marcado para un par de décadas (año arriba, año abajo...).
¿El resultado? Incierto. Para quien acuda a la sala de cine a ver una película de Shyamalan —atraído, en definitivo, por los modos y maneras de este reputado director—,  nefasto, infame; es muy probable que a los diez minutos de iniciado el film se vea tentado de abandonar la butaca, y no le faltarán razones: es imposible detectar el más mínimo elemento identificativo del estilo “shyamalaniano” (permítaseme el “palabro”...) en ese espectacular despliegue de efectos especiales impactantes y decorados digitales fastuosos que se va extendiendo a lo largo del metraje —o sea, que la película la firma Shyamalan, pero la podía haber firmado su primo, o su sobrina, o su vecino del quinto sin que hubiéramos detectado mayores diferencias—.
Para quien, en cambio, asista al cine a ver una de acción y aventuras, el resultado podría calificarse de potable. Más allá de lo confuso que puede llegar a resultar el desarrollo de la historia, debido a la acumulación de elementos argumentales (mundos, ubicaciones, personajes, saltos temporales; es probable que para los conocedores del material originario —la serie de animación en que está basada— pueda haber algo más de orientación —lo desconozco, dado que no sé nada de tal material—, pero para el “recién llegado”, no perderse resulta complicado …), o a la sensación de “dejà vu” que producen buena parte de sus escenas y situaciones (vistas mil y una veces en el cúmulo de producciones del género con que las grandes productoras se han empeñado, a lo largo de estos últimos años, en hacer caja sin ruborizarse lo más mínimo: los buenos de siempre, los malos de siempre, el mundo en peligro —¿y cuándo no...?—), no se puede negar que la factura visual, en conjunto, resulta más que decente y la vivacidad de su ritmo hace que el trago no se alargue en demasía.
¿Conclusión? Pues sería —ahora que aún resuenan los ecos del reciente Mundial brillantemente conquistado por la Roja...— empate a cero, si no fuera por el sonrojante y descarado penalty que, en el último minuto del descuento (o sea, al final de la película) y habiendo sido la mano fuera del área (es decir, sin previo aviso ni justificación), nos señala el “caradura” del árbitro (ergo, los promotores de la “cosa”), dejando la historia a medio contar y pendiente de una continuación, en una inevitable segunda parte, sobre la cual nadie nos dice nada cuando adquirimos la entrada (y ojo, que no nos referimos a esa ya habitual circunstancia del final abierto que da pie a una —eventual— secuela, pero dentro de una historia dramáticamente “abrochada”). No es la primera vez que me sucede este año —ya viví idéntica experiencia con “La herencia Valdemar”—, y mucho me temo que empieza a ser pauta con visos de extenderse. Ojalá sea esta una cuestión que podamos cerrar en el terreno estrictamente cinematográfico, y no en el de las deliberaciones y disquisiciones en materia de consumo. Mal asunto sería ése...

APUNTE DEL DÍA: He visto "Lope". Y me ha gustado, que conste... Si quieres leer mi crítica completa en La Butaca, aquí tienes el enlace.

* ¿No es ésta la peli sobre la que querías leer una reseña? "No problemo". Hay muchisimas más en el menú desplegable de la columna derecha ("Un catálogo (y no es el de Ikea...) Muchas pelis aquí y en otros sitios"). Si ahí tampoco la encuentras, dime cual es la peli en la cuestión. En el peor de los casos, se intentará...

* En la imagen: Michael Night Shyamalan, director de la película.- Fotografía proveniente del fondo de Wikimedia Commons.-

jueves, 2 de septiembre de 2010

Los blogs que sigo: una explicación


Llega setiembre, y se instala la sensación de que el verano —aunque siga haciendo calor— toca a su fin. Y, como lo prometido es deuda, se abren secciones nuevas. Ésta a la que hoy doy apertura, y somera explicación, es una de ésas que tienen su origen en una “idea-Guadiana”: cientos de veces me he planteado darle arranque, y otras tantas ocasiones en que el proyecto se quedaba en el fondo del “ciber-cajón” (más adelante; otra vez será; ya veremos; lo pensaré un poco más; en fin, ya saben...).

Ahora, no; ahora, sí que arranca. Y la idea, como bien pueden suponer, amigos lectores, es bastante simple. Como el nombre de la sección indica con claridad más que meridiana, se trata de glosar ligeramente, sin mayores alharacas ni profundidades –aunque más de uno haya que bien que las merecería—, aquellos blogs a los que habitualmente dedico una parte (pequeña; nunca la suficiente, jamás la que realmente me gustaría) de mi tiempo en el “trasteo internaútico”: por qué me interesan, qué me atrae de ellos, qué es lo que me aportan, por qué me gustan. En todo caso, y como me consta que buena parte de los lectores de esta casa (por no decir, para ser más precisos, que casi la práctica totalidad) es la “partera” de los blogs implicados, avisados quedan: ya los irán viendo desfilar por aquí.

Sepan también los “afectados” —y los que no, también...— que no se trata, desde luego, de hacerles una promoción que, en muchos casos, no les resulta necesaria (aunque si algo se consigue en ese aspecto, por bien empleado daré el empeño); es, más bien, un reconocimiento, una manera, humilde y hecha de la única manera en que este juntaletras sabe hacer algo medio potable (que es escribiendo), de manifestarle mi gratitud a esas personas que me proporcionan satisfacciones por mor del tiempo y la dedicación invertidos en sus blogs. Ni más ni menos. ¿Poco, mucho, suficiente? Ustedes, amigos, dirán. A la tarea, pues, y adelante...

APUNTE DEL DÍA: las películas hay que volver a verlas varias películas después. Cambia mucho la mirada...

* Los blogs que sigo I.-

La fotografía que ilustra el artículo proviene de la galería de Flickr de Martinstabe, y se publica conforme a los términos de su licencia Creative Commons.
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