viernes, 19 de noviembre de 2010

Amin Maalouf, 'El desajuste del mundo'

Acabo de terminar la lectura de un ensayo de Amin Maalouf, “El desajsute del mundo”, en el que el escritor franco-libanés hace un análisis amplio y generalizado de eso mismo que su título da a entender (o sea, el estado un pelín convulso de esta bola en la que andamos trasteando). En primer lugar, como apunte previo y antes de entrar en disquisiciones sobre su contenido, he de manifestar mi admiración y asombro ante la osadía del empeño, verdaderamente insólito en estos tiempos que corren, en que los autores con un cierto predicamento y conocimiento del gran público, salvo honrosísimas excepciones, han abdicado de su responsabilidad intelectual (la de extender sus privilegiadas reflexiones hacia todo aquello que les, y nos, rodea...), para refugiarse en un ejercicio permanente de fuegos de artificio “tertuliano” de corto alcance (y, eso sí, mucho mayor relumbrón). Desde ese punto de vista, vaya desde aquí mi más fervoroso y rendido aplauso al señor Maalouf.

En cuanto al contenido de la obra, hay que diferenciar dos partes, o vertientes, claramente diferenciadas —aun cuando en el orden expositivo no exista una partición claramente establecida, sino que ambas se van desplegando de forma simultánea—: la del análisis de la situación, y la de las propuestas de solución.

Por lo que atañe a la primera, creo que Maalouf hace un esfuerzo de síntesis muy importante, y sus resultados se pueden calificar (al menos, a mí así me lo han parecido) de bastante positivos: si bien hay un claro énfasis en los análisis parciales del mundo islámico y el panarabismo —lo cual redunda en que se les dedica un sustancioso número de páginas tanto al uno como al otro; algo lógico, si se tiene en cuenta la afinidad que con tales temáticas puede guardar el autor, por obvias conexiones personales—, Maalouf extiende su mirada hacia todas las culturas y latitudes, y, a mi modesto entender (que no deja de ser el de un zopenco con aspiraciones, a qué engañarnos...), traza un arco lo suficientemente amplio, comprensivo y abierto de miras como para llegar a ofrecer una visión bastante certera y equilibrada de cómo anda el patio (que, por cierto, y aparte de revuelto, no anda nada, nada bien...), y que este humilde escribiente podría suscribir, en un elevadísimo porcentaje, sin el más mínimo atisbo de duda.

Harina de otro costal es la que hallamos en el otro “apartado” de la obra, el de las propuestas que Maalouf esboza como posibles soluciones a esos males que, en su opinión, aquejan hoy dia a nuestro mundo. Y es que, igual que los gurús económicos parecen hallarse en su salsa describiendo los mil y un desastres con que nos azota la actual crisis que cabalga sin freno por todo el ancho mundo, mientras que son incapaces de aportar una sola idea capaz de ponerle siquiera un parchecillo, también parece quedar bastante claro que el libanés lo tiene mucho más claro a la hora de hacer diagnósticos que a la de prescribir tratamientos, dado que estos últimos se plantean en términos tan vagos y genéricos que apenas si se quedan en esbozos, apuntes, meras ideas volátiles y sin cuajo. Se me podrá decir, no sin fundamento, que lo descomunalmente ambicioso del empeño (arreglar el mundo, ahí es nada: eso que usted, amigo lector, y yo solemos hacer todos los días tomando un vinito en la barra del bar, pero negro sobre blanco...) imposibilita la obtención de mayores concreciones. Pero, qué quieren que les diga, tras planteos teóricos bastante acertados, uno llega a hacerse ilusiones. En fin, otra vez será...

En todo caso, y más allá de esa pequeña decepción a la que aludía en el párrafo precedente, creo que, desde una perspectiva global, la propuesta ensayística de Amin Maalouf merece, y mucho, la pena: compendia información de mucho interés (quizá para un conocedor profundo de la historia universal, aporte poco en ese terreno; pero para los que no nos manejamos mucho en esa disciplina, sí que tiene un alto valor formativo) y la conjuga con una visión analítica clara y concreta, preñada de un realismo que, sin ánimo alguno de catastrofismo (algo que no asoma en ni una sola de sus páginas), nos alerta e incita a la preocupación reflexiva. Si, más allá de eso, hubiera dado con las recetas para “desfazer los entuertos” relatados, no quiero ni contarles...

* APUNTE DEL DÍA: una reseña de 'La caza', la mítica peli de Carlos Saura, en Suite 101. El enlace, aquí.

* Varietés artísticas y culturales XXII.-

10 comentarios:

José Núñez de Cela dijo...

Sigo a Malouf en artículos y entrevistas, aunque solo he leido novelas y no ensayo (todavía) y coincido contigo en que es una voz que conviene escuchar y sus reflexiones nos vienen bien a todos en este desnortado mundo.
Tomo nota de tu recomendación.

Saludos (efusivos)

Titajú dijo...

¿Has dicho ensayo? ¡AGGG! Odio esa palabra...

Marcos Callau dijo...

Hombre lo que pienso, compa Manuel, es que es muy difícil la empresa que se propone con este libro el señor Maalouf y por eso ya se convierte digno de admiración. Un abrazo.

Clares dijo...

Este hombre siempre me ha gustado, aunque yo tampoco he leído nunca un ensayo suyo, sino sólo sus novelas, que son siempre un placer. Yo me conformaría con el análisis, que tiene más datos y más posibilidades, porque las soluciones entran en el campo del arbitrismo, dado como está el mundo,facundo. Es verdad que, si el análisis nos convence, esperaríamos soluciones acordes a esa lucidez, pero eso, amigo, ya es harina de otro costal. Sin análisis incluso, yo podría dar unas cuantas, pero me temo que ni vienen de alguien experto en ello, ni serían muy bien admitidas, por su radicalidad. En fin, en esto estamos.

Josep dijo...

Interesantes reflexiones, Manuel, a cuento de las de Maalouf; creo que diagnosticar o analizar es una cuestión que compete a los intelectuales y hallar soluciones toca a los políticos, porque la praxis, como el hacer pan o ladrillos, siempre ensucia las manos, sea de harina sea de barro y ya se sabe que los intelectuales son muy limpios. Bastante difícil es analizar con objetividad, ¿no te parece?

Un abrazo.

Reyes dijo...

Gracias por tu reseña, lo buscaré .
Besitos.

Manuel Márquez Chapresto dijo...

Yo, hasta ahora, compa JOSÉ, también le había leído sólo en ficción -con la excepción de sus memorias familiares, Orígenes-, y ya me resultaba un autor interesante. Tienes razón: es una voz mesurada y equilibrada, y, por tanto, digna de ser escuchada.

¿Por qué esa repugnancia, compa TITAJÚ? ¿A los ensayos como género de escritua, a los ensayos como pruebas, a los ensayos de los tubos...? Ya nos contarás...

Compa MARCOS, yo creo que, más que díficil, es casi imposible. Este mundo es demasiado complejo y demasiado disperso como para pretender arreglarlo así, a globo, y de manera integral; otro tema es que vayamos solucionando -y tampoco es fácil- problemas puntuales, ahí sí que es más factible obtener logros concretos. Y sí, por supuesto que es admirable; y, probablemente, necesario...

Un fuerte abrazo a los tres, gracias por vuestros comentarios y que tengais buena semana.

Manuel Márquez Chapresto dijo...

No me extraña que te guste, compa CLARES, porque es un tipo que escribe muy, muy bien, transmite una gran sensibilidad. Y yo creo que ese "fracaso" (que igual el calificarlo así es una patochada por mi parte, no lo descarto...) en aportar soluciones tiene más que ver con lo descomunal del empeño que con la cortedad de su talento, que no creo que de tal haya. En cuanto a tus soluciones, no sé si serán tan borricas como los mías (algunas de las cuales ni se me ocurriría poner negro sobre blanco...), pero que no te quepa duda de que tengo mucho interés por conocerlas. Vaya, que esto es una petición formal, o un reto a duelo. Puedes elegir campo, eso sí...

Compa JOSEP, hoy me toca a mí (y para no perder la buena costumbre de nuestros "escarceos" y "batallitas" a cuenta de este invento del bloguerío) llevarte la contraria: yo no creo que ni análisis ni ejecución correspondan en exclusiva a intelectuales y políticos, respectivamente. Nos corresponden a todos, a cada uno según la medida de su posición y su capacidad. Buena parte de nuestros problemas viene de la abdicación a que nos lleva el grado de complejidad de las estructuras sociales en que vivimos: es más cómodo que haya una clase, casta o grupo (léase, los políticos, esos que tanto criticamos y denostamos) que se encargue de "todo" (y entiéndase lo de "todo" casi en el sentido literal del término...). Y así nos pinta el pelo...

Compa REYES, el libro es bastante recomendable, así que no pierdas ocasión, si la tienes, que es de esos a los que se le saca jugo (porque lo tiene, claro...).

Un fuerte abrazo para los tres, gracias por vuestros comentarios y que tengais buena semana.

Superwoman dijo...

Bueno Manuel, siempre es mucho mas dificil buscar soluciones que encontrar problemas (te lo digo yo que desde hace casi un año vivo de ello) y me temo que en este caso la solucion es peor porque pasa por uno mismo (multiplicado por los casi 7000 millones de personas que somos en estos momentos). Asi que no hay receta general... o mejor dicho, la receta general seria preguntarse todos: ?que esta al alcance de mi mano?
Simple, pero complicadisimo a la vez.
Un supersaludo

Manuel Márquez Chapresto dijo...

Hay un punto, compa SUPERWOMAN, que no me queda claro: ¿vives de encontrar problemas o de buscar soluciones...? Ojo, que tan legítimo, y útil, me parece lo uno como lo otro, todo depende del contexto y el sentido... En todo caso, estoy contigo en que los únicos arreglos posibles (más allá de cuán eficaces puedan resultar) son los derivados de la suma de arreglos individuales. Al menos, por ahora...

Un fuerte abrazo y buena semana.

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