martes, 6 de julio de 2010

Mario Vargas Llosa (Mi Buenos Aires querido XVII)


He arrancado hace algún tiempo la lectura de las obras completas del escritor peruano Mario Vargas Llosa (en la excelente edición que, desde hace unos años, viene publicando Círculo de Lectores, y que alcanza ya cinco volúmenes de los nueve proyectados), y, con ello, además del placer intrínseco de la pura y dura lectura de la misma, comienzo a saldar una vieja deuda de gratitud que mantengo con este autor, gracias al cual una querencia por la literatura que, en los años de mi primera adolescencia, empezaba a flaquear -zarandeada por esas otras “aficiones” más propias de tal edad-, no sólo se vio rescatada del abismo, sino consolidada y reubicada. Con Vargas Llosa -un autor del que, con el paso de los años, jamás he renegado, aunque sí he de confesar que no sigo su obra actual con la pasión y veneración de antaño, quizá (indebidamente) condicionado por unos desacuerdos de planteamientos ideológicos bastante rotundos- descubrí, más allá del placer que ya implicaba la “inmersión” en una temática inequívocamente adulta (algo que, en esa edad, ya conlleva un punto de atractivo enorme), que la novela no tenía por qué ser un continuum lineal, un relato sujeto a una estructura rígida y simple, sino que podía jugar con estructuras espacio-temporales mucho más libres y abiertas. No sé lo que sintió Pablo de Tarso cuando cayó del caballo aquel del que habla la leyenda, pero no debió ser algo muy distinto a lo que sentí yo en aquel entonces, leyendo La ciudad y los perros, Pantaleón y las visitadoras o La tía Julia y el escribidor.

Como estos acontecimientos (casi) nunca son casuales, bien está que aproveche estas líneas para saldar públicamente otra deuda de gratitud, no por cercana, menos onerosa, y que es la que mantengo con la culpable de tal desaguisado, la profesora de Literatura con la que el destino tuvo a bien que me cruzara hace ya la friolera de, en fin, pongamos que bastantes años, y que fue la que, en una rápida visita a la biblioteca del instituto en la que ambos trasteábamos, cada cual en su respectiva ocupación —ella, la de intentar desasnar a aquel conjunto de recipientes hormonales al borde del colapso químico permanente que formábamos mis compañeros/as de clase y yo; este humilde escribiente, la de intentar sacar algo en claro de aquella maraña confusa de saberes nuevos (los de los libros y los otros...) y sentires viejos en la que andaba enfrascado—, me proporcionó los primeros ejemplares de obras de este autor, en el convencimiento de que me iban a llevar al rescate de una pasión que nunca había dejado de estar ahí, aunque transitoriamente anduviera sepultada bajo el peso de otras “circunstancias”. Los avatares de la vida nos han hecho coincidir posteriormente en mil y un saraos de bien diverso pelaje, nada dignos de olvido, pero nunca a la altura de lo que para mí supuso el hecho de que me descubriera a este peruano que tan bien trovaba sus historias. María Jesús Monedero es su nombre, y vaya desde aquí mi eterno agradecimiento, negro sobre blanco, y para la posteridad (las cervezas, supongo, habré de pagármelas en otro momento...).


Para cerrar, amigos lectores, habré de confesar que bien me consta, a través de lo que por aquí y por allá, en páginas de información literaria y blogs amigos, voy descubriendo, que son otros los autores que, a día de hoy, gozan del favor mayoritario del público y/o de la crítica. Así es la vida, nada es eterno, todo muta. Pero tampoco creo que nadie se llame a extrañeza si le recuerdo que, al igual que uno jamás olvida el rostro de aquella chica a la que dio el primer beso, tampoco estaría bonito mostrarse desdeñoso con aquel que, en su día, nos hizo algo parecido en los avatares de la letra impresa, ni con aquella, que, como buena celestina, nos facilitó el amorío. Don Mario, doña María Jesús, muchísimas gracias. 
La fotografía que ilustra el artículo proviene de la galería de Flickr de dadevoti, y se publica conforme a los términos de su licencia Creative Commons.
 

14 comentarios:

Airama dijo...

Hola Manuel
Gracias por pasar por mi blog y quedarte.
te sigo
Un abrazo

ANRO dijo...

¡Qué preciosidad de entrada, amigo Manolo!....Me has recordado la cantidad de años en que a la sombra de la persiana, soportando el calor de veranos pasados, yo leía con pasión "La ciudad y los perros"...Mucho ha llovido desde entonces, pero Vargas Llosa mantiene en mí esa seducción literaria que que solo encuentras en los maestros. No hace mucho leí "El paraiso en la otra esquina" donde aborda las figuras de Gaugin y su abuela Flora Tristan y "La Fiesta del Chivo".
Vargas Llosa es un escritor que está por encima de cualquier prejuicio político. Para mí sigue siendo un hombre que cuando emplea la pluma surgen de cada página un lenguaje tan rico y hermoso que no tienes más remedio que redirte a él.

Felicidades por esa profesora. Yo, a pesar de mi oposición frontal a la religión impuesta y a sus representantes, no dejo de reconocer que gracias a un profesor, religioso paul, el Padre Marquina, he podido gozar durante estos muchos años, en los que me encuentro, del placer de leer y de escribir.

Un abrazote.

Noemí Pastor dijo...

Para mí Vargas Llosa es dios y es La Novela.

Airama dijo...

Manuel,
Te he visto en mi blog y he leido tu comentario. Bienvenido, gracias por quedarte.
Yo también te seguiré. Te escribo de nuevo porque creo que el primer comentario que te he escrito se ha perdido.
Un abrazo

Manuel Márquez dijo...

Ay, Blogger y sus cosas; comentarios que vienen y van... Parece que, afortunadamente, han vuelto.

Compa AIRAMA, las gracias a tí por tu visita y tu comentario. Esta cibercasa sólo se jacta (porque, fundamentalmente, es lo único de lo que puede hacerlo) de sus lectores; tenerte entre ellos será, pues, una alegría. Bienvenida y espero que te sientas cómoda, que es de lo que se trata...

Compa ANTONIO, qué enorme alegría compartir la pasión literaria por un autor como Vargas Llosa. Lo último suyo nuevo que leí fue La fiesta del chivo, donde creo que estaba, una vez más, antológico, y recuperaba buena parte de su aliento y sus modos de toda la vida. Mi profesora, por fortuna para mí, no era religiosa; al contrario, una persona de fuertes (y reales) convicciones progresistas. Pero si, en tu caso, tu introductor al mundo de las letras fue un señor con sotana, tampoco tiene mayor trascendencia: ese hombre ya se ganó su cielo con eso...

Compa NOE, qué enorme y agradable sorpresa. Pero si este hombre no escribe nada policiaco...!!! Chistes malos aparte, y ya en serio, de veras te he de decir que si alguien que ama y dedica tiempo a las letras con la intensidad y cariño con que lo haces tú, tiene a Vargas Llosa en tan alta estima, para mí es una referencia muy, muy importante. Y es que, he de confesarlo, ya empezaba a sospechar de la inexistencia de vida narrativa inteligente fuera de los planetas Bolaño y Vila-Matas. Qué alivio...

Un abrazo muy fuerte para los tres, y que tengais un muy buen (lo de caluroso ya viene de regalo sin necesidad de petición...) día.

Josep dijo...

Es la hora que todavía siquiera he iniciado la lectura de cualquiera de las novelas de Vargas Llosa, a pesar de tener algunos ejemplares en la estantería y únicamenrte cabe imputarlo a mi vagancia consolidada, porque en cambio sí he leído al maestro peruano en algún relato corto suelto aparecido en algún periódico y también alguno de sus artículos aparecidos años ha en La Vanguardia, así que confieso mi estulticia públicamente y prometo intentar paliarla.

Ya sé que toda esta parrafada sobra ante tu emocionante -por lo cariñosa- manifestación de aprecio a autor y descubridora, pero quede ahí para recuerdo y vergüenza mía, a ver si así, al fin, cumplo y relleno ese hueco que tengo.

Un abrazo.

Manuel Márquez dijo...

Francamente, compa JOSEP, no creo que te puedas autoimputar ni estulticia ni vergüenza por no haber leído nada de Vargas Llosa. Si todos hubiéramos de hacernos tales reproches ante el cúmulo de cineastas, músicos y/o escritores de los cuales desconocemos la más mínima obra -y es que es tan ingente el volumen de obra artística que hasta al más erudito le resulta absolutamente imposible abarcarla...-, más nos valdría organizar un suicidio colectivo de estos en plan secta milenarista. Pero es lo que hay y hay que asumirlo con la mayor calma posible, en evitación de frustraciones más gordas...

Un fuerte abrazo y buen día.

Elvira dijo...

La última obra que leí de este autor es Travesuras de la niña mala. No está nada mal, pero no me pareció tan buenísima como me dijo quien me la recomendó.

Como profesora que fui, agradezco que sepas valorar a una de tus antiguas profesoras, eso te honra.

Un abrazo, Manuel!

PMM dijo...

Me gusto mucho Vargas Llosa, aunque también he de decir que alguna vez me ha decepcionado, pero aún así es uno a los que siempr evuelvo, por algo será ¿no?
Me ha encantado tu recuerdo a tu profe.

Manuel Márquez dijo...

Compa ELVIRA, ésa que leíste, no la he leído -o, al menos, no recuerdo haberlo hecho, cada día tengo peor la memoria...-; en todo caso, sí que es cierto que algunas de las cosas que he leído de Vargas Llosa en los últimos años no me han terminado de entusiasmar (recuerdo, por ejemplo, Los cuadernos de don Rigoberto...). Gracias por tus gratas palabras acerca de mi "remembranza" profesoral: no es ni la millonésima parte de lo que la homenajeada merece...

Compa PMM, me alegro, igualmente, de que te haya gustado ese sentido recuerdo a mi profe María Jesús. Las personas admirables siempre suelen inspirar y ayudar a que lo que habitualmente no suele pasar de mediocre, tome algo más de vuelo (no mucho, pero algo...). Y también me alegro de que compartamos gusto, aun cuado sea atemperado, por Vargas Llosa; creo que está, más allá de sus altibajos, totalmente justificado.

Un fuerte abrazo a las dos y que tengais buena tarde.

Rose Holiday dijo...

cuando terminé mi-azarosa-carrera de filología inglesa sentía una necesidad imperiosa de sanear mis neuronas del idioma anglo y así descansar un poco la mente-hablo totalemnte en serio- fué entonces cuando cayó en mis manos,desde la estantería de mi padre,otro gran lector, "Lituma en los Andes",histroia llena de contradicciones,apus,romanticismo y el buen sabor que deja la narrativa cómoda de este grandísimo escritor.Lo cogí entonces,por los cuernos,y seguí leyendo....sería muy largo comentarlos todos,pero el último caso y,tal vez,algo de lo mejor que he leído en los últimos tiempos es "Travesuras de la niña mala",que me ha llevado a París,a la par que a una historia redonda y maestra,como casi todo lo que conozco de Vargas.
Qué le vamos a hacer,me ocurre a mí que desde que en esa época,seguí después con Márquez,Mastretta,tan simple pero precisa,Allende-un poco menos brillante,a mi parecer aunque también muy recomendable me cuesta llevarme a la retina cualquier otra cosa,mi ojo crítico se ha hecho despiadado y hasta me permito no terminar algunos de lo libros basura que empiezo.
Genial,tu entrada,como siempre.

Manuel Márquez dijo...

Gracias, compa Rose, por tus elogiosas (tanto como inmerecidas) palabras de cierre... Empezar por Lituma en los Andes, curioso, aunque tan buena forma como otra cualquiera para empezar. No está entre mis predilectas, pero también me gustó. Las travesuras... no las he leído; y del resto de autores/as que mencionas, me quedo con García Márquez -aunque hace bastantes años que no leo nada de él...-.

Un fuerte abrazo y buen fin de semana.

Corpi dijo...

Tuviste mucha suerte con esa profersora. Yo, por el contrario, tuve una que lo que consiguié fue que, si leía poco por aquel entonces, aún leyera menos. Afortunadamente no recuerdo su nombre. Y ahora ya ves, a pesar de esa mala profesora, estoy escribiendo una novela, ¿quién lo diría? Y esto se puede hacer gracias a maestros como Vargas Llosa, cómo no.
Un saludo

Manuel Márquez dijo...

Ya veo, compa Corpi, que, como reza el viejo dicho, la alegría va por barrios. Me alegro, en todo caso, de que los nefastos influjos de aquella bruja (no creo que merezca otro calificativo una profesora que no inculque a un alumno con inquietud el espíritu de búsqueda...) fueran tan poco eficaces. ¿Una novela...? Ésas son palabras mayores, compa, y no lo digo por el formato. Ya nos mantendrás informado, ya...

Un fuerte abrazo y buen fin de semana.

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