lunes, 5 de julio de 2010

Gainsbourg (Vida de un héroe) (Gainsbourg (Vie heröique); Francia, 2009) (Apuntes sobre el cine que viene XXXVII)

EL MITO BIOGRAFIADO.-

Nunca tengo muy claro, ante una biografía cinematográfica, qué es lo fundamental y qué, lo accesorio —si es que tiene algún sentido entrar en ese tipo de categorizaciones—: la fidelidad a la biografía real (?) del personaje protagonista; el acierto en la elección de los pasajes más significativos de su vida que han de constituir el tronco dramático de la propuesta; el parecido de los actores con los personajes reales a los que dan vida en pantalla (que, por cierto, en el caso del actor protagonista de ésta —Éric Elmosnino—, alcanza un nivel asustante). Es evidente que todos ellos son elementos que tienen un peso, una enorme influencia en la valía final del producto que se plasma en el celuloide. Pero ninguno de ellos puede hacernos olvidar que, al fin y a la postre, eso que vemos es una ficción cinematográfica; o sea, sin un guión bien pergeñado y sin un trabajo acertado de puesta en escena y despliegue narrativo, todo lo que tendremos serán vanos fuegos de artificio: más o menos sorprendentes en un primer golpe de efecto, pero poco eficientes a la hora de armar una propuesta sólida. Ésa, y no otra, pues, es la gran incógnita que, en términos estrictos de valoración fílmica, me plantea una película como “Gainsbourg (Vida de un héroe)”.


Pero no es la única: hay otras, en aspectos “colaterales”, que también despiertan mi curiosidad. Muy en especial, la relativa al atractivo que puede despertar una figura como la de Gainsbourg en un país que no sea la Francia que lo convirtió en un mito viviente, fuera de la cual buena parte de ese hálito legendario se disuelve en el ácido del desconocimiento y la lejanía; y más concretamente en esta España donde tan reacios somos a la mitificación de los artistas, no por ningún prejuicio de orden moral o consideraciones de índole filosófica, sino por la querencia tan fuerte que tenemos por hacer leña de todo árbol, incluso mucho antes de que dé la más mínima muestra de ir a caerse.  Si ya costaría llevarnos a las salas al calor de alguna figura de renombre nacional, ¿cuál puede ser el gancho comercial de un hombre que, probablemente, y a día de hoy, sea más conocido como el padre de su hija Charlotte que por sí mismo? Una duda razonable. Tampoco deja de tener su interés el comprobar si el enésimo autor de cómics que da el salto al timón cinematográfico (Joann Sfar, director del film) demuestra idéntica solvencia narrando con imágenes en movimiento que con sus tiras sobre papel. Otra duda igualmente razonable. ¿Soluciones? El próximo viernes....

PRONÓSTICO: no será por falta de curiosidad...

4 comentarios:

Bruja Truca dijo...

Pues yo Manuel, pienso que en este país tenemos poca afición a hacer mitos de personajes nacionales, pero bien que adoramos a los internacionales. Me meto yo también en el saco, pero es así. De hecho, no he comentado ni una pelicula española pero es que en el saco del cine clásico no tengo asimilado que pueda ser clásico y español, aunque pueda serlo. Curioso.
Aunque a mi en este caso, no me interesa mucho este hombre.
Un abrazo y feliz semana.

Marcos Callau dijo...

Muy cierto lo que dice Bruja Truca, Manuel. En España no somos dados a mitificar lo nuestro, más bien a desmitificarlo... y así andamos. No obstante, creo que el salto del cómic al cine es enorme y nada fácil desde luego. Veremos...

Josep dijo...

Esta va a ser que no, fijo, fijo:

De entrada, cine galo, bicha particular con sus excepciones, claro.

De segundas, a mí Serge nunca me impresionó: a la tercera que escuché su famosísima Je t'aime... moi non plus... ya me pareció un timo de aúpa, y mira que yo era muy jovencito y todavía bastante ingenuo...
Seguramente habrá hecho alguna otra cosa, muy importante para los galos pero no tanto como para trascender de nuevo allende los pirineos, así que... ¡tururú!

Yo no sería tan magnánimo a la hora de largar acerca de la mitomanía celtibérica en un país donde una tal Belén levanta pasiones con media neurona: que los mitos sean distintos es cuestión que deberías tratar con calma, Manuel...

Un abrazo.

Manuel Márquez dijo...

Me temo, compa BRUJA TRUCA, que lo de no asociar cine clásico con cine español, más que un problema de falta de mitomanías, es una cuestión de la pésima imagen que nuestro cine arrastra: basta la etiqueta de español para que todo celuloide resulte sospechoso de mal producto. Craso error, como se puede comprobar con una somera revisión de cualquier lista de títulos señeros de la historia de nuestro cine -aunque eso tampoco suponga que no existan "toneladas" de celuloide execrable, por supuesto...-.

Compa MARCOS, en eso creo que todos estamos de acuerdo: aquí, en nuestro país, uno de los deportes predilectos es el de la caza, captura y abatimiento del triunfador, sea en la esfera y el terreno que sea (si es con tintes de popularidad, mucho mejor, claro...). Entre ese extremo, y el de la consagración hagiográfica de "todo lo que se menea", hay un punto medio que quizá no sería malo buscar (aunque igual no lo encontramos nunca...).

Compa JOSEP, salvo en lo de la apreciación general sobre el cine galo (que, ya sabes, a mí, en general, me encanta), en lo demás venimos a coincidir bastante. Nunca terminé de entender muy bien esa veneración místico-erótica por el Je t'aime... (a mí, particularmente, casi que me pone más burro cualquier barbaridad de Georgie Dann o King Africa...). Y en cuanto a tu apunte sobre la particularidad de nuestras veneraciones mitológicas, no creo que sean cosas comparables; lo de la Esteban es, digamos, folclore mediático (lamentable, pero folclore, al fin y al cabo). Espérate tú, que ya conoces aquello que dice el refrán sobre la altura, la caída y esas hierbas...

Muchas gracias a los tres por vuestros comentarios, un fuerte abrazo y que los rigores y calores de estos días no os machaquen demasiado.

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