jueves, 3 de junio de 2010

Desencanto (Mi Buenos Aires querido XVI)


¿Indignación, frustración, enfado, miedo, resignación? No. Desencanto. No encuentro otro término con el que definir mejor el estado de ánimo que me invade cuando me paro a reflexionar (un momento, sólo un momento...) acerca de la situación económica y política actual, no sólo en nuestro país, sino en todo nuestro mundo circundante; una situación para la cual, probablemente, la palabra “crisis” no resulta precisa (esto, creo, es otra cosa...) ni suficiente (esto, me parece, es algo más...). Y no creo que se trate de algo achacable a los políticos y/o a la política, sino que es un problema nuestro, de los habitantes (y, como tales, responsables) de este terruño.
Ya sé que resulta políticamente muy poco correcto, en estos tiempos que corren, y con la que está cayendo, no arrimarle su ración de “cera” a esa clase política que asiste, entre la estupefacción, la incomprensión y el dolor, a la apertura de una veda que la ha convertido (si es que no lo fue siempre; es tan, tan cómodo...) en el muñeco del pim-pam-pum, la percha de todos los palos. Y no le faltan argumentos, más bien al contrario, a los promotores de la cacería -esos medios bajo cuyo infljujo el común de los mortales hace propias opiniones sobre las cuales apenas han hecho el esfuerzo de asimilarlas (menos aún, por supuesto, el someterlas a alguna especie de tamiz personal que requiera un mínimo trabajo intelectual)-, si tenemos en cuenta que, tras una situación relativamente ilusionante (aquella en que, en los albores de la crisis económica mundial, la política parecía dispuesta a asumir los mandos de una nave a punto de estrellarse irremediablemente,y someter al “Dios-Mercado” a los designios del ser humano común —es decir, el que no es, ni se parece a, George Soros...—), los políticos de todo el mundo han terminado abdicando y haciendo dejación absoluta de sus responsabilidades, autoinmolados en el altar del Dios antes mencionado, humillados y vencidos por los imperativos de ese ente invisible al que todos vivimos, en mayor o menor medida, sometidos.
Pero tendemos a olvidar que todos podemos ser políticos, si queremos; que no hay ningún examen de ingreso, ninguna exigencia de titulación, es cuestión de mera voluntad; y que los políticos son nuestros representantes; aquellos de nuestros conciudadanos a quienes hemos otorgado la potestad (y la responsabilidad) de gestionar nuestros intereses públicos, comunes. Ni más, ni menos. Los problemas que ellos no resuelven (o que resuelven de forma inadecuada) no son SUS problemas, sino NUESTROS problemas; y la exigencia de responsabilidades, el control de su actividad, y el planteamiento de alternativas, ha de partir de los ciudadanos a quienes representan —que si, por lo demás, tienen el convencimiento de que son capaces de hacerlo mejor, sólo tienen que saltar al ruedo y ofertarse como alternativa—. Pero eso exige una implicación activa, una integración en mecanismos de participación colectiva, a la que parecemos no sentirnos llamados. Desidia, comodidad, anestesia; las excusas las podemos vestir con los vocablos más apropiados que se nos ocurran, pero no perderán por ello esa condición, la de meras excusas. Siempre resulta más placentero, y menos trabajoso, dar buena cuenta de un par de cervecitas frente a la pantalla del televisor (o en esa barra del bar desde la que pontificamos y arreglamos el mundo con dos tonterías y tres topicazos...) que quemarse las pestañas y devanarse los sesos en reuniones, informes, estudios, reflexiones y similares.
Es lo que hay. Es lo que, a lo largo de años y años de experiencia en empeños colectivos de todo tipo y pelaje, he podido, con no pocas rabia y desilusión, constatar y sufrir. Y es lo que te tienta, un día sí y otro también, a tirar la toalla. Que tiren ellos del carro -aunque tiren poco y mal-, que ya estaré yo aquí esperando para decir lo mal que lo hacen (eso sí, sin aportar alternativas, sin ofrecer otras opciones). Y no es que esté en contra de la crítica; sin crítica, no se crece, no se mejora, y por eso no es sólo importante, sino necesaria, tanto la propia como la ajena. Pero no basta con la crítica. Hace falta algo más. Y no lo veo. ¿Lo ven ustedes, amigos lectores...?

La fotografía que ilustra el artículo proviene de la galería de Flickr de International Monetary Fund, y se publica conforme a los términos de su licencia Creative Commons.

8 comentarios:

José Núñez de Cela dijo...

Estoy de acuerdo en muchas cosas; a saber: que la palabra crisis ya no reproduce , en modo alguno, la situación, o conjunto de situaciones que se está viviendo, ya no se trata de un tema económico sino que ha trascendido a lo personal y lo social; que la culpa que achacamos a políticos y poderes factico-económicos en general es absolutamente matizable porque, en verdad, desde nuestra propia responsabilidad, no hemos hecho esfuerzos para implicarnos, aportar, no ya soluciones, sino ideas que luego podamos exigir, aunque esa actitud, bien pudiera ser consecuencia de uns desmotivación programada e interesada.
Ahora parece el momento dedicado a la reflexión que, a lo mejor, nos lleva a replantear cosas, pero quien liderará o asumirá esos cambios y quien evitará que no se manipulen, si es que llega a haberlos?, porque necesarios son.

En fin, espero que no nos tomemos estas reflexiones como escenas de bar, al fin y al cabo, esperanza no nos debe faltar.

un saludo

Titajú dijo...

¿Sabes qué? Que siempre fui partidaria de arrimar el hombro. En las fiestas de mi barrio, siempre participé de forma activa currando como la que más; el año pasado fue el primero que pasé con mi hija como público y no como vendedora de sardinas; mi hija tiene ya siete años, y no encontré más que malas caras, y malas contestaciones.
Estoy en el Consejo Escolar del cole de mis hijas, para echar un cable y ayudar... Curiosa palabra, en el acta sólo sale lo que les interesa, y hay temas que son tabú y NO se pueden tocar. No sirve para nada.
Yen El APA estuve y apoyé, y me encontré que sólo se hace lo que le interesa a la presidente, no lo que quieren los padres de los alumnos. Nunca se nos ha pedido opinión, sólo que arrimemos el hombro para que otros se lleven la gloria.
No, no me gusta el mundo político; son todos iguales y se venden al mejor postor, que suele ser un banco.
En todo caso, mi padre me decía que hasta Dios ya pasa de nosotros, y si hasta Dios ha tirado la toalla, ¡para qué te voy a hablar del resto!

39escalones dijo...

Han conseguido lo que querían: la desmemoria facilita la regresión (democrática, moral, social, colectiva...). El tiempo ha empezado a contar de nuevo hacia atrás, hacia las cavernas. Eso sí, con mucha pompa y fanfarria de botoncitos y lucecitas para que no se note.
Pesimistas estamos para ser viernes...
Abrazos.

PMM dijo...

Yo estoy de acuerdo contigo, compa Manuel. No podemos eperar que sólo unos pocos solucionen todo esto, porque todo esto tampoco lo han hecho sólo unos pocos.

Reyes dijo...

Tienes razón , la crítica es lo más fácil , y quien domina mínimamente el lenguaje queda como como un rey.
Para actuar hacen falta más cojones que palabras.
Aun así, querido Manuel , yo tampoco encuentro la fuerza , en la mayoría de las ocasiones, para creer en nada .

Vamos a intentar cambiar eso , o ya estamos muertos.

Un beso.

(te mandaré el word al correo ,pero ruego opinión , aunque sea mala ).

Josep dijo...

No estoy muy de acuerdo con tu conclusión aunque sí con el inicio.

La realidad produce un desencanto por la constatación del engaño global y por la bajada de pantalones de quienes en teoría deberían defender a los pueblos.

Pero no estoy de acuerdo en que el ciudadano deba moverse o inmiscuirse más allá de su obligación de emitir un voto, porque ello significaría que hay excusa para los inanes e inútiles políticos que no cumplen con su cometido, haciendo recaer parte de la reponsabilidad en el ciudadano, máxime cuando la inclusión en las listas electorales de nuestro país es una cuestión que está total y absolutamente mediatizada por intereses partidistas desde hace años y ninguno de nuestros queridísimos partidos políticos está por la labor de redactar una ley electoral adecuada a la democracia real.

Así que, ya que lo hacen tan arduo y difícil, el participar activamente, digo, que apechuguen con su responsabilidad, porque al ciudadano prácticamente sólo le queda, vista la ley, la abstención como medio de protesta ante una situación no deseada.

Saludos.

Manuel Márquez dijo...

Compa JOSÉ, muy interesante y nutritivo tu comentario, que incide en dos ideas (motivación y reflexión) que dan más que de sobra para armar nuevas reseñas. Habrá que ponerse a ello, llegado el momento...

Compa TITAJÚ, los no creyentes tenemos la suerte, o la desgracia, vete tú a saber, de no esperar nada de Dios, ni para bien, ni para mal. Lo bueno, malo o regular que nos haya de venir, lo será de nuestros congéneres, que ya sabemos que son (somos) capaces de lo mejor y de lo peor. Al igual que tú, también estoy en el Consejo Escolar y en el AMPA del cole de mi peque; por supuesto que tanto el uno como la otra son manifiestamente mejorables, pero siempre se puede mejorar algo con más posibilidades desde dentro que desde fuera. Ah, y que en la AMPA se haga siempre lo que quiere el presidente, es lo lógico y justo, faltaría más, al menos en la mía. Chistes malos aparte, siempre es muy ingrato implicarse en esfuerzos colectivos y recoger nada más que críticas ácidas, improperios e incomprensiones; pero, en mi caso, la verdad, prefiero ser sujeto pasivo de todo ello que no activo. En fin, opciones...

Compa ALFREDO, pues sí que te veo "negatifo", como decía el pavo aquel. Sí, mucha alharaca y poco progreso; mucha tecnología y poco bienestar. Parece ser el signo de los tiempos, y la anestesia se ve que es bastante efectiva. En fin...

Un fuerte abrazo a los tres, muchísimas gracias por vuestros comentarios, que son lo que le da salsa y fundamento a esto, y que tengais una muy buena semana.

Manuel Márquez dijo...

Me alegra, compa PMM, comprobar que estamos de acuerdo en la idea básica acerca del problema: si no nos convencemos de que todos hemos de aportar, en vez de andar permanentemente mirando hacia los lados para ver a quién le puedo encasquetar el mochuelo, mal asunto. Pero no es fácil, no...

Compa REYES, igual se podrá decir más alto, pero no más claro. Siempre ha sido complicado eso de convertir proclamas en hechos (es mucho más sencillo darle a la lengua que agachar el lomo...), pero llegados a este punto, no queda otra, o eso, o caerse por el barranco. Nosotros elegimos...

Compa JOSEP, creo que tú fundamentas tu posición (y me parece bien) en un aspecto técnico muy interesante, como es el que deriva de la ley electoral y está claro que en base a él, tu argumentación se hace muy sólida (es difícil hablar de participación política cuando apenas hay resquicio para una acción realmente efectiva). Pero yo no me resigno a asumir que la única vía de participación es la de echar un votito en una urnita cada cuatro años, por más que la ley electoral apenas dé opciones para otra cosa que no sea esa. Pues habrá que cambiarla, ¿no...?

Un abrazo muy fuerte a los tres, muchas gracias por comentar y que tengais una muy buena semana.

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