jueves, 10 de junio de 2010

Cosas de la publi (A salto de mata XLV)

Los seguidores más recientes de este blog quizá no lo sepan (dado que hace tiempo que no le dedico ninguna reseña), pero los más antiguos sí son conocedores de mi querencia e interés por el mundo de la publicidad. Un mundo que me resulta atractivo por muchos motivos, y del que, puestos a destacar algún elemento, me llama poderosamente la atención su condición de termómetro social. En ese sentido, más llamativo aún me resulta la incongruencia o contradicción que la publicidad plantea entre sus formas y sus fondos. Y me explico.

En el ámbito formal, la publicidad se muestra como un veradero paladín del progresismo y la transgresión, hasta el punto de haberse convertido (junto al mundo de la ficción seriada televisiva) en el mayor referente de innovación y creatividad (en contraposición al anquilosamiento y estrechez de miras que nos ofrece, cada día de manera más acusada, el mundo del cine). En cambio, y paradójicamente, en cuestión de contenidos, la publicidad se manifiesta como un reducto indudable de conservadurismo, hasta un punto rayano en lo retrógrado, de modo que, en aras a conseguir la máxima eficacia de sus mensajes, el material publicitario raramente transgrede los estándares y premisas sociales más elementales, convirtiéndose, con ello, y bajo el manto de la más absoluta “corrección política”, en un elemento de gran ayuda para la perpetuación de roles, estatus y topicos predeterminados.

En suma, que no es infrecuente que nos encontremos ante spots publicitarios que, bajo un manto de imágenes y sonidos rompedores y vanguardistas, nos “castigan” con mensajes sexistas, machistas, discriminatorios y atentatorios de los principios más elementales de igualdad. Y que difícilmente encontraremos un “objeto cultural”, por llamarlo del alguna manera, que refleje de forma más fidedigna los principios y valores imperantes en una sociedad, que sus anuncios comerciales.

Es ése el motivo por el que me ha dejado verdaderamente estupefacto una cuña publicitaria radiofónica de una conocida marca de automóviles que, basando su promoción comercial en un descuento sobre el precio final de sus vehículos, utiliza como slogan –y señuelo- el de su comparación con un  “paraíso fiscal”. Horror de horrores. O sea, que resulta que, con la que está cayendo, los paraísos fiscales aún no tienen ninguna connotación moral negativa; más bien, muy al contrario, siguen siendo asimilados a, o contemplados como, lugares maravillosos y dignos de estima. Porque, díganme ustedes si no, amigos lectores, cómo se entiende un anuncio sonoro en esos términos. ¿Se imaginan un producto, sea del tipo que sea, que pretenda asociar su consumo y/o uso a prácticas y conductas manifiestamente ilegales y/o inmorales? Complicado, ¿no...? Y absurdo, también. Tales productos serían repudiados por su clientela potencial de manera clara y terminante (además de bastante lógica y razonable).

Francamente, me preocupa. ¿O es lo mío un problema de estrechez de miras? Ya me dirán ustedes, ya...

La fotografía que ilustra el artículo proviene de la galería de Flickr de pablodf, y se publica conforme a los términos de su licencia Creative Commons.

11 comentarios:

Marcos Callau dijo...

Bueno creo que no he escuchado ese slogan publicitario del que hablas peor me parece muy malo y poco efectivo.

Gerardo dijo...

He visto eso del paraiso fiscal también en anuncios en prensa y también me escandalizó.
Los publicistas suelen usar mensajes rompedores que imitan muchas veces un discurso propio de grupos sociales alternativos porque éstos son las que tienen mayor credibilidad para el público en todas las encuestas sociologicas.

Camuflando el mensaje del consumo con planteamientos alternativos buscan alejarse de la imagen corporativa.

Crowley dijo...

Estimado Manuel, ni que decir tiene que parece que hoy todo vale. Hay quien malversa fondos públicos y es aclamado entre vítores, hay quien se pasa la Ley por el forro de los mismísimos, y es alabado por todos... Yo también pensé lo mismo la primera vez que escuché esa cuña en la radio, y es que eso de "...será tu paraíso fiscal" es alucinante.
Un saludo

Viola Tricolor dijo...

Qué fuerte, pero he de reconocer que me ha entrado la risa con tú último párrafo por tu forma de contarlo. Si te digo que no veo anuncios desde hace meses, porque sin plantearmelo he dejado de ver la tele, el otro día no se porque tuve un rato una cadena con anuncios y los vi con ganas, como una novedad, bueno ahora que caigo los anuncios que oigo son los del spotify :p y creo que suelen ser musicales.
De todos modos siempre ha habido anuncios que claman al cielo no? todos los que echaban en la radio hace años que seguro que siguen de productos adelgazantes, cursos de formación, eran todos un timo.
Besos y me alegro que escribas a menudo aunque eso quiera decir que tengo montones de posts pendientes tuyos :)
un beso.

Josep dijo...

Eso te pasa, Manuel, por ver la tele y escuchar emisoras de radio comerciales.... ;-)

Desconozco la cuña publicitaria, pero me parece que yerras la dirección al escandalizarte: la publicidad no tiene la culpa: sólo se dirige en la dirección que más agrada a sus potenciales "consumidores-objetivo", porque su función es agradar a la mayoría que recibe el impacto publicitario.

Denunciar al publicista en demasiadas ocasiones es matar al mensajero, mal que nos pese.

Un abrazo.

39escalones dijo...

Lo primero: me encanta la foto.
Sobre el resto, suscribo tus palabras. A fin de cuentas, publicidad, marketing y política van juntos de la mano desde hace siglos, pero al grado de perfección al que ha llegado la Iglesia durante dos mil años en estas labores sólo ahora hay quien resulte comparable: las campañas políticas diseñadas no por ideólogos sino por publicitarios. Y claro, como éstos andan en política, se contagian de sus códigos y adquieren vicios. El paraíso fiscal, en teoría, es algo malo. Con la boca pequeña, claro, porque, ¿qué país no los usa para sus negocios?
Abrazos.

Manuel Márquez dijo...

Si no lo has oído, compa MARCOS, la verdad es que no te pierdes gran cosa a nivel creativo (más allá de las otras consideraciones en que entra la reseña...). ¿Efectividad? En ese aspecto, yo tengo un enorme respeto y admiración por los profesionales del ramo, con lo cual es probable que el anuncio sea bastante más eficaz de lo que aquellos a quienes nos parece malísimo, pensamos.

Compa GERARDO, ese apunte tan certero que efectúas, sobre la habitualidad con que los publicistas acuden a mensajes supuestamente rompedores para vendernos productos profundamente conservadores, es algo que no puedo rebatir, pero creo que este caso está bastante lejos de esa circunstancia, dado que no hay el más mínimo deje de ironía o segunda intención en el mensaje de la cuña, creo... Pero sí, es cierto que el mundo de la publicidad explota mucho, y bien, esa "buena prensa" que lo alternativo (siempre que sea inocuo, claro...) suele tener.

Compa CROWLEY, el "todo vale" me temo que no es un fenómeno actual, sino algo que va grabado a sangre y fuego en la historia de la humanidad (y quién sabe si, salvando las distancias, no será ésta la época histórica en que mejor estamos en ese aspecto). Maquiavelo no nació ayer, desde luego... La diferencia, probablemente, es que, a día de hoy, el tamaño y la potencia de los "altavoces" es infinitamene superior...

Un fuerte abrazo a los tres, gracias por pasaros a comentar y que tengais buen fin de semana,

Manuel Márquez dijo...

Este anuncio, compa VIOLA, lo he oído en la radio, y no sé si tiene versión televisiva (supongo que sí, es lo más frecuente...). Yo también suelo ver en la tele canales sin publi (los de Ono), y la verdad es que me resulta agotador ver programas con interrupciones tan numerosas y largas. En cuanto al Spotify, supongo que éste igual cae, suele haber publicidad de coches con bastante frecuencia. Esos anuncios que mencionas en la radio son auténticos "clasicos", y reductos de "anti-creatividad"; pero me supongo que, cuando con el paso de tantísimos años, los mantienen, debe ser porque funcionan -de lo contrario, ya habrían probado otras fórmulas, seguro...-. ¿Reseñas pendientes? No te agobies, que aquí siempre hay mucha morralla, toneladas de material perfectamente prescindible (hasta para mí, vaya...); de todos modos, se agradece la intención de leerlo, siempre es un estímulo para intentar mejorar...

Compa JOSEP, a mí no me disgusta la radio comercial, de hecho, oígo durante un montón de horas al día (muchísimas: en el trabajo, en casa...) la cadena SER. Ya sé de qué pie cojea, y con las debidas prevenciones, me gusta seguirla; creo que, como producto radiofónico, el suyo está bastante bien. En cuanto al debate sobre las responsabilidades de emisor y receptor en la transmisión de mensajes moralmente degradados, por llamarlos de alguna manera (y que se haría extensible, como tú bien sabes, a todo eso que ahora se ha dado en llamar "telebasura" -no sin fundamento, por cierto...-; o a tu tan anhelado y adorado remake de El increíble hombre menguante con Eddie Murphy de prota...), es lo del siempre, lo del huevo y la gallina. Si no hubiera público receptivo para estos mensajes, su emisor no los lanzaría; y si su emisor no los lanzara, y lanzara otra cosa, el público se tragaría igualmente esa otra (o sea, que todos estaríamos viendo documentales de pajaritos y cocodrilos en la tele todo el día, en vez de oír los "jarpíos" de la Belén Esteban -también todo el día-, que es a lo que, visto globalmente, nos dedicamos ahora...). Yo, francamente, no lo tengo nada claro, y me cuesta decantarme por una u otra opción; supongo que igual la realidad se compone de una fina mezcla de ambas dos...

Compa ALFREDO, me alegro que te guste la foto (en la parte que me toca por su elección; en cuanto a su autoría, espero que el amigo mencionado en el pie de artículo se dé por felicitado, y le llegue la referencia...). Iglesia, política: ésas son palabras mayores, compañero, el summum del marketing y la capacidad de venta, hasta extremos de una depuración y una finura impensables para el común de los mortales. De hecho, y como tú bien apuntas, no hay producto que dure cuatro días en candelero, y éstos llevan dos mil años vendiéndonos la misma borrica. Un mérito indudable, y que, deportivamente, habremos de reconocerles...

Un abrazo muy fuerte para los tres, muchas gracias por vuestros comentarios y que tengais un excelente fin de semana.

ANRO dijo...

Es anuncio concreto que citas es una porqueria y además es completamente inoportuno.
Lo tuyo no es estrechez de miras sino una ética de lo más lógico.
Un abrazote.

Corpi dijo...

Cuando uno escucha las palabras "paraíso fiscal" automáticamente en su cabeza se encienden las bombillas de dinero, de mucho dinero, y de buena vida. Supongo que es lo que habrán querido expresar los creadores del anuncio. Y es que, por encima de la moral, la buena educación y todo lo que dices, están los rendimientos monetarios.
Un saludo.

Manuel Márquez dijo...

Compa ANTONIO, no sé si llamarlo ética, o cómo, pero lo que me espanta es que, no soliendo errar la publicidad en la percepción de lo que la gente entiende como asumible o no, cuando esta compañía habla de paraísos fiscales así de alegremente, es porque debe tener claro que su público objetivo (clase media normalita, creo...) no ve con desagrado esos "santos lugares"...

Compa CORPI, pues ese enfoque que apuntas es el que han debido manejar los creativos publicitarios que han parido este spot, porque, de lo contrario, no se entiende. Y es que el problema, donde radica el por qué este sistema económico no revienta, y tira "p'alante", con toda su crisis, y todo lo que se quiera, es que la gente lo que quiere es no ser pobre, no que no haya pobreza. En fin...

Un fuerte abrazo a los dos y que tengais buena semana.

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