martes, 4 de mayo de 2010

La guerra de los mundos (The war of the worlds; U.S.A., 1953) (Grageas de cine LXXIV)

MARCIANADAS DE COLORINES.-

Hay tentaciones que no siempre resultan fáciles de vencer. El cine fantacientífico estadounidense de los años cincuenta del pasado siglo, ése que encontró su combustible y su caldo de cultivo en la ominosa amenaza nuclear que comenzaba a cobrar cuerpo al calor de la guerra fría (valga la contradicción), se nos ofrece, en la actualidad, revestido de una pátina inocente y naif que, en muchas ocasiones, nos hace contemplarlo con un cariño –y su consiguiente condescendencia- que no debería, en ningún caso, ocultar o maquillar sus manifiestas carencias. Carencias que, por otro lado, no derivaban de una falta de savoir faire (la maquinaria de Hollywood estaba, a esas alturas, más que rodada...), sino más bien de una clara vocación de producto menor, con dotaciones presupuestarias en consonancia con tales vuelos. Repartos donde no había un atisbo de presencia estelar que pueda considerarse tal; directores de segunda fila a los que se encargaba una tarea tan eficiente como meramente funcional; o elementos de atrezzo (efectos especiales, decorados, etc...) manifiestamente mejorables, cuando no rayanos en lo chapucero. Articular sobre esas bases un discurso crítico que revindique esos films no deja de ser, en muchos casos –si no se marca la debida distancia-, un puro y duro ejercicio de esnobismo (que, para ser francos, este humilde escribiente ha podido cometer en alguna que otra ocasión; eso sí, quien esté libre de pecado...).

Bajo esas premisas, un film como “La guerra de los mundos”, aunque toma su base en un relato de H.G. Wells muy anterior cronológicamente, se inscribe de forma clara en la tendencia general de la época, con su mensaje apocalíptico de destrucción y sometimiento y su apelación a los miedos más elementales que pueden aquejar al ser humano: ése mismo que, aterrado y despavorido, se vio convulsionado, hasta el punto de lanzarse a una huida loca y exasperada, por aquella experiencia tremebunda del Mercury Theatre de Orson Welles dos décadas antes, basándose en el mismo texto de referencia. En este caso, la explicitud de las imágenes (esas ofidiaceas naves, con sus lucecitas verdes y rojas, sus mortíferos rayos desintegradores y sus campanas protectoras –más propias de un reloj ornamental que de un arma de destrucción masiva-) conjura, a base de mezclar candidez y artificiosidad, cualquier posibilidad de incertidumbre, y, con ello, de pavor ante lo ignoto. Y, por supuesto, hace que, ante el calibre y formulación de la “amenaza”, uno pueda esbozar una sonrisilla irónica y seguir degustando con toda tranquilidad la copita y el aperitivo con que suele acompañar estas otras "degustaciones". En previsión de lo que pueda venir...

8 comentarios:

Titajú dijo...

Vi la peli de Tom Cruise (y no me gustó) pero no la original.
Mi hermano tenía la banda sonora en LP, y ponía los pelos de punta.
CHUNCHUNCHúúúúNNNN, tururúúúútururúúúúúú
CHUNCHUNCHúúúúNNNN....
Muy buena, aunque ya ves que el solfeo no es lo mío, precisamente.

Marcos Callau dijo...

Me encanta esta película Manuel. Una de mis preferidas de esa época tan memorable del cine norteamericano de marcianos. Recuerdo varias de este tipo como "La invasión de los ladrones de cuerpos", "La cosa" o e lmismo "Ultimátum a la Tierra" que fueron memorables. Pero ninguna se puede equiparar a la fuerza que tenía ésta. Las naves eran chulísimas y muy modernas para la época y esos rayos mortíferos aún conseguían atemorizarme cuando era pequeño y mis ojos ya habían visto, por ejemplo, "E.T." o la serie ochentera "V". Una delicia de recuperación la que nos has brindado hoy.

Josep dijo...

Pues mira, la tengo pendiente de repasar -porque la vi en la tele hace la intemerata- y esas ganas me vinieron después de tragarme el truño de Spielberg con el cruisito de marras y pensaba hacer una comparativa -salvando las distancias tecnológicas- pero hasta ahora no he tenido tiempo y me parece que que la cosa va para largo, así que, de momento, me tomo la copita y ya luego veremos si la recupero o la dejo para más adelante... ;-)

Un abrazo.

p.d.: estajanovista....

PMM dijo...

Sabes lo que me pasa a mí con estas películas? Que después de tanto tiempo, no soy de capaz de recuperar del todo la impresión de la primera vez, porque detectas todos los fallos de "efectos especiales", y aunque intento de verdad no verlos, no puedo, y al final viene la risa. Así que prefiero no verlas repetidas y quedarme con el buen sabor de boca.

39escalones dijo...

Y sin embargo, con todos ese carton piedra, es infinitamente superior al espantajo ése de Spielberg y Cruise, que irá directamente a mi Tienda de los Horrores en cuanto vuelva a verla.

Manuel Márquez dijo...

La leche, compa TITAJÚ, me partía de risa con tu "momento musical": tal cual como si la estuviera oyendo, vaya... Sí que era una música muy impactante (a mí me gustaba, y mucho). La versión Cruise no la conozco, y, vistas las "pasiones que despierta" entre la concurrencia, casi mejor me voy olvidando de ella...

Compa MARCOS, me alegro de que la rememoración te haya resultado satisfactoria. Todas esas pelis que nombras forman parte de ese "paquete del susto", que tan buen juego dio en la época, y que hoy vemos, con la distancia, de una manera un tanto risible. Pero eran todo un dechado de imaginación y de aprovechamiento de los (limitadísimos) recursos. Ya podía aprender alguno que yo me sé...

Recupérala, compa JOSEP, y haznos esa comparativa, que seguro que merece la pena, y nos ilustra tela (seguro que cualquier parecido entre una y otra debe ser eso que se suele decir, mera coincidencia...). ¿Estajanovista yo...? Bueno, he de reconocer que esta semana me dio la ventolera...

Compa PMM, esa perspectiva que aportas es la misma que yo me he aplicado en más de una ocasión, y no sólo para pelis de este género, sino para muchas, así en general, que ví hace ya bastante tiempo. Las pelis no han cambiado, pero el vidente, sí (y me temo que no siempre, ni en todo, para bien...). Ésta, desde luego, no es difícil que te despierte esa risilla compasiva, vista con ese planteamiento, desde luego...

Compa ALFREDO, te digo lo mismo que a Josep: a la espera quedo de tu particular "despiece" del "ejemplar", que ya les aplicas tú medicina de la buena en esa tienda tan maja que administras (a ver si aprende El Corte Inglés...).

Un fuerte abrazo a los cinco, muchas gracias por visitar y comentar y hasta pronto.

Kinezoe dijo...

Una de esas pequeñas joyas que nos dejó la ciencia ficción de los 50. Entrañable en su ingenuidad.

Un abrazo.

Manuel Márquez dijo...

Pues sí, ese de la ingenuidad, compa KINEZOE, es uno de los rasgos más acusados (y disfrutables) de una propuesta como ésta. Buen apunte, vaya que sí.

Un fuerte abrazo y buen día.

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