miércoles, 12 de mayo de 2010

Gentlemen Broncos (U.S.A., 2009) (Apuntes sobre el cine que viene XXVII)

¿Y ESTO DE QUÉ VA...?

Humor intelectual. ¿Pero no habíamos convenido que el humor es una cuestión fundamentalmente visceral, de una apelación más enfocada al sentimiento que a la razón? Pues no, parece ser que hay algunos cineastas que, siguiendo la estela marcada por el maestro en estas lides (el ínclito Woody Allen), andan empeñados en pergeñar propuestas que, moviéndose por los lindes de lo estrafalario, lo estrambótico o lo, lisa y llanamente, marciano, intentan mover a la risa a través de mecanismos narrativos que van más allá de los desplegados por el gag de respuesta inmediata. Es el caso de Jared Hess, director estadounidense cuyas dos películas anteriores (“Nacho libre” y “Napoleon Dynamite”) ya habían suscitado un cierto interés por parte de la crítica más exquisita ―y no tanto por parte de un público al que estas propuestas, no nos engañemos, no llegan a engatusar masivamente―, y que ahora reincide en fórmula y tendencia con su nueva entrega, “Gentlemen broncos”,en la que vuelve a ofrecernos un extenso catálogo de “friquis” inmersos en situaciones argumentales a cual más disparatada y absurda, una especie de comedia enloquecida con un barniz neuronal, poco glamouroso, pero con pretensiones.

¿Expectativas para productos de este corte? Muy limitadas. Más allá de la frontera que ya establece ese toque intelectual, y que suele comportar una vocación inequívoca de no funcionar como producto de público masivo (allá cada cual con sus planteamientos comerciales...), una película como “Gentlemen broncos” juega con un hándicap aún más fuerte, y es el de la lejanía de sus referencias sociales y culturales, demasiado apegadas a una especie de América profunda como para que un espectador europeo, en general, o español, en particular, pueda sintonizar de manera sencilla con ellas. Y es que si debe resultar bastante complicado hacer comprender a un estudiante de Minnesotta, o un repartidor de pizzas de Nebraska, la veneración que Torrente siente por el Fary (no se me ocurre un ejemplo más contundente...), tampoco debe resultar sencillo para un fontanero de Talavera, o un abogado de Monforte de Lemos, entender ciertas claves del comportamiento de Benjamin Purvis, Ronald Chevalier o cualquiera de sus acompañantes en la trama. Y sin entendimiento no hay empatía, y sin empatía, no hay conexión emocional, y sin... Entradas para otra sala, por favor...

PRONÓSTICO: vaya, ni por asomo...

3 comentarios:

Titajú dijo...

Pues tal y como lo pones, miedo da.
"Torrente" me dio arcadas, así que mejor esta película la dejo correr.

Anónimo dijo...

Es una pelicula bastante divertida.. pero como con todas las comedias, a mi lo que me da miedo es el doblaje que puedan haber hecho :S

Manuel Márquez dijo...

Bueno, compa TITAJÚ, no sé si tanto como miedo, pero está claro que no ando desvelado por la idea de ir a verla. Ah, tampoco pretendía comparar esta peli con Torrente (no creo, francamente, que tengan demasiado que ver), sólo establecía la comparación en cuanto a su enraizamiento en una realidad propia y específica, quizá poco trasladable fuera de su ámbito. Pero todo es un puro prejuicio, eso que conste (y así se hace notar...).

Compa ANÓNIMO, deduzco de tu comentario que es una peli que has visto ya, y, además, te ha gustado. ¿Doblaje? Es que hay pelis que debería estar prohibido doblar; pero entiendo que, comercialmente, eso es poco viable.

Un fuerte abrazo a los dos, y que tengais buena tarde.

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