martes, 4 de mayo de 2010

El último verano de la Boyita (Argentina, 2009) (Apuntes sobre el cine que viene XXIII)

DE BÚSQUEDAS Y HALLAZGOS.-

Que Juan José Campanella y su magnífica “El secreto de sus ojos”, gracias a la obtención del Oscar a la mejor película de habla no inglesa, hayan vuelto a concitar la atención de los “focos cinéfilos” sobre la cinematografía argentina, es algo que, sin duda alguna, va a ayudar a que producciones de un perfil comercial más bajo —y que, consecuentemente, a priori, tendrían menos posibilidades de difusión en salas de cine— consigan salida. Puede ser el caso del  nuevo film de la directora Julia Solomonoff, que, tras debutar cinco años atrás con “Hermanas”, vuelve a encontrar un hueco en la cartelera española para su nueva entrega, “El último verano de la Boyita”, proyecto respaldado por la participación en la producción del mismo de la “factoría Almodóvar” (El Deseo), y que, tras un paso poco más que discreto por la pasada edición del Festival de San Sebastián, aborda una historia de iniciación vital y descubrimientos básicos, en la que cobra especial peso argumental el tema de las identidades sexuales, con concomitancias más que evidentes con una propuesta también argentina, y relativamente reciente, como es “XXY”, de Lucía Puenzo .

Más próxima probablemente, en cuanto a tono y enfoque, a los aires cercanos e intimistas del cine de Juan Carlos Sorín —otro referente ineludible cuando de hablamos de cine argentino con buena acogida en los circuitos “festivaleros”— que al hermetismo y excentricidad de las propuestas de Lucrecia Martel —con la cual, sin embargo, sí que guarda cierto paralelismo en lo referente a ubicación física de la historia—, el film de Julia Solomonoff no lo tiene fácil para encontrar una acogida amable entre un público no siempre con la mejor de las disposiciones hacia historias en las que pesa más la reflexión sobre los acontecimientos que el propio desarrollo dramático de éstos. Aún así, siempre resultará interesante comprobar el juego que es capaz de extraer la directora argentina de una pareja protagonista infantil —ya saben aquello que contaba el mago Hitch sobre los niños y los animales en los rodajes...— que, visto lo visto, sí que garantiza frescura, espontaneidad y desparpajo; con menos mimbres se han llegado a tejer cestos aceptables. ¿Su oportunidad? A partir del 7 de mayo; estaremos atentos...

PRONÓSTICO: ya quisiera, ya...

4 comentarios:

39escalones dijo...

En fin, Argentina es un lugar de donde suelen venir cosas muy buenas... y truños encubiertos. Precaución ante el cine argentino es lo mínimo que hay que tener (no hay más que fijarse en el cine, o lo que sea, de la Martel), pero cuando acierta, qué maravilla...
Abrazos.

Manuel Márquez dijo...

Pues sí, compa ALFREDO, esa dualidad a la que apuntas es un elemento que no se puede descartar, no. La Martel, uf... Aprovecho para contar una batallita: cuando presentó su opera prima, La ciénaga, en España, en el Festival de San Sebastián, año 2001, dio la casualidad de que se sentó justo en la butaca al lado de la mía (con lo grande que era la sala, se ve que no encontró sitio mejor...), con lo cual uno, que es así de "cortaillo" y vergonzoso, para no quedar mal, aunque la peli no le estaba gustando lo más mínimo, ponía ojos como platos y cara de estar gozándola, con la única idea de no darle un sofocón a la mujer. En fin... Pasado el tiempo, he de confesar que la cosa fue bastante vergonzante, y ahora igual algún resoplido se me hubiera escapado (el otro día, viendo en TVE-1 su última peli, La mujer rubia, lo hice bastante mejor; a la media hora -no fui capaz de aguantar más-, me fui para el sobre...). Pero, bueno, bueno, ésta no es de la Martel, ¿no...?

Un fuerte abrazo y buena semana.

ANRO dijo...

Me gusta el cine argentino, pero la advertencia de 39 escalones no es en absoluto banal. Desde la última y absolutamente magnífica peli de Campanella, los argentinos se han ganado un buen prestigio en este arte, esperemos que sepan aprovecharlo y nosotros gozarlo.
¡Qué hipócrita fuiste, Manolo, yo aprovechando la ocasión de tener a esa Martel a mi lado le hubiese dado un buen cachetón por pelma!...Todavía hay caballeros en la España de las Autonomías.
Un abrazote.

Manuel Márquez dijo...

Creo, compa ANTONIO, que los argentinos pegaron un primer aldabonazo cuando en el 2001 -si mal no recuerdo-, otra peli de Campanella, El hijo de la novia, tuvo un éxito comercial totalmente inesperado. Después, vino 9 reinas, de Bielinsky, y, a partir de ahí, la cosa se desmadró (dentro de un orden, claro...), volviendo a pasar por un bache del que ahora parece que vuelve a salir. Estas cinematografías tienen muchos problemas para mantener una continuidad, por su falta de peso industrial -y en Argentina, al fin y al cabo, resisten mejor por la proliferación de coproducciones, pero, en otros países, ni eso...-. ¿Un cachete a Lucrecia Martel? Buff, no sé; en todo caso, me temo que otra oportunidad no voy a tener en la vida...

Un fuerte abrazo y buena semana.

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