viernes, 7 de mayo de 2010

Critico, que no ataco (A salto de mata XLIV)

Escuchaba hace unos días con estupefacción un corte radiofónico en el que la presidenta del Tribunal Constitucional de España, doña Emilia Casas, califica de “intolerables” y “terribles” las presiones e ingerencias que el tribunal que ella preside viene sufriendo en relación con la demora en resolver el recurso de inconstitucionalidad que el Partido Popular vino a plantear hace ¿digamos, un año...? ¿o son dos...? ¿o no vendrán más bien a ser tres, casi cuatro...? contra el Estatuto de Autonomía de Cataluña. Dejando a un lado la circunstancia, nada baladí, de que lo que me parece terrible e intolerable (y no sólo a mí, sino tengo por seguro que a buena parte de mis conciudadanos) es esa demora a la que antes apuntaba, lo que más preocupante me resulta no es el episodio puntual, sino cómo el mismo viene a incidir en una pauta de actuación que viene haciéndose cada vez más frecuente en determinados ámbitos orgánicos, tanto públicos como privados, y que consiste en una deslegitimación moral de las críticas adversas al socaire de la falta de respeto institucional  hacia el órgano criticado o cuestionado.

Y eso, amigos lectores, aun reconociendo lo encomiable del intento, pues ya no cuela. Criticar al Tribunal Constitucional por la exasperante lentitud con que están abordando la resolución del que, probablemente, constituya el asunto más complejo y peliagudo desde el punto de vista político sobre el que se haya tenido que pronunciar desde su constitución, no implica ningún cuestionamiento del órgano ni socava los cimientos de un tribunal que, desde sus orígenes, ha prestado excelentes servicios a la ciudadanía de este país, a través de una descomunal tarea de depuración e interpretación de los soportes constitucionales de nuestro ordenamiento jurídico, y por el que han pasado algunas de las mentes más preclaras que, en materia de conocimiento del Derecho, haya tenido este país, y cuya memoria y legado poco está honrando la presente hornada de magistrados del actual Tribunal, que es la receptora de las críticas generalizadas que hacia su desempeño se vienen realizando (ellos, las personas, que no la institución) y que es quien debería olvidarse y abstraerse del ruido circundante (aunque el aguantarlo, y soportar la presión que ello genera —no se olvide— también va en la paga...) y centrarse en la tarea a la que deben servir.

¿Que sería mucho mejor que el Tribunal Constitucional pudiera desarrollar sus tareas sin el más mínimo ruido mediático al fondo, y sin la trifulca política permanente como “coro de acompañamiento”? Quién lo duda.... ¿Que no son sus miembros los únicos responsables del empantanamiento actual a que se ve sometido asunto tan sensible -y que, por otra parte, hay que tener claro que no cabe resolver en un par de meses...-? Por supuesto que sí... También es sabido que las críticas escuecen, aun cuando se admitan de buen grado, y que a todos nos gusta más recibir parabienes y elogios hacia nuestros hechos, dichos y demás vainas, que ser puestos en la picota. Pero hay que asumir que, sin llegar a lo delictivo (falsedades, calumnias, injurias y derivados...), cada cual es muy dueño de criticar, con mayor o menor fortuna, lo que considere conveniente y cómo le parezca más oportuno. Y hay que respetar ese ejercicio de la libertad de expresión. Y punto. Apelar a defensas numantinas desde una supuesta vulnerabilidad institucional y unas proclamas de respeto poco conciliables con el derecho de libre opinión ligado a la libertad de expresión antes apuntada, es un ejercicio un pelín tramposo, y no exento de ciertos peligros (los que conlleva el tensar algunas cuerdas e incendiar ciertos ánimos).

Que ya lo dijo el filósofo aquel (¿o era un furgolista...?): menos samba (y menos toros...), y más trabajar. Todo lo demás, milongas...

La fotografía que ilustra el artículo proviene de la galería de Flickr de Jaume D'urgell, y se publica conforme a los términos de su licencia Creative Commons.

5 comentarios:

Titajú dijo...

Eso, menos samba e mais traballo.
Aquí somos especialistas en llorar; si invertimos en trabajo el tiempo que perdemos en lloriqueos, seríamos el país más productivo de occidente.

ANRO dijo...

No somos White Anglosaxon Protestans, amigo Manolo. Vivimos en el pais del cachondeo cañí....Nadie quiere asumir críticas, porque somos la releche.
Hay tantos asuntos políticos sobre la mesa al día de hoy, querido amigo, que uno ya no sabe por donde se la están metiendo.
Que una institución como ésta de la que hablamos se tome casi cuatro años en un asunto que está levantando tantas ampollas es una tropelía más.
Oh, España de charanga y pandereta, cerrado y sacristía....qué razón llevaba Don Manuel.
Un abrazote,.

Corpi dijo...

La base del problema está en la politización del tribunal. Si se pudiera conseguir un tribunal con gente ajena a los partidos, otro gallo nos cantaría, pero creo que eso va a ser imposible.

Josep dijo...

Lo de "las mentes más preclaras" me ha llegado hasta el fondo.... y no digo de qué....

Un abrazo.

Manuel Márquez dijo...

No sé, compa TITAJÚ, si la cosa será tan drástica como la pintas (algo de ello hay, desde luego...), pero bien que nos vendría ponernos las pilas y ser más humildes con la aceptación de la crítica ante lo mal hecho.

Compa ANTONIO, sobre la proliferación de asuntos políticos que resolver, no lo puedo negar, cómo no, aunque también tengo claro que, en muchas ocasiones, nada tiene que ver el ruido mediático que se despliega alrededor con la entidad real del problema sobre el que se despliega. Pero éste, en particular, creo que sí que es muy, muy grave...

Compa CORPI, lo de un T.C. despolitizado, que, desde luego, sí que sería deseable, me parece que va a ser que no; los partidos políticos no se "arriesgan" a perder cierta capacidad de control sobre un órgano tan sensible.

Compa JOSEP, no me queda claro con tu comentario si lo de las "mentes preclaras" te parece un disparate, una exageración, un exceso de valoración, no sé... Yo quería hacer referencia a los grandes juristas (Tomás y Valiente, Jiménez de Parga, Cruz Villalón...) que han pasado, en tiempos quizá ya algo lejanos, por ese Tribunal, y que ahora tanto se echan de menos, más allá de ideológicas o adscripciones políticas o grupales. Pero, en fin, ya nos contarás...

Un fuerte abrazo a los cuatro, muchas gracias por vuestros comentarios y que tengais una buena semana.

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