lunes, 10 de mayo de 2010

Arroz amargo (Riso amaro; Italia, 1949) (Grageas de cine LXXV)

Más dramático que social, más erótico que mistérico. Un film como “Arroz amargo” se ha convertido, con el paso de los años, en un auténtico icono cinéfilo, y es muy probable que en su veneración pesen más, casi con total seguridad, elementos que no guardan tanta relación con sus bondades artísticas como con otros elementos, o, para ser más precisos, con otro elemento. O elementa, que diría la ministra Aído. Elementa que atiende al nombre de Silvana Mangano, y que, desde su primera —y explosiva— irrupción en pantalla (ese baile entre lánguido y desmadejado con el que concitaba la atención de sus compañeras de viajes y otros agregados de distinto pelaje...), hasta su última —y tremenbundamente dramática— aparición, conseguía, a base de combinar rotundidad carnal (agreste y sin el más mínimo pulimento) con falsa ingenuidad (bajo su superficie, un poso de pícara malicia imposible de tapar), que la temperatura ambiente alcanzara niveles de torridez difícilmente conocidos en una sala de cine con anterioridad. Más allá de esa presencia (generosamente explotada, en una profusión de planos muy, muy alta), la película de Giuseppe de Santis evoluciona en una especie de ensalada de géneros, sin terminar de definirse en ningún momento: su componente social está muy presente como trasfondo de la historia, pero ésta no deja de ser, en esencia, un drama noir.

Como tal drama en clave de suspense, “Arroz amargo” se acerca bastante más a un referente como el de la opera prima de Visconti (“Obsesión”) que al constituido por las obras señeras de los grandes popes (Rossellini, De Sica) del neorrealismo. Y, desde luego, no alcanza el grado de prospección ni la altitud de miras de tales títulos, frente a los cuales empalidece debido a una cierta dispersión narrativa y a la escasa contribución que al dibujo de sus personajes hace un cuadro de protagonistas tan peculiar, con su doble pareja italo-norteamericana, como indolente. Raf Vallone y Doris Dowling apenas aportan poco más que su agraciado físico —incluido el acusado contraste entre la rotundidad de él y la fina sutileza de ella—, mientras que la de Vittorio Gassman -pese a ser la suya, de largo, la interpretación más completa- no deja de ser una aparición que, más allá de su valor intrínseco, sólo cobraría su exacta medida con el paso de los años: este monstruo de las tablas apenas volvió a pisar un plató cinematográfico. Eso sí, siempre nos quedará, para enturbiar y enfebrecer nuestras noches en vigilia, ella, la Mangano: esas axilas sin depilar, y esos pechos enardecidos, aún se me aparecen en ciertos sueños sobre los cuales (teniendo en cuenta que, quién sabe, este blog puede tener lectores menores de edad...) mejor será no entrar en detalles. ¿No...?

8 comentarios:

39escalones dijo...

Una película, como bien dices, estimable sólo en parte pero, a la vista de lo que ha venido a ser el cine italiano en las últimas décadas, digna de ser recuperada.
Un abrazo.

ANRO dijo...

Je, je, ¿menores de edad?...no se, no se.amigo Manolo. Me colé pare ver esta peli...y francamente no se me ha olvidado en la vida la imagen de la Mangano en el pantanal del arroz....Volví a ver la peli hace ya algunos años y sí, la cosa cambiaba, la peli no es redonda pero sí puede considerarse muy importante dentro del panorama del cine italiano de la época.
De Santis era mejor guionista que director, de hecho creo que el guión estuvo nominado aquel año.
El título tenía un doble significado ya que "riso" es tanto arroz como carcajada, en italiano.
Habría que volver a ver la peli y gozar de todos sus detalles, sin olvidar, claro está a la Mangano.
Un abrazote.

Titajú dijo...

Mucho me gustó, aunque hace siglos que no la veo y como mis gustos han cambiado bastante, es posible que si la vuelvo a ver a no me guste.
Sí recuerdo la terrible carga erótica de la película; esa exuberancia carnal, ese cuerpo sólo cuerpo sin ningún refinamiento.
Inquieta me dejó, y sudorosa también.

Marcos Callau dijo...

Silvana Mangano es lo mejor de la película, sin lugar a dudas. En cualquier caso creo que se le da demasiado bombo para lo que es.

Josep dijo...

Hace tiempo que la vi en la tele y desde luego me impresionó muchísimo esa carnalidad desafiante de la Silvana Mangano: tengo que recuperarla, porque, aunque puede que después de tanto tiempo la impresión no sea la misma, pertenece a una época del cine italiano que dio grandes momentos de cine.

En lo que tengo mis dudas es respecto a lo que apuntas acerca de Gassman, porque trabajó bastante en el cine, alternándolo con el teatro, claro...

Un abrazo.

Manuel Márquez dijo...

Compa ALFREDO, lo del cine italiano es una de esas cosas que uno no termina de entender; cómo ha podido pasar de ser uno de los más pujantes y vivos del mundo, a la atonía que actualmente le aqueja, con muy pocos títulos y (lo que es peor) poca difusión internacional. Pero algún motivo habrá, supongo, claro...

Es normal, compa ANTONIO, que el visionado de peque no tuviera nada que ver con una revisión posterior: de chico supongo que te quedarías en estado de patatús (yo la he visto ya talludito, y también me he quedado). Qué poderío el de la Mangano, desde luego que sí...

Compa TITAJÚ, ten la completa seguridad de que una posible revisión no le va a sentar nada bien, me temo. Eso sí, la inquietud y los sudores igual sí qe los repites, porque la carga erótica -sobre todo, teniendo en cuenta lo puritano que se nos ha vuelto el cine en los últimos años- la manntiene completamente intacta (es lo que tiene algún celuloide, que algunas características las conserva muy bien...).

Un fuerte abrazo a los tres, y que tengais un muy buen día.

Manuel Márquez dijo...

Compa MARCOS, yo no llegaría a afirmar que existe un exceso de bombo; lo que sí sucede es que este tipo de pelis sí que es cierto que tienen una repercusión que va más allá de sus valores estrictamente cinematográficos. Cosas de la Mangano, supongo...

Compa JOSEP, es posible que, si la revisas, la peli te resulte flojita (la Mangano ya te puedo asegurar que no...); en cuanto a lo de Gassmann, no lo puedo afirmar categóricamente, pero lo que sí me consta, como sensación general, es que siempre fue considerado, por encima de todo, actor teatral (en tiempos en que los actores no solían ser tal "multimedia" como suelen serlo ahora...). De todos modos, en cuestión de cultura cinéfila, no voy a rebatirte nada, que tú sabes bastante más que yo de estas "vainas"...

Un fuerte abrazo a los dos y que tengais buen día.

Kinezoe dijo...

Pues no la he visto, pero vaya que sí me entró curiosidad por verla...

Un abrazo.

Creative Commons License
Los textos de esta obra están bajo una licencia de Creative Commons.