jueves, 22 de abril de 2010

De perros y de collares, o viceversa (Mi Buenos Aires querido XV)

Son curiosos, a veces, los mecanismos con que opera el ser humano a la hora de forjar sus convicciones; por ejemplo, hay fenómenos y situaciones de los que uno tiene absoluta certeza, pero, aún así, se siente especialmente reconfortado cuando ve plasmado su reconocimiento en boca de terceros. Viene esto al caso de una situación que viví hace algún tiempo, cuando uno de los ponentes de un curso de gestión empresarial en que anduve enfrascado, reconocía, con toda franqueza, que las nomenclaturas y denominaciones en ese terreno van cambiando periódicamente, de manera que se utilizan nuevas palabras (a ser posible, de sonoridad rotunda y atractiva —y, por supuesto, en inglés; faltaría...—) para denominar viejos conceptos sobre los que no se despliega ninguna reformulación. O sea, para entendernos, y como ya me barruntaba, lo de los perros y los collares.

Me considero un ferviente defensor del buen uso del lenguaje —y, en tal condición, me parece detestable, por ejemplo, la extensión del funesto lenguaje de los SMS más allá de su “territorio natural” (o sea, el teléfono móvil)—, pero tampoco me gusta incurrir, en ese terreno, en “talibanismos” innecesarios: el lenguaje es una herramienta viva, y, como tal, ha de mutar, evolucionar, contaminarse, mezclarse, es decir, someterse a todos aquellos procesos a los que, de manera ordinaria, se ve sometido un ser vivo (algunos, incluso a su pesar...). Pero este fenómeno del “jerging” (porque, y ése es otro aditamento que se me pasó mencionar en el párrafo precedente, lo de hacer terminar el “palabro” de marras en “ing” ya otorga el máximo caché...) creo, francamente, que tiene más que ver con cuestiones relacionadas con el vil metal que con evoluciones lógicas y coherentes del idioma.

¿Vil metal? Pues sí, amigos lectores. No hay, en este mundo moderno y acelerado, corriente dominante, ni línea de imposición de hábitos y costumbres, sea en el terreno que fuere, que no genere, a su alrededor, toda una industria destinada a servirla (y a sacar de ella generosos réditos, claro está). Y al igual que, pongamos el caso, en cuestiones de estética, el dictado de un canon determinado (que se concreta en la tiranía de los pechos monstruosos, el imperio de las delgadeces enfermizas o las exigencias “ultradepilatorias” a las que se refería mi compa Noemí Pastor en su blog hace tan sólo unos días...) acarrea el surgimiento de centros y clínicas especializadas que, cual hongos otoñales, surgen acá y acullá de manera acelerada a fin de “cubrir la necesidad” (¿!!!?), el “jerging” y sus derivados da soporte y aliento a toda una línea editorial que, a través de la publicación espasmódica de títulos y más títulos, fagocita estanterías, cual termita dopada, a ritmo de vértigo (las novedades duran en ellas lo que un caramelo a la puerta de un colegio...). Poderoso caballero, ya se sabe...

Por lo demás, uno se plantea qué posición adoptar ante fenómenos de este tipo. Evidentemente, y en primer lugar, se ha de intentar llevar a cabo (en la medida en que resulte factible sin mayores perjuicios; no siempre se puede, ojo...) un ejercicio de libertad, desde la razón y la coherencia: a mí no me gusta, y yo, a eso, no juego. Más allá, hay otras posibilidades, sin necesidad de tener que recurrir a las leyes penales (al fin y al cabo, esto no es ningún delito, que conste...). La beligerancia militante, más allá de su carácter quijotesco y testimonial, puede resultar reconfortante para la conciencia, pero, reconozcámoslo, bastante poco eficaz (ésas son, al menos, la sensación y la percepción que a mí me embargan —y que también experimento, por ejemplo, en relación con la telebasura—); y, si ante la constatación de tal evidencia, uno opta por la pasividad y la indiferencia, tampoco se termina de quedar tranquilo. ¿Conclusión? Escribamos en un blog, y quejémonos amargamente. Total, menos da una piedra...

La fotografía que ilustra el artículo proviene de la galería de Flickr de Megyarsh, y se publica conforme a los términos de su licencia Creative Commons.

22 comentarios:

Titajú dijo...

Hay cosas con las que yo no puedo, y como yo no puedo con esas cosas, y al fin y al cabo, a quien tengo que rendir cuentas es a mi conciencia (y a mi marido, si me paso con la VISA), no las uso.
Ni aguanto los SMS, ni muchas de las palabras de las "ing". Sin embargo, tampoco soporto lo contrario; yo siempre he hecho camping, no campismo.
Sí que es verdad que son perros con diferentes collares: "tembleque de huevo caramelizado al aroma de vainilla". Eso es un flan de toda la vida, aunque le cambies el nombre.
Y eso, por cambiarle de nombre, cuesta cuatro veces más.

Marcos Callau dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Marcos Callau dijo...

La verdad es que tanto mutar el lenguaje, al final, se nos olvidará hablar. Yo lo de los SMS nunca lo he seguido, ni siquiera lo he entendido. Recuerdo que yo escribía cartas a una chica de la que estaba enamorado. Después de un tiempo lo primero que ella me escribió fue un SMS en el que no entendía absolutamente nada. Luego, cuando era mi novia, me intentó enseñar a escribir en su jerga movilística (o "jerging") y pasada una semana me rendí. La dejé.

PD: Perdón por lo del comentario suprimido pero es que, como el lenguaje muta tanto, había escrito alguna palabra ya desfasada...jeje. Un abrazo.

Josep dijo...

Cuando uno ha cumplido ya unos añitos va sobrado y se puede autocalificar como "pasota" en según que cosas; resumiendo, que talibán de la lengua procuro ser aunque no lo consiga siempre, porque creo muy firmemente que la lengua bien usada nos da la libertad necesaria para expresarnos con claridad meridiana y adoptar modas -que no modismos- conlleva usualmente una cierta vagancia y analfabetismo oculto y uno ya empieza a estar harto de tanto ceder.

O sea: que prefiero escribir mercadotecnia a marketing siempre que me acuerdo y que los mensajes telefónicos que puedo enviar resultan kilométricos porque abomino del ahorro espúreo de letras que componen una de las lenguas más bellas que existir puedan y ahí meto, bilingüe al fin y al cabo, dos, pares para mí.

He asistido como tú a algún que otro seminario y tan sólo con ver el programa ya se me han caído al suelo los anillos y he sabido que las perras tan bien ahorradas iban a resultar en nada. Y he maldecido el momento en que me apunté, en vano.

Aunque como dueño de perro, debo aclararte que un perro, según el collar que lleve, será y se comportará de una forma u otra y nunca como un lego podría pensar.

Un abrazo y buen fin de semana.

Manuel Márquez dijo...

Pues ya ves, compa Titajú, ya veo que el "fenómeno", a veces, funciona a la inversa (no se me hubiera ocurrido a mí aquello del camping y el campismo, pero es buen ejemplo...). Y la definición del flan, muy buena, me la apunto; aunque, eso sí, yo soy muy de enrollarme, y de decir (mejor) con cien palabras aquello que se puede decir con diez: las noventa adicionales son gratis, las regalo...

Vaya experiencia, compa Marcos, una novia "filóloga SMS", ahí es nada; de todos modos, me barrunto que la dejarías por motivos más poderosos que las desavenencias lingüísticas, eso es algo que, en último extremo, siempre se puede arreglar...

Compa Josep, de tu talibanismo lingüístico (en el sentido de pureta, desde luego), puedo dar fe por mi seguimiento fiel y cotidiano de tus "andanzas"; como toma de postura "escriturera", me parece totalmente respetable. Este curso, que no seminario, no fue una iniciativa mía, y, en todo caso, sí te puedo decir que he aprendido mucho en él, lo cual no quita para apreciar lo obvio. En cuanto a los perros, es un tema del que, más allá de su uso para refranes de titular, no tengo ni repajolera idea...

Gracias a los tres por comentar, un fuerte abrazo y buen fin de semana.

PMM dijo...

Compa Manuel, pues a mi eso del "jerging" tampoco me gusta nada,a pesar de que podría tener justificación habiendo estudiado filología inglesa, pero es que yo creo que cuando uno habla en castellano, pues habla en castellano y cuando habla en inglés...pues eso. Además quitando la siesta y la paella, pocas palabras más les contagiamos nosotros a ellos.
Buen fin de semana.

Rocío Márquez dijo...

Me sumo a los comentarios anteriores y bueno, Manuel, es quizás el triste precio a pagar por el uso abusivo que hacemos de las nuevas tecnologías, la imparable globlización y demás. Es verdad que no sirve como excusa pero no nos flagelémos inútilmente, ya desde el Siglo de Oro se viene diciendo que se habla mal y se escribe. Así que intentémos simplemente poner nuestro pequeño granito de arena, eso sí, sin luchar contracorriente (que además debe ser agotador...)
Un abrazo y genial entrada.

Noemí Pastor dijo...

El límite, lo decía Lázaro Carreter, está en la papanatería. Pero ¡ay!, quién no cae en la tentación de soltar de vez en cuando un palabro (preferiblemente griego) para sentirse superguay! Quien esté libre de pecado...

Manuel Márquez dijo...

Entiendo, compa PMM, que éste es un tema sobre el que tú puedes tener una visión bastante más "técnica" que el resto, dada tu formación, pero en el que, finalmente, termina imperando la querencia personal. En todo caso, a mí la cuestión de la reciprocidad no me condiciona mucho a la hora de abordar la cuestión: como si Gran Bretaña entera quiere hablar mañana en spanglish...

Compa Rocío, ya veo que te remontas a una época bien lejana para situar el "origen del fenómeno"; sí, la verdad es que suelen tratarse de cuestiones sempiternas, a las que cada tiempo imprime sus particularidades, supongo. Muchas gracias por tus elogiosas palabras, y por la visita, claro...

Compa Noemí, la formulación de Lázaro Carreter me parece brillante, pero me temo que nos termina dejando en el mismo punto desde el que arrancamos, porque ¿dónde está la frontera a partir de la cual surge esa papanatería...? Los casos flagrantes, vale, pero... Y sí, tienes toda la razón, todos pecamos, en un momento dado, y no sólo con eso, sino con tantas y tantas cosas...

Muchas gracias a las tres por visitar y comentar, un fuerte abrazo y buena semana.

39escalones dijo...

Pues sí, mi paisano Lázaro Carreter estaba en lo cierto. El mejor ejemplo de todo esto es el "idioma" de los locutores radiofónicos del fútbol; a veces te ponen las orejas de punta. Otra cuestión son los grupos profesionales que crean su propia lengua; en ese punto los críticos taurinos y los enólogos rozan la perfección.
Abrazos.

José Núñez de Cela dijo...

En estos tiempos parece que mantener una cierta coherencia (solo eso) con el lenguaje es un acto heróico y extemporáneo. Pueden más los destructores que los talibanes y esto no para...

saludos

Vivian dijo...

Después de leer tu entrada y los comentarios no puedo por más que decir que me sumo a la corriente de opinión, para que redundar en lo que otros han expresado a la perfección, pero no quería pasar por aquí sin dejar clara mi postura, aunque sea apropiándome de las palabras de otros, eso sí es economía jeje

Ahora, en lo de los sms, creo que tiene mucho que ver precisamente la economía, yo soy de las que se come vocales innecesarias para entender lo que se escribe, especialmente la e, pero es que paso de hacer más rica a la compañía de teléfonos que por dos sílabas de más te acaba cobrando dos mensajes.

;)

Manuel Márquez dijo...

Compa Alfredo, lo de los locutores "furgoleros" (a los que, como buen aficionado, suelo seguir; bueno, a algunos de ellos, claro...) sí que es cierto que es, como dicen en mi pueblo, "pa mear y no echar la gota"; tremendo... Lo de los lenguajes especializados, en base a jerigonza técnica, en fin, eso es harina de otro costal, habría muchos colectivos sobre los que hacer observaciones (o audiciones, más bien...) muy detenidas.

Heroico y extemporáneo; pues sí, compa José, quizá sean dos adjetivos que pueden definir bien (aunque el primero puede sonar algo exagerado...) a los enfrascados en esta batalla, y a la propia causa. No es sencillo, no, porque todo rema hacia donde rema. Pero creo que está bien, al menos, intentarlo...

Compa Vivian, lo de la economía como argumento de fondo para justificar lo de los SMS no sé, no te voy a decir que no, así, rotundamente, pero me cuesta, me cuesta. De todos modos, vale, aceptaremos pulpo como animal de compañía...

Un fuerte abrazo a los tres, gracias por vuestros comentarios y hasta pronto.

ANRO dijo...

Amigo Manolo, en ocasiones da ganas de ejercer de talibán con algún que otro tipo.
El domingo me encontraba tan tranquilito en la playa cuando un poquito más arriba se colocaron unos cuantos chicos y chicas (nada de adolescentes), pues bien aparte de los gritos la conversación que pude seguir, dado su volumen, se redujo a una infinidad de "tio", "tia" y "joder" entremedias se hablaba de móviles y de amores(por llamarlo de alguna manera)
Creo que estamos perdiendo la hermosura y la riqueza del lenguaje. Me dan envidia muchas personas sudamericanas que conozco y a las que es una delicia escuchar.
En cuanto a lo anglosajonizar términos o simplemente dejarlos tal cual es algo inevitable dado el masivo empleo de internet. Eso no me parece tan grave como lo que expongo al principio.
En cuanto a los SMS los he ignorado, dado que no utilizo el móvil nada más que en casos extremos. Pero he visto alguno de mis sobrinos adolescentes y me quedo absolutamente descolocado.
Buena semana compañero.
Un abrazote.

Manuel Márquez dijo...

Compa Antonio, como de costumbre: nutritivo y de alto interés... Lo del empobrecimiento general del lenguaje entre un numeroso sector de la juventud puede sonar a tópico, lo sé, pero creo que el episodio que relatas es, desgraciadamente, demasiado significativo, por lo abundante, y es, bien lo señalas, una pena. En cuanto a esa riqueza de los sudamericanos, es algo que, también en coincidencia contigo, siempre ma ha parecido increíble... y admirable. Y lo de la "anglosajonización" (toma palabro...) lo puedo entender en base a los argumentos que apuntas, pero, aún así, creo que hay casos y casos...

Un abrazo muy fuerte y buena semana.

Elvira dijo...

"Jerging" jaja! Yo tampoco puedo con el lenguaje muy mal utilizado. Por cierto, hablando de las palabras acabadas en -ing, ¿sabías que lo de "footing" no se dice en inglés? Algún español se lo debió inventar. :-)

Un abrazo

Manuel Márquez dijo...

Pues vaya, compa Elvira, no me hubiera imaginado que lo del "footing" era creación "autóctona"; eso sí, es ya tan antigua, que debe estar casi "nacionalizada"...

Un fuerte abrazo y buen día.

mensajes claro dijo...

Cuando uno ha cumplido ya unos añitos va sobrado y se puede autocalificar como "pasota" en según que cosas; resumiendo, que talibán de la lengua procuro ser aunque no lo consiga siempre, porque creo muy firmemente que la lengua bien usada nos da la libertad necesaria para expresarnos con claridad meridiana y adoptar modas -que no modismos- conlleva usualmente una cierta vagancia y analfabetismo oculto y uno ya empieza a estar harto de tanto ceder.

O sea: que prefiero escribir mercadotecnia a marketing siempre que me acuerdo y que los mensajes telefónicos que puedo enviar resultan kilométricos porque abomino del ahorro espúreo de letras que componen una de las lenguas más bellas que existir puedan y ahí meto, bilingüe al fin y al cabo, dos, pares para mí.

He asistido como tú a algún que otro seminario y tan sólo con ver el programa ya se me han caído al suelo los anillos y he sabido que las perras tan bien ahorradas iban a resultar en nada. Y he maldecido el momento en que me apunté, en vano.

Aunque como dueño de perro, debo aclararte que un perro, según el collar que lleve, será y se comportará de una forma u otra y nunca como un lego podría pensar.

Un abrazo y buen fin de semana

Reyes Uve dijo...

Hola Manuel no sé por qué creí que te había comentado este post pero parece ser que no lo hice.
Nada, decirte sólo que hay demasiadas veces en que se le da la vuelta a las cosas para acabar presentando la misma tortilla de patatas que antes era papas con huevo .
Así mismo .
Algo tan obvio podría verlo todo el mundo, pero necesitamos novedades .

Y en medio de esto, te dejo un maravilloso dato astronómico :
El 74 % del universo es materia oscura que no conocemos.
Un besito.

Manuel Márquez dijo...

Bienvenida a esta casa, compa Reyes Uve, y muchas gracias por comentar (incluso por duplicado; Blogger, a veces, tiene estas cosas, y hace jugadas muy rarillas con los comentarios...). Lo de la reformulación de ideas y objetos por el ansia de novedad, pues sí, está claro que ahí está, y todos, en un momento u otro, terminamos "picando". Del dato que apuntas sobre la "super-oscuridad universal", no tenía ni idea (si aparece por aquí el compa Kinezoe, bien ducho en la materia, algo podrá decir), pero lo cierto es que, pensándolo un pelín, acojona otro (pelín...).

Un fuerte abrazo y buen fin de semana.

Kinezoe dijo...

Yo soy de los que abogan por la corrección gramatical y la riqueza léxica. Siempre me gustó tu blog, entre otras cosas, por el escrupuloso respeto que muestras por el idioma (más que respeto diría que casi amor).

Lo del lenguaje SMS está bien siempre que sea inteligible y no traspase la frontera de su medio. Escribir habitualmente usando esas "abreviaturas" me parece una completa aberración. Lo que sí empleo yo de vez en cuando en Internet son los emoticonos. Dentro de su medio y sin abusar de ellos me parecen un complemento muy útil y simpático. Aquí va uno ;-)

Está claro que el lenguaje es algo vivo y cambiante, de eso no hay duda. Me gustó mucho tu reflexión, amigo Manuel.

Un abrazo y buena semana.


PD: Acabo de darme cuenta de que pasaron ya algunas semanas desde la publicación de esta entrada (en ocasiones empleo el anglicismo post, para qué negarlo...). Esto de tener muchos blogs (sustitúyase el palabro por bitácora electrónica) para visitar y poco tiempo libre para dedicarles me hace ir con cierto retraso en la lectura de las publicaciones. Espero lo entiendas; otro día sigo echándole un vistazo a tan interesante glob ;)

Manuel Márquez dijo...

Compa KINEZOE, lo del "más que respeto, amor" te puedo asegurar que, como al Santiago Segura en el anuncio aquel de Canal+, me ha "llegao": no hubiera sido capaz de definirlo mejor, y, además, me ha encantado, es algo que me llena de satisfacción, porque significa, que, aunque torpemente y a trompicones, se me "ven las intenciones"... Por lo demás, me parece fenomenal que sepas acotar perfectamente lo del uso del lenguaje SMS, y, en cuanto a los emoticonos, son unos "cacharritos" que, aunque en un principio, me caían bastante mal, han terminado por hacérseme simpáticos (cosas de la evolución de la "ciberespecie", supongo...). Ah, y por lo del "abandono" del blog, no te atormentes: todos andamos, más o menos, cómo andamos. Qué más quisiera yo que poder seguir dignamente todo lo que me interesa (como, por ejemplo, tu cibercasa...).

Un abrazo muy fuerte, muchas gracias por el ánimo que me infunden tus palabras y hasta pronto.

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