lunes, 8 de marzo de 2010

Testigo accidental (Narrow margin; U.S.A., 1990) (Grageas de cine LXX)

UN DIVERTIMENTO SENCILLO.-

El periodo que, en el pasado siglo, transcurrió entre los últimos años de la decada de los ochenta y los primeros de la de los noventa, fue especialmente prolífico —hasta el punto de poder considerar que se alcanzó una verdadera resurrección, tras años de cierta atonía, del género— en materia de thrillers de todo tipo y pelaje (policiales, judiciales, criminales, de terror puro y duro, etcétera…); una fertilidad que, sin duda alguna, vino asociada al tremebundo, e inesperado, éxito alcanzado por un film como “Atracción fatal”, y que se vio reforzada, aún más si cabe, por otro megaéxito del calibre de “Instinto básico”; veneros ambos de los que brotó un torrencial reguero de películas de suspense, con especial predilección por aquellas que, además de venir encabezadas por un título compuesto de dos palabras de sonoridad rotunda —y omito dar nombres de una lista que se haría inacabable—, contaban con el protagonismo de algún personaje víctima de un “martillazo” mental más o menos severo —y también a este respecto se podría lanzar una lista bien nutrida—. O sea, el psicópata de toda la vida, aunque también quedó hueco para otras muchas submodalidades, o subgéneros, tal fue la generosidad con que se prodigó el género a lo largo de esos años.De entre tal cúmulo de títulos, y como no podía ser de otra manera, salió de todo, en cuanto a calidades: desde subproductos infumables que, al calor del fenómeno, hicieron algún dinerillo, aunque fuera vía las estanterías de saldos de los —por aquel entonces— voyantes videoclubes, hasta películas más que decentes, que supieron ofrecer entretenimiento basado en suspense no exento de una cierta calidad y mínimamente cuidado en sus formas. Entre estas últimas, creo que se puede incluir, con todo fundamento, un título como “Testigo accidental”; curiosamente, no se trataba de un guión de nuevo cuño, sino de la versión homónima de un título que ya rodara en 1952 un modesto artesano como Richard Fleischer, y que, en manos de otro director del “gremio del pico y la pala”, como Peter Hyams, se convirtió en un estimable policiaco, ramo “persecuciones al borde de un ataque de nervios”, que supo conjugar el vigor de su ritmo narrativo —intenso e implacable— con una puesta en escena bastante interesante y un aprovechamiento magnífico de sus emplazamientos físicos (ese tren que recorre un paisaje de bosques frondosos y escarpados en las cercanías de la frontera canadiense, se convierte, más allá del tópico, en un protagonista más de la película).

Si a tales avales unimos el buen juego de una pareja protagonista, integrada por Anne Archer (que aquí aprovechaba, aun desde un perfil bastante más bajo, la estela de la fama alcanzada con aquel film que encumbró a Glenn Close al altar de las superestrellas) y Gene Hackman (garantía absoluta de solvencia en cualquier producción por la que asome, sea ésta del nivel y calibre que sea), que, aunque sin una especial química entre ellos, sí que supo complementarse de manera muy eficaz, se termina redondeando un producto al que, desde una premisa de sencillez y escasa pretenciosidad, y contando con la rémora —plenamente asumida desde su arranque hasta su remate final— de lo escasamente original de sus materiales argumentales (y no sólo por el hecho de tratarse de un remake), ni se le puede ni se le debe negar la condición de aquello que es: un digno producto de entretenimiento. Que no pasará a la historia, obviamente, como una de las grandes películas de la historia del cine, ni siquiera en su género, pero que cumple con suficiencia los objetivos que se marca. Teniendo en cuenta cuánto, y cuán malo, se llegó a acumular, creánme, no es poco...

13 comentarios:

Marcos Callau dijo...

No he visto esta película que comentas pero es cierto que el final de los ochenta y principios de los noventa fueron muy prolíficos años para los thrillers y las películas policiacas. De ahí salieron muy buenas películas posteriores como "Seven", aunque es del 95, yo creo que forma parte aún de aquélla explosión.

Manuel Márquez dijo...

Buenos días, compa Marcos; sí que fueron años prolíficos para el género, sí. Es la tendencia habitual del cine comercial: una peli, o dos, rompen la taquilla, y dan pie a un reguero de productos que explotan el filón, hsta que la ubre se agota. Yo no tengo claro si se puede situar a Seven en la estela de ese boom, dado el tiempo transcurrido, y, sobre todo, porque se mueve en un lenguaje, sobre todo visual, bastane diferente. Pero la conexión no se puede negar, vaya...

Un abrazo y buen día.

39escalones dijo...

De todas las que hablan de protección de testigos ésta la recuerdo con agrado.
También discrepo de la inclusión de "Seven" en el mismo saco; efectivamente por lo visual, pero incluso por sus referentes, la cosa iría por otro lado, aunque se venda como parte del mismo como táctica comercial.
Estupendo texto, gran recuerdo.
Abrazos.

series dijo...

Marcos estoy totalmente deacuerdo contingo

Manuel Márquez dijo...

Muchas gracias, compa Alfredo, por tus elogiosas palabras: siempre, y vengan de quien vengan, estimulan y animan, pero si vienen de un maestro en la materia, más aún. Ah, y también me alegra que coincidamos en apreciaciones...

Un fuerte abrazo y buen día.

Carol Guerra Hidalgo dijo...

Te lo has currado Manuel, yo me acuerdo de muchas tardes con mis padres viendo pelis de este genero. Que recuerdos...BESOS AMIGO

Manuel Márquez dijo...

Muchas gracias, compa Carol, por tus elogiosas palabras; me alegro de haber contribuido a que rememores momentos que fueron gratos para tí. Yo no llegué a gozar de tales hábitos compartidos -sí que lo hice con muchos otros-, pero espero que algún día mi peque sí lo haga conmigo...

Un abrazo y buena semana.

ANRO dijo...

¿Dónde están ya los ochenta, Manolo?
En fin. habría que andar separando paja para ver las buenas piezas que se maquinaron por aquellos años. ¿Sabes qué?....por esos entonces el mangui tenía dos hijos pequeñitos que reclamaban pelis para su edad y me perdí muchas cosas de esos años.
Un abrazote.

Josep dijo...

Enhorabuena por el texto que nos ofreces, Manuel, basado en una película que siempre me ha gustado mucho, aunque ciertamente no sea una maravilla.

Pero la fuerza del montaje y el ritmo que imprime a todo el relato, aun con un final previsible (entonces ya casi todas las películas "debían" acabar bien) se sigue con sumo interés al que no es ajeno el excelente -como siempre- trabajo de Hackman.

Un abrazo.

p.d.: ni idea que fuera un "remake": habrá que buscar el original...

Manuel Márquez dijo...

Compa Antonio, los ochenta andan ahí, en su sitio, supongo. Para mí, por motivos de pura biología, fueron años "gloriosos", como lo pudieron ser para cualquier nacido en el 64. De todos modos, en cuanto a cine, no creo -ahora, visto en perspectiva; en ese momento (en que, además, iba muchísimo al cine), buena parte de la producción me parecía la pera limonera...- que fuera tan glorioso momento; pero, bueno, como en todas las épocas, de todo había. A otros, ya sabes, lo de los peques nos ha venido después...

Compa Josep, gracias por tus elogiosas y cariñosas palabras. Hackman, como bien señalas, nunca falla, es un seguro de solvencia (aunque, desgraciadamente, se prodiga demasiado en pelis bastante infames...). El precedente, he de confesarlo, no lo conozco, a ver si lo localizo algún día...

Un fuerte abrazo a los dos y buen día.

PMM dijo...

A mí me gustó, aunque sé que muchas veces me dejo llevar por mis preferencias en cuanto a actores, y en este caso, estos dos me gustan bastante.

Kinezoe dijo...

Sí, creo que era un thriller entretenido. Lo que pasa es que me queda muy lejano en el recuerdo (no he vuelto a verla).

Un abrazo, amigo.

Manuel Márquez dijo...

Compa PMM, me alegro de que te gustara; creo que es una propuesta que, desde su tremenda sencillez, merece, y mucho, la pena.

Compa Kinezoe, creo que ya tienes una excusa, esa de refrescártela en la memoria, para echarle un nuevo visionado, que seguro que no te vas a arrepentir.

Un fuerte abrazo a los dos y buena semana.

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