jueves, 4 de febrero de 2010

Mitos y leyendas (Varietés artísticas y culturales XX)



Los artilugios de Apple; el Bulli; Nelson Mandela. Se preguntarán ustedes, amigos lectores, qué pueden tener en común esos tres nombres -el de un conjunto de cacharros más o menos interesantes; un restaurante ultravanguardista y una figura política legendaria- con tan escasas (aparentemente) concomitancias. Pues bien, vienen a coincidir en dos aspectos: uno, meramente circunstancial, que es el de haber estado de bastante actualidad –y consiguiente presencia en los medios- en estos últimos días, por mor de diferentes circunstancias; y otro, más, digamos, “estructural”, que es el de suscitar una extraña unanimidad entre el común de los mortales acerca de sus bondades y excelencias, hasta el punto en que plácemes y parabienes alrededor de los mismos se convierten en moneda tan corriente como difícil (por no decir que imposible) llega a ser el encontrar el más mínimo apunte crítico a su costa. Y es sobre esta segunda cuestión sobre la que hoy quería extenderme (o explayarme, o enrollarme, tanto da...).

Gozamos de la inmensa fortuna (y esto es así porque, desgraciadamente, no son tantos los países en que sus ciudadanos pueden presumir de lo mismo) de poder disfrutar de una libertad de expresión comme il faut: amplia y con mecanismos de garantía suficientes y adecuados; en función de eso, uno puede escribir en este país lo que le dé la gana, y decir de cualquiera (persona y/u objeto) aquello que piensa, opina o considera, sin más límites que los impuestos por el necesario respeto a otros derechos concurrentes (como son el del honor y la propia imagen de la contraparte, en virtud de lo cual no no es dada la posiblidad de injuriar, calumniar o insultar —o, al menos, de hacerlo impunemente—). Pero, ay, ojo con lo que escribes acerca de según quién o qué, porque repercusiones penales no te acarreará lo que escribas, pero la manta de palos que se te puede venir encima (y, además, desde los cuatro puntos cardinales) te obliga a tentarte las vestiduras antes de decidir si te pones, o no, a la tarea.

En un principio, será la incomprensión, de la que nace el estupor. Nadie terminará de entender muy bien cómo se puede criticar algo o a alguien, si ese algo o alguien no tiene absolutamente nada que se pueda criticar. Cuestión de blancos y negros. Malos tiempos para los grises (y no me refiero a aquellos que los más viejos de lugar podrían identificar fácilmente con...; en fin, ya saben...). Pero lo peor aún estará por llegar: pasado el estupor, llegará la reacción, y, en condiciones normales, ésta no va a ser excesivamente amable.; al incauto crítico le esperan imputaciones que, en el común de los casos, apuntarán a una de las dos siguientes líneas.

Opción uno: el crítico es un resentido o un envidioso (o ambas dos cosas). Incapaz de alcanzar, con sus cortos talentos, las elevadas cotas obtenidas por aquellos a quienes vitupera con sus torpes e insidiosas palabras, no le queda más triste alternativa que la de verter su bilis y su inquina contra aquel a quien nunca, jamás de los jamases, y pese a que ése sea el más ferviente deseo que anhela su corazón, conseguirá emular. A la hoguera con él.

Opción dos: el crítico es un provocador o un snob (o ambas dos cosas). Incapaz de alcanzar, con sus cortos talentos, la atención de aquellos a quienes aspira a epatar con sus nulas habilidades, y consciente de ello, decide llamar la atención a base de salirse del tiesto, desbarrando y aspirando a que su remar contracorriente le reporte, al menos, esos quince segundos de gloria que a todo mortal le están reservados. Garrote vil para el mal bicho.

Y no es eso, amigos lectores, no es eso. No seré yo quien cuestione (a tanto no llega mi ingenuidad) la existencia de críticas –repletas de la más mala de las babas- lanzadas desde el egoísmo, el resentimiento, la provocación y el esnobismo (hay quien, por cierto, vive más que holgadamente gracias a la práctica continuada de tal ejercicio); es más, acogiéndome a aquello de que el que esté libre de pecado, y tal, y tal, habré de confesar que yo mismo, en alguna que otra ocasión, y aunque ahora sea incapaz de recordar algún episodio concreto, habré cometido alguna fechoría de ese jaez. Pero no es mi caso el que a mí me pone de los nervios    –al fin y al cabo, a mí me leen…; pero no se preocupen, ustedes son pocos, pero son los mejores…-; lo que me rebela es que se organicen auténticas orgías de tiro al blanco, en las que la “diana” es acribillada desde todas las posiciones por el simple hecho de discrepar de la alabanza unánime hacia el intocable de turno –se llame Jobs, Adriá, Mandela o San Apapucio Bendito…-. No me parece ni ético ni estético; y, además, ¿ya se nos olvidó el glamour de la disidencia? Malos tiempos, en fin, para la lírica –y para la épica, ni les cuento…-.

19 comentarios:

Andrés dijo...

Hola Manuel: veo que sigues en forma ;) Gracias por tu comentario en mi blog, que contestaré en breve. Un abrazo, AM.

Manuel Márquez dijo...

Las gracias a tí, compa Andrés. ¿En forma? Digamos que ahora, al menos, salgo más a correr, pero me temo que aún disto bastante de haber alcanzado el fondo suficiente. Ya leo esa respuesta en tu cibercasa.

Un fuerte abrazo y buen día.

Elvira dijo...

Muy buen análisis, Manuel. Nada que añadir.

Un abrazo

Andrés dijo...

Bueno, me refería a la forma intelectual, sobre la otra no tengo datos para opinar, aunque, ya puestos, espero que así sea.

Luisa Tomás dijo...

Me ha encantado esta entrada, Manuel. Me ha gustado muchísimo y comparto lo que dices. Qué directo. Has dado en el blanco. Y sí, muy malos tiempos para la lírica (que se considera una pérdida de tiempo) y peores para la épica (denostada, olvidada, machacada por el juego de lo políticamente correcto). Resucitémoslas.
Te sigo.
Luisa Tomás

39escalones dijo...

Ovaciones, Manuel, por el resumen de la situación actual. Personalmente, cuando escribes según qué cosas retratando de forma no muy favorable ciertos productos, te cae encima todo eso que cuentas y alguna cosa más. Vivimos en la era en la cual todo se democratiza a la baja.
Abrazos y buen finde.

Clares dijo...

Verdaderamente es así. Lo que expones es justo lo contrario de un debate sincero, abierto y limpio. Todo lo que alguien dice, según lo que diga y de quién lo diga, es juzgado con esas medidas: es lo del pensamiento único tan repetido. No tengo yo opinión de ninguna de esas tres cosas que nombras, porque de los artilugios de apple me preocupo bien poco, y si son útiles ya me lo dirán mis hijos, y si los necesito ya me enteraré, pero no creo. Del Bulli, qué quieres, yo soy muy sencilla para mis cosas, y esto de la cocina de artista me parece un poco loquería, sin acritud ni enfado, porque no estoy muy segura, pero me parece sangrante que se juegue con lo básico que no es universal, pues hay demasiada gente con hambre en el mundo. Y de la película, no la he visto aún, pero la veré y ya diré algo. Como no soy resentida ni snob, diré lo que me parezca y ya está.

Josep dijo...

¿Puedo decir que suscribo todo?

Tal parece que la disidencia, expresada en opinión personal, debe eliminarse de la faz de la tierra en general y de la bloguería en particular.

Los creadores de mitos actuales se revuelven cuando se les lleva la contraria y son miles los que, huérfanos de información y criterio propio, se apuntan a la corriente sin más: es la operativa de las manadas de gacelas que de pronto corren alocadas porque una de ellas así lo ha hecho, sin saber si es que viene el león o es que le ha picado un bicho en el culo.

Prefiero tomar distancia y dar tiempo al tiempo: siempre me viene a la memoria la imagen de masas enfervorizadas genuinamente ante un tipo gritando frente a un micrófono viejo y luego pasó lo que pasó, por ejemplo, en Europa...

Un abrazo y buen fin de semana.

ANRO dijo...

Para la épica, querido Manolo, no hay lugar desde hace tiempo hace tiempo. ¡Desgraciadamente! Y para la lírica, ¡oh dolor! menos todavía.
Sí Manolo, vivimos en una sociedad de "tiro al pato" que da verguenza. En ocasiones me pregunto dónde está nuestra cacareada imaginación y nuestras "virtudes patrias"....en fin.
No me quiero complicar, Manolín, y seguiremos hablando de cine, sobre todo después de pasar unos cuantos días en los placeres viajeros.
Un abrazote.

Viola Tricolor dijo...

Qué bien escribes Manuel. Estos días venía pensando lo mismo con respecto a Mandela, lees la historia de la película y la verdad me suena muy edulcorada.
Yo hace muchos años que deje de oír la radio y ver tertulias por esto que cuentas, me ponia enferma. Yo creo que el color gris es el del sentido común y que hace mucha falta y ese es el problema. Por eso da tanto gusto leer críticas bien escritas y razonadas, o posts como este tuyo.
Muchos besos.

Manuel Márquez dijo...

Compa Elvira, gracias por tus elogiosas palabras, animan, cómo no, a seguir.

Compa Andrés, lo de la forma era algo metafórico, no se refería a lo físico, sobre lo cual prefiero correr un tupido velo, dadas las circunstancias; ya te contaré cuando mejore (si es el caso, que eso espero...).

Compa Luisa, muchas gracias por tus cariñosas palabras, y por ese seguimiento al que apuntas. No sé si es cuestión de resucitar lírica y épica, pero sí que sería conveniente, quizá, hacer algo para que no terminen definitivamente arrasadas: respetuosa y pacíficamente, con la única fuerza de la palabra, pero con firmeza y ganas.

Compa Alfredo, eso de la democratización a la baja quizá define con muchísima precisión cierto estado de cosas, que son las que intento recoger en mi reseña. Gracias, en todo caso, por tus elogiosas y animosas palabras...

Un abrazo fortísimo a los cuatro y que tengais un magnífico fin de semana.

Manuel Márquez dijo...

Compa Fuensanta, bien que espero esas opiniones tuyas, abiertas y francas (esa apertura y franqueza con la que te desempeñas en tu cibercasa...), tanto sobre la peli como todo sobre lo que te ocurra. Y a ver si te modernizas, ya sabes: cómprate un Mac (lo del Bulli parece que se hará esperar un par de añitos, ¿has reservado ya mesa...?).

Compa Josep, esa imagen que se te viene al coco me da bastante yuyu, a qué negarlo; no sé yo si la cosa llegará a tanto, quizá no, pero sí está claro que esa distancia que tú mismo siempre sueles aplicar (sabia opción, por cierto) no siempre es bien entendida, desde luego, y la disidencia, al igual que Alfredo proclamaba de la democracia, parece cotizar a la baja.

Compa Antonio, a tí te hacía yo por lares irlandeses, pero veo que áun no. Sí, casi mejor dedicarnos a lo del cine, que más satisfacciones y gustos nos dará, aunque, a veces, tampoco está de más una reflexión "fuera de tiesto". Disfruta de ese viaje y ya nos contarás.

Compa Viola, me animan mucho tus elogiosas palabras, son un estímulo para seguir dándole a la tecla. Y me sumo a tu reivindicación del gris, ese color comúnmente tan denostado, y con tan mala prensa, y que, quizá, es el único que nos da la real medida de las cosas de este mundo (o debería dárnosla...). Eso sí, de la prensa, en todos sus formatos, no me desengancho por más que lo pretenda...

Un abrazo muy fuerte a los cuatro, muchas gracias por vuestos sabrosísimos comentarios y que tengais un excelente fin de semana.

Susy dijo...

Querido Manuel,
después de haber leído tu pormenorizada exposición te felicito, por su pareja visión a la de esta tu servidora.

Ya veo que sigues en forma jajaja, un beso.

Manuel Márquez dijo...

Compa Susy, qué alegría verte por aquí de nuevo (y a ver si paso por tu cibercasa...). Me alegro de que coincidamos en apreciaciones, y, en fin, lo de la forma, por ahora, más cuestión, quizá, de cantidad que de calidad; pero, bueno, mejor así...

Un fuerte abrazo y buena semana.

Vivian dijo...

Estoy bastante de acuerdo contigo, en líneas generales y en abstracto, pero creo que el panorama no es tan extremo ni tan exagerado como lo pintas en el sentido de que no creo que tenga que ver con un malentendido uso de la libertad de expresión o un borreguismo de apuntarse a la corriente más popular, para mí, en líneas generales las opiniones monocordes en un sentido con palos a cualquier que disienta suele venir de grupos mediáticos o grupos, en general, que defienden intereses económicos, nada que ver con libertades de expresión, que cuando un cocinero reputado expresó una opinión contraria respecto a Ferrán Adriá, por ejemplo, aparecieran como dobermans a la yugular un coro de acólitos del insigne cocinero desestructurado, tiene en mi opinión mucho más que ver con defender las alubias de los que viven de ese cuento, utilizando el apoyo de medios afines, que con otra cosa.

Siempre ha sido mal tiempo para la épica, a lo largo de la historia de la humanidad, la mayoría de los que eligieron esos caminos, ir contracorriente, acabaron recibiendo hostias por todas partes, de ahí la épica de su actitud ;)

Me encantó esta entrada, invita a reflexionar largo y tendido.

Saludos

Enrique Ortiz dijo...

Hermosas y sabias palabras, compa Manuel. Qué alegrón leerte y ver cómo el sentido común puede seguir estando vigente. Un abrazo enorme.

Manuel Márquez dijo...

Compa Vivian, rebienvenida a esta casa, una alegría verte por aquí. Tienes razón en lo del planteamiento un tanto extremo, sí, y está claro que, en muchas de las "cacerías al disidente", hay más una defensa de intereses particulares que una toma de postura basada en convicciones, pero, aún así, me sigue dando la impresión que pasa con demasiada frecuencia (por supuesto, a partir de ciertos niveles). En cualquier caso, que la reseña incite a darle vueltas al tema, ya justifica el empeño.

Compa Enrique, qué agradable sorpresa la de verte también por aquí. Muchas gracias por tus cariñosas y elogiosas palabras; viniendo de quien vienen, valor añadido (sin impuesto...).

Un fuerte abrazo a los dos y buen día.

ganar en internet dijo...

jejeje Prefiero tomar distancia y dar tiempo al tiempo: siempre me viene a la memoria la imagen de masas enfervorizadas genuinamente ante un tipo gritando frente a un micrófono viejo y luego pasó lo que pasó, por ejemplo, en Europa...me gusta ..un saludo

fotos dijo...

Me encanto este articulo, bastante real y un analisis exquisito

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