lunes, 4 de mayo de 2009

Llamémoslo un asesinato (Midnight; U.S.A., 1934) (Grageas de cine LXIV)

Cuando, con motivo del 50º aniversario de su muerte, se publicaron numerosas reseñas biográficas de Humphrey Bogart, me causó no poca sorpresa saber que, en los albores de su carrera, el gran Bogey había desempeñado, fundamentalmente, papeles de gánster, de hampón; en suma, de “malo de la peli”. Se me hacía difícil pensar en un Bogart alejado de ese perfil de detective duro e íntegro con el que, en películas del calibre de El halcón maltés o El sueño eterno, había alcanzado un halo legendario, y sentía auténtica curiosidad por comprobar, vía visionado integro y directo, cómo se había desenvuelto en papeles de ese otro corte. Gracias a la reciente distribución en DVD -por parte de un semanario de información general- de una serie de antiguas películas en las que interviene el actor, he conseguido ya, al menos en parte, mi objetivo.



En Llamémosle un asesinato (Midnight; U.S.A.,1934), una discretísima película de cuyo director (Chester Erskine) cuesta encontrar referencias más o menos consistentes, Bogart da vida a Gar Boni, un hampón de medio pelo que, en su pretensión de engañar a la hija del protagonista (con la que mantiene un flirteo del que ella espera mucho más, mientras que él tiene muy claras cuáles son sus reales aspiraciones), terminará algo más que escaldado; un papel que, lejos de ostentar carácter protagónico, no deja de ser un secundario poco relevante -el personaje principal es el de Edward Weldon, presidente de un jurado que condena a muerte a una mujer culpable de asesinato, circunstancia que le genera un conflicto moral alrededor del cual gira el grueso de la trama-, pero en el que el gran Humphrey ya mostraba pinceladas de ese puntito sobradete y pinturero con el que adornaría magistralmente una buena parte de sus ulteriores interpretaciones.



No es casual que esta película haya dormido el sueño de los justos, perdida y olvidada, porque sus valores cinematográficos -más allá del interés que el conflicto moral que nos expone pueda generar en nuestra conciencia- no la hacen acreedora de mayores consideraciones. Pero la mera presencia de Bogart, y más aún con las connotaciones apuntadas, ya la hace objeto merecido del interés prestado: siempre resulta curioso comprobar cuán real y certero es el viejo aserto que reza que todos tenemos un pasado -y las estrellas cinematográficas de gran calibre, más aún, si cabe-, y cómo, muchas veces -aunque no siempre-, ese pasado prefigura de manera muy evidente lo que será la carrera posterior. Las maneras aquí apuntadas cuajaron en una sólida y espléndida carrera actoral, ésa que todos hemos podido disfrutar y admirar. Y en ello seguimos...

12 comentarios:

39escalones dijo...

En cierto modo es como John Wayne, convertido en un icono gracias a un perfil muy concreto de personajes a partir de 1939 y que en su carrera anterior hizo de todo, desde figurante a esbirro pasando por la encarnación de matones, personajes de reparto e incluso malos. Y quizá por eso, por haber interpretado durante tanto tiempo al otro lado, es por lo que quizá lo incorporaban tan bien a esos personajes tan contradictorios que eran sus señas de identidad, cada uno a su modo, claro.
Tengo que ver ésta, que se me ha escapado.
Abrazos.

Superwoman dijo...

Dame el nombre del semanario, aunque sea en privado, que mire si alguien a mi alrededor ha podido acceder a ellas...
Un supersaludo

Manuel Márquez dijo...

Compa Alfredo, muchas gracias por tu aportación, muy enriquecedora; no sabía que John Wayne había tenido ese paralelismo con Bogart, aunque también lo veo lógico y comprensible, en el contexto de la situación de la industria en esa época. En cuanto a la peli, te puedo asegurar, en contra de mi proclama general de que hay que verlas todas, que ésta es perfectamente prescindible (eso sí, si la ves, mejor...).

Compa Superwoman, no tengo problema alguno en dar públicamente el nombre del semanario en cuestión. Se trata de Tiempo, del Grupo Zeta. Igual allí en tus territorios no será fácil de conseguir, pero por intentarlo que no quede.

Un abrazo para los dos, y, lo dicho, muchísimas gracias por pasaros por aquí.

Josep dijo...

En el Hollywood de Oro casi nadie llegaba a estrella sin haber barrido antes muchos suelos, bien en los estudios, bien en las tablas escénicas.

Lo mismo ocurría con el teatro y el cine en España: Fernando Fernán Gómez, Adolfo Marsillach, José Mª Rodero, Fernando Rey, hicieron muchas horas de "sombra" antes de aparecer bajo los rutilantes focos protagónicos.

Es ahora cuando bellezas imberbes y destetadas plastificadas llegan a primera fila habiendo pasado tan sólo horas en la sala de gimnasio, y así va: que ni saben vocalizar ni expresar nada, porque nada han vivido ni sufrido.

Ver a Bogart en el Motín del Caine (ya sabes que esa actuación me encanta -y sí, ya tardo- ) es ver a un hombre que antes ha representado muchos caracteres; nunca he creído que esas miradas férreas o desesperadas surjan de casualidad, aunque, claro, tiene que haber material para esas hogueras.

Toma cualquier nombre ya mítico, busca su ficha en imdb y fíjate la cantidad de "papelitos" que hizo antes de su primera película famosa....

Un abrazo.

Manuel Márquez dijo...

Pues mejor para las estrellas, compa Josep, mejor para las estrellas. Tienes razón en que hoy día son muchas las que llegan ahí arriba sin una preparación mínima, pero no es de ellas la culpa: la culpa es de una industria que necesita incesantemente procesar "carne fresca" para que el mercado no se "deprima". En fin... También algo influiría, supongo, que, al igual que en el caso de Wayne -que señala Alfredo-, Bogart fuera un galán poco al uso, y que alcanzó el estrellato ya con una cierta edad. Igual él lo hubiera preferido antes, pero eso que hemos salido ganando los demás, ¿no crees...?

Un fuerte abrazo y buena semana.

Mita dijo...

Manu GRACIAS!
A ver qué pasa si se soluciona.
Besos

Tha dijo...

Aparte "El motin del Caine", que también me encanta, es en "La reina de África" donde me encandila completamente, igual es por la compañía no se... pero este hombre era genial.
Un besoo

Superwoman dijo...

Me lo imaginaba, mi Supertío creo que compra siempre Tiempo... habrá que ver si con DVD o no ;)
Un supersaludo

Manuel Márquez dijo...

Ánimo, compa Mita, ya verás cómo logras arreglar lo de tu blog. Y gracias por pasar por aquí.

Compa Tha, ya tenía constancia de tu devoción por La reina de África, creo que ya me lo habías indicado con motivo de alguna reseña precedente; y no me sorprende, porque es una peli genial, y Bogart, al igual que la Hepburn, lo borda, desde luego...

Compa Superwoman, pierde cuidado; si tu Supertío compra Tiempo, "no problemo": el DVD viene "emplasticado" y no hay opción. Es sí o sí...

Un fuerte abrazo y buena semana.

unamaruja dijo...

Después de leerte me hand dado ganas de volver a ver a Bogart, voy a ver que tengo en la despensa :)).
Muchas gracias, pasaré un buen rato.

Manuel Márquez dijo...

Muchas gracias, compa Maruja, por la visita y el comentario: si la reseña te ha incitado a darte un "homenaje bogartiano", ya la puedo dar por bien empleada. A disfrutallo, que seguro que sí...

Un abrazo.

Viola Tricolor dijo...

Me ha gustado mucho este post y sus comentarios, a mi me da mucha pereza ponerme a ver películas de los años 30, pero una vez vistas merecen la pena.
A mi Bogart me gusta madurito, no me le imagino de joven :p
Besos y buen finde

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