viernes, 20 de marzo de 2009

El marido de la peluquera (Le mari de la coiffeuse; Francia , 1990)

Al igual que en el ámbito del cine comercial surgen, con cierta periodicidad, títulos que, contra todo pronóstico, y debido a la concurrencia de determinadas circunstancias, revientan la taquilla (y a los que la crítica más “barbarista” otorga la denominación de “sleepers”, vayan ustedes a saber por qué...), también en los territorios del cine más minoritario surgen, de vez en cuando, fenómenos que alcanzan un eco bastante más amplio del que, a priori, cabía esperar de ellos. Es este último el caso de un film francés que, a principios de los años noventa del pasado siglo, alcanzó una repercusión inesperada, dadas la modestia de su planteamiento y la sencillez de sus líneas argumentales y estilísticas, hasta llegar a convertirse en lo que es actualmente, una especie de tótem cinéfilo a cuyo conjuro todos sus seguidores entran en una suerte de trance evocatorio y/o melancólico, acunados por ritmos arábigos de bailabilidad espasmódica y contagiosa, y sumidos en el placer olfativo de lacas, lociones y champúes vaporosos. Sí, efectivamente, hablamos de la ya legendaria “El marido de la peluquera”.

Una película breve, dulce, tierna, en la que, a caballo entre la infancia y la edad adulta, sus protagonistas reivindican el amor y la sensualidad -maripososas gráciles sobre las que siempre revolotea el fantasma ominoso de la muerte; Eros y Tanatos, una vez más, en otro capítulo de su contienda permanente...- como ejes sobre los que edificar una existencia despojada de cualquier pretensión que se extienda más allá del cerrado mundo de una peluquería. Un lugar en el que ganarse el sustento, pero también un observatorio privilegiado de la condición humana y sus tan curiosos como erráticos evatares, o un territorio para un amor no por carnal de menos profundidad espiritual. Con un material dramático de máxima ligereza, Patrice Leconte elabora una historia sin mayores recovecos ni dobleces, a la que dan soporte interpretativo dos artistas estimables: un Jean Rochefort en plena madurez de su carrera, y que dota a su personaje de esa mezcla de simplicidad y convicción que, pese a su inverosimilitud, tan creíble lo hace; y una Anna Galiena que hace de esa sonrisa tenue y cristalina con que adorna todas y cada una de sus acciones, una auténtica “arma de demolición de barreras afectivas”, ante la que podría caer rendido hasta el más impávido de los corazones.

A sus detractores no les falta munición con la que bombardear inmisericordemente el producto: desde lo poco creíble de esa vena estrambótica que adorna al personaje de Antoine, o la estolidez que aquejan tanto a él como a su amada Mathilde, hasta lo absurdo de algunas de sus situaciones y planteamientos argumentales, o lo abrupta e inexplicablemente que se cierra el film -en contraposición a la suavidad con que se ha desplegado previamente la trama-; amén de todo ese catálogo de componentes artísticos y ambientales que sitúan a una propuesta de este corte al borde de una tinaja llena de algodón azucarado, sin que nunca se termine de tener muy claro si se cae dentro o si se queda fuera de ella. Tanto da: el regusto a ese viejo cine europeo, que incide más en el sentimiento que en la acción, en un arco que abarcaría desde Tati hasta Fellini, dota a la película de Leconte del antídoto más eficaz contra esa clase de venenos. Y si, aún así, algo de él terminara contaminando nuestra sangre, tampoco es tan grave: en estos tiempos que corren, desastrosos para la lírica, quizá valga más la pena pecar por algún exceso, que penar por su defecto. ¿No...?

12 comentarios:

mujer moderna dijo...

no he tenido la oportunidad de ver esta pelicula, pero tal cual planteas la situacion, me despierta la curiosidad por poder disfrutarla

mreina dijo...

Gracias por la recomendación yo tampoco vi la pelicula.
Buen articulo
Un saludo

Manuel Márquez dijo...

Gracias, compa Mreina, por saludo y comentario; la peli es bastante hermosa, en mi opinión, y espero que, cuando la veas, te guste.

Un abrazo y buen fin de semana.

Josep dijo...

Coincido en todo lo que expones, amigo Manuel, de forma tan excelente como acostumbras.

Aun no siendo -como ya sabes- muy amante del cine francés, reconozco que de vez en cuando surgen del norte de los Pirineos algunas joyitas, y ésta lo es.

Los personajes pueden parecer estrambóticos, sobre todo él, pero a poco que uno se mueve entre las personas con una cierta profundidad, te das cuenta que hay gente todavía más rara...

Por cierto: lo de "sleepers" es otro palabro que está pendiente de castellanizar, pero no deja de tener su idoneidad para esas películas que despiertan el interés del público con una fuerza inesperada... :-)

Un abrazo.

Manuel Márquez dijo...

Compa Josep, me has sorprendido con tu mensaje: no me esperaba (quizá por esa poca querencia que tú mismo apuntas) que te gustara una peli como ésta, pero bien que me congratulo por ello. Y, sobre lo de sleepers, pues sí, habría que irse pensando algún palabro más o menos coherente para sustituirla.

Un fuerte abrazo y buena semana.

Noemí Pastor dijo...

Mi escena favorita es cuando deciden empezar a fumar.

Manuel Márquez dijo...

Una escena esa, compa Noemí, que ilustra a la perfección el tono global de la peli, a caballo entre lo absurdo y lo infantil. Buena elección, vaya que sí...

Un abrazo y buena semana.

39escalones dijo...

Me gustó mucho esta película. En realidad tengo debilidad por aquellas cintas en las que alguno o todos los personajes están mochales, y en este caso el bañador de lana con borlas me llegó al alma... Desde entonces en cuanto piso una peluquería (aunque por falta de materia prima no lo hago casi nunca) me pongo a hacer bailes absurdos.
Feliz retorno, don Manuel.
Un abrazo.

Manuel Márquez dijo...

Compa Alfredo, muchas gracias por tu cariñoso saludo, y por tu jugoso comentario. Los bañadores con borlas, otro puntito, uno más de tantos; está claro, a la vista de vuestros comentarios, que éste es uno de esos films que se construye, entre otras cosas, sobre la acumulación de detalles significativos, de ésos que no se suelen olvidar.

Un abrazo y buena semana.

Escorts Barcelona dijo...

Voy a tratar de verla. Ya estoy un poco cansado de peliculas comerciales. Gracias por la recomendacion.

seguros de viaje dijo...

No puedo ser muy objetiva con este genero por que me gustan mucho las pelicular francesas, basta con citar amelie, para ver las joyas de este cina.

compañia de seguros dijo...

Esta va a ser dificil encontrar para verla. Gracias por la recomendacion

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