martes, 27 de mayo de 2008

Mi Buenos Aires querido VII: enjundias


Tengo un buen amigo, cuyo nombre no citaré (y no por falta de cariño, que se lo profeso, mucho y bueno, sino porque él no pertenece al gremio este del bloguerío, y, no habiéndole pedido permiso para nombrarlo ni teniendo enlace al que remitirme, prefiero abstenerme; tampoco importa demasiado: él ya sabe que me refiero a él...) que me acusaba, la última vez que nos vimos, y entre bromas y veras, de que, últimamente, vengo dedicándole más espacio del deseable en esta cibercasa, a asuntos excesivamente frívolos e intrascendentes. Que si cartas de amor a no sé qué señora; que si historietas de fútbol; que si ... En fin, cuestiones de poca monta, de escaso calado, superficiales. Quizá sea cierto.


Pocos días después, leía una reflexión en El País a cargo de Enrique Gil-Calvo, cuyo tema de fondo no recuerdo, pero que me llamó especialmente la atención porque su introducción se basaba en la distinción conceptual y práctica entre interés e importancia, y la relevancia de la misma a la hora de marcar las prioridades informativas en los medios de comunicación de masas: se suele primar lo interesante (y, a menudo, irrelevante, o poco trascendente) sobre lo importante (que, en la mayoría de los casos, suele estar lastrado por un exceso de complejidad, o dificultad, o profundidad). Quizá sea también cierto.


En definitiva, cuestiones de enjundia. Algo excesivamente subjetivo, y de muy personalísima apreciación, cómo no; como tantas y tantas cuestiones. Pero sobre lo que se pueden alcanzar ciertos “consensos conceptuales”, tanto para supuestos particulares como para planteamientos generales.


En el primer caso, no niego la mayor, y estoy dispuesto a admitir como válidas las “acusaciones” de mi amigo: así es, si así parece; en cualquier caso, también es bien cierto que ningún compromiso tengo, más allá del establecido conmigo mismo (de escasa exigibilidad externa, claro...), en materia de contenidos del blog. Y me encuentro más cómodo tratando esos temas intrascendentes que otros de más relevancia –sobre los cuales, por lo demás, y en casi todos los casos, tampoco creo que tenga nada especialmente interesante que aportar, aunque tampoco (bien lo sabe el lector habitual, si es que lo hay) les hago ascos, ni los eludo sistemáticamente-. En definitiva, amigo: se hará lo que buenamente se pueda, pero no te prometo nada.


En cuanto al segundo, también estoy sustancialmente de acuerdo con las apreciaciones de Gil-Calvo. Así suele funcionar, y es algo comprensible desde una lógica mercantil (que es aquella a la que, estrictamente, atienden tales medios que, no lo olvidemos nunca, son el producto con el que empresas –no asociaciones benéficas, ni fundaciones caritativas- acuden al mercado para obtener unas ganancias más o menos legítimas). Lo cual, por cierto, no es el caso de este blog, que no atiende a ninguna otra lógica que... Bien, seamos más precisos: que no atiende a ninguna lógica. Y punto.


P.D. Carmela, no te enfades, que esto no va contigo.

viernes, 23 de mayo de 2008

LA TRAMA (FAMILY PLOT; GRAN BRETAÑA/U.S.A., 1976)


SINOPSIS ARGUMENTAL.-

Blanche Tyler es una estafadora de poca monta que, haciendo gala de unos supuesto poderes paranormales, se dedica, junto a su compañero de andanzas, el taxista George Lumley, a estafar a viejas incautas,entre las que se cuenta la señora Julia Rainbird, una anciana que, para mitigar su complejo de culpa, espera encontrar con su ayuda a un sobrino desaparecido hace tiempo, servicio que está dispuesta a compensar generosísimamente. En sus pesquisas para encontrar a ese hombre, descubrirán que el mismo, después de simular su muerte, con la ayuda de un maleante de poca monta (Joe Maloney), se hace pasar por Arthur Adamson, prestigioso y acaudalado joyero que, tras una apariencia de respetabilidad y próspero status económico, se dedica, con la inestimable colaboración de su compañera sentimental, Fran, a amasar fortunas en efectivo y diamantes a través del secuestro de personajes de todo rango y pelaje. A partir de ese hallazgo, comienza una carrera en pos de él, que dará lugar a los equívocos de unos y otros y que se complicará con el rapto de un obispo...

RESEÑA CRÍTICA.-

El mago Hitch tuvo una carrera no sólo prolífica, sino también prolongada. Sus primeras producciones datan de los primeros años veinte (antes de la llegada del sonoro), mientras que la última obra que cuenta con su firma está fechada en 1976: concretamente, se trata de La trama, una película de perfil menor en la filmografía hitchcockiana, y que siempre ha cargado con el sambenito de ser considerada de un nivel muy inferior al de sus grandes obras magistrales de años atrás.

Es indudable que La trama no es un gran film; tan fuera de duda como lo está la imposibilidad manifiesta de que un autor, muévase en el terreno artístico en que se mueva, mantenga un nivel homogéneo y estable de calidad en toda su producción (y, más aún, si ésta es amplia, como sucede en el caso de sir Alfred). Pero no se justifica con ello el que que haya sido siempre una película tan denostada, hasta el punto de haberse llegado a considerar un baldón en la carrera del genial director británico, porque La trama es un film solvente, que cumple dignamente los mínimos exigibles a una obra de suspense e intriga, y que entretiene y se deja ver de manera agradable, además de mostrar algún que otro destello (bien es cierto que no con la profusión habitual) del genio y el muy particular toque de su autor.

También hemos de dar por supuesto que, a la hora de enjuiciar la película, sobre todo si –como resulta casi inevitable- se pretende su comparación con tantas y tantas excelsas obras precedentes del autor, no se pueden perder de vista algunas consideraciones elementales, y que son las que, en definitiva, acaban por mermar el potencial de la película. En primer lugar, el elemento actoral: no contó Hitchcock en su reparto con nombres rutilantes, y aunque sus intérpretes son de una solvencia técnica aceptable, está claro que no alcanzan el nivel que a sus grandes clásicos confería la presencia de estrellas legendarias o, en su defecto, actores y actrices que, ya por su carácter, ya por su presencia física, marcaban fuertemente diferencias. En segundo lugar, el material argumental, que tampoco anda sobrado de quilates: la trama de La trama (permítanme el juego de palabras) juega a combinar el suspense y el enredo –estructuralmente, son dos historias en paralelo que terminan confluyendo en un personaje común a ambas: nada nuevo bajo el sol...-, salpimentando tal ensalada con unas gotas de humor, que se extraen de las secuencias en que uno de los personajes protagonistas (Blanche Tyler) despliega sus "dotes espiritistas" para engañar a su desvalida víctima, la ingenua y anciana Julia Rainbird –humor, por cierto, un tanto desvahído: obviamente, son otros los terrenos en los que Hitch se mueve con mayor soltura, y es muy distinto el introducir pinceladas irónicas o sarcásticas en un guión (algo en lo que sir Alfred sí era un auténtico maestro) a desarrollar líneas argumentales cómicas que requieran algo más de consistencia-; y aunque lo hace sin grandes altibajos, su nivel se me antoja excesivamente discreto.

En lo que la película no muestra síntoma alguno de flojera o desfallecimiento creativo es en sus aspectos más puramente fílmicos: Hitchcock realiza, sin la más mínima alharaca y con un tono de discreción y sobriedad impresionantes, todo un curso de rodar elegante, cuyas únicas máculas se encuentran (ay, qué chapucillas...) en las secuencias que se desarrollan en el interior de los vehículos (que, a las puertas de la década de los ochenta, aún utilizara fondos móviles de decorados en estudio, resulta realmente bochornoso). Lo demás, para llevar a las escuelas de cine y calmar en más de un aprendiz de ansia desatada ese frenesí enloquecedor por mover la cámara cual pato asilvestrado...

En conclusión, y como en toda obra humana, pros y contras, puntos fuertes y puntos débiles. Muchos podrán considerar que hubiera sido deseable que el colofón a una carrera de tan excepcional nivel como es la de Hitchcock lo hubiera puesto una obra de gran calibre. ¿Y por qué habría de ser así? La trama es una película sencilla y digna, y, además, no desmerece tanto de aquellas otras que la precedieron. En cualquier caso, Hitch sí que consiguió con ella el no privarse de un placer postrero, y ya irrebatible: su último plano es, sin lugar a discusión y con diferencia, el más "brillante" de toda su filmografía. Genio y figura...

lunes, 19 de mayo de 2008

Grageas de cine XLVII: a propósito de... Frank Capra


FRANK CAPRA NO TENÍA ABUELA.-


Ni falta que le hacía. Ando enfrascado en la (bastante absorbente, por cierto) lectura de la autobiografía de Frank Capra, Frank Capra: el nombre delante del título (T&B Editores); un relato del que, si una idea se desprende de manera meridiana (algo de la que ya estamos advertidos desde la propia introducción de la obra, pero que no por ello deja de resultar , en algún pasaje concreto, un tanto epatante) es la de la alta estima en que su propio autor, y biografiado, se tenía. Muy probablemente, con todo merecimiento: supongo que a Capra se le pueden objetar y cuestionar multitud de aspectos, tanto de su personalidad como de su trayectoria artística, pero resultaría de género bobo intentar negar un impresionante historial en el que uno no sabe bien si brilla más el oropel de los premios, la fortuna (en la taquilla) y la fama (entre el público) o el prestigio ganado entre la crítica más sesuda y afilada.

En cualquier caso, tampoco sería justo ni lógico recalcar ese elemento como aspecto fundamental de un libro que, si por algo se caracteriza, es, amén de por su redacción fresca y amena (aunque no de un excelso nivel literario: Capra no es Shakespeare, obviamente…), por constituir una fuente inagotable de información, no sólo sobre la estricta trayectoria vital del director de origen italiano –contenido cuyo interés ya justificaría la lectura: Capra es un “grande muy grande”-, sino, muy especialmente, sobre el mundo en que el mismo desarrolló su exitosa carrera, y la forma en que lo hizo, con especial incidencia en sus pautas de trabajo: algo con lo cual es posible que se termine aprendiendo mucho más sobre cómo hacer cine (y de forma bastante más entretenida) que con cualquier manual técnico al uso. Una opción de lectura, en suma, “frankamente” recomendable.

viernes, 16 de mayo de 2008

Grageas de cine XLVI: a propósito de... Indiana Jones y la última cruzada (U.S.A., 1989)

Ante lo inminente (una semanita...) del estreno de la cuarta entrega de la saga Indy, está claro que a los seguidores del intrépido arqueólogo de látigo y sombrero no nos va a quedar excusa para no refrescarnos la memoria, recurriendo, una vez más, a deleitarnos –hasta reventarles los píxeles…- con las ediciones digitales de las tres entregas primigenias (convenientemente relanzadas, también, en fecha reciente, como no podía ser de otra manera): producciones que, cortadas por un patrón perfectamente definido en cuanto a estructura narrativa, desarrollo dramático y progresión emocional –siempre bajo la égida indiscutible y carismática de ese binomio Harrison Ford/Indiana Jones, respecto al cual no termina de quedar muy claro donde acaba el uno y empieza el otro, o viceversa-, siguen siendo una demostración de la absoluta maestría del mago Spielberg para elaborar productos que, aun bajo las premisas estilísticas y temáticas del cine más comercial (en ese aspecto, sí que les puedo asegurar que soy incapaz de encontrar la más mínima concesión), no dejan de ser lecciones ex cátedra de lo que puede dar de sí, cuando se hace con talento, el cine de entretenimiento. Que de eso, y no de otra cosa, es de lo que se trata.

“Indiana Jones y la última cruzada”, el título que cierra la trilogía, supone el encuentro del bueno de Indiana con tierras europeas –tras sus excursiones por los más exóticos parajes africanos y asiáticos de las dos primeras entregas- y el reencuentro con sus “viejos amigos”, los nazis, a cuenta de la búsqueda de uno de los más grandes mitos de la arqueología universal, como es el Santo Grial. En ese contexto argumental, todo se desarrolla conforme a los cánones del género y las premisas generales de la saga: buenos muy buenosos (y pocos) contra malos muy malosos (y muchos), en un frenesí desbocado tras la pieza de marras, de sobresalto en sobresalto, en un itinerario cuya acumulación de episodios de acción, punteados por breves pasajes de amor (en este caso, de presencia ligerísima, casi anecdótica) y humor (bastante más presente, aunque con un tono, en general, un tanto burdo e infantiloide, excepto en algún gag puntual algo más conseguido, sobre todo gracias al juego de contraste de caracteres que ofrecen los dos protagonistas, Harrison Ford y Sean Connery –que éste, y no otro, es el auténtico regalito y señuelo de la función: cumple con creces, por supuesto…-) consiguen que sus ciento veintidós minutos se pasen en un suspiro. Zas… se acabó.

jueves, 15 de mayo de 2008

PONIENTE (ESPAÑA, 2002)


Con insistencia digna de encomio, continúa el cine español ofreciéndonos, en una muestra de plena vitalidad, estrenos en un abanico de registros genéricos y estilísticos realmente amplio. La última propuesta, ésta que nos llega con la firma de Chus Gutiérrez, una directora granadina que, si por algo se ha caracterizado hasta ahora en su trayectoria, es por su valentía a la hora de abordar temas y, muy especialmente, enfoques formales bastante alejados de los moldes de lo más trillado, es Poniente, un drama social de tono beligerante y con una toma de partido clara e inequívoca por los desfavorecidos, por los perdedores de la historia, como mensaje de fondo.

Aun así, no hay en Poniente, pese a esa componente social apuntada, resonancias del cine de Ken Loach o de toda esa hornada de cineastas británicos (Herman, Cattaneo, Daldry) o franceses (Cantet, Tavernier) que últimamente vienen haciendo un importante esfuerzo en esa línea de plasmar sobre la pantalla problemas sociales contemporáneos del mundo occidental. Si hemos de buscar referencias para esta película, las mismas son mucho más cercanas, y se encuentran, sin duda alguna, en Flores de otro mundo (no en balde, la propia Iciar Bollaín ha colaborado con Chus Gutiérrez en la elaboración del guión de su película), con la cual guarda concomitancias más que evidentes –desde su temática central (que gira alrededor del mundo de la inmigración) hasta múltiples elementos accesorios en que ambas coinciden (el entorno rural como referente, o la importante presencia infantil)-, aunque también son sensibles las diferencias entre ambas, y radican, sobre todo, en el tono: a Poniente le sobra, quizá, un puntito de amargura, y le faltan los toques de humor tierno con los que Bollaín contrapunteaba la dureza de fondo de su relato, y, además, le dotaba de una mayor frescura y "redondez".

Hacíamos mención de la toma de partido de la autora como punto de partida de su propuesta, y es éste un elemento que pesa, y mucho, en el desarrollo de la historia: en ella se entremezclan los aspectos sociales, o generales, con los elementos personales que atañen a su personaje protagonista, y sobre el que gira toda la trama, Lucía, esa maestra que, huyendo de su huida previa, vuelve a sus raíces e intenta poner en pie un proyecto profesional y humano difícil en un entorno ciertamente hostil. La trabazón entre ambas facetas se despliega de forma eficaz, y con una adecuada solvencia narrativa, pero cabe apuntar dos detalles que empañan ligeramente la valoración global del film: por un lado, los deslizamientos puntuales hacia un maniqueismo demasiado acusado (la directora hace esfuerzos, consciente de la complejidad del problema que aborda, para equilibrar esa tendencia, y bien que se le nota, pero no siempre lo consigue) y, por otro, entroncando con lo anterior, el perfil excesivamente positivo de la protagonista (una especie de Teresa de Calcuta, como bien la define en un momento dado su partenaire, Curro), demasiado coherente y demasiado perfecta como para resultar totalmente creíble. Aun así, se trata de cuestiones que, pese a su importancia, no privan de una valoración positiva a la componente argumental, en la que quizá la única línea que "flaquea", de alguna manera, es la de la relación sentimental entre Lucía y Curro, que, aunque creíble y bien integrada en el esquema general de la historia, se ve aquejada de un exceso de empalago y trascendentalidad en los diálogos y situaciones, algo poco acorde con el talante y perfil (vocacionalmente sencillo) de los dos enamorados.

Esos dos enamorados están encarnados por dos intérpretes de perfiles y connotaciones totalmente diferentes: del lado masculino, tenemos a un Jose Coronado que vuelve a ofrecer un trabajo convincente (sin rayar a la altura de su villano de La caja 507, aun salvando las tremendas diferencias que imponen disparidades tan fuertes en el dibujo de ambos personajes) en su particular camino hacia la consagración como ex galán reconvertido en actor de carácter; y, del lado femenino, a una casi debutante Cuca Escribano, rostro nuevo que irrumpe con una fuerza tremenda, la que marca su personaje, quizá demasiado denso (confluyen en él demasiados elementos, demasiadas líneas de la historia), pero bien resuelto gracias a unas dotes interpretativas notables, que se unen a una fotogenia realmente inmensa, explotada al límite por la directora con una planificación propicia para ello. Alrededor de ambos protagonistas, un buen cuerpo de secundarios, entre los que hay que destacar, una vez más, a un extraordinario Antonio Dechent, convertido ya por méritos propios en el hijoputa por antonomasia (y perdonen la malsonancia, pero el término "villano" me resulta bastante menos expresivo para lo que se pretende designar...) de nuestro cine: Smoking room, X y, ahora, Poniente, en la que compone un tipo tan perfectamente identificable con la miseria moral que la directora pone en el centro de su diana que llega hasta a producir miedo (especial atención a una escena, casi al final de la película; un plano medio que lo retrata mientras atiende, en completo silencio, una llamada telefónica -y sabrán disculpar la omisión de mayores detalles: no quiero estropearles su disfrute...-: para estudiar en las academias de interpretación).

Con todas sus virtudes (muchas y notorias) y todos sus defectos (también más que evidentes), Poniente es una película que, sin resultar deslumbrante desde una perspectiva estrictamente técnica, refleja firme y contundentemente una realidad social, la de la inmigración y su explotación personal y laboral, que tenemos ahí, a la vuelta de la esquina, aunque no siempre nos apetezca verla. A esa visualización (como diría el político de turno...) contribuye la película de Chus Gutiérrez y eso, en última instancia, siempre habremos de agradecérselo.

NOTA: esta reseña fue escrita con motivo del estreno en salas comerciales de la película en cuestión. Y prefiero no tocalla (que peor será...)

martes, 13 de mayo de 2008

Los buenos buenosos III: Daniel Burns (Como la vida misma; U.S.A., 2007)


Daniel Burns es un hombre de su tiempo: tierno, sensible, concienciado. Viudo desde que, cuatro años atrás, perdiera a su esposa tras una larga enfermedad, tiene que compatibilizar el cuidado y atención de sus tres hijas (de las cuales las dos mayores empiezan a entrar en una edad manifiestamente peligrosa) con su trabajo como periodista en un diario local, desde cuya columna diaria adoctrina moralmente –como corresponde a todo columnista de pro...- a sus conciudadanos sobre los más variados temas. Y todo lo hace con alegría, una alegría que, pese a una cierta bruma de fondo que, en ocasiones, nubla su mirada, le ayuda a soportar su carga con buena disposición de cuerpo y de espíritu.


Pero en ésas llega el amor. Y el amor, ay, amigos, es cuestión harto complicada. Con el amor llega el descontrol emocional; las incongruencias; la ruptura de los equilibrios afectivos y familiares. Y Daniel Burns, que, pese a sentirse atravesado por los dardos de ese mamoncete que atiende al nombre de Cupido, es un buen tipo, que no quiere hacerle daño a nadie –ni a sus hijas, que se sienten ninguneadas, ignoradas, postergadas; ni a su hermano, que es el previsible máximo damnificado; ni a su amplia y cariñosa familia, subyugada por los encantos de esa seductora, a su pesar, Marie-, sufre, lo pasa mal: se siente desgarrado entre su deber y su pasión, dificilmente compatibles.


Como ésta es una comedia amable, el círculo se cuadra finalmente: es el premio que merece el bueno de Daniel Burns, que, de haber caido en manos de un John Waters en su momento mas ácido o un Todd Solondz en buena forma, no hubiera disfrutado de tanta suerte. Pero Peter Hedges y Pierce Gardner son tan buenos, o casi, como su Daniel Burns. Así da gusto...

lunes, 12 de mayo de 2008

Cartas de amor a Carmela Soprano II


Querida Carmela:


Dado que la de que no me contestaras era una circunstancia ya contemplada y asumida desde que te remitiera mi primera misiva, no va a ser ése motivo de desánimo ni obstáculo que me haga cejar en mi empeño de manifestarte a través de mis cartas la admiración que por ti siento.


Dicho esto, he de señalarte que me ha parecido muy revelador de tu gran espíritu de sacrificio la actitud que has mantenido con tu suegra, la insufrible madre de Tony, a la que, pese a que bien te consta que no alberga excesivo cariño hacia ti (ni hacia casi nadie, qué mujer...), no dudas en ofrecerle tu casa y tu compañía. Ya sé, ya sé que no lo haces en atención a ella (una atención, evidentemente, inmerecida), sino en aras de la estabilidad familiar y siendo, como eres, consciente de cuánto sufrimiento inflige a Tony su manifiesta incapacidad emocional para solventar el problema de la relación con su madre. Pero, sea como fuere, y más allá del objetivo y fundamento, ahí has estado tú, al pie del cañón, y ofreciéndote. Admirable, estimada Carmela, admirable.


También me parece totalmente digna de elogio tu preocupación por los problemas de las personas de tu entorno cercano, aunque no mantengas con ellas relaciones más cercanas de amistad. ¿Qué hubiera sido del profesor del pequeño Anthony, y su flamante automóvil –robado por una panda de choricetes de tres al cuarto-, si no hubieras insistido a Tony para que se ocupara del asunto? Y asunto resuelto. Desde luego, querida Carmela, estás en todo.


En fin, no me ofreces más que motivos –aunque te prodigues poco en tus apariciones- para el elogio y la admiración. Será porque, en definitiva, eres un ser admirable; eso sí, esos pantalones verde pistacho, tan ceñidos, no te sientan nada bien. Piensátelo, Carmela, te lo digo con todo el cariño del mundo...


Tu rendido admirador,

martes, 6 de mayo de 2008

Las que no he visto VI: Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal (Indy Jones etc, etc...; U.S.A., 2008)


POR QUÉ NO LA HE VISTO (TODAVÍA...).-

Pues, básicamente, porque aún no se ha estrenado, y así, salvo que seas amigo, muy amigo, de alguno de los que manejan el cotarro –lo cual, obviamente, no es mi caso-, es bastante complicado. Pero todo se andará, todo se andará...


POR QUÉ QUIERO VERLA (Y LA VERÉ -UN DÍA DE ESTOS, SUPONGO...-).-

Porque creo, sin ánimo de menospreciar a los grandes clásicos del género, que la trilogía de Indy condensa y quintaesencia el mejor cine de aventuras que jamás se haya hecho en la meca de este cine, o sea, en Hollywood. Y, con tales antecedentes, tras tres platos de tan exquisito gusto, ¿cómo privarse del postre....?

Porque no dormiría tranquilo pensando que no contribuyo a que esas pobres criaturas que atienden a los nombres de George Lucas, Steven Spielberg y Harrison Ford (arriba, parias de la tierra...) saquen un dinerillo como porcentaje de los ingresos en taquilla –teniendo en cuenta que, según se dice por ahí (yo, amigos lectores, no me lo termino de creer...), los tres han renunciado a cualquier ingreso previo a que el film recaude (glups...) cuatrocientos millones de dólares-. Y digo yo que habrá que echar una manilla, ¿no...?

Porque existe el riesgo de que resulte decepcionante, pero, ¿qué quieren que les diga? La vida es así, consiste en eso... Al fin y al cabo, ese mismo fue el riesgo que corrí aquella vez, en Alemania, hace unos años, en que, tras una noche loca de copas y juerga, Claudia Schiffer y yo decidimos darnos un rev... ejem, ejtooooo, pasemos al siguiente punto.

Porque me trae absolutamente sin cuidado que Indy-Ford sea ya un venerable sesentón al que (narran las malas lenguas) han tenido que doblar hasta en las escenas en que duerme... ¿O no han oído ustedes hablar de un tal Sean Connery? Que hay sesentones y sesentones, creo...

Porque hay que verlas todas, ¿no...?

lunes, 5 de mayo de 2008

Premio Dardo 2008


Con un retraso que empieza a ser ya más muestra de una cierta forma de manejarse por esto de la blogocosa, que algo circunstancial, he de dar cuenta de la (no tan) reciente recepción de un premio y/o reconocimiento a este humilde blog, que no es otro que el del Premio Dardo, en su primera edición, premio que, en esencia, viene a acogerse a la declaración de principios que abajo reproduzco, y cuya concesión he de agradecer, de todo corazón, a su otorgante, Anika Lillo, vieja (no por mayor, sino por veterana...) compañera de andanzas y aventuras por esto del ciberespacio, desde unos tiempos en que eso de la web 2.0 y las redes sociales aún andaba en “fase Atapuerca”, poco más o menos, y que ahora, recientemente incorporada a esto del “mester de bloguería”, sigue ofreciendo su entrega incondicional y su buen hacer al servicio de sus muy fieles y numerosos lectores (y no es coba, que basta echarle una miradita a su contador de visitas para verificar que lo que digo no es literatura de pacotilla...).

Algún día, alguien reconocerá la impagable labor que, en pro de la difusión de la literatura, en particular, y la cultura, en general, a través de Internet, viene haciendo esta mujer desde mucho antes de que esto alcanzara el peso, el vuelo y el relieve que actualmente tiene. Anika sí que ha sido una auténtica pionera, batalladora incansable y mantenedora, contra viento y marea, de unas webs que, a día de hoy, son auténtica referencia en su materia, y que cualquier otro, en su circunstancia y condiciones, hubiera abandonado a su suerte hace muchísimo tiempo. Muchas gracias, compañera, por la entrega y el ejemplo.

Y ahora toca la segunda parte del “invento”, que es la de hacer llegar, por mi parte, el mismo reconocimiento a, al menos, quince blogs que considero merecedores de ello –y, sobre ese punto, no estoy en disposición de aceptar discusión alguna...-; aunque me consta que alguno ya lo ha debido de recibir por otra vía, espero que no sea eso motivo de enfado ni, muchísimo menos, de devolución (al fin y al cabo, los productores de Titanic tampoco devolvieron ningún Oscar, y recibieron un montón...). Éstos son los agraciados, en orden que no significa prioridad:

- El bloc de Josep; pocos como él profundizan en el análisis de las pelis con el cariño y dedicación con que él lo hace –además de hacerlo escribiendo muy, muy bien-. ¿El loro? Para despistar, supongo.

- Libélulas y hadas; Miriam, con sus parcas palabras y sus nutridas referencias, desde un envoltorio tan discreto como elegante, siempre ofrece algo de interés. Porque ella lo vale.

- Andrés Martínez; no es fácil, desde la arquitectura, ofrecer siempre algo más, mucho más que arquitectura. Debe ser sensibilidad.

- El alma disponible; y la agenda, también: altavoz en conexión permanente para poemas y convocatorias poéticas aquí, allá y acullá. Ana Pérez Cañamares no duerme, compas: está ojo avizor.

- El blog de Enrique Ortiz; ¿quién dijo que la mezcla y el batiburrillo no son alimento adecuado para el espíritu? Enrique demuestra lo contrario: delicatessen de lunes a viernes (salvo fiestas de guardar).

-La linterna mágica; los “reyes cinetólicos” de la blogocosa, Marc y Alicia, Alicia y Marc, tanto monta, monta tanto (siempre que sean rollos de celuloide, claro está).

- Mujeres de Roma; si quieres viajar a otro tiempo y otro lugar sin moverte de tu silla, Isabel Barceló te regala los billetes. Sin trucos y sin tasas de aeropuerto: no te lo pierdas.

- El cronicón cinéfilo; el amigo J.P. Bango, otro viejo “cinero-rockero”, pone a nuestra disposición su impresionante fondo de armario. Quien, después de eso, se pasea en cueros, ya no tiene arreglo.

- A sangre fría; rara avis el compa Corpi: mala leche en ebullición constante, se le escapa el cariño del gruñón, aunque no quiera. Que te he “pillao”, compa, que te he “pillao”.

- Hasta Elena; ella dice que no escribe, pero yo no me lo creo. Y supongo que un tal Vila-Matas, tampoco, tampoco.

- A pesar de todo, Joan; si la vagancia y la irreverencia escondieran el talento, no se le vería. Pero aún así, asoma. Por un piquillo, pero asoma.

- La línea recta; Recaredo Veredas define bastante bien su cibercasa, así que la tarea ya está hecha. Sin más comentarios.

- Diario de Superwoman; la supermamá que vino del frío alemán, contándonos sus super-andanzas. Lo pretencioso queda para otros.

- La segunda oportunidad; a mí no me gustaban los blogs personales, pero siempre termina uno encontrando la horma de su zapato, aún a su pesar. Gracias, compa.

- El trono de Hatti; música y cine servidos en dosis livianas y placenteras por una pluma siempre bien templada. Aires maños para la blogosfera, frescos y saludables.

"La I Entrega de Premios Dardo 2008 se abre paso entre un gran elenco de Premios de reconocido prestigio en el mundo de la literatura, y con él reconoce los valores que cada blogger muestra cada día en su empeño por transmitir valores culturales, éticos, literarios, personal, etc.., que en suma, demuestra su creatividad a través su pensamiento vivo que está y permanece, innato entre sus letras, entre sus palabras rotas".

Pues eso, ahí queda dicho. Felicidades a los premiados y gracias por estar ahí...

viernes, 2 de mayo de 2008

Varietés artísticas y culturales XIII: una lista musical


Hacia ya tiempo que no dedicaba una tarde a practicar un ejercicio que, antaño, solía llevar a cabo con bastante frecuencia: ir escuchando temas musicales a saltos de recuerdo, dejándome llevar de unos a otros a través de la evocación que los previos me despertaban de los posteriores, hasta encadenar varias horas de audición. Un ejercicio saludable, y que me coloca sobre el tapete una de esas afirmaciones tópicas –y que, por otro lado, nunca me ha terminado de convencer- que, relativa a la lectura, sería extrapolable también al mundo de la música: a partir de cierta edad, ya no merece la pena leer (material nuevo), sino que es preferible dedicarse a la relectura de (lo mejor de) lo ya leído; si es que se ha leído tanto y tan bueno, claro está (que, en mi caso particular, lo dudo).

En fin, segùn se desarrollaba el placentero ejercicio, se me ocurrió la idea de pergeñar una lista –aunque no sea yo muy entusiasta partidario, en general, de tales inventos-: diez temas de la historia del pop español que, en el caso de una hecatombe que me obligara a recluirme eternamente en un sitio cerrado, pudiera conservar en mi reproductor de MP3. Y aquí está la lista, que se acoge, en todo caso, a las siguientes salvedades y observaciones:

- Éstas son las diez de ayer por la tarde. Hoy, probablemente, cuatro ó cinco de ellas ya no estarían, y estarían otras en su lugar. Sí que habría algunas, supongo, inamovibles.

- Hay sólo diez, pero se han quedado fuera de la lista quince ó veinte temas que, a buen seguro, podrían haber formado parte de ella sin el más mínimo problema.

- Todos los autores y/o intérpretes incluidos, salvo algún caso muy particular, tienen otros temas que, probablemente, me gustan tanto o más que los reseñados. ¿Por qué, pues, éstos? No lo sé. Era difícil elegir, en algunos casos, he de confesarlo.

- Hay algunos temas que, probablemente, hace sólo unos años, me hubiera avergonzado reconocer como incluibles en una lista de este tipo. Supongo que me estoy haciendo viejo...

- Los temas no están ordenados; es decir, los diez se encuentran en idéntica posición en cuanto a rango, predilección, gusto y/o querencia.

Los temas de marras:

- Cállate niña, de Pic-Nic.

- Tormentas imaginarias, de 091.

- King George, de Dover.

- Malos tiempos para la lírica, de Golpes Bajos.

- Eres tú, de Mocedades.

- Escala real, de Nacha Pop.

- ¡Cómo es!, de Los Enemigos.

- Un vestido de tul, de La buena vida.

- Sólo pienso en ti, de Cánovas, Rodrigo, Adolfo y Guzmán.

- Queda mucho por andar, de Los flechazos.

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