martes, 18 de noviembre de 2008

LAS HERMANAS MUNEKATA (MUNEKATA KYOUDAI; JAPÓN, 1950)


SINOPSIS ARGUMENTAL.-

Debido a la grave enfermedad de su anciano padre, Setsuko y Mariko Munekata marchan a vivir juntas a la ciudad donde éste reside. Setsuko –una mujer apegada a las tradiciones- está casada con Mimura, un hombre amargado por su incapacidad para encontrar un trabajo, y que le hace la vida imposible, pese a lo cual ella aguanta la situación resignada y calladamente. Mariko –más joven, rebelde y desprejuiciada-, mientras tanto, flirtea con Hiroshi, un antiguo novio de Setsuko, intentando con ello acercar de nuevo a éste y a su hermana. Cuando Mimura fallece en un lamentable accidente, las posibilidades de que Setsuko e Hiroshi retomen su antigua relación resurgen de manera inesperada.

RESEÑA CRÍTICA.-

No siempre resulta fácil, ni gratificante de manera inmediata, el sumergirse en cinematografías lejanas culturalmente a la nuestra, o a aquellas con las que podamos estar más familiarizados (y, en este caso, obviamente, me refiero a la estadounidense). Más allá de las identidades básicas que impone el lenguaje fílmico, son muchos los elementos de forma y contenido que dificultan su asimilación, pero si hay casos en que la satisfacción que nos puede reportar el esfuerzo hace que éste merezca realmente la pena, uno de ellos sería, sin duda alguna, el de esta subyugante –pese a no estar catalogada como una de las mejores- película de ese venerable maestro que es Yasujiro Ozu.

Son muchos los aspectos verdaderamente sorprendentes en estas película, y de los que se desprende una poética tan sutil como cautivadora, muy alejada de los usos y maneras de otras formas más habituales de hacer cine: el cuidado compositivo de los planos, dotados casi siempre de una simetría y profundidad que, lejos de cualquier rigidez, los hace graciles y atractivos; la quietud de la cámara, siempre fija (sólo hay tres planos en todo el film en los que se producen movimientos –travellings-, y son tan lentos que resultan casi imperceptibles), con la única utilización, como elemento de movilidad, de los desplazamientos de los personajes (qué gran paradoja: el cine, el arte de la imagen en movimiento, descompuesto en una sucesión de fotos fijas); los planos de transición, a base de imágenes de paisajes urbanos, que juegan el papel de los fundidos. En definitiva, todo un compendio de pequeñas delicatessen, merecedoras de una degustación muy, muy sosegada.

Porque, inevitablemente, con tales mimbres no nos podemos encontrar ante una película “rápida”, sino, más bien al contrario, con aquello que el tópico más manido suele calificar como película “lenta”. Sensación engañosa, desde luego: no se trata de lentitud, sino de modulación del ritmo narrativo a la voluntad del autor de desplegar su historia sin unas prisas de las cuales no existe necesidad alguna. ¿Por qué hemos de correr, cuando las imágenes que se nos ofrecen son de una enorme belleza plástica, y no por ello la narración pierde fluidez alguna? Una mera cuestión de fijación de un tempo muy alejado de los cánones occidentales.

También las interpretaciones se ajustan a pautas y modos completamente diferentes a los que estamos habituados a contemplar: rostros tremendamente expresivos en los primeros planos, contados y muy cortos en duración, y movimientos pausados, con desplazamientos muy ajustados, teniendo en cuenta –recuérdese la observación que se hacía dos párrafos atrás- que constituyen, habitualmente, el único elemento de movilidad en el plano. Todos los intérpretes apuntan muy alto en cuanto al nivel de su trabajo, y destacar a las dos actrices principales (las hermanas del título) sólo obedecería a que su presencia se hace más intensa, y, por tanto, sus opciones de brillo son mayores; en cualquier caso, sus prestaciones son de un magnífico nivel, y suponen un auténtico hallazgo, muy especialmente en el caso de Hideko Takamine, una Mariko que, con un descaro de corte tierno e inocente, nos ofrece una muchachita plena de frescura y encanto. Toda una lástima, por otro lado, el no poder haber disfrutado del visionado de la película en versión original: el doblaje, a buen seguro, priva de un elemento de disfrute y valoración incuestionable a la hora de enjuiciar estas interpretaciones.


Y, para finalizar, algunos pequeños apuntes sobre la historia que nos cuenta Ozu: una trama mínima, ligera, y que pivota sobre el juego de contrastes en la forma de ser y actuar de las dos hermanas, como referentes significativos de dos épocas, dos mentalidades, en un momento de fractura histórica, el de esa posguerra en que Japón vive sumida, plena de dudas e indecisiones, y debatiéndose duramente entre el respeto por una tradición asentada en principios rígidos e inamovibles desde siglos atrás (esa rigidez es la que atenaza a Setsuko, y la que la hace segura, pero profundamente infeliz) y el volcado hacia una modernidad rebelde y rompedora, ma non troppo (ese es el norte de Mariko, inconformista y deseosa de ver cambios a su alrededor). Fenomenal ejemplo de cómo se puede trascender hacia un plano de interés general lo que, en apariencia, parece ser una simple historia de connotaciones exclusivamente personales (si es que eso cabe en algún caso de manera plena).

Si hay –entre otras muchas- una circunstancia por la que cabe alegrarse enormente de la eclosión del soporte DVD como vehículo de difusión cinematográfica, es por la posibilidad que está brindando de acercarse a producciones de este corte. No pierdan la oportunidad, porque, a buen seguro, salvadas posibles reticencias iniciales, el deleite contemplativo lo tienen más que garantizado. Palabra de ecléctico, amén...

10 comentarios:

Josep dijo...

Desconozco demasiado el cine oriental salvo excepciones comunes a los mortales de este país.

Esa ignorancia me molesta por dos hechos irrefutables: en sí misma, por esa falta de conocimiento y por tanto de opinión, y, además, porque de ella deriva la pérdida de goce cinéfilo.

Por suerte, relatos tan bien escritos como este tuyo y la certeza que algún dvd se podrá comprar, alivian ese pecado cinéfilo en parte, sólo en parte, excusable por la paupérrima distribución comercial de ese cine en nuestros lares.

Con mayor brevedad, como a tí te gusta: no la he visto, pero me la apunto porque me fío de tu criterio.

Un abrazo.

faraway dijo...

Esta sí que me la apunto, claro que sí.
Estoy leyendo un libro excelente sobre cine japonés de Donald Richie y no se nombra en ningún momento, lo que me resulta muy extraño, vista la autoría de la peli y el año en que fue filmada.
Un abrazo!

serigrafia dijo...

a mi el ine japones me parece digno de ver, es cierto que es mas tranquilo que lo que estamos acostumbrados, pero es para verlo y sumergirse en esa hermosa cultura, un saludo.

Manuel Márquez dijo...

Gracias por las elogiosas (tanto como inmerecidas) que dedicas a mi reseña; si te empuja a buscar, encontrar y degustar una joya como ésta, por bien empleadas podré darlas. Eso sí, esta peli yo la ví, en su día, donde ya te puedes imaginar: en el programa del Garci. En fin, lo de siempre, lo de las teles y sus programaciones, mil veces comentado.

Compa Faraway, te digo lo mismo que al compa Josep: merece la pena y mucho, así que por bien apuntada la puedes dar. El libro de Richie al que aludes también empecé a leerlo hace algún tiempo (fue un regalo navideño de mi mujer), pero aún no lo he terminado; y, eso sí, me extraña que no figure esta peli, porque bien es cierto que se trata de una obra bastante detallada sobre cine japonés, una verdadera "biblia"...

Un fuerte abrazo a los dos, y gracias por vuestros comentarios.

troncha dijo...

Hola, dando una vueltecilla por internet me he topado con tu blog, ya volveré por aquí a leerte.

Fantástico Ozu, menudo pedazo de director.

Saludos...

Manuel Márquez dijo...

Bienvenido, compa Troncha, a esta casa, donde siempre serás bien acogido, y muchas gracias por tu comentario. Sí, efectivamente, pocos discuten a Ozu su condición de maestro; la única pena es que no tengo muy "controlada" su filmografía.

Un abrazo.

Fabrizio dijo...

Un placer encontrar este comentario tuyo y encima, nada menos, a través de IMDb. Debes estar orgulloso de que consideren tu reseña digna de incluirse. Y la verdad es que lo es. Yo también vi esta película gracias al programa de Garci y es desde entonces una de mis favoritas de Ozu, no entiendo cómo está tan infravalorada. Gracias al DVD después de las dos que puso Garci he podido seguir mucho a Ozu hasta que se ha convertido en uno de mis tres directores favoritos, y sigo considerando “Las hermanas Munakata” una de sus obras maestras. También gracias al DVD he podido seguir la pista a las actrices que hacen de las dos hermanas, Kinuyo Tanaka, que se ha convertido en una de mis actrices favoritas (sus trabajos para Mizoguchi son impresionantes, es algo así como la Bette Davis japonesa, pero más moderna en su estilo de actuar, mucho más contenida) y Hideko Takamine, que también es magnífica, en especial en “Nubes Flotantes” de Naruse.

Es una película un poco rara para Ozu porque tiene una trama mucho más definida que otras (a lo mejor por eso otros no la consideran tan buena). Lo que me gusta de Ozu es que normalmente se olvida de la trama para poner al descubierto con la mera descripción de hechos banales del día a día, lo más esencial del tiempo que va pasando para el ser humano en la tierra. En esta sin embargo, al principio parece que la trama va a tener tanto peso que va a ahogar un poco las reflexiones de Ozu (es todo mu simbólico, con la hermana moderna y la hermana tradicional, y un simbolismo y estructura tan marcados resulta extraño en Ozu), pero al final se va desatando hasta llegar al final que más me ha impactado del director, cuando cada hermana se da cuenta de que una buena parte de sus vidas ha pasado, y de que ambas han cometido errores y aciertos. Es como si Ozu de repente pusiera la esencia de la vida en tus narices, y dijera, a veces esto es horrible, pero aquí estamos, y hay cosas por las que merece la pena seguir viviendo aunque nos equivoquemos.

Mis recomendaciones, disponibles ahora todas en DVD, para seguirle la pista a Ozu, son “Había un padre”, “El hijo único” y “Primavera tardía”. Hay muchas más muy buenas, y muchas más disponibles que aun no he visto (dicen que “Crepúsculo en Tokio” rivaliza con “Cuentos de Tokio” como su mejor película). Es un gusto pensar que aún me queda tanto por disfrutar con este director.

Manuel Márquez dijo...

Muchísimas gracias, Fabrizio, por tu amplio y bien documentado comentario sobre el film -y la filmografía, en general- de Ozu, a quien ya veo que admiras de forma lógica y bien fundamentada. Bienvenido a esta cibercasa, y, ya sabes, pasa por aquí cuántas veces quieras, tienes las puertas abiertas...

Un abrazo.

Anónimo dijo...

Llegué aquí porque la película es mencionada en el libro La Elegancia del Erizo de Muriel Barbery y también en la película de dicho libro. Tengo curiosidad por ver Las Hermanas Murakata por esa razón.

Pablo dijo...

La vi en la tele y quede enganchadisimo. Mi hija me pregunto que veia y la dije una peli japonesa de mediados del siglo pasado. Lo de la fractura cultural del Japon posgurra es evidente, pero lo que me sorprendio es un cierto aire romántico. Esos personajes son existencialistas pero se pierden en el amor, se ahogan en el.
Muy buena. Recomendable.

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