lunes, 17 de noviembre de 2008

La bella Segolène (A salto de mata XXXVII)


Que la política se ha convertido, en estos últimos años, en un ejercicio de exhibición fundamentalmente mediática, es una afirmación que debería levantar escasa (por no decir que nula) controversia; lo que sí podría dar pie a mucho mayor margen de elucubración y duda es la aplicación a tal fenómeno de ese "mecanismo de análisis" que hace alusión al huevo y a la gallina. ¿Es la política, con esa vis expansiva, de omnipresencia, que sus actores necesitan para la obtención de sus objetivos, la que se ha adueñado de los medios? ¿O son los medios los que, ávidos de un producto -uno más- con el que subyugar a un público siempre presto a fagocitar todo aquello que le echen a las fauces, exprime la ubre política, convirtiéndola en un espectáculo más -no muy diferenciable, por cierto, de otros con mucha menos enjundia-?

No lo sé. Pero sea como fuere, lo que sí parece, también, fuera de toda duda, es que esa "entente" da pie a determinadas pautas, tendencias y exigencias. Por ejemplo, la necesidad de que el político de fuste, con pretensiones, transmita una imagen físicamente atractiva; eso que comúnmente se conoce como una buena "percha". Si se cuenta con un buen envoltorio, y dado lo irrelevante del "relleno" (que, en cualquier caso, siempre puede ser proporcionado por un equipo preparado y solvente de expertos en marketing y venta), el aspirante al poder ya tiene mucho terreno ganado. Y en esas anda, como un ejemplo bastante significativo, y muy apropiado para ilustrar este aserto, la bella Segolène.

Los detractores de Segolène Royal suelen acusarla de un discurso políticamente vacuo, y de una indefinición ideológica que hace prácticamente imposible ubicarla en un punto determinado del espectro político (con independencia del que debería marcar su pertenencia formal a un partido en concreto, como es el socialista francés; otro problema sería el de si este partido tiene alguna concreción programática que lo haga ubicable en algún lugar, que parece ser que no...).Bien, ¿conocen ustedes, amigos lectores, algún líder político de cierto relieve del que no sea predicable, en mayor o menor grado, tal circunstancia? Y habrán de convenir conmigo en que, en lo que se refiere a glamour y elegancia -sin que sea fácil precisar cuánto puede haber en ello de soporte natural, y cuánto de trabajo concienzudo-, no hay color.

Perdió unas elecciones presidenciales a lo largo de cuya campaña se subrayó, hasta la extenuación, la cuestión de hasta qué punto su condición de mujer no le había supuesto un obstáculo insalvable (aunque también hubo quien pensó, exactamente, lo contrario; que ése fue un elemento que, desde una óptica victimista, la candidata supo explotar sibilina y sabiamente); y las perdió frente a un enemigo cuya verdadera talla (y aquí también hay que incidir en que la perspectiva es básicamente mediática) no se podía, en ese momento, ni siquiera vislumbrar, como era el ciclón "Sarko-man". Pero ahí está de nuevo, dando la batalla interna en su partido, y presta, sin duda alguna, a volver a intentarlo, llegado el momento. Y ahí están, impertérritas, esa sonrisa brillante y esa presencia grácil y magnética; a mí se me aparecen en sueños agradables, pero ¿a quién podría sorprender que aparecieran en las pesadillas nocturnas de Carla Bruni? Ni al mismísimo Sarkozy, supongo.

¿De proyectos y programas? Hablamos otro día. En una cumbre de ésas...

5 comentarios:

Josep dijo...

De la bella Segolène poco puedo hablar, pues no conozco su ideario.

Pero puedo afirmar que el recurso a los medios informativos con carácter exhibicionista no es un invento ni de ayer ni de anteayer.

El señorito John (Jack) Kennedy ya ganó su cama en la Casa Blanca frente a Nixon precisamente porque el señorito era un guaperas y el pobre Nixon más feo que picio, y estoy hablando de hace más de cuarenta años.

Evidentemente, los propietarios de las cadenas televisivas supieron sacar tajada en todos los sentidos de tal novísima circunstancia y a partir de entonces, la imagen , como forma continente, prima por encima de la sustancia o contenido, en demasiadas ocasiones.

Cuando ni siquiera la radio tenía el poder de ahora, los líderes políticos tenían un discurso: no hay más que leerse las recopilaciones de oratoria de hace casi cien años para comprender de inmediato que la riqueza de vocabulario y la gracia en exponer una idea también es un concepto ajado y en desuso.

Claro que hoy triunfan en los medios no sólo los políticos bien parecidos: también se paga una pasta a los delincuentes convictos por contar sus hazañas, como si héroes fuesen.

Es lo que hay y no creo que tenga remedio...

Buenas noches.

Manuel Márquez dijo...

Magnífico complemento, compa Josep, el que, como siempre, le das a mis burdas letras: totalmente de acuerdo contigo en lo poco novedoso del fenómeno (¿y qué es lo que surge nuevo en esta ruleta de giro continuo que es el devenir humano? Todo (o casi todo) son repeticiones con variaciones...). Eso sí, en lo que supongo que sí que estarás de acuerdo es en que ha adquirido unas dimensiones excesivas; tantas como para que el continente ya no apuntale el contenido, sino que lo camufle, o lo sepulte, más bien.

Gracias por tu comentario y un fuerte abrazo.

Apesardemi dijo...

La política y los mmcc se necesitan y utilizan mutuamente, hoy ninguno de los dos podría vivir sin el otro o, por lo menos, se echarían muchísimo de menos.

Segolène Royal me cae muy bien pero lo tiene difícil como difícil lo tienen los socialistas franceses que andan un poco a la deriva. Seguramente necesitan un lider nuevo, que no esté quemado, pero no es tarea facil.

Abrazos, compa.

eulez dijo...

Pocas posibilidades le veo yo a la Segolène frente al tiburón que está de presidente. En cualquier caso, mucha razón llevas en tus reflexiones... es cierto que cada vez parece que se exija que los políticos tengan mejor "percha". Desde luego, Segolène la tiene.

Manuel Márquez dijo...

Gracias, compa Apesar, por tu visita y comentario: tanto un apunte como el otro son, creo, bastante juiciosos y nada podría objetar a ninguno de los dos. No es cuestión sencilla esa de encontrar a un líder (y si no, que pregunten en I.U., sin ir más lejos...).

Compa Eulez, gracias también a tí, tanto por la visita como por el comentario. Sarkozy -supongo que es a él a quien aludes cuando hablas de tiburón- es, ciertamente, un adversario temible, pero, peor que los adversarios, son los enemigos, y de ésos tampoco anda falta la hermosa Segolène. Por cierto, veo que a los dos nos gusta bastante.

Un fuerte abrazo a los dos.

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