lunes, 20 de octubre de 2008

¿Yo también soy islandés? (Mi Buenos Aires querido XII)


Como ya he confesado en alguna ocasión -y creo que demostrado, vista mi incapacidad para contestarme a mí mismo cuestiones no demasiado complejas- mi absoluta ignorancia en materia económica, no creo que sorprenda a nadie con la afirmación de que no entiendo lo más mínimo de lo que está sucediendo en Islandia; en este caso, no obstante, la ignorancia no está reñida con el asombro, dado que, como a la mayoría de los que están abordando desde la prensa -y con mayor conocimiento de causa (o no; llegados a este punto, el escepticismo hace estragos...)- el fenómeno, cuesta trabajo creer que un país como ése (al que todavía, desde España, se sigue asociando, como a todo país nórdico, a la modernidad, el progreso y el avance social por antonomasia -supongo que el prolongado influjo del “mito de las suecas” que subyugó a este nido de catetos del desarrollismo franquista, aún rinde frutos...-) se encuentra en la situación en la que se dice que está. Más o menos. Supongo...

Por otro lado, mi incapacidad de comprender las circunstancias económicas de la situación, no me impide, en contrapartida, entender perfectamente el lado afectivo o emocional de la misma: no me cuesta trabajo pensar en esa mezcla de rabia y angustia, teñida de los más sutiles matices (tantos como las concretas coyunturas personales de cada cual), que ha de embargar a cualquier ciudadano de un país que, hasta hace sólo unos días, vivía una existencia plácida y tranquila, sin la más mínima sombra de nubarrones en el horizonte, y que, de la noche a la mañana (y da igual cuán larga sea la noche...), se encuentra con que se le han caído, literalmente, los palos del sombrajo. Es duro, muy duro, aunque tampoco hay que dejar de ser consciente de que se trata de un país pertrechado de mecanismos y potencialidades suficientes como para hacer de esta situación, por muy complicado que resulte, un episodio coyuntural, y no un desastre estructural: Islandia no es Sudán o Sierra Leona. Más o menos. Supongo...

Y, a partir de ahí, las dudas, las cuestiones: ¿Islandia es una excepción o un paradigma? ¿Sus condicionantes particulares son extrapolables a otras economías del mundo occidental, aunque sólo sea parcialmente? ¿Islandia es la víctima de males externos, o puede ser el verdugo causante de males a otras economías con ella relacionadas -o ambas cosas, más bien-? ¿Islandia tiene futuro, es viable como país soberano, independiente y -más o menos- próspero? Si es usted un experto economista, amigo lector, no me conteste; o, si lo hace, no lo haga en tal condición, sino como liso y llano congénere: me resultará mucho más creíble. Y fiable. Más o menos. Supongo...

10 comentarios:

Superwoman dijo...

Manuel, el mejor ejemplo que he leído al respecto estos días es que el equivalente económico de Islandia en nuestra vida de a pie es ese vecino que con un sueldo y unas condiciones parecidas a las nuestras, se compra un chalet en la playa, un BMW último modelo y pasa vacaciones de invierno esquiando y de verano en el Caribe... sólo se puede permitir hacer algo así a crédito y por supuesto, llega un momento en que el grifo deja de manar...
Si lo que no comprendes es cómo un país entero puede dejarse llevar por esa fiebre crediticia o cómo los bancos pueden prestar de manera semejante sin ton, ni son, ya somos dos.
Un supersaludo

Manuel Márquez dijo...

Pues creo que el símil, compa Superwoman, debe ser bastante apropiado; y, en ese caso, debo decir lo mismo que digo respecto al vecino de marras: que se lo hubiera pensado mejor, que nadie le obligaba... En cuanto a lo segundo, pues sí, ya somos dos, aunque me temo que igual seremos bastante más; me cuesta mucho entenderlo, porque siempre he pensado que la cultura (e Islandia, según todos los indicios, es un país de un nivel cultural medio bastante elevado) vacuna contra ciertas cosas, pero debe ser algo más primario y elemental, eso del afán de riqueza, la codicia y esas hierbas.

Gracias por tu comentario, y un abrazo.

Dubai dijo...

No deberían comparar este país con otros. Un país con 300.000 habitantes no tiene nada que ver con otro con 50 millones. Todos los ratios cambian considerablemente.

sabrina dijo...

Bue... definitivamente puede que en muchos aspectos sean mejores que nosotros a nivel financiero por ejemplo! pero que clima! quien vive asi? saludos

Tha dijo...

yo no entiendo nada pero eso... estoy empezando a acostumbrarme a vivir con menos (no me cuesta mucho jejeje que tampoco es que antes viviera con más) y nada... los grandes que sigan con sus cosas que nosotros bien podemos pasar sin mansiones, grandes coches ni vacaciones a lo onassis.
La sencillez al poder!!!

Manuel Márquez dijo...

A mí me parece fenomenal, compa Tha, que uno se aplique "tratamientos" más austeros: no sólo creo que no es malo, sino al contrario, puede resultar hasta positivo. Pero también hay que tener en cuenta la mucha gente que ya andaba "rozando el larguero", y que ahora, con un "empujoncito", se puede ver mal, muy mal. En fin...

Buen día y un fuerte abrazo.

korn propiedades dijo...

excelente - todo parece depender del frio.

peliculas online dijo...

Muy buena reflexión.

Me gustó, y más el hecho de que vivo en Buenos Aires. (si se sabe interpretar, se entiende perfectamente)

Regalos Padre dijo...

Manuel, tu blog es un despertar en cada día. Excelente articulo sobre islandia, ha sucedido algo similar a lo acontenicdo en Buenos Aires, Argentina en el año 2001

Anónimo dijo...

Para saber que ha pasado en Islandia recomiendo encarecidamente la lectura del Le Monde Diplomatique,España. Junio 2011. El articulo se titula "El pueblo islandes vota en contra de los banqueros".pag 6.

Casi con el titular está todo dicho.

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