viernes, 3 de octubre de 2008

Sólo sé que no sé nada (Mi Buenos Aires querido XI)


A uno no le hace falta que corran tiempos de incertidumbre para que ésta le resulte una vieja compañera (más que amiga: nada más lejos de mi ánimo que el encontrarle gusto alguno a las desazones y angustias que la falta de certezas suele llevar consigo). No me jacto de ello, pero sí que tengo muy claro que la vieja fórmula del “sólo sé que no sé nada”, o la constatación de que, en la medida en que más se aprende, más profundo se hace el pozo de la ignorancia (o más consciente se hace uno de tal profundidad), tiene mucho de cierto. A la vista de la que está cayendo, más desconcertado estoy.

No es, quede claro, por falta de optimismo. Supongo que esa condición, más allá de cuán condicionada pueda estar por las circunstancias y experiencias concretas de cada cual, depende del talante y la mirada. Y este humilde escribiente, pese a ser consciente del grueso y amplio calibre de la burricie que, a lo largo de la historia, ha sido capaz de exhibir nuestra especie, nunca pierde de vista que su marcha general, desde una perspectiva global, siempre se ha desarrollado hacia delante y hacia mejor -y esa creo que es una evidencia difícilmente negable-. Pero, más allá de ese optimismo (que alguno podría calificar de antropológico: ¿...?), las dudas y las ignorancias, como a cualquier hijo de vecino, me siguen corroyendo.

¿Debería consolarme comprobar que eminentes expertos en economía, reconocidos y premiados, tampoco tienen empacho alguno en confesar públicamente que se encuentran, aproximadamente, en esa misma situación? No lo sé. ¿Debería consolarme la certeza -relativa- de que la incertidumbre, la duda, el no saber qué sucederá en el siguiente minuto de nuestra incierta y azarosa existencia, es algo consustancial a la condición humana? No lo sé. ¿Debería consolarme el constatar que, más allá de certidumbres o incertidumbres, mi capacidad de influencia, mis posibilidades reales y efectivas de transformación, sobre esa realidad que me circunda y me atolondra, son limitadísimas, por no decir casi nulas? No lo sé. ¿Debería consolarme la idea de que los lugares comunes, por más denostados que estén, nunca carecen de algo de fundamento, y, en tiempo de mudanza, bien pueden servir para guarecerse del chapuzón? No lo sé.

Demasiado desconocimiento, ¿no? ¿Cómo lo ven ustedes, amigos lectores?

12 comentarios:

Tha dijo...

Pues andamos igual, compa Manuel, precisamente estos días he entrado en una especie de "depre" de insatisfacción al ser consciente de que cada vez se menos aunque no pare de aprender. Creo que lo mejor es aceptar y ver como extraordinario el potencial de que disfrutamos, siempre aprendiendo, tropezando, errando y volviendo a aprender ¿no es maravilloso? (mucho mejor que centrarse en lo negativo ¿no?)
Besoss

Corpi dijo...

En estos tiempos que corren, querido Manuel, lo mejor para consolarnos es ir a un sex-shop i de entre todo el surtido de consoladores que tienen, elegir el que mejor se adapte a nuestras necesidades ¡Ya está bien que nos den por el culo los demás, coño!

Manuel Márquez dijo...

Tha y Corpi, Corpi y Tha, cuán diferentes talantes y planteamientos ante la misma cuestión -o quizá no tanto, quizá no tanto-.

Tha, yo también, como tú, prefiero quedarme con el enfoque positivo, pero he de confesarte que, en muchos momentos, me cuesta. Y los miedos y los angustias no son tanto algo estrictamente mío, como algo que proyecto sobre mi pequeño. Eso es lo complicado.

Corpi, lo del consolador es algo que no me había planteado, pero dicen que para todo en esta vida hay una primera vez. Cuestión de probar, supongo. Si me aficiono, ya sabes lo que puedes regalarme llegadas las fiestas navideñas.

Un fuerte abrazo a los dos y buen fin de semana.

Josep dijo...

Buff! Debo ser muy lerdo porque no acabo de entender nada de lo que dices.

Lo único que tengo claro es que, evidentemente, para llegar a la conclusión de que uno no sabe nada, primero hay que tener la consciencia de lo que a uno le falta por saber.

La humildad del que sabe que no sabe lo que quisiera saber y sabe lo que le costará de esfuerzo para aprenderlo, contrasta vivamente con la burricie de aquel que piensa que lo sabe todo y se queda plenamente satisfecho en su feliz ignorancia.

Es por ello que, en condiciones normales, es decir, sin elementos extraños que distorsionen o alteren de forma nefasta su desarrollo, los niños son más felices que los adultos, precisamente porque su forzosa ignorancia les impide ver los problemas que a los adultos tanto preocupan. Y no deja de ser paradigmático que los niños que tienen menos -dentro de un límite mínimo y razonable- son más felices que los que tienen de todo con facilidad y en demasía, porque, en definitiva, es más feliz aquel que menos precisa y no el que más tiene.
En concordancia, el que no sabe que es un ignorante, nunca se preocupará por lo mucho que ignora.
Pero ante la desazón que causa el saber que uno sabe poco, está la felicidad y el gozo de aprender, dia a dia, una gota de sabiduría que nunca colmará nuestro vaso.

No pensaba dejar ni una letra, pero...

¿Y lo a gusto que me he quedado? :-)

Un abrazo.

Manuel Márquez dijo...

El problema, compa Josep, no es que tú seas lerdo, que no lo eres, y lo sabes, sino que la cosa me ha quedado, me temo (o igual no, que igual tampoco quería ser muy explícito), un pelín abstrusa. De todos modos, y aunque yo no practico los juegos de advinanza, a lo mejor en este caso, algo de ello había, y el punto radica en la foto. Se trataba de hablar de la crisis económica, y de los sentimientos que me genera. Más o menos...

Un fuerte abrazo, y buen sábado.

mreina dijo...

Yo no se mucho, pero cuando el dinero lo tienen unos pocos y se crea tanta desigualdad hace falta un cambio de pensamiento. Si observamos un poco los gobiernos ponen dinero, no para arreglar la situación sino para que esos pocos no dejen de ganar tanto como lo hacian...por lo tanto seguiremos igual hasta que seamos capaces de darnos cuenta.

Manuel Márquez dijo...

Gracias, ama de casa curiosa, por tu visita y comentario: bienvenida a esta tu cibercasa, por la que te invito a pasar tantas veces como quieras. Creo que tu visión no anda nada desencaminada, qué va; no nos hace falta, supongo, ser sesudos economistas para "calar" un poco el sentido y objeto de muchos de los movimientos que se están produciendo últimamente. Queda mucho por hacer...

Un abrazo.

Miriam G. dijo...

Estoy mayor, cada vez me importa menos mi enorme desconocimiento.

Un beso, Miriam G.

Superwoman dijo...

Uno de los peores problemas que tenemos los seres humanos es que somos como las cucarachas... me explico, somos tan capaces de acomodarnos a circunstancias adversas que a veces nos quedamos sin reaccion ante ellas.
Un supersaludo (en la incertidumbre)

Isabel Romana dijo...

Bueno querido amigo, si hiciéramos un concurso de ignorancia mucho me temo que el primer premio estaría disputadísimo y no lo digo ya sólo por nosotros - que al ser menos conocidos y famosos seguro, seguro que no nos lo llevaríamos - sino por todos esos personajes en los que estás pensando. Cierto que nuestra capacidad de influencia hacia el exterior es limitadísima. Así que mejor es refugiarnos en otro lugar común no menos acertado: lo que sí está en nuestras manos es elegir la actitud con la que hacemos frente a los problemas. Consolémonos, pues. Siempre nos quedarán los blogs... Un abrazo enorme.

Manuel Márquez dijo...

Compa Miriam, eso que señalas no es estar mayor, es estar vaga. Es parecido, pero no es igual. Y tú lo sabes. Pero también sabes que se cura. Tranquilidad, pues...

Compa Superwoman, lo de la comparación con las cucarachas no se me había ocurrido (y es que mi peque anda últimamente muy, muy curioso acerca de ellas, ¿será algo premonitorio...?), pero supongo que algo de cierto habrá en ello. De todos modos, tampoco creo que sea mala nuestra capacidad adaptativa; muchas veces es, lisa y llanamente, necesaria.

Compa Isabel, lo del bloguerío como refugio no se me había ocurrido pensarlo, pero no es mala alternativa, no, todo lo contrario. En el caso del tuyo, además, no sólo hay consuelo, sino también cariño y sensibilidad por la palabra escrita. Casi nada...

Un abrazo muy fuerte a las tres, y muchas gracias por vuestras palabras.

Consoladores dijo...

Tha dijo...

Pues andamos igual, compa Manuel, precisamente estos días he entrado en una especie de "depre" de insatisfacción al ser consciente de que cada vez se menos aunque no pare de aprender. Creo que lo mejor es aceptar y ver como extraordinario el potencial de que disfrutamos, siempre aprendiendo, tropezando, errando y volviendo a aprender ¿no es maravilloso? (mucho mejor que centrarse en lo negativo ¿no?)

100% de acuerdo !!!

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