miércoles, 22 de octubre de 2008

Robert Guédigian: cine social "pata negra" (Grageas de cine LVII)

El mundillo de la crítica y el análisis cinematográfico no es ajeno, más bien al contrario, a esa tendencia universal al encasillamiento y el etiquetado (y sus consiguientes simplificaciones y reduccionismos) que todo lo invade. De esa manera, y a título de ejemplo, el binomio “cine social-Ken Loach”, ha cuajado con tal fuerza, que genera una especie de automatismo mental en la respuesta al planteamiento de cualquiera de sus dos polos (o sea, que basta con mencionar la etiqueta “cine social”, para que pensemos automáticamente en Ken Loach, y viceversa). ¿Problema? En principio, ninguno, salvando el hecho de que olvidamos la existencia de algunos cineastas más que también han centrado su trayectoria autoral en un cine de corte inequívocamente social (incluso, si me apuran, de raíces mas profudas y marcadas en tales territorios que las del propio cine de Loach). Como, por ejemplo, Robert Guédigian. Un director francés cuyas constantes creativas son de una constancia y una fidelidad a temas y formas, rayanas en lo pétreo, para gozo y regocijo de sus seguidores  y desesperación de sus detractores.

Los primeros (en cuyas huestes milito) cuentan con que nunca van a ver defraudadas sus expectativas previas, si éstas radican en el “más de lo mismo”: historias de seres humildes, perdedores —cuando no claramente marginales—, sometidos a avatares difíciles (drogas, desempleo, precariedad laboral, etc…) en un entorno social deprimido (ubicado, por lo demás, siempre en su Marsella natal), y elaboradas con la participación de un equipo técnico y artístico inamovible (encabezado por su compañera sentimental Ariane Ascaride), al que bien podríamos calificar de “comando cinematográfico”. Puede gustar, o no, claro está, pero, como decía aquel, esto es lo que hay —o, al menos, es lo que habido hasta la fecha, si fijamos nuestra mirada en la filmografía completa de este cineasta-. Y esto es lo que ofrece el cine de Guédiguian, elaborado —en un rasgo en el que sí que coincide claramente con Loach— bajo parámetros técnicos y formales de máxima sencillez y mínima sofisticación.

Por el contrario, lo segundos lo tienen fácil para acusar a este marsellés irredento de un inmovilismo y falta de evolución que anquilosan y lastran su obra hasta privarla de cualquier interés, más allá del que coyunturalmente haya podido despertar en ciertos medios más o menos “izquierdosos”: imputaciones difícilmente rebatibles, dado que el propio Guédiguian no sólo las asume, sino que las esgrime con orgullo, en la medida en que ponen de manifiesto la integridad de su vocación de combate y una concepción del cine como arte al servicio de una causa ideológica, que puede, faltaría más, no compartirse, pero que, en todo caso, se debe respetar. También es evidente que se trata de un posicionamiento poco habitual en estos tiempos que corren, en los cuales es moneda común que sobre la asociación entre arte e ideología siempre se cierna la sospechosa sombra del clientelismo, y, desde ese punto de vista, no se le puede negar esa valentía del que nada contra corriente. Que de eso, al fin y al cabo, se trata cuando hablamos de cine social, ¿no…?

12 comentarios:

sabrina dijo...

yo creo que el cine social es una buena opcion para los que no solo queremos ver fribolidades, siempre es mejor que haya variedad para los espectadoras! saludos!

Josep dijo...

El cine social es un género necesario como cualquier otro; pero, como cualquier otro, también, debe ceñirse a una serie de "reglas de oro" que, mal que nos pese, o mal que pese a algunos, rigen de forma democrática en toda manifestación artística.
Dicho de otra forma: si el cine social está mal confeccionado y aburre, pierde buena parte de su fuerza e interés. Porque no reside en el mensaje la virtud de la película; por lo menos no como excusa para una mediocridad en ocasiones apabullante.
Ignoro si será el caso de este director que elogias, pues lo desconozco.
Pero hay demasiadas películas con claro contenido social que tan sólo reciben alabanzas precisamente por la bondad de su mensaje y esto, en mi humilde opinión, es un error garrafal de progesismo mal entendido.
Creo que la virtud del buen cine de denuncia o social está precisamente en llegar a transmitir una idea a aquel público que, por su interés propio, nunca se cuidará de investigar, buscar y leer nada acerca de la temática que pueda exponer la película y van al cine buscando sólo un entretenimiento y saldrán con unos datos de los que carecían antes de entrar en la sala.
Y de esas, creo que hay muy pocas.
Un abrazo.

JACK dijo...

Muchas de las películas que circulan por ahí como sociales no son más que rollos en las que los protagonistas hablan y hablan. Que sean las imágenes las que hablen ya es más difícil. Ken Loach se aproxima mucho a ese cine. Para mi el neorrealismo italiano si era un cine social y también Bertolucci.

Christian dijo...

Hola, estoy intercambiando enlaces, si te interesa, visita este link( tengo 2 blogs con pagerank 4 y uno dos con pagerank 1)

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o bien, deja un comentario en mi blog:

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Manuel Márquez dijo...

Compa Josep, como siempre, afilando la perspectiva (algo que te agradezco, porque es bueno para enriquecer las reseñas; a mí, en demasiadas ocasiones, se me va la "cibertinta" en fuegos de artificio). Nada puedo objetar a lo que planteas: el cine social ha de ser, por supuesto, cine; y, a ser posible, bueno. Eso sí, también he de decirte que, para mí, lo del cine social es como lo de las pelis con desnudos: si una peli es mala, pero, al menos, te alegra la vista, pues ya es algo, ¿no...? Ahora bien, hay que exigirle como al que no lo es, por supuesto.

Compa Jack, veo que tú andas, más o menos, en la misma tesitura que el compa Josep. Eso sí, no comparto contigo esa descalificación global de Ken Loach, en cuyo cine -al fin y al cabo, es un director muy prolífico-, hay un poquito de todo: desde lo bastante pasable hasta lo francamente prescindible.

Compa Christian, sin ánimo de ofender, y con todos mis respetos, esto de los enlaces y los intercambios me gusta llevarlo de otra manera, algo más basado en la relación personal y/o de afinidad que en una cuestión de intereses (que, para el interés, ya hay otros campos, desde luego). Te agradezco, de todos modos, el ofrecimiento.

Gracias por vuestros comentarios, y un fuerte abrazo.

39escalones dijo...

Me parece encomiable la labor de reivindicar a este cineasta, tan cercado geográficamente a nosotros en España y tan alejado de los gustos (inconscientes, en su mayor parte) del público.
El cine social ocupa un hueco pequeño en comparación con el cine de evasión. Pero como digo en mi post de hoy citando a Orson Welles, el cine sólo es entretenimiento por accidente; ante todo y sobre todo es un medio de información y de transmisión de ideas. Cuando va descargado de ellas, pierde la mayor parte de su sentido, queda vacío.
Saludos

Manuel Márquez dijo...

Gracias, compa 39escalones, tanto por tu visita como por tu interesante reflexión. Ya lo apuntabas, ciertamente, en la reseña de tu blog, y yo, desde luego, lo comparto (sin que eso signifique una deslegitimación del cine de mera evasión, que también tiene su espacio y su justificación).

Un abrazo.

Julio dijo...

El cine social es una alternativa para gente que no quiere mas de lo mismo.

Tha dijo...

creo que conozco poco cine social pero estoy con josep, ha de saber llegar porque sino se convierte en un mero documental, más largo, pero documental al fin y al cabo.

Manuel Márquez dijo...

Bueno, compa Tha, yo tampoco lo enfocaría así, como cine documental; más bien, sería algo peor: cine malo, aunque social (o social, aunque malo, que tanto da...). Gracias por tu visita y comentario; da igual lo que tardes, lo importante es llegar...

Un fuerte abrazo.

Enrique Ortiz dijo...

Lo bueno de Guédigian es cómo introduce una mirada personal, cargada de ternura, en el tema social. Es decir, doble filo. Esa forma de mirar desde dentro y, a la vez, para afuera, sólo lo consiguen algunos y él lo ha hecho en algún momento de alguna peli. Un abrazo, compa Manuel. Enhorabuena otra vez por tu artefacto. Me gusta tu acercamiento al cine, compa.

Manuel Márquez dijo...

Compa Enrique, qué agradable sorpresa: no es tu presencia por estos pagos todo lo frecuente que me gustaría que fuera, pero soy consciente de las limitaciones de tiempo (a ver, todos andamos como andamos...). Aún así, chapó por tu comentario: creo que tu mirada sobre el cine de Guédigian es precisa y ajustada. Ah, me alegro enormemente de que te guste este invento; disperso, inconstante, pero hecho con todo el cariño del que soy capaz para estos empeños.

Un fuerte abrazo y buen día.

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