miércoles, 1 de octubre de 2008

ELEGIDOS PARA LA GLORIA (THE RIGHT STUFF; U.S.A., 1983)


SINOPSIS ARGUMENTAL.-

Seleccionados entre la flor y nata de la aviación militar estadounidense, los siete integrantes del Programa Mercury serán los encargados de dar la réplica al fulgurante arranque del programa espacial soviético y, como tripulantes de las naves estadounidenses, convertirse en los primeros "hombres libres" que navegan por el espacio. Imbuidos del alto espíritu de su misión, estos hombres vivirán como una experiencia personal y familiar irrepetible su condición de símbolo del poderío norteamericano y asumirán la necesidad de desempeñar de manera irreprochable un papel que va mucho más allá de su mera experiencia profesional. Mientras tanto, sobrevolando los desiertos de Baja California, un héroe solitario, el piloto Chuck Yeager, continúa manteniendo su particular lucha, a riesgo de la propia vida, contra los límites de la barrera del sonido. Dos filosofías de la vida y dos formas, radicalmente opuestas, de afrontar la conquista de los cielos como un reto para la condición humana.

RESEÑA CRÍTICA.-

Difícil hallar un territorio más apropiado para la épica al gusto norteamericano que el de la conquista, ya sea la del lejano Oeste (semilla germinal capaz de engendrar todo un género específico, como es el western), ya sea la del espacio sideral, ésa sobre uno de cuyos primeros episodios –prácticamente, el comienzo de eso que, con la guerra fría como telón de fondo, vino a llamarse la carrera espacial- gira Elegidos para la gloria.

Una película con un arranque más que interesante, ya que busca un punto de conexión y de precedencia al cuerpo central de su trama, en un episodio anterior en el tiempo y en el proceso evolutivo de la técnica aeroespacial que habría de desembocar en los vuelos astronaúticos: el de la búsqueda (y superación) de la barrera del sonido, el mítico Match 1, en pos del cual dejó salud y vida más de un piloto probador, víctima del sometimiento a unas condiciones físicas extremas para los cuales ni la preparación corporal ni los elementos técnicos estaban debidamente acondicionados. En este tramo inicial de la película, cuyo protagonismo recae básicamente sobre el personaje de Chuck Yeager, una especie de "llanero" (valga la contradicción) solitario –al que da vida magistralmente un hierático y contenido Sam Shepard-, se sientan unas premisas bastante prometedoras, que nos hacen abrigar esperanzas de encontrarnos ante una historia tan intensa emocionalmente –a base de escarbar bajo los acontecimientos- como bien construida desde un punto de vista fílmico.

Nuestro gozo en un pozo: una vez finiquitada la parte introductoria, cuando entramos en el meollo central de la historia (la selección y preparación de los integrantes del Programa Mercury, así como los avatares que van surgiendo al hilo de sus vuelos sucesivos), a Philip Kaufman se le va la mano de forma tan espectacular como inexplicable, y, aunque desde un punto de vista técnico (como ejemplo significativo, la espectacularidad de las secuencias de los vuelos sigue siendo impresionante) y rítmico (no se debe ignorar, en el haber de la película, que sus más de 150 minutos de duración no se hacen lentos ni pesados), el film no pierde un ápice de sus méritos, en lo que se refiere al enfoque y planteamiento se convierte en un ejemplar del más zafio y ramplón cine patriotero-palomitero que la factoría hollywoodiense es capaz de pergeñar.

Esos soviéticos, convertidos en una extraña y paradójica mezcla de diabólicos satanases y peleles de baba caída (algo bastante contradictoria, la verdad sea dicha...); y esos norteamericanos, tan sanos, tan fuertes, tan honrados, tan listos, tan... todo, todo, no falta una sola virtud en ese puñado de generosos y abnegados héroes, y sus no menos entregadas y sufrientes esposas. Y barras y estrellas, y sonrisas de suficiencia (machacaremos a esos rusos...); y más barras y estrellas, y rostros tensos y crispados (llegaremos antes, y más alto, y más lejos...); y más barras y estrellas, aún, si cabe. Efectivamente, se le fue la mano.

No obstante, tampoco hay que descargar toda la responsabilidad del desaguisado en el debe del director –aunque, como responsable último, así haya de hacerse constar-: papel destacado en la debacle juega también el elenco actoral, con especial mención para los tres "mosqueteros", protagonistas principales: un Dennis Quaid que ofrece un repertorio desatado de sus más inoportunas muecas y risotadas (y pocos recursos más son los que tiene para ofrecernos el buen señor...), y, tristemente (en especial, a la vista de los muchos y muy buenos trabajos con que ambos nos han regalado a lo largo de sus prolíficas y fructíferas carreras; aquí sí que había, supongo, bastante margen de mejora), una pareja de buenos actores como son Ed Harris y Scott Glenn, que se disipan entre excesos gestuales y un histrionismo en los diálogos que los acerca más a una caricatura de sí mismos que a cualquier otro referente interpretativo más decente.

Una auténtica lástima, tanto por el talento desperdiciado como por la penosa constatación de que una tirada métrica realmente fastuosa de celuloide magníficamente filmado se convierte en algo vacuo e inane, al servicio de un relato fallido y distorsionado "gracias" a una intencionalidad lastrada por un exceso de parcialidad: y no se trata de plantear, aquí y ahora, un discurso ya bastante manido de antiyanquismo de progresía trasnochada, sino de afirmar que esas parcialidades casi nunca son buenas, ni en el cine, ni en la vida misma, y el patriotismo, que tanto y tan bien viste en desfiles y paradas militares, no es el aditamento más adecuado ni siquiera en territorios de conquista, porque, en última instancia, la conquista, la que avanza y trasciende, siempre es la del hombre y su especie, sin fronteras ni banderas (aunque tengan barras y estrellas...). Otra vez será...

6 comentarios:

Josep dijo...

Coincido contigo en todo, Manuel; esta la vi en la tele porque me olí la propaganda y no quise verla en el cine, y luego me arrepentí porque las escenas de aviación, uno de mis aficiones olvidadas, me encantaron. Aunque 150 minutos son muchos, muchos, muchos.
Un abrazo.

Superwoman dijo...

Esta la tengo mezclada con Capricornio Uno, en uno de esos atajos de mi mente que nunca llegare a entender...
Un supersaludo

Miriam G. dijo...

Yo creo recordar queme gustó bastante, pero ahora me pasa como a la Super, creo que la tengo mezclada con alguna otra.

Un beso, Miriam G.

Corpi dijo...

Como ésta, me pasa con muchas otras: Sé que las he visto, pero me cuesta recordarlas, quizá sea porque he visto demasiadas, si es que alguna vez se puede decir que se han visto demasiadas películas ¿Tú has visto demasiadas?

Manuel Márquez dijo...

Se agradece, compa Josep, comentario y coincidencia: que hay ocasiones en que uno llega hasta a perder las referencias. Las escenas de aviación, cierto, son tremendamente espectaculares (incluso en la tele, supongo que en pantalla grande han de ser la leche...).

Compa Superwoman, yo no podría mezclarlas ni aunque quisiera: Capricornio Uno no sólo es que no la haya visto, es que ni siquiera tengo idea de cuál es... Efectivamente, el coco y sus vericuetos, para esto y para casi todo...

Compa Miriam, eso de las mezclas, ¿no tendrá más que ver con los "combinados" de tus años mozos que con las pelis? Digo yo, eh... En fin, a hacer memoria...

Compa Corpi, demasiadas pelis, madre mía, vaya expresión, y vaya "conceto", como decía aquel... Yo creo que eso no se puede decir nunca, en general, aunque haya gente que haya visto muchas. En mi caso, desde luego, no: debo andar allá por las dos mil, y ésas, evidentemente, son pocas, poquísimas. Pero seguimos en la tarea, claro...

Un abrazo muy fuerte a todos, y mil gracias por seguir pasando por aquí.

hipnosis en monterrey dijo...

Siempre con buenos aportes y buenos post, informacion interesante siempre. Saludos desde Mexico amigo!!

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