miércoles, 15 de octubre de 2008

Disturbios futbolísticos (Pasión furgolera IX)


Hace pocos días, me estremecía viendo en la televisión las imágenes de los disturbios producidos en Senegal con motivo de la eliminación de su selección de furgol en la fase de clasificación para el próximo Mundial de Sudáfrica 2010. Algo tan humanamente lamentable (en la medida en que viene a confirmar ese viejo aserto de que a perro flaco, ya se sabe...) como merecedor de la más rotunda reprobación moral (que en un país que, como todos los de su entorno, tiene carencias básicas de tan profundo calado, haya gente dispuesta a tales destrozos con fundamento tan futil, resulta espeluznante....), y, por tanto, sin posibilidad de excusa o justificación alguna. En definitiva, una pena.

Pero, ojo, que nadie se llame a engaño o consuelo, abandonándose al expediente mental fácil de querer explicar tales sucesos acudiendo a los tópicos más manidos: “claro, estos negros salvajes, no tienen cultura ninguna...”; “si entre ellos mismos no se arreglan, ¿cómo los vamos a arreglar desde fuera?”; o fórmulas similares. No hace tantos años que en dos ciudades tan poco sospechosas de “salvajismo negroide africano” como las muy españolísimas villas de Vigo y Sevilla, la población (sí, sí, esa misma a la que tanto trabajito costaba sacar de su casa para reivindicar cualquier otra causa de mayor enjundia), sus nobles y pacíficas gentes se echaban masivamente a la calle para protestar ante la posibilidad de que sus dos clubes representativos -en el caso de Sevilla, y para que nadie se me enfade, uno de ellos...- fueran descendidos de categoría por impago de deudas (ya ven, amigos lectores, que esto de la crisis financiera no se inventó anteayer, es casi tan viejo como la historia de la humanidad...). Y si la cosa no llegó a mayores, fue porque las autoridades deportivas del momento rectificaron (o, como se diría más castiza y gráficamente, se la “envainaron”...) y los dos clubes, Celta y Sevilla, conservaron su puesto en la segunda división: yo tengo el íntimo (y penoso) convencimiento de que, si así no hubiera sido, los sucesos del pasado sábado en el “salvaje” Senegal quedarían, en comparación con lo que hubiera pasado en nuestra “civilizadísima” España, al nivel de una gamberradilla infantil, una chiquillada sin mayor importancia.

¿Qué pasa, pues, con el furgol, y las pasiones que despierta? Todo parece apuntar a que su capacidad de generación de seismos emocionales es brutal (en cuanto a potencia e intensidad) e indiscriminada (igual nos mueve, como dirían Les Luthiers, hacia lo más sublime o hacia lo más perverso). Y ése es un territorio sobre el cual son los expertos en la materia -psicólogos y gentes de similar ralea (dicho sea con todos los respetos -posibles-)- pueden pronunciarse (y ya lo han hecho, mucho y bien, a buen seguro). Pero, desde otros puntos de vista, y otros territorios, los de la sociología y los de la necesidad de que todos respetemos unas normas mínimas sin las cuales la convivencia en sociedad es impracticable (y la vida fuera de ella, a día de hoy, no es opción, salvo para algún desahogado, o estrambótico, o ambas dos cosas), no puede haber cabida para las pasiones “en negativo”, sobre las que hay que trabajar con objeto de procurar su total erradicación; sin excusas y sin medias tintas.

¿Complicado? Por supuesto. Si fuera sencillo, ya encargaríamos a los banqueros y magos de las finanzas que se hicieran cargo de ello (si han hecho lo que han hecho con aquello de lo que entienden, imagínense con esto...). Pero no se puede bajar la guardia ni dejar de denunciar lo inadmisible. Hay mucho trabajo por hacer. Otro día, por ejemplo, hablaremos de los grupos ultras. Por ejemplo....

4 comentarios:

Marchelo dijo...

Buenas Manuel, muy interesante tu reflexión. Creo que gran parte del problema es cultural: aquí, y en muchos otros países, los campos de fútbol son espacios donde los energúmenos pueden, pagando 4 duros, liberar toda su violencia. El modelo a copiar, a mi entender, sería el de los EUA, donde ir a ver un deporte es una actividad familiar...

saludos compañero!

Isabel Romana dijo...

Ay el furgol, querido amigo, la de problemas que le ha ahorrado al franquismo y los que le ahorra a la democoacia. Pan y circo sigue siendo la fórmula magistral que ha atravesado los siglos sin merma ninguna. Y lo que nos queda... Besitos, guapo.

luis miravalles dijo...

si la verdad es de locos como se pone la gente por el futbol, sinceramente entiendo que sea una pasion pero para tanto?? con tantas cosas mucho mas importante en lo que preocuparse!gracias muy bueno el post!

Manuel Márquez dijo...

Compa Marchelo, muy interesante tu aportación, y esa sugerencia de cuán bueno sería que nos acercáramos al modelo de público usamericano. El problema es que, para ello, habría que reenfocar por completo el cómo se promociona el espectáculo deportivo tanto en España, en particular, como en toda Europa, en general; y eso tocaría muchos intereses económicos. Complicado, complicado...

Compa Isabel, ¿qué le voy a decir a una especialista en el mundo romando como tú sobre pan y circo? Pues bien poco. Pero tienes razón: así es, y así funciona. Válvula de escape ¿necesaria...? Pues igual sí, habría que pensar qué pasaría si no existiera...

Gracias a los dos por vuestros comentarios, disculpas por la demora en las respuestas y un fuerte abrazo.

Creative Commons License
Los textos de esta obra están bajo una licencia de Creative Commons.